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| 6/23/2003 12:00:00 AM

10 años en Internet

La World Wide Web ha transformado tanto la vida de la gente como la imprenta de Gutenberg hace casi 600 años.

Cuando empezo Internet tenia otra cara. No salía aún de los pasillos de la academia, todo era línea de comandos -pantalla negra con letricas verdes fosforescentes- y servía a científicos e ingenieros para tareas complejísimas. El lado divertido se limitaba a las listas de chistes que estudiantes avanzados de ingeniería y ciencias intercambiaban en los grupos de noticias de las universidades de medio mundo. Se asemejaba poco a la web de hoy, en donde la gente común, sin mayores conocimientos, escucha sus canciones favoritas, ayuda a la Nasa a buscar vida extraterrestre, conspira contra el gobierno, contrata un abogado, recibe fotos y videos familiares o consigue amante para vivir una historia furtiva. Salvo los chistes, que siguen circulando por la red, las cosas cambiaron profundamente.

El creador de esta maravillosa transformación fue el joven Marc Andressen. Corría el año de 1993 y él apenas tenía 21 años cuando hizo parte del equipo de expertos que conformó la National Center for Supercomputing Applications de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos. Y allí sucedió el milagro. Este grupo produjo Mosaic, el primer browser o visualizador gráfico, que sacó a la red de los laboratorios universitarios, le dio nuevo rostro y la puso en la calle para uso del resto de los mortales. Andressen, tras olfatear el potencial comercial que su invento podría tener, abandonó la universidad y la investigación científica y fundó la primera compañía comercial de Internet: Netscape, cuyo producto estrella es el navegador del mismo nombre, con el que la telaraña empezó a atrapar al mundo.

El origen de Internet propiamente se remonta a tres décadas atrás, cuando Vinton Cerf (de la Universidad de Stanford) y Bob Kahn habían creado el protocolo TCP IP, la tecnología que permitió a la antigua Arpanet (una red de científicos norteamericanos) conectarse con otras redes de computadores e intercambiar información de manera más amplia. Las más prestigiosas universidades norteamericanas estaban involucradas en este proyecto pionero. Era la prehistoria de Internet.

El siguiente salto lo dio en 1991 el brillante Tim Berners-Lee, investigador de los laboratorios Cern de Suiza. Hizo público su sorprendente hallazgo: la World Wide Web, la amplia red mundial. Cansado de la creciente acumulación de información almacenada en las redes que conformaban Internet, ideó un modelo que permitía encadenar los datos, solo con un clic, y navegar fácilmente. Berners-Lee imaginó una telaraña (web, en inglés) conformada por muchas redes, por la cuales se podría navegar. Para hacerlo definió el protocolo técnico, ya hoy ampliamente conocido, el http (Hyper Text Transfer Protocol). Pero faltaba el navegador que permitiera el acceso masivo a la red. Ese fue el que inventó Andressen, y que en apenas una década revolucionó el mundo.

La vida ya no es igual

Probablemente el mayor impacto de la web es cultural. La vida ya no es igual desde que la gente puede seleccionar en su computador la pizza que va a comerse, la música que desea escuchar y la pareja con la que quiere casarse. Internet ha cambiado la forma como la gente percibe el mundo y los modos de relacionarse. Quizá porque la vida real en la calle se ha vuelto tan peligrosa el bando de los virtuales, es decir, quienes prefieren hacer las cosas por Internet, crece día a día y se extiende a lo largo del planeta. Bajo el manto de 'la red', no solamente se compra y se vende sino que también se hacen amigos, se aprende, se juega, se participa en política y hasta se practica el sexo.

La noción de tiempo es otra desde el correo electrónico, por ejemplo, que pulverizó las marcas de velocidad en el contacto epistolar que el siglo XX había alcanzado con el transporte aéreo. Si hace medio siglo la gente se maravillaba de recibir una carta en dos o tres días, a los tecnómanos de hoy les parece un desastre si el servidor de correo congestionado demora 10 minutos en poner el e-mail en la casilla virtual del destinatario. Tanto ha cambiado el concepto de tiempo que obtener en cinco minutos el saldo de la cuenta corriente en el servicio de banca virtual puede resultar una eternidad para un adolescente que jamás conoció lo que era hacer fila en la oficina de un banco.

Las tradicionales nociones de espacio también se desbarataron. No sólo porque cualquiera puede hacer una visita virtual al Museo del Louvre a través del sitio web u observar desde su PC a la gente que camina en este momento por Manhattan gracias a las cámaras instaladas en Times Square y decenas de sitios famosos a lo largo del planeta, sino porque la ciudadanía mundial se ha hecho realidad. El chat room permite a un colombiano hacer amigos en el Kurdistán, en Alaska o en la isla de Java, comprar directamente en El Corte Inglés de Madrid o en la librería más grande del mundo, Amazon.com, sin salir de casa. La información, es decir, los datos comprimidos en pequeñas señales electrónicas llamadas bits, hace posible este milagro.

La quimera del oro

Para la economía la llegada de la web significó a la vez un milagro y una pesadilla. Las prácticas comerciales cambiaron porque los hábitos de consumo empezaron a ser diferentes y los hombres de empresa más visionarios percibieron en Internet una estupenda oportunidad de negocio. La posibilidad de masificar exponencialmente las ventas, llegar a mercados recónditos y ganar mucho dinero invirtiendo poco en la construcción de tiendas virtuales y empresas 'punto com' dio pie a la primera fiebre del oro de la era Internet. Entre 1995 y 2000 se vivió la explosión de la llamada 'nueva economía', considerada en su momento como la fuente de riqueza del futuro.

En plena 'burbuja' Estados Unidos hervía de furor con el ascenso de Nasdaq, el indicador de prosperidad de la industria tecnológica. Durante varios semestres las cajas registradoras de las empresas punto com más exitosas sonaban sin parar. La ilusión de traer el milagro Nasdaq a Latinoamérica inspiró a jóvenes recién egresados, que jamás habían producido un solo peso en un negocio real, a imaginar fabulosas utilidades y soñar historias gerenciales de éxito. Los arquitectos de esta quimera del oro digital pensaban que la clave del éxito estaba en acumular grandes masas de potenciales consumidores atrayéndolos a portales web llenos de contenidos interesantes. Los portales servirían en bandeja estas masas de gente a los anunciantes, quienes pagarían altas tarifas para promover sus productos.

Mucho dinero fue invertido en la llamada guerra de los portales, que protagonizaban a nivel internacional MSN, AOL, Yahoo, Lycos, entre otros, y en Colombia Starmedia, Yupi, UOL y Terra, para mencionar los más conocidos. Pero la publicidad fue retrechera, las grandes masas de público que visitaban esos sitios no compraron tanto y el dinero de los inversionistas se esfumó. Las incubadoras de negocios cerraron y el mundo empresarial puso los pies en la tierra de nuevo.

Pero no todo fue ilusión. E-commerce, e-business, e-banking y otros términos que no existían una década atrás se instalaron definitivamente en la economía. Las universidades cuentan hoy con posgrados en comercio electrónico y adiestran a los estudiantes en el difícil arte de hacer negocios por Internet. La banca electrónica crece y la posibilidad de virtualizar completamente sus transacciones parece cada vez más cercana.

La bandera que quedó en alto de la 'nueva economía' fue el comercio entre empresas. Actualmente el business to business constituye el modelo de negocio que saca la cara por Internet y se fortalecen los centros de negocios entre compañías. Algunas tiendas virtuales se mantienen con éxito sin precedentes, como Amazon o eBay. El auge de la telefonía móvil ha sembrado nuevas ilusiones en el comercio electrónico, que ahora se denomina m-commerce y se refiere a las compras hechas desde el celular o el asistente digital. Un estudio reciente de Pricewaterhouse Coopers aseguró que en breve habrá más gente conectada a Internet desde aparatos móviles que desde computadores de escritorio. Esto empujó a la industria informática a poner accesos a Internet en todos los rincones de la casa, desde la nevera, hasta el reloj de pulso, que ahora vienen dotados de modem y software para conectarse y navegar.

Poder ciudadano

La historia de Internet está atada a la política. Nació como un arma de guerra en los años 60, creada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos para comunicar a científicos que trabajaban en proyectos militares secretos durante los tiempos de la Guerra Fría. El hecho de que pasara a manos del gran público y de los empresarios no significaba que los militares y los políticos habían renunciado a ella. Proyectos actuales como Echelon, de la agencia de seguridad norteamericana NSA y el Reino Unido, o Carnivore, del FBI, que rastrean las comunicaciones, leen los e-mails y que pueden escuchar las conversaciones telefónicas de casi una tercera parte de la población mundial, buscan extender a niveles de ciencia ficción la capacidad de control político del Estado sobre los ciudadanos. Es el temido big brother anunciado en los relatos de ciencia ficción medio siglo atrás.

Lo que quizá no imaginaron es que Internet sería más poderosa aun como arma de la democracia. Cualquier ciudadano puede verificar los gastos de su gobierno. Pronto un colombiano podrá seguirle el pulso a un proceso de licitación pública en cualquier municipio del país gracias al decreto 2170 de 2002, que obliga a las entidades estatales a llevar la contratación a la red. El comportamiento del sistema bancario colombiano puede ser seguido paso a paso a través de Internet y el programa gobierno en línea facilita el contacto rápido y directo de la población con la mayoría de instituciones públicas, incluida la Presidencia. (ver recuadro).

Los movimientos antiglobalización posiblemente no existirían sin las facilidades de comunicación libre que Internet ofrece y la 'red de redes' es quizá la única cosa global que estos movimientos apoyan. Las redes de ecologistas, los grupos de derechos humanos, las organizaciones que defienden las libertades civiles y las minorías étnicas encuentran en Internet la tribuna planetaria con la que jamás antes hubieran podido soñar.

El año pasado, con un computador permanentemente conectado a Internet, los cabildos indígenas del norte del Cauca mantuvieron su movilización de 35.000 personas hasta Cali conectada con organizaciones indígenas de todo el mundo que les hicieron llegar mensajes y apoyaron su marcha. Fue la primera protesta civil acompañada de protesta electrónica realizada en Colombia, una práctica ya frecuente en otras partes en donde el concepto de 'Desobediencia civil electrónica' empieza a tomar auge.

Conscientes de que Internet magnifica el poder ciudadano, no pocos gobiernos del mundo han prohibido el acceso a la web. En un intento por evitar la conspiración, la protesta y la 'contaminación' ideológica Arabia Saudita, Bielorrusia, Corea del Norte, Cuba, China, Irak, Irán, Libia, Myanmar, Sierra Leona, Siria, Sudán, Túnez, Vietnam, Azerbaiyán, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turmekistán y Uzbekistán figuran en la lista de países acusados de prohibir el acceso de los ciudadanos a Internet.

Es que Internet se convirtió en territorio libre en donde campean toda clase de movimientos disidentes, rebeldes, insurgentes, guerrilleros o simplemente minorías discriminadas u organizaciones sociales, que pueden expresarse allí con la entera libertad de la que no gozan en las fronteras físicas de sus países. Los colombianos poco o nada sabrían hoy de la versión de las Farc o de las autodefensas si no fuese a través de las páginas web de estas organizaciones. Y en México la guerrilla zapatista prácticamente sólo existe en el mundo virtual, en donde su comandante Marcos ha adquirido fama mundial.

Incluso un niño puede hacer estragos en la red. El presidente Pastrana recibió por meses amenazas por correo electrónico. Cuando el Das investigó, descubrió que era un menor de edad haciendo una pilatuna.

El lado oscuro

La web trajo tantas bondades como problemas. Con Internet llegaron también el resurgimiento de la piratería, de la pornografía y nuevos tipos de delitos, además de la invasión a la privacidad, la adicción y problemas de incomunicación entre las personas.

La industria discográfica podría ser la más afectada debido al crecimiento de la piratería musical gracias a las plataformas Peer to Peer, que permiten el intercambio de música entre usuarios a través de Internet. Napster, Kazaa y toda la descendencia de este linaje tan popular entre los internautas, y aborrecido por las compañías disqueras, ha producido un enorme impacto en la rentabilidad del negocio musical, según afirma la Riaa, la asociación de la industria discográfica norteamericana. Internet facilita a los autores de música, libros y software presentar al mundo sus creaciones, pero a riesgo de perder su regalías.

La pornografía, que en los años 80 parecía vivir sus últimos aires en el cine y las revistas impresas, encontró una segunda oportunidad en la web. La proliferación de sitios de toda clase ha estimulado esta industria y provocado una explosión de negocios alrededor de la pederastia, el sadomasoquismo y otras formas de perversión sexual que en los medios tradicionales no tenían cabida o la tenían de manera clandestina. En Internet estos 'empresarios' del sexo aberrante siguen existiendo a pesar de la creciente exigencia de la opinión por restringirlos, sobre todo para proteger a los niños.

Justamente ese es otro tipo de problema que la sociedad actual enfrenta: el del marco legal para regular Internet. Como no pertenece a nadie y está ubicada físicamente en todo el planeta, no hay legislación que pueda aún controlar esta red. Las normas nacionales son sólo eso, nacionales, y cualquiera puede establecer un servidor en otro país y seguir operando impunemente, si es que está delinquiendo. El fraude por Internet se ha vuelto cotidiano y las empresas de comercio electrónico se ven obligadas a invertir grandes cantidades de dinero en sistemas de seguridad para proteger las transacciones en línea. El viejo asaltante de bancos ha regresado, pero con el glamoroso nombre de hacker. El hacking no nació para cometer delitos pero se convirtió en la metodología más utilizada para robar dinero de los bancos o secretos empresariales o de Estado subrepticiamente.

El pánico económico también es otro delito que se potenció con Internet. Todo el mundo recuerda cuando en mayo de 1999 los clientes de Davivienda alcanzaron a retirar 38.000 millones de pesos en todo el país a causa de un correo electrónico de mala fe que aseguraba que el banco sería intervenido. El culpable fue un ingeniero que envió sus mensajes electrónicos desde Buenaventura.

Por último, a causa de la web, la individualización de la vida cotidiana puede llegar a extremos preocupantes. La adicción a Internet es un nuevo tipo de enfermedad, con cuadros clínicos específicos, reconocida incluso en los estrados judiciales de algunos países con el mismo rango de la locura o la drogadicción. Parejas que se separan, adolescentes que descuidan sus estudios y otros casos similares se presentan con frecuencia. La educación de las nuevas generaciones está fuertemente influenciada, ya no sólo por la televisión sino por las páginas web, en las que tienen acceso a cualquier contenido, provechoso o nocivo, que puedan encontrar.

El futuro

Los arquitectos de Internet y la www están vivos y siguen investigando. Ya está listo y en etapa de pruebas el modelo 'Internet 2', basado en protocolos que no utilizan la obsoleta red telefónica mundial sino los canales de banda ancha. Cuando esto se popularice podrán realizarse cosas hoy insospechadas y la red probablemente volverá a cambiar la vida de la gente.

Pero la batalla por el futuro de Internet apenas comienza. Todavía no se imponen controles sobre ella porque no es tecnológicamente tan fácil lograrlo y probablemente porque no se ha inventado aún la forma para que Internet sea un negocio rentable. Cuando haya muchas compañías importantes generando grandes utilidades seguramente querrán controlarlo.

Los defensores de los derechos civiles y las libertades se oponen a los controles porque consideran que eso dejaría a Internet en manos de los gobiernos y las empresas poderosas y pondría a la gente común y a las minorías por fuera del único canal de expresión mundial al que tienen acceso. Advierten que Internet puede terminar, como ocurrió con gran parte de la televisión, en manos de unos pocos grupos poderosos que la destinan al entretenimiento y la explotación comercial.

El gran desafío que queda por delante es superar la enorme brecha que hoy existe entre los que tienen acceso a la web y quienes no lo tienen, que son todavía la gran mayoría en el mundo. Quienes están por fuera compiten en desventaja en los tiempos de la sociedad de la información. Y esas distancias no son sólo en el interior de los países sino también entre países ricos y pobres. Mientras en Suecia 65 por ciento de la población se conecta cotidianamente, la penetración en Colombia alcanza apenas a 4 por ciento de la población.

De todos modos es probable que algún día haya un computador conectado a Internet en cada casa, o por lo menos en cada escuela, como hoy existe un televisor en cada hogar. Lo difícil es imaginar cómo funcionará el mundo entonces. Tan difícil como haberse imaginado el mundo de hoy con sus autopistas y carreteras, cuando apenas el hombre se estaba inventando la rueda.
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