Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

1849-1930 El 'bello sexo'

Las mujeres estaban excluidas de las profesiones liberales. En este periodo, las damas de 'bien' sólo estudiaban para ser mejor madres o amas de casa.

Colombia era predominantemente rural para los 80 años que cubre este escrito, según el historiador Luis Javier Ortiz Mesa. Hacia 1886, el 80 por ciento de la población estaba en el campo y sólo el 20 por ciento restante habitaba los poblados más importantes. Entre 1843 y 1912 la tasa de crecimiento poblacional fue cercana al 1,5 por ciento anual, asociada a una frecuencia de uniones tempranas y a la ausencia casi total de medidas de control natal; las relaciones sexuales estaban más atadas a imaginarios de paternidad y maternidad que en el presente. En cuanto a las actividades productivas que más brazos demandaban, eran, según el censo de 1870, la agricultura, la minería, la ganadería y la pesca. En ellas la mayoría de quienes laboraban eran hombres (73,7 por ciento) y un tercio (el 27,4 por ciento) eran mujeres. Con la expansión de los cultivos de exportación fue particularmente en el cultivo del café en el que estuvieron más vinculadas a partir del último cuarto de siglo. En cuanto a los oficios, el 96 por ciento de ellas se ocupaba en la administración doméstica, al atender el quehacer de sus propios hogares. En el caso de los sirvientes, la mayoría eran mujeres (65 por ciento); se desempeñaban como lavanderas, cocineras, niñeras o costureras, siendo en gran parte de origen afrodescendiente, indígena y mulato. Su aporte era notorio en las industrias artesanales, sin embargo, había ciertas actividades en las que su presencia era menor por ser más un ámbito culturalmente asociado con los hombres, como en herrería, albañilería, carpintería, sastrería y zapatería. Había igualmente labores más asociadas a ellas, como la costura, el tejido, el planchado, el lavado, o la fabricación de los conocidos sombreros 'panamá' que se exportaban hacia el sur de Estados Unidos y las Antillas. A fines del siglo XIX, ellas se empezaron a abrir campo en ámbitos letrados como maestras en las instituciones educativas, ocupadas en su mayoría en la primaria. Los empleos que les estaban vedados eran la marina, la milicia, los cuerpos burocráticos estatales y locales, así como las profesiones liberales (abogados, médicos, ingenieros y literatos). La gran mayoría estaba abocada a lo que en el presente se denomina una 'doble jornada', es decir, laboraban tanto en su casa como fuera de la misma. Por otro lado, estaban excluidas de las ocupaciones y profesiones desde las que se ejercían los control es económico, cultural y político de la joven república. Era significativo el peso de la economía que estaba sobre sus hombros pues estaban al frente de aspectos relativos a la producción y la reproducción, pero así no se lo interpretaba en la época. Igualmente, fueron muy pocas las que se dedicaron tan solo al hogar, sin embargo, fue en torno a estas últimas que se estableció el deber ser, como había ocurrido desde la Colonia. Las mujeres de 'bien', o 'el bello sexo', eran quienes atendían sus obligaciones con Dios, el hogar, el esposo y con sus hijos/as; las que asistían a misa y buscaban guía con sus confesores; las que estudiaban para convertirse en mejores madres, esposas y amas de casa, principalmente, si bien fue cada vez más aconsejable que lo hicieran igualmente para poder sostenerse económicamente en ausencia del padre, esposo o hijo adulto que pudiera ver de ellas. El 'trabajo' fuera del hogar empezó a ser propuesto por parte de algunas de las pocas escritoras como doña Soledad Acosta de Samper, como opción para salirse de las tediosas labores del hogar y en parte para superar la frivolidad que caracterizaba a ciertas damas de la sociedad. El orden y la buena administración del hogar, el cuidado de la higiene con limpieza y ejercicios, así como evitar la melancolía que en ocasiones las acompañaba (leyendo u orando) fue con otros de los propósitos de quienes escribían sobre estos temas. En cuanto a la participación en la política pública, entre 1853 y 1856, liberales radicales de Santander, bajo régimen federal, legislaron en la provincia de Vélez para que por primera vez pudieran votar. La oposición se hizo sentir, entre otros, en los medios escritos, aduciendo principalmente quienes hacían uso de la pluma, que las damas corrían el riesgo de masculinizarse, de abandonar los compromisos propios de su naturaleza en el hogar y, en últimas, no lograr una participación femenina, pues serían más sus esposos, padres y/o representantes de la Iglesia Católica (por la estrecha cercanía que ellas tenían con la institución) quienes a través suyo se manifestaran. Creían algunos que su capacidad craneana era limitada y que en parte esto estaba asociado con su naturaleza física débil: la menstruación y la menopausia en parte eran las razones de tales desequilibrios. Sin embargo, aun cuando estaban excluidas de la política, participaban con los hombres en las guerras civiles, en revueltas (que no fueron pocas) y se oponían desde los ámbitos privado y público a las decisiones que ellos tomaban. Particularmente, el bello sexo criaba a los futuros 'ciudadanos' de Colombia, así como a las futuras 'madres de futuros ciudadanos' del país. La mayoría de las 'otras mujeres' estaban al frente de la formación de los/as 'otros/as habitantes' del territorio. En los escritos de la época interesaba igualmente escribir acerca de 'la' familia, en forma singular: esta era la nuclear fruto del matrimonio católico. Sin embargo, los índices de 'ilegitimidad' mostraban la débil presencia de la misma, pues la mayoría no era el fruto de este tipo de alianzas. Otras creencias, tradiciones y prácticas estaban de por medio. A partir de las reformas liberales de mediados de siglo, se renegoció el vínculo con Europa y, poco a poco, con Estados Unidos. Esto incidió en los referentes de mujer y de familia instaurados en aquellos años que en parte se constituían en una continuidad de lo heredado de la Colonia. La mayor presencia de medios masivos de comunicación, más que los adelantos en el transporte con el buque a vapor y los ferrocarriles, facilitó el acercamiento visual, auditivo y en parte racional de las familias que estaban más próximas a la ola 'civilizatoria' de la época. La prensa femenina orientada a las mujeres citadinas principalmente, creció en número; las fotografías, el teatro, la ópera, y ya en el siglo XX el cine, facilitaron que las representaciones que circulaban por estos medios sobre las buenas y no tan buenas mujeres se abrieran espacio. Las santas católicas en los libros y en las publicaciones periódicas, como en la Colonia siguieron estando presentes para aprender de sus dolorosas y sacrificadas vidas. María como madre del hijo de Dios, Jesús, más que como Virgen, continuó siendo el referente de las católicas. Las protestantes, comunistas, positivistas y ateas, entre otras, constituían el contraejemplo. Lo que generaba contradicciones en ocasiones dolorosas por la discriminación y la crítica que se hacía sobre aquellas mujeres y familias que por sus tradiciones ancestrales, creencias contrastantes, o porque las circunstancias que vivían no les permitían seguir o cumplir con el culto mariano. Por consiguiente, empezaron a ser cada vez más claras las enormes distancias que existían entre el deber ser, con sus notorios limitantes, y el ser. *Profesora. Departamento de historia, Universidad de los Andes

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