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| 1/29/2011 12:00:00 AM

1985

La erupción del volcán del Nevado del Ruiz, la Toma del Palacio de Justicia, el atentado a la cúpula del M-19, el triunfo del boxeador Miguel 'Happy', y el terremeto en México, son los hechos más representativos de este año.

Armero dejó de existir

El volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y la avalancha resultante arrasó al pueblo.

Por Luis Londoño*

Esa mañana estábamos muy tranquilos porque nos dijeron que los índices de hinchamiento del Nevado del Ruiz habían bajado. Pero los volcanes son los niños violentos y desobedientes de la naturaleza.

El mismo día de la erupción se realizó la junta directiva de Ingeominas, a la que yo pertenecía desde 1978. Ese 13 de noviembre, a las nueve de la mañana, nos presentaron un informe que decía que el nivel de hinchamiento había bajado, una situación diferente a la que se había presentado en meses anteriores.
Durante el año vimos algunos informes periódicos en las reuniones y llevábamos varios meses hablando de los temblores y las señales de alerta que presentaba el Ruiz, debido a que estábamos en alerta amarilla.

Y el día transcurrió en completa tranquilidad. Salí de la junta, me dirigí a la oficina y volví a mi casa a eso de las seis de la tarde sin imaginar el infortunado suceso que nos tenía preparado la naturaleza. Más tarde, en la noche, vi en televisión que el volcán había hecho erupción después de más de sesenta años de inactividad.

Al día siguiente, supe que Armero había quedado borrado del mapa de Colombia y que más de veinte mil personas habían perdido la vida en esta tragedia.
A los volcanes no les importaron las medidas. Sin embargo, a pesar de lo mencionado en la junta, la noticia no fue sorpresiva, pues algunos expertos habían advertido a las autoridades sobre el peligro inminente que representaba el volcán, semanas antes e incluso el día de la tragedia.

* Economista, Bogotá


“Quedé marcado”

El M-19 se tomó el Palacio de Justicia hacia las 11:30 de la mañana y duró 28 horas. Murieron 100 personas y se habla de 11 desaparecidos.

Por Samuel Buitrago Hurtado*

Me quedaron secuelas psicológicas y físicas por un tiempo. Los momentos que viví con decenas de personas no se olvidan; es más fácil perdonar que olvidarlo.

Eran como las 11:30 de la mañana del 6 de noviembre; estaba con mi secretaria y con un auxiliar en mi despacho cuando de repente entraron tres guerrilleros, uno de ellos me dio un culatazo que me dejó dormido.

Cuando me incorporé, echamos llave a la oficina. Estábamos en medio del tronar de las armas y de los gritos de las personas. Así fue toda la tarde. Al llegar la noche, mi secretaria miró por una ventana y me dijo: “Les están prendiendo candela a los archivos”. El fuego estaba llegando a la oficina, pero un cañonazo abrió un boquete en la pared lo que nos salvó la vida, porque las llamas y el humo ya estaban en el despacho. Los vidrios se desmoronaron. Teníamos aire y también por dónde salir.

Pero cuando lo hicimos, un comando guerrillero nos atrapó y nos metió a un baño, en el que había unas 50 personas.

Allí estuvimos muchas horas. Ya en la tarde del 7 de diciembre, como a las tres de la tarde, ya había pocos guerrilleros, Andrés Almarales, líder del comando guerrillero, nos dijo que saliéramos. Un señor que estaba conmigo le dijo: “No será que nos disparan por la espalda”, y él le contestó: “Si los matan, será la Fuerza Pública”.

Un auxiliar me ayudó a salir y me llevaron a la Casa del Florero, ahí me interrogaron y luego me llevaron al Hospital Militar, en donde estuve internado 16 días.

* Sobreviviente del Palacio de Justicia, Bogotá


Una mañana agitada

El 23 de mayo, la cúpula del M-19 sufre en Cali un atentado. Al Hospital Universitario fue llevado de urgencia Antonio Navarro Wolf.

Por Luis Fernando Correa*

En la mañana de ese jueves fueron llevados de urgencia al hospital Antonio Navarro Wolf y Carlos Alonso Lucio, líderes del M-19, tras sufrir un atentado terrorista con una granada en una cafetería en el barrio El Peñón en Cali. Allí se habían reunido para decidir si el grupo mantenía su posición de cese al fuego tras los acuerdos de Corinto.

Yo me desempeñaba como director del Hospital Universitario del Valle, lugar al que llegaron los heridos junto a una guerrillera embarazada. Wolf (foto) ingresó a cuidados intensivos, tenía lesiones severas en su cabeza y en una de sus piernas (la que perdió) y fue atendido por nuestro equipo de neurocirujanos, cirujanos vasculares y ortopedistas; a Lucio lo vieron los ortopedistas, tenía una fractura expuesta en tibia y peroné, y el equipo de ginecólogos obstetras atendió a la mujer.

La agitación de esa mañana había empezado a las siete. Unos militares de la Tercera Brigada de Cali fueron objeto de un atentado en el bus en el que viajaban. Los soldados fueron ubicados en el ala sur del hospital, mientras que los del M-19, en el ala norte. En un momento de crisis, con unas implicaciones enormes para el proceso político que atravesaba el país, los profesionales de la salud –que aquella vez hicieron un trabajo impecable– no podíamos traicionar el juramento hipocrático que nos obliga a salvar vidas independientemente de quién sea y a qué bando pertenezca. Semanas después, paulatinamente, los pacientes fueron dados de alta.

Unos y otros dejaron el hospital por voluntad propia para viajar a Cuba y continuar su tratamiento en esa isla.

* Tecnólogo en seguros, Medellín



En Chapinero vi la pelea

Miguel ‘Happy’ Lora se consagró campeón mundial de boxeo, el primer monteriano en ponerse un cinturón dorado.

Por Óscar Rojas*

Esa fecha memorable para el deporte cordobés y colombiano cayó un viernes. En un apartamento en Chapinero vimos la pelea y celebramos con un grupo de costeños y rolos la victoria en Miami, por decisión unánime, de Lora sobre el mexicano Daniel Zaragoza.

El combate, transmitido a partir de las nueve de la noche por Inravisión y comentado por Mike Schmulson, fue maravilloso: el púgil dio una demostración de un boxeo lleno de magia, golpes certeros y excelentes movimientos de cintura que le valieron el título gallo y el rótulo, en aquel entonces, del mejor libra por libra del planeta.
Yo vivía en Bogotá, pues estaba estudiando Arquitectura y trabajaba en el Himat como jefe de la Sección de Publicaciones. Pero nací en la misma tierra de ‘Happy’.
Siempre estuve tras la pista de él y de otro prospecto cordobés, Robinson Pitalúa, quien murió accidentalmente ahogado.

Una vez terminada la pelea y después de un gran esfuerzo por la congestión de líneas telefónicas, logramos comunicarnos con familiares y amigos en Montería. La gente gritaba y lloraba de felicidad, se había armado la rumba en todos los rincones. Eran tiempos difíciles para nuestro departamento.

Los monterianos siempre habíamos soñado con obtener un campeonato nacional de béisbol o uno mundial de boxeo. Y llegó. Este acontecimiento y la retención de la corona hasta 1988, con siete defensas del título, sirvió para que la población aguantara estoicamente las noticias negativas.

* Arquitecto, Bogotá


Tembló la tierra

La mayor tragedia de la historia de México dejó 10.000 muertos y pérdidas millonarias.

Por Rafael Gómez*

Yo estaba en Bogotá cuando me enteré del terremoto en Ciudad de México en septiembre del 85. Me acuerdo de haberlo visto en las noticias y haberme impactado. Por negocios, solía viajar con cierta frecuencia a ese país, que siempre me ha parecido hermoso. Imaginármelo en ruinas era impensable. Además, todavía tenía en mi mente las imágenes devastadoras de Popayán tras el terremoto, que fue mucho más leve que el del D.F.

Trabajaba en ese entonces con un banco que tenía oficinas en ese país y exactamente un año después tuve que viajar allí para hacer unas diligencias. Viajar me enseñó que nada es como se ve en las noticias. Cuando llegué a Ciudad de México, me impresionó muchísimo ver cómo la devastación convivía hombro a hombro con las obras que ya los mexicanos habían empezado a levantar. Y a pesar de la desolación que producía ver ciertas áreas de la ciudad completamente destruidas, el espíritu de los mexicanos es algo increíble. Para ellos, que son muy nacionalistas, la vida debía continuar y hacían lo mejor para seguir adelante. Me sobrecogió ver los estragos del terremoto, pero siempre voy a recordar el optimismo del pueblo mexicano.

* Ingeniero químico de la Universidad Industrial de Santander
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