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| 1/29/2011 12:00:00 AM

1986

La elección de Virgilio Barco como presidente de Colombia, la visita del Papa Juan Pablo II, y el homicidio del director de El Espectador, Guillermo Cano, son los hechos más representativos de este año.

El nuevo Presidente

Con más de cuatro millones de votos, Virgilio Barco fue elegido presidente de Colombia en una contienda en la que superó a Álvaro Gómez.

Por José Noé Herrera*

La campaña siempre fue intensa y terminó al rojo vivo entre el candidato liberal, Virgilio Barco, y el conservador, Alvaro Gómez. Conocí a Barco y nos hicimos amigos cuando él era embajador en Washington y yo pretendía ser librero.

El domingo 25 de mayo de 1986, día del sufragio, no voté porque estaba en Europa. Fue en París al día siguiente que supe que Barco había ganado a través de una colombiana que trabajaba en un duty free, donde compré unos perfumes y una corbata escogida por ella para el ganador de la contienda electoral.

Aunque Gómez tenía méritos, Barco ganó porque era el candidato liberal y porque como ministro de Obras Públicas, ministro de Agricultura y alcalde de Bogotá había obtenido prestigio y respaldo popular. “Si no es Barco, ¿quién?”, había preguntado Alfonso López Michelsen.

Se esperaba que Barco le abriera a Colombia una puerta al desarrollo económico y una salida al desempleo, tarea difícil después del colapso de los fondos financieros. Él fue calificado como mal Presidente, para algunos “el peor”. Sin embargo, como lo anotó SEMANA, quizás fue “el más raro” por su timidez inocultable que lo distanciaba de la gente.

* Abogado y economista, Bogotá 
 

La mano de Dios

El 29 de junio, la selección argentina derrotó a Alemania en la final de la Copa Mundial de México. Maradona, inmortal.

Por José Adalberto Palma*

Fue un Mundial a puro color. Color en la imagen televisiva y color en la cancha. La final entre Argentina y Alemania fue en el estadio Azteca y quedó 3 a 2. Recuerdo que lo vimos con unos amigos en un bar en el centro de Ibagué. En esa época empezó la moda de los televisores de pantalla gigante en lugares públicos para ver el Mundial. Todo un plan.

Argentina jugó bien, y con gol de Burruchaga venció a los europeos y alzó por segunda vez en su historia la Copa. Pero lo mejor de los suramericanos había sido en cuartos de final contra Inglaterra, un partido que tuvo un tinte político después de la guerra de las Malvinas, con un Maradona en su máxima expresión. Hizo un gol con la mano y otro gol tejido desde la mitad de la cancha.

Sin Colombia en el torneo, igual quería que ganara un suramericano. Uno a veces ve un partido no porque sea hincha de alguno de los dos que juegan, sino porque le gusta el fútbol. Y vaya si esa Argentina se hacía gustar. Tenía jugadores que valían montones, aunque el poder del diez sobresalía. Tenerlo a él te daba ventaja sobre los otros.

Ese Mundial fue uno de los mejores de la historia por la calidad del juego y porque empezaba a verse un cambio en las estructuras de los equipos, desde el punto de vista táctico, de los esquemas. Hasta que apareció Maradona.

* Dirigente sindical, Ibagué


“Nos dio tranquilidad”

Colombia recibió al papa Juan Pablo II en julio.

Por Carlos Julio Bonett Locarno*

La tranquilidad, la paz y ver a una persona de esas dimensiones, que transmitía santidad, es mi recuerdo del papa Juan Pablo II cuando pasó por el frente del edificio en el que vivía. Lo que sentí fue especial, casi como haber visto a Cristo.

Yo vivía en Bogotá, en la carrera séptima entre las calles 45 y 46. Y nos enteramos tres días antes de que pasaría por ahí. Fueron unos largos días de espera y de preparación espiritual. El hecho era impactante, pues se trataba de una figura que muy poca gente puede observar tan cerca y, seguramente, sería por una sola vez en la vida. Me acuerdo de que era un señor gordito, alto, muy rosado y vestido de blanco.

Su visita se convirtió en todo un plan para salir a verlo. Con mi familia nos levantamos temprano y a las siete de la mañana ya estábamos bien desayunados, no sabíamos si se iba a demorar. Bajamos sillas y las ubicamos a la entrada del edificio.

Nunca olvidaré a una señora, de unos 70 años, que tenía un rosario en la mano con el que rezó al menos durante una hora antes. Pero cuando pasó el Papa y nos bendijo a todos, por la cantidad de personas, la camándula se le rompió y empezó a decir: “Ay, el rosario que bendijo el Papa”, y duramos como una hora buscando las cuentas, pero no recuperamos sino la mitad.

La influencia del Papa fue benéfica. La armonía se instaló en nuestra casa.

* Ingeniero agrónomo y consultor, Bogotá


Estados Unidos lloró a sus héroes

El martes 28 de enero el transbordador espacial Challenger se desintegró en el aire.

Por León J. Restrepo Quirós*

Como el colegio no había comenzado todavía, yo aprovechaba las vacaciones para ir al Planetario de Medellín. A mis 16 años era un visitante asiduo porque los temas de astronomía, astronáutica y, en general, del espacio me causaban una fascinación inmensa. Pero ese día no fui al Planetario pues quería ver el lanzamiento del Challenger en televisión; por esa época las misiones llamaban mucho la atención porque la gente quería volver a vivir la gran aventura de regresar al espacio.

Pero el Challenger no lo logró. Para mí fue un momento de gran tristeza. La gente que me conocía venía a preguntarme por el accidente porque para esa época éramos muy pocos los informados del tema. Ese momento determinó el curso de mi carrera. Me dediqué a la ingeniería centrada en factores humanos y al entrenamiento de profesionales para situaciones de riesgo. El accidente podría haberse evitado, siempre me pregunté qué posibilidades ingenieriles habrían salvado a la tripulación y qué tipo de entrenamiento les hubiera permitido salvarse.

* Ingeniero de sistemas, Bogotá


Guerra al periodismo

A las 7:15 de la noche, el director de ‘El Espectador’, Guillermo Cano, recibió cinco disparos de revólver, poco después de haber salido del diario.

Por Olga Lucía Navia*

Dos sujetos desde una moto roja le dispararon cuando se dirigía a su casa ubicada en el norte de Bogotá. Fueron órdenes de la mafia del narcotráfico. Oí la noticia por radio al día siguiente en la mañana y todo el día estuve con esa sensación de impotencia.

Fue demoledor no solo para sus amigos, familiares y periodistas, sino para el país entero porque los narcotraficantes nos estaban dando una prueba de cómo empezaban a tomarse el país. A esa conclusión llegamos en la noche cuando nos reunimos con unos amigos, entendimos que fue una impactante y dolorosa forma de decirnos “aquí mandamos nosotros”.

Nuestro colega no se merecía eso. Hacía poco había publicado una serie de columnas con fuertes críticas en contra del narcotráfico. Pero así eran él y su familia. La palabra y el análisis han sido su tenaz bandera, a pesar de las vicisitudes.

Su muerte fue una verdadera declaración de guerra al periodismo. Infortunadamente, no muchos escucharon sus palabras cuando decía que las personas no eran tan poderosas como la credibilidad de los medios.

* Periodista y gestora cultural, Cali


Desastre nuclear

El 26 de abril ocurrió el accidente atómico de Chernobyl. Miles de personas murieron a causa de la radiación y hoy aún se sufren sus efectos.

Por Bernardo David*

Cuando ocurrió el desastre yo trabajaba en la Occidental de Colombia como supervisor de operaciones del oleoducto de Caño Limón, Coveñas. Recuerdo que la primera noticia que llegó a Colombia decía “Aparente accidente nuclear en la Unión Soviética”. Esta fue una información que causó conmoción entre nosotros –ingenieros químicos– ya que sabíamos que era una situación muy peligrosa, pero el hecho parecía haber sido minimizado para causar el menor impacto.

Inmediatamente relacionamos los efectos con los que conocíamos: los de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. La limpieza de Chernobyl fue arriesgada, pues murieron miles de personas. Las tierras, los pastos, animales y cosechas fueron incinerados y después enterrados. Si algo me marcó fue la historia de los voluntarios, denominados ‘los Liquidadores’. Ellos fueron los que ayudaron a tapar el reactor que había explotado y a apagar los incendios. Todos resultaron afectados y al cabo de un tiempo murieron. De hecho, recuerdo que el gobierno soviético les aseguró que podían exponerse 30 segundos sin resultar afectados pero esto era mentira. Este desastre sigue vivo, pues la radiación solo se elimina de la tierra entre 3.000 y 5.000 años.

* Ingeniero químico, Cali
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