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| 1/29/2011 12:00:00 AM

1988

El Concierto de Conciertos en Bogotá, la Guerra Irán-Irak, y la masacre en Segovia, son los hechos más representativos en este año.

“¡Bogotá, del putas!”

Durante dos días, 70.000 personas se deleitaron con lo mejor del rock en español en el Concierto de Conciertos.

Por Angélica Lozano Correa*

Yo tenía 12 años cuando fui al Concierto de Conciertos, el 16 de septiembre de 1988. Me llevó mi papá porque yo quería ver a Miguel Mateos.

Todo era extraño para mí. Recuerdo que empecé a sentir un olor raro cada vez que se alargaba la espera entre artistas. Como estábamos en la gramilla, yo alcanzaba a ver que la gente se juntaba y de ahí salía el olor. Mi papá me explicó qué era, que era feo y malo, y que no se debía fumar.

José Feliciano cantó como dos horas. Luego vinieron Los Prisioneros, de Chile, que se demoraron en comenzar. La gente empezó a gritar: “¡A mamarle gallo a Pinochet!”. Cuando por fin salieron, comenzaron con la canción ¿Por qué no se van? Y la respuesta de las 70.000 personas fue: “¡Pinochet, hijo de puta, Pinochet!”. En mi inocente pensamiento, ese señor, hasta entonces, era el ‘presidente’ de Chile.

La parte triste de la historia es que nunca pude ver a Mateos. No esa vez. Como a las 4:30 de la mañana mi papá me sacó porque ya era muy tarde. Ese es el único concierto de él que me he perdido.
De ese día me llevo un recuerdo mágico. La voz de una vieja bacana gritando por micrófono: ¡Bogotá, del putas Bogotá! Elsa, la vocalista de Pasaporte, entonaba el grito más bonito de la época, un grito que resonó por años.

* Abogada, Bogotá


Lluvias de misiles

La Guerra Irán-Irak duró ocho años. Lluvias de misiles cayeron sobre Irán por orden del entonces líder de Bagdad, Saddam Hussein. Las armas químicas también causaron terror.
Por Teymour Chegini*

Estaba en casa de mi tía en Teherán cuando comenzó el bombardeo iraquí al aeropuerto de la capital iraní. Nos asomamos a la ventana y vimos arder la terminal aérea. Mi hijo estaba bajo la mesa llorando.

Las imágenes que tengo de la guerra que Saddam Hussein emprendió contra Irán, con el apoyo del mundo occidental y de los países árabes, son muy fuertes. Los iraníes sufrimos mucho porque fuimos atacados con lluvias de misiles.

Ese año trabajaba con la British Petroleum y me encargaba de transportar los combustibles iraníes en plena zona de guerra. Los ataques eran tan intensos que de diez barcos que zarpaban solo algunos lograban llegar a su destino.
Pero, tal vez, lo más duro de esta guerra fue que Hussein usó armas químicas. Cinco mil personas, entre mujeres, niños y ancianos, murieron en un pueblo kurdo a causa de ellas (foto).

Muchos de mis familiares fallecieron en la guerra. Conozco a varios excombatientes que sufren secuelas de las armas químicas o tienen heridas de guerra y que hoy día viven muy mal. Mientras tanto, yo sigo administrando un negocio de alfombras en Bogotá, ciudad a la que llegué el 27 de enero de 2003.

* Comerciante, Bogotá


La historia partida

Un grupo paramilitar masacró a 43 personas en Segovia. Otro capítulo de terror.

Por Julio César Alzate*

Ese día estaba en Medellín con mi esposa disfrutando de unas vacaciones. Trabajaba en Segovia como cajero en la Caja Agraria y allí también era voluntario de la Cruz Roja, a donde había ingresado en 1983. La matanza comenzó en el parque principal como a las 6:50 de la tarde del viernes, justo diez minutos antes de la misa más concurrida del municipio.

A la madrugada siguiente me enteré por la radio. Estaba muy preocupado, toda mi familia vivía allá. De inmediato mi esposa y yo nos pusimos al servicio de la Cruz Roja. Llegamos a la medianoche. La soledad y el silencio eran atroces.

Mis padres y hermanos estaban bien, así que empezamos a a ayudar a hacer contactos entre familiares, acompañarlos en las velaciones, tranquilizar a quienes estaban afligidos. No se necesitaban primeros auxilios porque hubo muy pocos heridos. Me impresionó ver tirados en las calles en el trayecto de la iglesia a la plaza, unos doscientos pares de zapatos. Eran de niños y de adultos que habían salido corriendo ante el ataque.

Ese día la historia de Segovia se partió en dos. Hoy la sensación de impunidad es latente. Una columna de dos metros de alto en la que están estampados los nombres de todos los que perecieron se construyó en el parque principal de Segovia. Es una manera de recordarlos.

* Secretario del Concejo Municipal de Segovia
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