Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1984/01/30 00:00

25 AÑOS DE REVOLUCION

En un cuarto de siglo en el poder. Fidel Castro marca un hito en la historia de América Latina

25 AÑOS DE REVOLUCION

Veinticinco años después de haber conquistado el poder, la obra de Fidel Castro, para bien o para mal, perdura como el hecho político más impactante en este continente desde Simón Bolívar. Esta revolución, virtualmente encabezada por un grupo de jóvenes menores de 30 años salidos de la misma facultad de Derecho, trasformó el curso de la historia de su país y del continente mismo.
No es sino ver lo que era América Latina antes de ella. El conflicto social, aunque no menos agudo que ahora, si estaba más reprimido. El establecimiento norteamericano y su modelo de desarrollo gozaba de la admiración popular. La Alianza para el Progreso del Presidente Kennedy era vista como un modelo de "buena vecindad". Dictaduras como las de los Batista, Somoza, Trujillo, detentaban el poder,además poseían casi las mayores riquezas de sus países.
Los partidos tradicionales del continente eran vistos como las opciones únicas en la obligada alternación del poder y las palabras comunismo y socialismo eran sinónimo de lo más nefando y dañino para países y pueblos.
Nadie por otra parte, consideraba la posibilidad de desafiar con éxito los dictados de Norteamérica, exceptuando las minorías radicales aisladas. Colombia y Chile eran países cuyos gobiernos eran vistos como el modelo político del subcontinente, cuyas democracias, pese al interregno de Rojas Pinilla en Colombia, imitaban las instituciones norteamericanas para la renovación política. En lo externo, Estados Unidos orientaba practicamente la política exterior de estos países a través de organismos internacionales como la OEA, etc.
Hoy ese panorama ha sufrido notables cambios. En la actualidad aun cuando los intereses económico de las clases dirigentes latinoamericanas con Estados Unidos siguen intactos, ningún caudillo politico tradicional cometería la imprudencia de fincar su glamour politico-electoral en la abnegada observancia de los preceptos emanados de Washington Hoy en día, la mayoría de las veces, la retórica antiyanqui es el ingrediente necesario para ganar amplios sectores de la opinión, a tal punto que la defensa de los Estados Unidos, como la ha hecho en estos días el ex presidente colombiano Carlos Lleras Restrepo, aparece como un anacronismo y un acto de gran valor político.
Por otra parte, hoy, parece más difícil para un gobierno latinoamericano sobrevivir a una alianza con Estados Unidos que a sobrevivir a un enfrentamiento político con el. Los partidos tradicionales aunque conservan todavía las mayorías, están en tela de juicio en todas partes y su arraigo es cada vez más precario, con contadas excepciones. En casi todos los países del subcontinente el conflicto armado hoy llega a revestir en algunas zonas el carácter de guerra civil. El comunismo, aunque como posibilidad política es aún remoto, se perfila como una amenaza latente, mientras el socialismo ha entrado en el léxico político de varios países y ha llegado a afincarse en algunos sectores de la opinión pública.
En tierra de los Somoza, Batista y Trujillo, sus dictaduras han pasado a la historia, encontrándose en el poder algunas de las facciones políticas que los combatieron.
Esos cambios no se pueden atribuír exclusivamente a Fidel Castro, pero si se puede decir, sin exagerar, que él y su revolución han sido los catalizadores de buena parte de ese proceso.
Para unos, por esa razón, Castro es visto como un monstruo, mientras que para otros es un Dios. Sin embargo, hay algo en lo que todos están de acuerdo y es que la vida del dirigente cubano ha sido de dimensiones heroicas. Lider estudiantil desde muy joven, a los 24 años, Castro demandó legalmente al gobierno de Batista por haber violado la constitución con su asalto al poder. Un año más tarde, en un intento por derrocar al dictador por las vías de hecho, Castro y un grupo de jóvenes, asaltan el Cuartel Moncada, lo que termina en la muerte de la mayoría de los asaltantes y la captura de Castro. Defendiéndose él mismo ante los jueces, expuso la razón de su lucha en un alegato jurídico-político que luego se conoció como "La historia me absolverá", que llegó a circular por toda la isla. Tras dos años de cárcel, los lideres del Moncada son liberados de la Isla de Pinos, naciendo poco más tarde el Movimiento 26 de Julio. En México organiza una nueva expedición armada a bordo de la embarcación Granma, junto con 81 jóvenes como él. Identificados por la aviación de la dictadura y sometidos a intenso bombardeo, de los 82 sólo quedan con vida 12 de ellos, quienes logran internarse en la Sierra Maestra. Inverosimil como pudiera aparecer, en sólo dos años, ese nucleo inicial de 12 se expande lo suficiente como para derrumbar en sólo dos años el ejército de Batista, logrando derrocar a la dictadura y tomar el poder el 31 de diciembre de 1958. En ese momento Castro solo tiene 31 años. El derrocamiento de Batista, que para muchos era la meta final para el lider cubano era sólo un comienzo. La fase que se abría, para él, desafiaba todas las posibilidades de triunfo, de hecho era una tarea mil veces más dificil que el derrocamiento de la dictadura: enfrentar el frágil gobierno salido de la revolución a Estados Unidos, la mayor potencia del mundo. Cuba dependía en ese momento exclusivamente de las compras de azúcar de Estados Unidos y del turismo norteamericano. A diferencia de lo que puede ser hoy, Cuba no contaba con aliados. La URSS era simplemente una potencia remota y bastante ajena a América Latina.
Muy probablemente, al no medir el potencial de decisión del nuevo liderato cubano, los Estados Unidos cometieron el mayor error de su historia contemporánea. Incapaces de ver que Castro estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, los norteamericanos vieron fracasar uno tras otro sus esfuerzos por sofocar militarmente ese proceso.
Luego vino el bloqueo, que practicamente paralizó a la economía cubana. Un país que había vivido dependiendo de la industria y el comercio con Estados Unidos, vio de la noche a la mañana cómo se agotaban todas sus reservas, desde la aspirina, hasta los más sofisticados repuestos para el parque industrial y automotriz. Cuba pasó así a tener que recibir de la URSS, luego de largas travesías marítimas, las más básicas medicinas, así como la mayoría de sus implementos industriales.
En medio del aislamiento total, Castro no vaciló en enfrentarse a siete presidentes norteamericanos: Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter y Reagan. Todos ellos han intentado en uno u otro momento, revertir lo que Castro ha hecho. Dos han sido los intentos más serios en ese sentido: el 17 de abril de 1961 una invasión por la Bahia de Cochinos de exiliados cubanos, apoyados por Estados Unidos, queda atascada en Playa Girón. En represalia, el 1o. de mayo de ese año, Castro proclamaba el carácter socialista de la revolución cubana. La otra gran ofensiva contra el régimen cubano ocurre en el momento actual, dada la convicción del presidente Ronald Reagan de que la insurgencia en Centroamérica y el Caribe halla en La Habana su mayor fuente de inspiración y respaldo militar.
Pese al bloqueo y a los intentos por derrocarlo, el régimen castrista ha sobrevivido, y lo que es más, ha implantado el socialismo a 90 millas de las playas de Florida. Como si esta consolidación interna fuera poco, Castro logró expandir su influencia internacionalmente. Sus intervenciones en Africa -Angola y Etiopia- han tenido sorprendente éxito, particularmente en el primero de estos países donde los 12 mil soldados cubanos lograron detener en 1975 una invasión sudafricana contra el gobierno de Agostino Neto y derrotar la resistencia de los grupos anticomunistas. En Etiopía, los cubanos ayudaron al coronel Mengistu a detener las ofensivas de Somalia contra Addis Abeba. Así, a pesar de ser Cuba una pequeña isla de sólo 10 millones de habitantes, su ejército en la década de los 70 adquirió un aura de invencibilidad. Pero más que ejecutor y militar, Castro, en un ejercicio de hábil cálculo político, lograba hacer esos esfuerzos internacionalistas al borde del precipicio. Aunque sus expediciones incitaban a los norteamericanos, nunca llegó al punto de desatar una intervención directa de ellos. La excepción fue Granada, aunque gran parte de los factores que precipitaron la intervención fueron los errores de los propios granadinos.
Esta hoja de vida de Castro, heróica a primera vista, no está excenta de lunares: su autoridad, una vez llegado al poder, tuvo que imponerla a sangre y fuego. Dos son los cargos que los historiadores le hacen: haber mandado fusilar a cerca de 400 personas, la mayoría acusados de ser toturadores del régimen de Batista, y la forma implacable como aplastó toda disención. La época tristemente célebre de "el paredón", incluyó hasta el fusilamiento de Humberto Sorí Marín, el ministro de Agricultura que redactara la primera ley de reforma agraria. Sori Marín había desarrollado diferencias con el gobierno que lo llevaron a realizar actos terroristas de oposición. No obstante la efectividad de esos métodos, el mismo Castro, 24 años después, aconsejó a los sandinistas -ya en el poder en Nicaragua- no incurrir en fusilamientos contra las figuras visibles del depuesto somocismo, por el daño que los fusilamientos le habían deparado a la revolución cubana por haber facilitado la tarea de quienes buscaban aislarla internacionalmente.
Otro "agujero negro" que podría ser señalado es la forma monolítica y no pluralista como fue concebido y erigido el poder. En Cuba hay comida, educación y salud, pero al costo de una vida regimentada con visos de Estado policivo. Nadie se atreve abiertamente a criticar al gobierno y la prensa y todas las manifestaciones culturales están al servicio de la revolución. Un sólo partido domina la vida política del país sin que éste admita la presentación en su seno de puntos de vista diferentes a los oficiales, pese a que en Cuba existen órganos de poder popular, cuyo origen es un amplio proceso electoral, en el que los candidatos son nominados por los propios electores. No puede ocultarse por lo demás la existencia de privilegios burocráticos en el aparato de Estado y en el ejército.

Error monumental fue el intento llevado a cabo en los años 60 de convertir a Cuba, un país tradicionalmente agricola, en una potencia industrial. Este acto de amateurismo retrasó el desarrollo económico varios años. Aunque la industrialización ha sido notable aún subsiste una marcada dependencia de los suministros soviéticos. El subsidio de la URSS a Cuba es casi de 10 millones de dólares diarios, o sea un dólar diario por habitante. La URSS en desarrollo de tal política compra azúcar a precios altos a Cuba y le vende a precios bajos su petróleo.
Esta subvención le ha permitido a la isla registrar una tasa de crecimiento de 6%, una de las más altas en América Latina.
El envío de guerrilleros a América Latina y de ayuda a grupos insurgentes en el subcontinente fue un paso equivocado dado por Castro, proceso que por sus fracasos, -incluida la muerte del Ché Guevara en Bolivia- contrastó con sus éxitos posteriores en Africa. Castro, a través de OLAS, trató de exportar la idea de que los grupos revolucionarios latinoamericanos podrían copiar la experiencia cubana de toma del poder por la vía armada, lo que llevó al fracaso de casi todos esos grupos y a una profundización del aislamiento diplomático de la isla.
Pero estas observaciones son de menor importancio ante una que es de mayor envergadura: la ausencia de plenas libertades en la isla.
Tales fallas en el sistema político pueden haber sido el costo de haber dado el régimen prelación total a la satisfacción de las necesidades básicas de la población, antes que a la instauración de un reino de libertades democráticas. Hay sin duda, otros sectores no tan exitosos como en los ramos de la salud y la educación. Por ejemplo, el espacio habitacional en las ciudades todavía es bastante limitado y aunque la construccion de viviendas es uno de los objetivos principales del gobierno, la situación aún no es satisfactoria. Las mismas autoridades de La Habana reconocen esto. Todavía se ven allí muchas casas deterioradas aunque puede decirse que cada vecino tiene techo y servicios públicos. Quizás este rubro es uno de los más pesados lastres del pasado: antes de 1959 una tercera parte de los cubanos vivían en bohíos insalubres, sin agua ni electricidad. En aquella época un 30% de los ingresos personales de la población era absorvido por los alquileres. Hoy en día el arriendo de casas requiere como máximo un 10% de los salarios.
¿Y el ambiente en las ciudades? Para los extranjeros, las ciudades cubanas, en especial La Habana, que antes de la revolución fuera el gran casino burdel de los Estados Unidos y la ciudad más alegre del mundo, es hoy un abúlico modelo de disciplina social. Casi sin tráfico ni vida nocturna con muy escaso comercio, la alegría típica de las ciudades caribeñas ha sido reemplazada por la monotonía de la justicia social.
Hay otra característiica de la vida urbana cubana: la gran ausencia de bienes de consumo. El gran "lujo" de la clase media latinoamericana como es disponer de televisión, nevera y carro no se repite en Cuba. Allí, aunque la población trabajadora dispone de dinero para adquirir esos bienes, no tiene acceso fácil a ellos. La adjudicación de algunos electrodomésticos, cuando los hay, es hecha por el Estado y está vinculada más a criterios de méritos laborales que a cualquier otra cosa.
Claro que un bloqueo de la magnitud experimentada por Cuba tuvo que afectar la economía de la isla. Ello hace que Cuba, a pesar de sus avances sociales, es todavía un país subdesarrollado. Por otra parte, aunque es la vitrina del socialismo marxista en el Tercer Mundo y un gran éxito como modelo social, Cuba sigue siendo un experimento económico no viable. Analistas del gobierno cubano han admitido que los niveles de desarrollo económico planificados para el quinquenio 1976-1980 no fueron alcanzados del todo. Ellos explican este retraso invocando "la coyuntura económica internacional desfavorable y los factores naturales adversos". Los sectores más afectados por esa tendencia fueron el sector comercial, el de la construcción y el rubro de las inversiones industriales. Además, el nivel de producción de 1979, en el sector textil, electrotécnico, electrónico, y de combustibles, registró índices inferiores a los alcanzados en 1975. Pero otros renglones industriales, como el azucarero, el de confecciones, de energía eléctrica y de maquinaria no eléctricá, lograron un índice de crecimiento de 4.3%. En el sector productor de medios de consumo ese índice fue de un 3.2%.
El modelo cubano, a pesar de todo, parece satisfacer a la gran mayoría de la población. Aunque episodios como el de Mariel, sacan a la luz la existencia de un descontento interno, no puede negarse que las grandes mayorías en Cuba admiran a sus dirigentes y virtualmente idolatran a su líder. Independientemente de la posición ideológica que se tenga, Fidel Castro en 25 años en el poder, cambió en forma irreversible el destino de América Latina.

LA NUTRICION Y LO INGRESOS
Los niveles de consumo alimenticio básico en Cuba pueden verse mejor en relación con cifras colombianas. Si en Colombia, en 1973, la cantidad de proteínas per cápita consumida fue de 47 gramos, en Cuba fue, según la FAO, de 65 gramos y la producción de cereales que para Colombia en 1973 fuera de 68 kilogramos por persona, en Cuba fue de 97. La producción de alimentos en general en 1973 fue incluso superior a los Indices de Italia, donde fue de 39 kilogramos, (en Venezuela fue de 38), mientras que en Cuba fue de 48 kilogramos. Entre 1975 y 1980, la dieta calórica promedio diaria en Cuba se incrementó en un 9.3% y la dieta proteica en un 4.3 %.
Debe, sin embargo, recordarse que en tiempos de Batista, Cuba ya tenía el ingreso per cápita más alto de Latinoamérica y que hoy, 25 años después, tras un subsidio practicamente ilimitado de la Unión Soviética esta cifra no es considerablemente superior. El ingreso personal per cápita que no llegaba en 1958 a 400 pesos cubanos anuales, en 1978 era de 650 pesos, sin tener que pagar asistencia médica-hospitalaria ni educación, por ser gratuitas. A finales de los 50, el salario promedio urbano era de 73 pesos mensuales -en el campo era de 50-. Actualmente el salario promedio del país es de unos 150 pesos mensuales. Tales cifras, aparentemente bajas, se deben a que los precios en Cuba, desde el inicio de la revolución, fueron practicamente congelados, sobre todo en los de los productos alimenticios, mientras que en el resto del mundo han tenido un dinamismo mucho mayor. En noviembre de 1980 un dólar norteamericano equivalía a 0.71 de peso cubano.

EDUCACION Y SALUD PUBLICA EN CIFRAS
En dos aspectos la revolución cubana ha logrado en sus 25 años de vida niveles superlativos: en el ramo de la educación y en el de salud pública. Las cifras hablan por sí mismas: si bien en 1958 el 22% de la población adulta urbana era analfabeta (en el campo superaba el 40%), en la actualidad no hay analfabetos y todo niño de primaria asiste a una escuela. La escolaridad ha crecido en un 135%. De los 88 mil alumnos de ensenanza media que existían en 1958 hoy hay más de un millón y de los 15 mil alumnos de educación superior con 900 profesores de 1958 se ha pasado a 140 mil alumnos con 8.800 profesores.
En salud las cifras son más espectaculares. Enfermedades como la difteria, el paludismo y la poliomielitis han desaparecido Y muchas otras han disminuido sensiblemente. El promedio de vida ascendió de 59 años a 73. El presupuesto de salud, que en 1958 era $ 3.30 por habitante, para el año de 1978 había saltado doce veces, siendo de $ 40.oo por habitante. En cuanto a atención médica por habitante se registra el nivel más alto en América Latina: hoy hay un médico por cada 626 habitantes.
Y fuera de esto, lo más notable. todos los servicios médicos hospitalarios así como la educación, son gratuitos.

POLITICA EXTERIOR
Uno de los aspectos de Cuba que más controversia genera es el de su relación especial con la Unión Soviética. Para muchos, Cuba no es más que un apéndice caribeño de las políticas del Kremlin. Sin embargo este punto de vista deja de lado el hecho de que Castro teniendo que encarar el bloqueo económico, la eliminación de la cuota azucarera norteamericana, y las amenazas militares contra su revolución, tuvo que acudir al único país del mundo que podía ayudarlos a sobrevivir. Aún así, conquistado el apoyo de los rusos, el régimen de Castro dio muestras de no estar hipotecado del todo a Moscú. Un ejemplo clave, aunque poco conocido, es el escándalo Escalante en marzo de 1962.
Escalante, el "hombre de Moscú" dentro del PC cubano intentó transformar dicha organización en una réplica del partido soviético. Tras una lucha interna, Escalante fue denunciado por Fidel y expulsado, lo que no gustó nada al Kremlin quien amenazó incluso con recortar sus suministros.
Más tarde en 1965 vinieron las diferencias entre la Habana y Moscú sobre Vietnam. Ante la intensificación de los bombardeos norteamericanos a Vietnam, Castro acusó de traición tanto a Pekín como a Moscú por su vacilación ante la intensificación de la guerra norteamericana allí. Su intento más tarde por extender la revolución a América Latina tampoco tuvo el visto bueno del Kremlin, y el envío de tropas cubanas a Angola, según admitió la misma CIA, correspondió a una decisión tomada en la Habana, no en Moscú.

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