Viernes, 20 de enero de 2017

| 1989/06/12 00:00

28 HORAS DE TERROR

LA BATALLA DEL PALACIO DE JUSTICIA

28 HORAS DE TERROR

Desde el 9 de abril ningun acontecimiento había conmovido mas al pais que la toma del Palacio de Justicia. El siguiente articulo se escribio en las 72 horas siguientes a la tragedia, que habria de ser una de las mas estudiadas e investigadas en la historia de Colombia. El valor de este articulo radica en que, a pesar de haber sido escrito al calor de los acontecimientos, los hechos y el analisis contenidos en el se han ido confirmando en el transcurso de estos años.

El M-19 tenía que recuperar espacio político. La sensación de que el movimiento estaba siendo acorralado militarmente y la falta de justificación ante la opinión pública por la ruptura de la tregua, habían dejado al grupo guerrillero en el momento de mayor desprestigio militar y político de toda su historia. Era necesario, pronto, dar un golpe grande, espectacular y exitoso. Después de estudiar muchas alternativas, el movimiento decidió tomar el Palacio de Justicia, durante la visita del presidente francés, Francois Mitterrand, para darle una dimensión mundial al asalto. Algo falló. El 17 de octubre, dos guerrilleros fueron detenidos merodeando el Palacio y en posesión de completos planos de la edificación.
Pocas horas después, durante un allanamiento a una residencia del movimiento, fue incautado un casete que contenía la proclama que debía darse a conocer en el momento de la toma.
El plan tenía que ser abandonado. El gobierno, alertado, había montado un severo dispositivo de seguridad para proteger el Palacio.

Pero el problema inicial seguía vigente. Era necesario un cambio de objetivo. Se decidió entonces secuestrar al comandante del Ejército, general Rafael Samudio. El propósito era utilizar al rehén para obligar a las Fuerzas Militares a sentarse a negociar directamente con el M-19, sobre la base de un retiro de las tropas de las zonas de conflicto. Al frustrarse esta tentativa, que no hizo más que aumentar su desprestigio, los guerrilleros decidieron violar una de las reglas elementales de la cartilla revolucionaria: retomar un plan que ya había sido descubierto por el enemigo. Calcularon que las autoridades no podrían mantener indefinidamente el operativo y que, acogiéndose a la lógica, asumirian que el plan seria abandonado al haberse develado. Sólo había que sentarse a esperar.

LA AUDACIA ES EL HOMBRE...
Además de la ventaja de poder utilizar las largas semanas de planeación invertidas en el proyecto, pesó sobre los guerrilleros el convencimiento de que, descubierto o no, el plan concebido originalmente era absolutamente inmejorable. La idea era, una vez tomado el Palacio de Justicia, realizar un juicio popular al proceso de paz, obligando al Presidente a defenderse y teniendo como testigo de excepción a la Corte Suprema de Justicia. A esto se sumaba la publicación de proclamas acusando al Presidente de haber traicionado el proceso de paz, en los más importantes medios de comunicación, y la utilización de la radio como tribuna popular. Militarmente, las condiciones no podía ser más favorables. La edificación, cuya construcción había sido objeto de enorme controversia porque rompía la armonia arquitectónica de la Plaza de Bolívar, era una fortaleza inexpugnable. La coraza de concreto que se ve desde el exterior es, en realidad, una muralla separada algunos metros del edificio interior, al cual se accede solo por dos entradas, la de la Plaza de Bolívar y la del sótano por la carrera octava. El carácter fortificado de la edificacion que hacia imposible el acceso por las ventanas, sumado al hecho de que sólo había dos entradas, le daban una ventaja militar enorme a quien estuviera adentro.

Por otro lado, atrincherarse en la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado, dos de las instituciones más prestigiosas del país, tenía un gran valor simbólico desde el punto de vista político. Una consideración adicional de no poca importancia era la de que la responsabilidad de la investidura de los más altos dignatarios de la justicia del país, los hacía rehenes inmejorables, pues los guerrilleros asumían que el gobierno no pondría en peligro personas de esta talla.

Esto explicaría en gran parte la forma como fue integrado el comando.
El M-19 no sólo incluyó a estrategas militares, sino a sus mejores cuadros intelectuales y negociadores, dentro de la idea de que iban a ser la contraparte no de una batalla, sino de un debate ideológico y jurídico de alto nivel. Luis Otero, el arquitecto que había sido el cerebro de la toma de la Embajada de la República Dominicana y cuya mayor frustración revolucionaria había sido que Jaime Bateman no le habia permitido participar directamente en ella, pudo en esta oportunidad, como comandante de la operación, ejecutar uno de sus diseños.

Considerado como el mejor estratega del movimiento urbano, su reputación no era similar en el campo militar. El segundo, era el abogado Andrés Almarales, el principal sindicalista del M-19, y en consecuencia, ducho en negociaciones. El trio clave se completaba con el constitucionalista, Alfonso Jacquin, considerado el mayor intelectual del grupo guerrillero.

EL OPERATIVO
Durante 21 días el Palacio tuvo protección especial mientras los guerrilleros esperaban. El martes en la tarde se desmonto el dispositivo de seguridad especial y el M-19 tomó la decisión de actuar al día siguiente.
Las etapas iniciales del operativo fueron fáciles. Desde las primeras horas de la mañana, camuflados como ciudadanos ordinarios en plan de diligencia, habían entrado al Palacio los primeros guerrilleros.

A las 11:35, un camion Ford 51 recorrio la carrera octava hacia el sur e irrumpió por la entrada del sótano del Palacio de Justicia. Los primeros guerrilleros descendieron del camión y se enfrentaron a tiros con dos celadores de la compañía Covaceg Ltda. que murieron en el asalto. Acto seguido se estableció una línea de fuego con efectios del F-2, del DAS y escoltas de los magistrados en el sótano.
Paralelamente, quienes se habían infiltrado horas antes se tomaban las oficinas y recibían las tulas que sus compañeros habían logrado introducir a través de la linea de fuego.
Mientras unos se dirigieron armados hacia el cuarto piso en busca de las oficinas de la Corte Suprema, dos guerrilleras establecieron nidos de ametralladoras en lugares estrategicos, que iban a ser los ejes militares de la operación. El primero apuntaba hacia la entrada principal del edificio y el segundo protegia la entrada del sotano hacia el primer piso.

Apoyadas por la Policia y el F-2 las primeras unidades del batallon Guardia Presidencial trataron de emplazarse en la Plaza de Bolivar y en las torres de la Catedral, en medio del fuego que ya había comenzado a desatarse sobre el costado sur del edificio. A los pocos minutos, mientras se producían las primeras bajas, comenzaron a movilizarse refuerzos de la Policía, la XIII Brigada y, lo más importante, los cinco tanques brasileros Cascabel de la Escuela de caballeria de Usaquén.

RECIBIENDO CREDENCIALES
La primera media hora del drama habia transcurrido sin que el Presidente de la República, a menos de un kilómetro de los acontecimientos, se enterara. A esas horas se encontraba en compañía del canciller Augusto Ramirez, recibiendo las crendenciales del Embajador de Mexico, el primero de los tres diplomáticos que debían presentar sus cartas..Antes de que hiciera su entrada el segundo, el Embajador de uruguay, el edecán de servicio de la Casa Militar le comunicó al Presidente que se estaba presentando un tiroteo de origen desconocido, en el Palacio de Justicia. El Jefe del Estado pregunto: "¿Es muy grave?". No sabemos, señor Presidente, contestó el edecan. "Por favor, mantengame informado", dijo Betancur y prosiguió con su rutina protocolaria.

Tan pronto se retiro el Embajador de Uruguay, entraron corriendo al Salon de Credenciales la ministra de Comunicaciones, Nohemi Sanin, su colega de Educación, Liliam Suárez, y el titular de la cartera de Gobierno Jaime Castro. Los recien llegados se trasladaron a una oficina adyacente en busca de inforrnación más precisa, mientras el Presidente en forma superexpedita despacho al embajador de Argelia.

Ya la radio, algunos de cuyos reporteros estaban cubriendo las sesiones del Congreso, habia convertido el ataque en noticia nacional. En la Casa de Nariño, una llamada del director del Noticiero 24 horas Mauricio Gómez, transmitio el contenido de un casete que el M-19 le había hecho llegar y en el cual se estipulaban sus exigencias. El Presidente y los cuatro ministros que estaban con el escucharon, a través del amplificador del teléfono presidencial, la voz de un guerrillero. Ante lo absurdo de las peticiones, la reacción automática fue "no hay nada que aceptar, no hay nada que negociar". Poco a poco fueron llegando los otros ministros.
El Presidente pidió que lo comunicaran con el ministro de Defensa, general Miguel Vega, para pedirle que se hiciera presente en el despacho presidencial. Mindenfesa, quien desde hacia media hora coordinaba la operacion sólo pudo llegar hora y media más tarde. Entre tanto, Betancur, el Canciller y el ministro de Gobierno localizaban telefónicamente a los ex presidentes de la República, dos de los cuales, López y Pastrana, se encontraban en el exterior. A éstos se les informó sobre la gravedad de la situación y se les consultó su opinión.
Todos le ofrecieron su respaldo al Presidente, apoyando su determinación de que las exigencias del M-19 no eran negociables.


LOS CASCABEL
Si en la Casa de Nariño todo parecía bajo control, en la Plaza de Bolivar era la debacle: un tiroteo comparable con cualquiera de las calles de Beirut estremeció el corazón de Bogotá. A la 1:55 p.m. del miercoles, uno de los cinco tanques Cascabel ascendió dificilmente las gradas del Palacio de Justicia y en forma aparatosa destrozo la puerta principal. El objetivo era servir de parapeto para que un grupo de soldados penetrara en el corredor que separa el muro exterior del edificio central, sin correr el riesgo de caer bajo las rafagas de la ametralladora que habia sido emplazada en uno de los pisos intermedios.
Minutos despues, cuatro helicopteros de la Policia sobrevolaron el Palacio y uno a uno fueron dejando en la terraza un total de 16 agentes, especialmente entrenados para este tipo de operaciones en España. Toda esta operación estaba siendo coordinada desde la Casa del Florero por el general Jesus Armando Arias Cabrales, comandante de la XIII Brigada, el general Jose Luis Vargas Villegas, comandante de la Policia de Bogota, y el coronel Alfonso Plazas Vega, comandante de la Escuela de Caballería. Los tres comandantes, frente a los planos del edificio, evaluaron la situacion y llegaron a la conclusion de que el objetivo, por la informacion que recibieron de los primeros soldados que ingresaron al Palacio, debia ser el de destruir los dos nidos de ametralladoras que no cesaban el fuego y que impedian el acceso del suficiente numero de soldados que se requerían para dominar a los guerrilleros las ametralladoras se convertirían en los puntos neuralgicos del combate y en el mayor dolor de cabeza de los militares. De ahi que, en un momento dado, los comandantes de la operación hayan decidido emplazar artilleria pesada para disparar rockets con el fin de elíminar los nidos de ametralladoras .

EL CONSEJO DE LAS 3 p.m.
El tiroteo en el Palacio era intenso y en varios frentes. Entre tanto, en la Casa de Nariño se inició la primera sesión del consejo de ministros. Algunos de ellos no recuerdan siquiera el momento en que formalmente se instaló. Lo que si recuerdan es que fue en el despacho del Presidente y no en el salon tradicional. Antes de las tres de la tarde, hizo su entrada el ministro de Defensa, acompañado por los generales Guerrero Paz y Delgado Mallarino. Betancur comenzo a hablar. Su tono era calmado y sereno y asi permaneceria durante las siguientes 24 horas. La decision fue unánime y ninguno de los ministros planteo la más minima reserva: no era posible negociación alguna. Después de guardar silencio durante varios minutos el general Vega intervino: "Tenemos todos los operativos en marcha y si la decisión del consejo es ésa seguiremos adelante . El ministro de Gobierno tomó entonces la palabra: Creo que de todos modos debemos hacerles saber a los guerrilleros que si se rinden tendrán un juicio ordinario como lo prevén las normas actuales .
Los demás ministros complementaron la intervención y uno de ellos agregó: Digámosles que militarmente están perdidos pues la fuerza pública los tiene rodeados y ya han entrado al Palacio. Les podemos ofrecer respeto a la vida y a su integridad para que después de rendirse sean juzgados como corresponde . El consejo continuó sesionando enfrentado al problema de cómo hacerles llegar la propuesta pero se veía continuamente interrumpido por edecanes y secretarias que traían las últimas noticias.
Uno de los temas en discusión seria cómo hacerle frente a los angustiosos llamados del Presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandia, quien se hallaba tomado como rehén en el cuarto piso de la edificación. Algunos ministros allegados al alto magistrado plantearon dudas sobre si efectivamente la vos que se escuchaba por la radio era la de Reyes Echandia.
Para corroborarlo se solicitó a una secretaria del despacho que efectuara una llamada a la oficina del Presidente de la Corte. Por medio de un teléfono con amplificador quienes lo conocían identificaron su voz. La sesión continuó dramáticamente unos minutos y se decidió comisionar al general Delgado Mallarino para que estableciera contacto telefónico con los guerrilleros para comunicarles la propuesta.

Hacia las 5 p.m. del miércoles, el generál Delgado logró comunicarse con el propio Reyes Echandia. "Pasenle al comandante" dijo el General, Luis Otero pasó entonces al teléfono. "Otero" --dijo Delgado-oígame bien. A nombre del gobierno le ofrezco a usted y a los demás respetarles la vida y la integridad para que si ustedes se rinden sean juzgados por un juez ordinario. Entréguense y asi se hará. Su operación no tiene salida", Otero guardó silencio unos segundos y en lenguaje calmado respondió: "No General esa no es garantia ni solución. No podemos creer en ustedes. Estamos en esta operación llasta las últimas consecuencias. Nuestros planes se tienen que cumplir". Delgado insistió: "Es nuestra propuesta. Evitenos un derramamiento de sangre. Piénselo y si es el caso volvemos a hablar".

El consejo continuó su sesión y resolvió dar un tiempo prudencial de una hora para intentar una nueva comunicación, con el fin de saber si los guerrilleros habían cambiado de opinión. Pasadas las 6 de la tarde, el ministro de Justicia Enrique Parejo, quien se había ofrecido para intentar este nuevo contacto, alegando que había sido compañero de estudios de Almarales, trató infructuosamente durante media hora de obtener la comunicación. Todo parece indicar que para ese momento, los guerrilleros habían abandonado las oficinas y estaban encerrando a los rehenes en los baños. Pero el Ministro insistía mientras sus colegas le indicaban otros teléfonos de oficinas adyacentes. Pero todo fue en vano. El consejo decidió entonces solicitarles a las distintas emisoras, de radio que transmitieran constantemente la propuesta, la cual nunca fue contestada.

LOS PRIMEROS LIBERADOS
En el palacio de justicia los tiroteos habían cesado, pero algunas de las personas que se hallaban atrapadas en los corredores del primer piso lograron ser evacuadas con la ayuda de los agentes del F-2. Al caer la tarde, se intensificó del tiroteo y muchas otras personas lograron abandonar el edificio, entre ellas el magistrado Jaime Betancur Cuartas, hermano del Presidente.Hacia las 6:15, Reyes Echandia hizo un nuevo llamado angustioso de cese al fuego.
El caos y la confusión crecían a medida que la oscuridad avanzaba y pocos datos se obtenían de los liberados que no sabían explicar lo que realmente estaba sucediendo en el interior del Palacio de Justicia. De pronto, una explosión sacudió el escenario. Había sido disparado el primer rocket que hizo blanco en el costado orienlal del edificio, a la altura del lercer piso Lovidrios de los almacenes cercanos se volvieron añicos y pedazos de concreto saltaron al vacio. Pero no iba a ser el único. Una serie de descargas similares continuo hasta que a las 9 de la noche se desató un incendio en el tercer piso sobre la carrera septima, que se prolongaría hasta el día siguiente. Fue entonces cuando muchos de quienes se hallaban aún atrapados en el interior, asfixiados por el humo y ante la perspectiva de morir calcinados, se jugaron el se jugaron el todo por el todo y se escurrieron por las escaleras, bajo el fuego cruzado, en busca de una salida.
Una de ellas fue la esposa del ministro de Gobierno, fiscal del Consejo de Estado, Clara Forero de Castro.
La imágen era apocaliptica. La coraza de concreto parecía la rejilla protectora de una inmensa chimenea encendida. El consejo continuaba secionando en la Casa de Nariño. Algunos de los ministros que escuchaban la radio, mostraban las huellas del cansancio, la consternación y la impotencia ante las proporciones que esaban adquiriendo la tragedia. Hacia las dos de la madrugada, y antes de levantar la seción, el Presidente pidió a sus ministros que le colaboraran con la redacción de la intervención que esperaba hacer por radio y T.V. a penas terminara todo. "Si alguno de ustedes quiere ayudarme con alguna frasecita o incluso con el párrafo completo, me sentiré muy agradecido", dijo Betancour. Se respiraba un ambiente de solidaridad en medio del horror.

Luego de escasas tres horas de sueño, el Presidente salió a las cinco de la mañana para realizar una visita de condolencia a los familiares de los militares caidos en la primera jornada del combate.

MENSAJES QUE NO LLEGARON
Contra todos los pronósticos, la noche no trajo consigo el desenlace final. Los tiroteos se escuchaban esporádicamente en medio de las voraces llamas que consumían lentamente, pese a los esfuerzos de los bomberos, el edificio interior. Ya en las primeras horas de la manana se supo que los militares habían abierto un boquete en el muro oriental y habían logrado alcanzar en algunas zonas el segundo piso. Para entonces, tambien había caido la guerrillera que controlaba la ametralladora dirigida hacia la puerta principal y que se creía que era Vera Grave. SEMANA pudo establecer, sin embargo, que ni ella, ni Libardo Parra, ni Rafael Arteaga, de quienes se llegó a decir por radio y prensa que habían muerto en la operación, participaron en esta.

Eran las 8:30 de la mañana cuando el magistrado Reynaldo Arciniegas, visiblemente alterado, ganó la salida.
Inmediatamente se dirigió hacia la Casa del Florero para cumplir con la mision que minutos antes le había encomendado Andres Almarales. Se trataba de desmentir las versiones de prensa y radio segun las cuales solamente había 10 rehenes. La verdad era que los guerrilleros tenian en su poder a cerca de 70 personas, entre las cuales figuraban más de 15 magistrados. Esta información, al parecer, nunca llegó a la Casa de Nariño, donde se iniciaba el segundo consejo extraordinaro de ministros.

La primera decisión del consejo fue comisionar al director del Socorro Nacional, Carlos Martinez Sáenz, para que se hiciera presente en el sitio de los acontecimientos, con el fin de llevar un mensaje mecanografiado en el cual se reiteraba la propuesta que telefónicamente había hecho el general Delgado Mallarino al comandante Otero el día anterior. Martinez dijo a SEMANA: "Llegue al Palacio presidencial y la ministra de Comunicaciones me entregó un equipo portátil de radio que permitiría la comunicación con otro similar en la Casa de Nariño, porque a esa hora ya no había comunicación posible con el Palacio de Justicia. Me puse un chaleco de la Cruz Roja y tome en mis manos una bandera de la institución. Pedi que me acompañaran cinco de mis mejores socorristas. Me dirigí al Museo del 20 de Julio en donde los militares que comandaban la operación me dieron instrucciones y me ordenaron esperar, porque el combate continuaba". La espera duró tres horas al cabo de las cuales Martinez intentó penetrar en el Palacio de Justicia. Alcanzó a llegar hasta el tercer piso. Una voz femenina gritó: "¡La Cruz Roja ja, ja, ja!" y entonces sintieron una descarga de ametralladora. "Nos botamos al suelo -dijo Martinez-y el antepecho del corredor nos defendió. Se oyó una explosión, momentos después vimos bajar un piquete de soldados extenuados, bañados en sudor, dehidratados y con cara de espanto, que decían que el obstáculo ya había sido despejado. Subimos entonces al cuarto piso en donde una capa de cenizas de 50 centímetros lo cubría todo. Estaba todo destruido. En el baño, había 17 personas
muertas".

EL ASALTO FINAL
Pasadas las dos de la tarde, se hizo evidente que los rockets, cuyos disparos se habían sucedido uno tras otro en las ultimas dos horas, habian logrado finalmente vencer las ultimas resistencias de los nidos de ametralladoras. En la Casa de Nariño, donde desde la una y media se habia reiniciado la sesion del consejo de ministros, se venía la clara percepción de que la hora definitiva se estaba acercando.

La radio, cuyas diferentes emisoras transmitían en directo, difundió una información: "Los rehenes están vivos, estan siendo liberados". El presidente Betancur la escuchó y, delante de sus ministros, se llevó las manos a la cabeza en señal de felicidad. Pero a los pocos segundos, la misma radio reveló calificandola de oficial, la noticia de que Reyes Echandía había sido asesinado por los guerrilleros. El rostro de Betancour cambió inmediatamente de color . Lívido y espantado, el primer mandatario dejó escapar llanto. Pero las malas noticias apenas estaban comenzando.

Mientras entre los ministros comenzó a reinar un ambiente de terror y sosobra, en el Palacio de Justicia se inicio el asalto final. Las tropas, que ya se habían apoderado del segundo piso y que controlaban algunos corredores del tercero, comenzaron a batirse contra el ultimo reducto ubicado en los baños del descanso de la escalera entre los pisos segundo y tercero donde quedaban aun unos 60 rehenes. .

De pronto, un rocket derribó la pared posterior de los baños, cayendo muertos algunos de los rehenes. Andrés Almarales decidió entonces que se jugaba lo que llamó su "ultima carta". Sacó a los magistrados y a los demás rehenes al corredor para que le gritaran a las tropas que cesaran los disparos. Entre tanto, los rehenes lloraban e imploraban. La magistrada Aydé Anzola le dijo a Almarales "Ustedes que tanto se han preocupa do por los derechos humanos, déjenos salir". Para su sorpresa, el jefe guerrillero accedió, anunciando que podrían salir las mujeres y los heridos. "Usted -le dijo a la doctora Anzola se puede ir, pero no porque sea consejera de Estado, sino porque es mujer".

El magistrado Manuel Gaona Cruz quien moriría segundos después, fue comisionado entonces por los guerrilleros para que saliera al frente de quienes iban a quedar libres.
Este grupo bajó las escaleras en medio de los tiros y ganó el segundo piso y luego el primero. Entre quienes quedaron retenidos se tuvo la impresión de que se había llegado el momento del "sálvese quien pueda". El fuego cruzado mató a algunos de ellos y entre los cadáveres sangrantes se deslizó sin su protesis el magistrado Humberto Murcia Ballén, quien finalmente lograría salvarse (ver ilustración) .

Aun cuando se publicó una versión segun la cual Murcia habría sido testigo de la forma como un guerrillero había asesinado a Gaona a sangre fria, Murcia le manifestó en terminos categóricos a SEMANA que él en realidad no había visto el momento del disparo, ya que el caos existente le había obligado a clavar la cabeza contra el piso para protegerse y esta circunstancia apenas le habia permitido ver cómo "salía una cosa blanca" de la cabeza de Gaona y cómo caía muerto, con el rostro ensangrentado por la explosión de una granada, el magistrado Horacio Montoya Gil.

Allí donde cayeron Gaona y Montoya se concentró entonces el tiroteo final. Los efectivos militares lograron llegar a pocos metros de donde resistían algunos guerrilleros, encabezados por Almarales; en el descanso de las escaleras entre el segundo y tercer piso estallaron algunas granadas y se escucharon sucesivas ráfagas de ametralladora. Fueron cayendo los pocos rehenes pocos rehenes que aun quedaban con vida y, finalmente, los guerrilleros.

Eran las 3 y 20 de la tarde del jueves. Se escuchó una última explosion y subitamente un silencio total se apodero de la Plaza de Bolivar. El saldo final de muertos, que habria de conocerse apenas cuatro dias despues, era de 14 efectivos militares y 35 guerrilleros muertos, asi como 46 civiles fallecidos, entre ellos 11 magistrados titulares y 6 auxiliares.

VERSIONES Y CONSECUENCIAS
Terminada la guerra de las balas la granadas y los rockets, llego la hora de la guerra de las versiones y especulaciones. Inicialmente, se presentaron grandes olas de desinformación que gradualmente se han venido aclarando. Se dijo que toda la operacion había sido montada para borrar los archivos de algunos narcotraficantes extraditables. Se aseguró que lo guerrilleros se habian amarrado a los rehenes y a cargas de dinamita y que habian volado con ellos. Se dijo que hubo ejecuciones a sangre fria de los magistrados por parte de los guerrilleros. Hay incluso versiones segun las cuales algunos guerrilleros salieron con vida del Palacio y que luego fueron ejecutados. Sobre esto ultimo existen algunos testimonios concretos, como el del director del Socorro Nacional, Carlos Martinez Sáenz quien dijo a SEMANA que, despues de que se frustrara su intento de hacer llegar un mensaje del gobierno a los guerrilleros, entro a la Casa del Florero y vio a tres guerrilleros, entre ellos una muchacha de peinado afro que llevaba una falda escocesa, que habian sido detenidos por las autoridades, quienes oficialmente aseguran que "en la operación, no se capturaron prisioneros".

La versión de la voladura colectiva con dinamita se vino abajo muy pronto, pese a que en un principio la radio la dio como segura en los momentos que siguieron al asalto final. En cuanto a los asesinatos de los magistrados, aunque hay evidencia de que algunos cayeron victimas de las ráfagas disparadas por los guerrilleros, no la hay en cambio aun sobre ejecuciones sumarias, pese a que de ello se llegó también a hablar con insistencia minutos despues de finalizada la batalla.
Se sabe que los magistrados Alfonso Patiño Roselli y Carlos Medellin, fueron muertos el miércoles a las 7 p.m. por los guerrilleros cuando, en compañía de sus guardaespaldas, trataron de huir por las escaleras. El gran misterio sobre el cual nadie ha podido arrojar luz alguna es el referente a la forma y el momento en que murió el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandia. Según informó el magistrado Samuel Buitrago a las autoridades, lo que está claro es que hacia las 8 de la noche el miércoles, cuando se concentraron la mayoria de los rehenes en el baño ubicado entre los pisos segundo y tercero, fueron informados por los guerrilleros de que estos habían matado a Reyes y a los magistrados Darío Velásquez y Pedro Elias Serrano, sin que se explicaran las circunstancias. Aparte de esto, no existe testimonio alguno de lo que le sucedió a Reyes tras su ultimo llamado dramatico por la radio, al caer la tarde del miércoles.
Otra gran incognita que hasta ahora no ha sido resuelta es lo sucedido con Luis Otero, comandante guerrillero de la operación. Almarales, quien aparece como protagonista principal del lado de los asaltantes del Palacio desde el atardecer del miércoles, era en realidad el segundo al mando. La ultima prueba de que tanto Otero como Reyes Echandía estaban vivos y juntos, fue la llamada del general Delgado Mallarino a la Corte a las 5 y 15 minutos de la tarde. La llamada fue contestada por Reyes y luego por Otero desde un despacho del cuarto piso, poco antes de que este nivel debiera ser desalojado por guerrilleros y rehenes como consecuencia de los primeros incendios.

En fin, los pormenores de los sucedido al interior del Palacio durante estas 28 horas de terror, no se conocerán nunca y tal vez la historia deba contentarse con algunos episodios sueltos de un rompecabezas imposible de armar. No menos dificil resulta ahora tratar de establecer exactamente las implicaciones futuras de esta tragedia. De todos modos, se da por descontado que serán gigantescas, tanto en lo referente a la imagen internacional del país, como al plano politico interno, particularmente en cuanto al proceso de paz, cuyos interrogantes se han aumentado considerablemente con lo sucedido la semana pasada. Lo unico que es absolutamente seguro es que en la batalla del palacio de Justicia, todos los colombianos perdieron.-

JUICIO DE RESPONSABILIDADES
El sabor amargo que dejó el desenlace de la toma del Palacio de Justicia en Bogotá, comienza a dar paso al inevitable juicio de responsabilidades. La primera reacción frente al saldo de la tragedia invariablemente va cargada de pasiones e incluye consideraciones retrospectivas que no podían ser anticipadas en el momento de las decisiones.
Muchos "debieron", "han debido", o "no han debido" se escuchan en los comentarios sobre los hechos. Sin embargo, las personas que tomaron las decisiones, los responsables, tuvieron que actuar con base en las circunstancias existentes, que lamentablemente no iban acompañadas de una bola de cristal. Cualquier juicio que pretenda tener algo de objetividad debe hacerse sobre esta base.

¿Cómo puede ser juzgado, entonces, el manejo de la crisis por parte del Presidente? En primer lugar, es necesario reconocer que las circunstancias políticas no daban para una negociación. Acusado Betancur por algunos sectores de opinón de haber entregado el país a la guerrilla, rota la tregua por parte del M-19, a escasas dos semanas del atentado contra el Comandante del Ejército, el país estaba sumido en un ambiente de desestabilización institucional con una percepción de un vacio de autoridad.

En circunstancias diferentes, habrían existido dos caminos: una solución pacífica y negociada, o una definición por las vías de hecho. En el caso de Betancur, sin embargo, para que él y su proceso de paz sobrevivieran políticamente, era necesario descartar la primera opción. Un show del M-19 de un mes de toma con avión a Cuba al final y guerrilleros sonrientes haciendo la "V" de la victoria, hubieran representado la muerte política del Presidente y darían piso para que volvieran una vez más los rumores sobre golpe de Estado. Paradójicamente, uno de los comentarios que más se escuchaba era el de que el gobierno no podía exponerse a un episodio como el de la administración Turbay, en el caso de la toma de la Embajada de la Republica Dominicana. Este sentimiento hacía caso omiso del hecho de que el manejo de esa crisis le representó al ex presidente liberal su mayor momento de gloria en toda su carrera política. Otra confusión que se abrió campo fue la de que la toma del Palacio de Justicia se derivaba de una supuesta debilidad del gobierno. La realidad es qu

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