Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/09/26 00:00

38 MUERTOS

Desde el Palacio de Justicia no había tenido lugar una batalla tan cruel y sangrienta como la de Saiza. ¿Hasta donde se puede deshumanizar la guerra?

38 MUERTOS

Era una operación de rutina en el área. El pasado lunes 22 de agosto, un oficial, dos suboficiales y 28 soldados del Batallón Voltigeros dieron por terminadas las labores del día y decidieron acampar a un kilómetro de la población cordobesa de Saiza, antes de que oscureciera. En una explanada, en la parte más alta del sector, los 31 hombres armaron una enramada para pasar la noche. Se repartieron los turnos de guardia, como lo hacen normalmente, y la gran mayoría de los integrantes de la patrulla se durmió con la tranquilidad de no haber tenido contacto con el enemigo, ni haber observado ningun movimiento extraño durante el día. Desde el pasado mes de mayo, cuando una patrulla del batallón hizo contacto con el V frente de las FARC y con una columna del EPL, en inmediaciones de Nueva Antioquia, no se habian presentado más enfrentamientos, aunque los pobladores de Saiza habían expresado a los militares sus temores ante las reiteradas amenazas lanzadas por los guerrilleros.
La noche estaba nublada, pero no llovía. A eso de las 3 y 30 de la madrugada del martes 23, uno de los soldados que prestaba turno de guardia sintió que algo se movía entre los matorrales. Descubrió que se trataba de un hombre armado y al instante, abrió fuego. La respuesta fue inmediata. Un nutrido grupo de guerrilleros (las distintas versiones hacen suponer que superaban los 100), que sigilosamente rodeo el cambuche en que dormían los soldados, disparo ininterrumpidamente. Se trataba de dos columnas de los frentes V y XVIII de las FARC y del frente Jesús María Alzate del EPL, pertenecientes a la Coordinadora Nacional Guerrillera. Apresuradamente, los miembros de la patrulla respondieron a los disparos, pero el factor sorpresa estaba del lado de sus atacantes. Además, uno de los primeros disparos averió el equipo de radio de los soldados, que quedaron asi incomunicados, sin posibilidad de pedir refuerzos a su base en el Batallón Voltigeros, acantonado en inmediaciones de la población de Carepa, a unos 20 minutos en helicóptero.
Mientras tanto en Saiza, a 15 minutos a pie del improvisado campamento militar, otro grupo de guerrilleros atacaba el puesto de Policía de la población, en el que se encontraban un suboficial y 17 agentes que también fueron tomados por sorpresa. Protegidos por los gruesos muros de cemento del puesto, los policías intentaron repeler el ataque,que terminó convirtiéndose en una verdadera orgia de sangre. Los guerrilleros comenzaron a dispararle a todo lo que se moviera, incluyendo a la población civil. La edificación en la que funciona el puesto de Policía fue atacada con granadas y con rafagas de ametralladoras pesadas, que estaban apostadas en los puntos claves de la población. Según las versiones militares, los atacantes entraron en algunas viviendas y asesinaron a personas indefensas que trataban de protegerse de los disparos.
En uno de los episodios más dramáticos,una mujer murió incinerada junto a sus dos pequeñas hijas, cuando una bomba incendiaria lanzada por los guerrilleros hizo arder su rancho. En otro hecho inexplicable, el cuerpo sin vida de una mujer embarazada quedo tirado en la calle.
"Por todos lados llovía plomo, sonaban ráfagas y estallidos, y se prendian incendios. Era como estar en el mismo infierno", comento a SEMANA tres días despues un joven poblador que para entonces no había logrado encontrar a toda su familia y cuyo rancho perdió parte de la fachada durante la batalla.
El primer balance del ataque confirmó lo sangriento que había sido: 12 civiles perdieron la vida, aparte de los dos policías que murieron y de los 11 que desaparecieron, o como creen las autoridades, que fueron hechos prisioneros por la guerrilla, cuando los asaltantes se tomaron finalmente el puesto de Policía porque sus defensores habían agotado sus municiones. Muchos pobladores también fueron dados por desaparecidos. Habían preferido huir ante la violencia del combate e internarse en la zona montañosa, y la mayoría de ellos estaba regresando a sus destruidos hogares al cierre de esta edición. "Al parecer, las gentes de Saiza le tenían particular miedo a un atague de estos, porque en esa población los sentimientos anticomunistas se han arraigado fuertemente, e incluso se han conformado algunos grupos de autodefensa en esa zona", comentó a SEMANA un vocero gubernamental en Bogotá, que no descarto que en algun momento de la confrontación, algunos civiles armados hayan intentado rechazar a los guerrilleros.
Y mientras se desarrollaba el asalto a la población, algunos miembros de la patrulla del Ejército que habia sido atacada a un kilómetro de distancia, trataron de llegar a Saiza con la intención de conseguir refuerzos. Pero dos puestos de emboscada tendidos por los guerrilleros en el camino, los obligaron a retroceder. "Todo era muy confuso -le comentó uno de los soldados sobrevivientes de ese grupo a un superior- porque si avanzabamos hacia el pueblo, nos disparaban, y si retrocedíamos, nos encontrábamos con los guerrilleros que nos habían atacado primero".

SILENCIO PREOCUPANTE
Entre tanto en el Batallón Voltigeros, mientras el sol de la mañana se esforzaba por atravesar las gruesas nubes de la cruda temporada invernal, comenzo a sentirse cierta inquietud. Desde la medianoche, no se había logrado comunicación con la patrulla que estaba acampada cerca a Saiza. "Debían habernos llamado hacia las 5 de la madrugada y no lo hicieron. Ahí comenzamos a preocuparnos", revelo a SEMANA un suboficial del batallón. Al principio, en el Voltigeros se creyó que había habido un daño en el equipo de comunicaciones de la patrulla. La decisión fue enviar un helicóptero con un equipo de repuesto. Cuando la nave se acerco a la zona, después de ubicar el campamento, fue recibida con ráfagas por los guerrilleros y esto la obligó a volver a su base.
De inmediato fue informado el general Jesús Armando Arias Cabrales, Jefe Militar de Urabá y uno de los oficiales con mayor reputación de tropero duro en el Ejército, como quiera que estuvo al frente de las tropas en la batalla del Palacio de Justicia en Bogota, en noviembre de 1985. Arias estaba en Bogotá en esos momentos, cumpliendo con una serie de entrevistas con el alto mando sobre la situación de Urabá. Arias ordeno desde la capital el transporte, en helicópteros artillados, de una compañía contraguerrillera y de otra del Batallón Voltigeros, pero para entonces, el mal tiempo primero y luego la caída de la noche del martes, impidieron el cumplimiento de la orden. Se hicieron intentos de enviar refuerzos por tierra, pero su avance fue lento por el temor de nuevas emboscadas.
En las primeras horas del miércoles, las condiciones meteorológicas volvieron a impedir el despegue de los aparatos, que solo en horas de la tarde pudieron llevar los refuerzos. Pero cuando estos llegaron, todo había terminado. El combate en las afueras de Saiza, que duró más de 24 horas, había dejado un saldo de 9 soldados muertos, 5 heridos y 12 desaparecidos, que -al igual que sus compañeros del puesto de Policía de la población- pudieron haber sido hechos prisioneros al quedarse sin munición. La guerrilla, a pesar de que se encontraba en franca superioridad numérica, no salió bien librada. Al cierre de esta edición, había la certeza de que 13 guerrilleros habían muerto en los combates, cifra que puede ser mayor si se tiene en cuenta que varios pobladores de Saiza y algunos uniformados, vieron como los asaltantes se llevaban los cadáveres de varios compañeros suyos, así como unos 20 heridos de consideración. Si los refuerzos de Carepa hubieran podido llegar más pronto, de seguro la huida de los guerrilleros habría sido mucho más difícil y les habría costado nuevas bajas. Pero los problemas para transportar los refuerzos impidieron que, después de la mañana del miércoles, se presentaran nuevos contactos con las columnas guerrilleras. Como dijera el general Arias Cabrales a SEMANA, "se sabe que estas cuadrillas de bandoleros huyeron hacia el norte de Saiza". Pero no se supo más.


EN PALACIO
Pero las consecuencias del ataque guerrillero a Saiza no se limitaban al trágico saldo de muertos y heridos, o a la destrucción que convirtió a esa población en una zona en ruinas. En los más altos niveles del gobierno en Bogotá, donde paradojicamente los ministros de Gobierno y Defensa, y los asesores de la Consejeria Presidencial para la Rehabilitación, se dedicaban a consultar con el presidente Virgilio Barco el anunciado Plan de Paz, muchos se llevaron las manos a la cabeza.
"Fue como un baldado de agua fría", comento un alto funcionario que participó en estas reuniones, al referirse a la forma como fue recibida la noticia. "Los datos nos fueron llegando con cuenta gotas, y la confusión de las cifras nos mantuvo mareados varias veces", agregó la fuente.
El viernes en la mañana, el ministro de Defensa, general Rafael Samudio, informó oficialmente al Presidente sobre el saldo de los combates: nueve soldados, dos policías y 1 2 civiles muertos, así como 26 uniformados desaparecidos, presumiblemente hechos prisioneros por la guerrilla, que habria sufrido por lo menos 15 bajas. Total: 38 colombianos muertos en la confrontación guerrilla-Fuerzas Armadas más sangrienta desde la toma del Palacio de Justicia.
La primera pregunta era qué iba a pasar, después de lo sucedido, con el Plan de Paz."Seguimos trabajando en él -dijo a SEMANA una fuente del gobierno. Lo único que no puede pasar es que se aplace un plan de paz por un episodio de guerra. Al contrario. Después de lo sucedido, el plan es más imperioso". Pero aparte de la lógica de esta declaración, resultaba innegable que los combates en Saiza habían, por lo menos, enrarecido el ambiente con el que la opinión pública podía recibir el anunciado plan. La incredulidad de los colombianos en las posibilidades de una salida negociada al actual conflicto, ya era bastante fuerte antes de los sucesos de la semana pasada. Después de ellos, es muy posible que amplios sectores de la opinión pasen a una posición de total escepticismo, no sólo frente al plan del gobierno, sino frente a las propuestas que los distintos grupos guerrilleros han planteado en la nueva etapa de diálogo que se abrió tras la liberación del ex candidato conservador Alvaro Gómez Hurtado.
"La pregunta es, ¿ qué busca la guerrilla con estas acciones?", dijo a SEMANA un funcionario del gobierno. Los crueles ataques de la semana pasada pueden estar cumpliendo con varios propósitos. El primero, derivado de una coyuntura militar estrictamente regional de la zona, puede ser el de responder a la ofensiva desatada por las unidades adscritas a la jefatura militar de Urabá en junio, que le causó a la guerrilla unas 32 bajas. Pero más allá de esto, no hay que descartar otros objetivos. Uno de ellos es sin duda el de demostrar, en esa lógica macabra que suelen tener las negociaciones dentro de una guerra, que los grupos guerrilleros son fuertes militarmente y, por ende, pueden exigir más a la hora de sentarse a negociar.
De hecho, una revisión de la historia reciente del país en materia de combates y negociación, deja en claro que ha corrido mucha sangre en vísperas de contactos gobierno-guerrilla, no sólo en las épocas de la administración de Belisario Betancur, sino en las del actual.
En efecto, vale recordar que antes de la firma de los acuerdos de Hobo y Corinto entre el gobierno, el M-19 y el EPL, se presentaron sangrientos enfrentamientos como la toma de Yumbo. En el caso de las FARC, las emboscadas de San Vicente de Chucurí en Santander y del Caquetá, el año pasado, se presentaron en vísperas de viajes del Consejero Presidencial para la Rehabilitación, Carlos Ossa, a La Uribe. Nada de esto, sin embargo, justifica lo sucedido en Saiza. Esa lógica con que la guerrilla ha querido reforzar con sangre su posición negociadora, es sin duda uno de los principales elementos que ha frustrado las posibilidades de un verdadero acuerdo de paz en Colombia.
Pero aparte de los análisis políticos, es importante hacer un balance militar de lo sucedido. El asalto a Saiza demuestra que mucha agua ha pasado bajo los puentes desde los tiempos en que los guerrilleros de los años sesenta se tomaban, en pequeños grupos, una población para asaltar la Caja Agraria. Hoy, los mecanismos de financiación se han desarrollado considerablemente y, con ellos, ha cambiado el planteamiento militar de la toma de una población.
Acciones como las de las semana pasada se asemejan a las que lleva a cabo la guerrilla salvadoreña desde hace algún tiempo. Ya no se trata de combatir con un puñado de hombres, con riesgos mínimos y grandes efectos propagandisticos, sino de lesionar seriamente al Ejército, utilizando gruesas columnas de decenas de guerrilleros, para causarle grandes bajas físicas y morales a los uniformados.
En este nuevo estilo parece enmarcarse la toma de prisioneros. Pero este punto puede tener otras implicaciones. "Es evidente que la guerrilla, que anda muy preocupada hoy en día por obtener un reconocimiento internacional como ejército beligerante, está buscando crear la impresión de que en Colombia se vive una guerra formal, con grandes batallas, muchas bajas y toma de prisioneros", explicó a SEMANA un funcionario. En esta estrategia se incluye la insistencia de los distintos grupos guerrilleros en la "humanización de la guerra". Concretamente, se trata de la aplicación de las normas establecidas en la Convención de Ginebra y en los protocolos adicionales que se han suscrito posteriormente, destinados a ponerle reglas a los conflictos internos. En particular, la guerrilla le ha planteado al gobierno que suscriba los protocolos adicionales de 1974 y 1977, como complemento a la adhesión que el país hizo en su momento a la Convención de Ginebra. Allí se reglamenta el comportamiento frente a los civiles y la toma de prisioneros, entre otras cosas.
La gran ironia es que la guerrilla esté impulsando estos propósitos de supuesta humanización, con episodios de la crueldad- no sólo con el Ejército y la Policía, sino también con la indefensa población civil- de los acontecidos en Saiza. Una vez más, los guerrilleros están borrando con el codo lo que escriben con la mano.

LOS COMBATES MAS SANGRIENTOS
Los siguientes son los encuentros más sangrientos entre Ejército y guerrilla, a partir de 1986

Fecha Grupo guerrillero Localidad N° de muertos
comprometido
1986
Marzo 9 EPL Pueblo Nuevo (Córdoba) 9 policías
Mayo 17 ELN-FARC Remedios (Antioquia) 13 militares y
2 guerrilleros
Julio 15 FARC El Castillo (Meta) 8 guerrilleros
Agosto 14 ELN San Vicente de
Chucurí(Sant.)
7 soldados bachilleres
Octubre 1 ELN Bolívar (Valle) 10 guerrilleros
Noviembre 22 ELN Zaragoza (Antioquia)
6 policías 1 civil 2 guerrilleros
1987
Enero 27 FARC Cimitarra (Santander) 7 militares
Junio 16 FARC San Vicente
del Caguán (Caq.)
27 soldados bachilleres
Junio 29 FARC San Vicente
del Caguán (Caq.)
12 guerrilleros 1 civil
Julio 13 EPL San Pedro de Urabá
2 militares 7 guerrilleros
Octubre 14
Coordinadora
Puerto Anchica (Córdoba)
19 guerrilleros
Noviembre 18
Coordinadora Córdoba y Arauca 35 guerrilleros

Noviembre 21 FARC Florencia (Caquetá)
10 militares 1 civil

1988
Enero 25 FARC Entre Bmanga y Bbermeja 8 policías
Enero 30 EPL Urabá 6 militares 9 civiles
Febrero 19 EPL Montería 4 militares
Febrero 24 FARC Putumayo 11 guerrilleros 2 soldados
Marzo 17 FARC Sur de Bolívar
5 militares 3 guerrilleros
Mayo 30 Coordinadora San Pedro de Urabá
2 militares 11 guerrilleros
Junio 3 Coordinadora San Pedro de Urabá
7 militares 21 guerrilleros

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