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| 4/13/2003 12:00:00 AM

¿A qué juegan los niños?

Aunque los padres no logran entender las nuevas ideas que rodean los juegos de sus hijos, la esencia sigue siendo la misma: conocer el mundo de la manera más divertida.

Hablar de los beneficios del juego en los niños es mencionar un sinnúmero de aspectos que tienen que ver con su desarrollo. El juego los fortalece físicamente, los ayuda a estimular su lenguaje, los hace más sociables, les motiva la creatividad y, sobre todo, les ayuda a conocer e interpretar el mundo.

Los juegos y los juguetes se han transformado a medida que las sociedades, y por supuesto los niños, han cambiado. Sus pasatiempos de hoy son diferentes de aquellos realizados por sus padres o abuelos hace 20, 30 ó 40 años.

Para entender la evolución de los juegos y juguetes infantiles de los últimos años se podría resumir en tres palabras clave: tradición, televisión y tecnología. La tradición identifica los juegos de antaño, los realizados por quienes hoy en día son o están próximos a ser abuelos. Había juguetes, pero no eran demasiados, y la diversión estaba afuera, a la salida del colegio o con los amigos de la esquina, jugando al trompo, las canicas, la golosa, la lleva y el escondite.

La televisión marcó los juegos de los niños entre los años 70 y 80. Los adultos jóvenes que hoy tienen más de 25 años recuerdan cómo las diversiones tradicionales de la calle se empezaron a alternar con la televisión infantil, los muñecos de caucho inspirados en los personajes de la pantalla chica y juguetes más didácticos, como los juegos familiares y de mesa.

Por eso, en un mundo digital, ahora los adultos se preguntan, ¿a qué juegan los niños? Y la tecnología sería el concepto. La televisión ahora comparte su reinado con el computador y, naturalmente, con Internet y los juegos de video. Los dibujos animados como Pokémon o Dragon-Ball han conquistado a los niños con juegos que buscan obtener el poder y el conocimiento a través de la estrategia.

Juegos de poder

Esta tendencia inquieta mucho a padres y educadores, que observan cómo el juego de los niños ha pasado a un plano más individual, tecnificado y complejo que hace pensar en su distanciamiento social.

Alvaro Franco, siquiatra infantil, considera que es cierto que el exceso de un determinado juego puede afectar el desarrollo de los pequeños, pero también se ha demostrado que hay aspectos positivos que deben ser tenidos en cuenta. "Los juegos de video exigen una coordinación y atención que contribuyen a desarrollar la capacidad visomotora de los niños (coordinación entre la vista y las manos), y en un mundo que exige cada vez más el uso de estos aparatos con esas características puede ser una ventaja. En cuanto a la sociabilidad, si bien el niño juega solo en casa, lo más seguro es que al otro día llegue al colegio a comentar sus nuevos hallazgos o récords con sus amigos. Intercambiar experiencias es un tema obligado entre ellos y eso puede hacer que no sea tan aislante".

Franco, experto en niños y adolescentes, opina que en el caso de Pokémon o Dragon-Ball, y los juegos de rol, éstos desarrollan la competitividad a través de la estrategia y también ejercitan su memoria, porque logran recordar con precisión todos los personajes con sus respectivos poderes, como cuando uno se aprendía la formación completa de varios equipos de fútbol. "La parte negativa está en que muchas veces estos personajes acuden a la destrucción como un objetivo, y eso puede ser contraproducente", añade el especialista.

Otra preocupación de los padres tiene que ver con el deseo constante de organizar las actividades de sus hijos. El documento White, uno de los más importantes en el mundo sobre el estado de juego en los niños y publicado por The Academy of Leisure Sciences en Estados Unidos, sugiere que el juego "es la manifestación especial de la libertad en la niñez", pero muchos padres consideran que entre menos tiempo libre tengan los niños, menos posibilidad tendrán de volverse perezosos o vagos, así que sin darse cuenta restringen los espacios para el juego.

También hay una gran preocupación en torno al tema de la seguridad, por lo que aquellos juegos de calle o de 'barrio' han perdido vigencia. Hoy los niños comienzan a ir al colegio mucho más temprano y asisten a actividades extracurriculares que muchas veces ni siquiera ellos mismos escogen.

Lo cierto es que por más 'ocupados' que permanezcan los menores, siempre estarán girando en torno al juego. De hecho, los expertos han llegado a la conclusión de que es muy difícil establecer cuántas horas al día dedica un niño a su diversión, ya que objetos y actividades tan cotidianas como una cuchara o un pañuelo, vestirse o bañarse, son fácilmente transformados por los pequeños en una entretención.

Buen desarrollo

Aunque existan muchos juguetes característicos o clásicos para cada generación lo verdaderamente importante es que con ellos logran desarrollar habilidades, se entretienen y sacan provecho de cosas que sorprenden a los mayores, quienes comienzan a entender que los juguetes no sólo se venden en los almacenes.

Juan Carlos Mahecha, investigador de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz y quien ha trabajado el tema del juego en los seres humanos, considera que las dinámicas de esta diversión están muy ligadas al desarrollo social. "Los niños de todos los niveles en sus primeros años de vida tienen juegos simples y a medida que crecen van usando nuevos elementos y más complejos. En los estratos más pobres siguen practicándose juegos simples en los cuales no se emplean demasiados instrumentos para llevarlos a cabo. A medida que aumenta el estrato, el desarrollo tecnológico se hace más evidente".

Un informe publicado por la Corporación Día del Niño advierte sobre la necesidad de darles nuevas dimensiones a la entretención de los niños, dejando de un lado la sistematización. "Si miramos un parque infantil, todas las diversiones tienen una forma de uso; si el niño rompe esa regla, el juego pone en peligro su integridad. ¿Dónde queda la opción de creatividad y fantasía?", dice el informe. La arena, los árboles, la tierra y el agua hacen falta en esos espacios para ampliar las posibilidades de los niños.

Aunque pasen los años, las generaciones y los juguetes, el juego sigue siendo el centro de la infancia y un reflejo de los hechos que impactan a los miembros más jóvenes de la sociedad. Es importante que los adultos entiendan que, más allá de controlar o influenciar las diversiones de los niños, deben estar dispuestos a darles el espacio que demandan para expresarse a través de una dimensión lúdica. Así, seguramente, podrán aprender mucho de los niños y volverán a conectarse con su niñez oculta en un rincón de la memoria.

Etapas para jugar

Para el siquiatra infantil Alvaro Franco hay una serie de etapas que aunque no son iguales en todos los niños, sí reflejan aspectos generales del desarrollo del juego en los humanos.

Cuando son bebés, juegan con sus papás y son las sonrisas y las caricias las que los acercan a los demás. Luego, más o menos hasta los 2 años, son egoístas y no quieren compartir ni espacios ni objetos de juego con otras personas. Alrededor de los 4 años encuentran que los juegos compartidos son más divertidos, imitan a los demás y asumen personajes, juegan al doctor, a la profesora y coincide con el ingreso al kínder, en el que aprenden a ser más sociables.

Cuando comienzan a ir al colegio se encuentran con dinámicas que implican reglas y normas, que incluso ellos mismos modifican y son muy útiles para que desarrollen una moral convencional (respetar turnos, canalizar agresividad).

En esta época el deporte también se asume como un juego. Correr, saltar, nadar hacen parte de su desarrollo físico, incluso pueden entusiasmarse con algún deporte en especial, como suele suceder con el fútbol, y hacerlo más en serio.

Después de los 9 años buscan juegos y actividades que tengan un componente más intelectual y competitivo, como juegos de mesa, cartas y también les gusta jugar con adultos a manera de reto. Con estas dinámicas los niños se acercan más al mundo real, el juego tiene su cuota de fantasía pero también de imitación del mundo de los mayores.
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