Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1982/08/23 00:00

ABOGADO Y NO TROPERO

Hombre fuerte en el gobierno de Turbay, el perfil doméstico de Luis Carlos Camacho Leyva no corresponde a su imagen pública.

ABOGADO Y NO TROPERO

El muchacho rubio, delgado, de nariz respingada que era Luis Carlos Camacho Leyva, parecía predestinado desde el principio para desempeñar el cargo de Ministro de Defensa que hoy abandona, tras cuatro intensos años. "Fue tan serio en el ejercicio de su carrera militar, que uno tenía la certeza de que no descansaría hasta que llegara a Ministro" recuerda su hermano Jaime, odontólogo, varios años menor que él.
Los cuatro años que han pasado, particularmente difíciles y agitados, incluyeron desde robo de arsenales y morterazos a Palacio, hasta secuestros y maletas de coca cruzando la frontera. Fue en medio de tal momento que el cargo de "hombre fuerte" del país cayó en manos del General Camacho Leyva, quizá porque esa fue siempre su estrella, pero más probablemente por la rigurosa meticulosidad con que fue escalando cada uno de los peldaños del ejército, hasta ser designado por el Presidente.
MILITARES O DENTISTAS
En Bogotá, junto con otros nueve hermanos, Luis Carlos Camacho Leyva nació del prolífico matrimonio del abogado tolimense Alberto Camacho Torrijos y de su sobrina, Rosita Leyva. Pasó su niñez en Fontibón y en el barrio de La Candelaria, en medio de la algarabía de su familia multitudinaria, en una casa en que los más pequeños se perdían entre la cantidad de gente que permanentemente entraba y salía. Tras la muerte temprana del padre, la gran familia se mantuvo en pie gracias a la madre, Doña Rosita, una mujer muy bella al decir de todos los que la conocieron, que demostró tener escondida detrás de su belleza la voluntad de hierro y el carácter prusiano que le permitieron criar y educar, ella sola, a sus siete hijos y a sus tres hijas. Actuando "manu militari", ella les impuso un estricto sentido de la disciplina, y rigió su hogar con espíritu conservador y católico.
Como los José Arcadios y los Aurelianos de "Cien Años de Soledad", la mayoría de los Camacho Leyva, y tras estos sus hijos, fueron optando por uno de dos destinos: militares o dentistas. En la generación del General hay tres militares --los tres generales-- y dos odontólogos. También es General un cuñado suyo por partida doble, a quien consideran un hermano mas: Gustavo Matamoros, hoy Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Curiosamente, estas cifras se repiten exactamente iguales en la tercera generación, que cuenta, entre los hijos ya graduados, con cuatro militares y dos odontólogos. Sacerdotes no hay ninguno --uno de los hermanos del General intentó serlo, pero se arrepintió-- pero tampoco hay, según Jaime Camacho. "ni uno ateo, ni uno revolucionario"
La casa materna, alegre y ruidosa, hizo de quien hoy es Ministro, un joven con sentido del humor y ganas de divertirse, que de adolescente les tiraba el pelo a las muchachas en los bailes. y que ya de adulto, es amigo de hacerles "pegas" telefónicas a los familiares. Una tarde lluviosa y oscura llamó, fingiendo la voz, a su hermana Elvira, quien por ese tiempo trabajaba en una oficina de transporte fluvial y a quien los muertos inspiraban pánico. Le preguntó cuánto costaría transportar un cadáver río arriba, y tras obtener el dato, le envió un féretro vacío a la oficina.
Gran bailarín y pésimo cantante, le gusta improvisar versos "sobre las verdades de la vida" que él mismo denomina "cursis". Su paso por Italia dejó en su haber el dominio de otro idioma y una gran pasión: la ópera. Subordinadas a ésta, tiene otras aficiones, como la filosofía, la poesía, la música clásica.
En 1953 se casó con Berta Quintero, con quien ha tenido cuatro hijos. Recientemente en una entrevista en "El Tiempo" le preguntaron por su habilidad para las conquistas amorosas, y él contestó: "Pregúntenle a mi mujer. Es mi única conquista, pero me costó cuatro años lograrla"
MILITAR DE OFICINA
Tras estudiar en el Colegio de la Salle, como todos sus hermanos, Camacho Leyva ingresó a la Escuela Superior de Guerra para adelantar sus estudios militares, que complementó en un curso de inteligencia en los Estados Unidos. Posteriormente fue agregado militar, naval y aéreo en Venezuela. Paralelamente a su formación en el Ejército, le dio particular importancia a sus estudios de abogacía, primero en la Universidad Nacional de Colombia, luego en un postgrado en Roma.
Su profesión de abogado determinó que su carrera militar fuera más de oficina, en Bogotá, que de campo, con excepción de los esporádicos viajes al interior en misiones diversas, que le llevaron a "conocer el país a pie", como dicen los militares, e inclusive a "descubrirlo", como los viejos conquistadores, como cuando fue fundador de la Comisaría del Guainía. Pero estas salidas fueron la excepción.
Camacho Leyva, nunca fue "tropero", ni combatió directamente, sobre el terreno, a la guerrilla, a la que tan duro golpeó desde su despacho. En efecto, su formación de abogado marcó en buena medida su desempeño como Ministro; acérrimo enemigo de proceder por fuera de la ley constitucional, armó el instrumento jurídico que consideró necesario para que las Fuerzas Armadas enfrentaran la movida situación nacional. Este fue el controvertido Estatuto de Seguridad, mediante el cual, partiendo del hecho del crecimiento del narcotráfico y de la movilización de personas armadas en el campo, se ampliaron las penas por delitos políticos, tráfico de drogas y algunos delitos comunes.
Las consecuencias de la aplicación del Estatuto de Seguridad fueron sentidas enseguida, de un lado por la guerrilla, la que fue drásticamente reducida, y de otro lado, por el resto de los ciudadanos, quienes debieron acostumbrarse a las requisas y otras expresiones de la palpable presencia del ejército en las calles y en el campo.
DE LAS CHARRETERAS AL EVERFIT
Hasta el mismo General Camacho Leyva sintió en carne propia sus propias medidas de seguridad. Cuenta en una entrevista que alguna vez que salió de cacería al Huila con sus tres hermanos Generales, los pararon en un retén, y como iban sin documentos, los soldados les preguntaron sus nombres. "Yo Soy el General Camacho Leyva" dijo el primero, la misma frase repitió el segundo, y también el tercero. . . "El pobre policía creyó que nos burlábamos de él y nos bajó del carro a culatazos... afortunadamente pasó una patrulla que nos reconoció"
También, como cualquier hijo de vecino, el Ministro fue víctima de la delincuencia, cuando le robaron el carro de un parqueadero del centro.
Hoy, al final de su carrera militar y del período de su Ministerio, el General se prepara para engrosar la legión de los "militares de Everfit". Probablemente se dedicará a la diplomacia, tendrá tiempo para escuchar ópera a sus anchas --aunque quizá sus familiares no lo dejen cantarla--, y podrá descansar en las verdes canchas de golf, deporte que juega bien, aunque él mismo diga que "ya con la edad que tengo encima y con la falta de práctica, yo me limito a sacar a pasear al caddy"

RUIZ NOVOA: "COMO ESTAMOS FRENTE A VENEZUELA"
"Creo que Colombia está en una gran desigualdad de condiciones frente a Venezuela, desde el punto de vista de material bélico. Mientras Venezuela a lo largo de todos estos años ha estado cumpliendo un plan de modernización de su ejército, de su armada y de su fuerza aérea, mejorando su organización, adquiriendo elementos modernos y poderosos, Colombia está casi completamente estancada en ese aspecto. No está en capacidad de atender su defensa nacional adecuadamente en caso de un conflicto, concretamente con Venezuela.
Analizando fuerza por fuerza, el ejército por ejemplo, si bien es más numeroso en hombres, principalmente debido a las necesidades del orden público interno, no tiene los elementos de carros blindados, de tanques, de artillería, de transportes, de comunicaciones, que tiene el ejército venezolano.
El ejército venezolano tiene mucho más de una división blindada y transportada que le permite desplazamiento rápido de sus tanques, de su artillería, de sus cañones, hacia la frontera en caso necesario. Tiene tanques espéciales para la lucha en el desierto, obviamente el desierto de la Guajira.
En lo que se refiere a la Armada, además de tener una muy buena dotación de buques (destroyers, corbetas, submarinos), acaba de adquirir seis fragatas armadas con misiles tipo Exocet, de los mismos que se usaron en Las Malvinas. Esto nos da una idea de la modernización de la Armada venezolana, que, además, ha dedicado la mayor parte de su presupuesto a reforzar la Base Naval de Paraguaná, frente a la península de la Guajira, lo que muestra el interés que tiene Venezuela de prepararse en ese teatro de operaciones.
En lo que se refiere a la Fuerza Aérea Venezuela tiene más aviones de combate que nosotros, actualmente acaba de comprar, si no se modifican las condiciones del gobierno de los Estados Unidos, 24 aviones F16 que son los mejores del mundo y otro tanto de aviones Hock ingleses que vendrán a poner a Venezuela en poder de la primera Fuerza Aérea de Suramérica. Esto es suficiente para que el pueblo colombiano se dé cuenta de cuál es la situación de desigualdad.
Naturalmente esto cuesta dinero. Los venezolanos han venido modernizando sus fuerzas a lo largo de varios años, desde 1968, cuando se concretó el conflicto sobre las áreas marinas y submarinas, de gran importancia económica que obedece a los yacimientos de petroleo del golfo de Venezuela, estimado por una evaluación conjunta de los dos países en la fabulosa cantidad de 480.000 millones de barriles. Y ahí hay un claro interés de Venezuela. Por eso está haciendo la inversión correspondiente en sus fuerzas armadas. Porque es una inversión que le va a pagar en el futuro a las generaciones venideras, como se le va a quitar --si Colombia se deja-- a las futuras generaciones colombianas... Hoy, después de que le entregamos casi toda la costa del Golfo de Venezuela, todavía tenemos derecho al diez por ciento de esa reserva de petróleo.
¿Cómo podría Colombia compensar esta situación? Naturalmente no se trata de realizar una carrera armamentista, porque no tenemos recursos necesarios para ello. Además tampoco es indispensable realizarla. Es necesario aplicar lo que en estrategia se llama la "disuación defensiva". No se necesita tener la misma cantidad de armamento, pero sí el suficiente para disuadir al adversario de hacerle la guerra y llevarle a buscar la vía de las negociaciones. Pero, si el país, inferior económicamente, no tiene siquiera esa capacidad, evidentemente será avasallado por quien tiene lo que se llama la "disuación ofensiva" que es la que practica Venezuela con nosotros.
Es una situación que llevará a Colombia a perder no solo su condición de nación libre y soberana sino de la parte de las riquezas petroleras del Golfo de Venezuela que le pertenecen."

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