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| 9/24/2001 12:00:00 AM

Abriendo puertas

María Antonia Zárate y sus compañeros de Extramuros ayudaron a 36 familias de recicladores a cambiar sus cambuches sobre la carrilera del tren por casas prefabricadas en Ciudad Bolívar.

La mama le enseño desde pequeña que uno siempre tiene algo que dar y que lo importante es saber qué. María Antonia Zárate lo descubrió antes de cumplir 30 años cuando salió a trabajar por primera vez a la calle.

Después de llegar a la conclusión de que el trabajo con los habitantes de la calle no se puede hacer sino en la calle creó en 1994 con otros seis compañeros la Corporación Extramuros, que ha diseñado una metodología de trabajo para abrirles las puertas a aquellas personas que siempre las han tenido cerradas.

Su trabajo más exitoso comenzó hace cuatro años con las personas que vivían en la carrillera del tren en la Avenida Ciudad de Quito con calle 63. Era un mini Cartucho habitado por unas 200 personas que invadieron un predio de Ferrovías y se asentaron allí a principios de la década. Más de 100 niños vivían en casas de lata o madera. No estudiaban. Y apenas si comían.

María Antonia y sus compañeros un día fueron a preguntarles cómo les podían colaborar. Los recicladores, extrañados, les dijeron que tenían un problema de basura. Al día siguiente los de Extramuros se aparecieron con rastrillos. Cuando ganaron un poco de confianza comenzaron a jugar con los niños, que poco a poco empezaron a sonreír, a permitir el contacto y a hablar de su vida.

Llevaban trabajando con ellos dos años cuando en septiembre de 1997 el alcalde de Barrios Unidos ordenó su desalojo para cumplir una demanda de Ferrovias. El día que llegaron los carabineros a sacarlos Zárate y sus compañeros se pusieron en el medio y pidieron un plazo para negociar. Crearon una mesa de trabajo con varias entidades para pensar alternativas. La Defensoría del Pueblo entabló una tutela en nombre de los destechados y consiguió que la justicia le ordenara a la Caja de Vivienda ejecutar un programa de interés social para estas personas y a la Secretaría de Educación abrirles cupos escolares a los niños.

El proceso de reubicación duró un año. Mientras tanto los habitantes de la carrilera se comprometieron a ahorrar para la cuota inicial de un préstamo de vivienda a 15 años. Extramuros consiguió recursos para pagarle a la gente por capacitarse en reciclaje, en organización comunitaria, en aseo y seguridad. El que hacía algo ganaba algo de dinero y puntos que se acumulaban para la cuota inicial.

Al final de 1998, 36 familias tenían su millón de pesos de cuota inicial y una casa esperándolos en la urbanización María Auxiliadora (bautizada así por ellos) en Ciudad Bolívar. Para muchos niños era la primera vez que vivían en una casa de verdad. A los adultos la idea de pagar luz, agua, teléfono y además cuotas de vivienda significaba dejar, ojalá para siempre, una vida incierta en la que no se sabe muy bien dónde se duerme esa noche. Eso los alegraba y asustaba mucho a la vez.

Extramuros siguió con ellos una vez que las demás entidades se retiraron. Ganaron un concurso con Acción Comunal para pavimentar las calles del barrio. Crearon una casa de refuerzo escolar para colaborarles a los niños que tuvieran problemas. Le ayudaron a la gente a conseguir empleos formales, un desafío que comenzaba con inventarse una hoja de vida.

El proceso no está consolidado todavía. Muchas familias están colgadas en varias cuotas y varios siguen desempleados. Pero ninguno ha tirado la toalla. Ellos le han enseñado a María Antonia que cada día tiene su afán, su milagro.
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