Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2000/11/13 00:00

Adictos a Internet

La compulsión por el uso de Internet puede llegar a ser tan grave como la adicción al alcohol, el sexo y las apuestas y puede traerle al individuo consecuencias funestas., 44001

Adictos a Internet

Primero vino lAdicción a Internet, ‘Desorden compulsivo causado por Internet’ o ‘Utilización patológica de Internet’. Como quiera que lo llamemos, prácticamente no hay un solo profesional de la salud mental o especialista en adicciones que no haya observado entre sus pacientes alguna forma de esta enfermedad de la era digital. Los abogados especializados en la familia están reportando cifras récord de divorcios relacionados con el cibersexo o con romances originados en el ciberespacio. Hay un importante número de empleados despedidos por utilización excesiva de Internet durante horas de trabajo.

En mi investigación, basada en la encuesta realizada a 18.000 personas (en asociación con abcnews.com), encontré que cerca del 6 por ciento de las personas encuestadas cumplían con los criterios más estrictos de uso compulsivo de Internet y que entre 4 y 6 por ciento adicionales abusaban regularmente en su utilización. Internet no es algo tan benigno como podríamos pensar ya que posee una fuerte capacidad de alterar el estado de ánimo y más del 29 por ciento de las personas que estudié informaron que lo utilizaban para escapar con regularidad de su realidad.

Todos los días recibo historias de personas que se están metiendo en problemas por su comportamiento en línea, ya sea en la casa o en el trabajo. Aunque no se ha evaluado claramente la extensión del uso compulsivo de Internet no cabe duda que es un problema creciente.



Atrapado en la red

Fred es un profesional de 29 años con una promisoria carrera. Trabaja en una empresa que le brinda rápidas posibilidades de lucro y éxito y está pensando sellar su compromiso matrimonial con su novia, con quien sostiene una relación desde hace tres años. Todo luce perfectamente bien, excepto que sufre de adicción a la pornografía por Internet. Cuando lo conocí gastaba varias horas de su jornada de trabajo y de su tiempo libre mirando fotos pornográficas. A veces le daban las 3:00 de la madrugada cuando tenía que llegar al trabajo a las 7:00 de la mañana. Alquilaba en forma compulsiva videos para adultos y organizaba sus viajes de negocios centrado en la preocupación de tener acceso a Internet o a tiendas de video para adultos en los lugares a los cuales se desplazaba. En ocasiones compraba productos sexuales por Internet y resultaba estafado porque le cargaban la tarjeta de crédito sin autorización.

Se gastó cientos de dólares para obtener acceso a Internet durante horas mientras buscaba fotos de mujeres desnudas. Se describió a sí mismo como obsesionado y fuera de control pero incapaz de detenerse por sí solo. Había intentado docenas de veces ponerle término a sus correrías virtuales sin obtener resultados. Finalmente Fred vino a verme. Había tocado fondo. Sentía que ya no controlaba este aspecto de su vida y estaba asustado. Mediante sicoterapia y terapia grupal su vida está comenzando a cambiar decisivamente. Para Fred, como para muchos otros, cualquier interacción con Internet ‘puede’ tornarse tan estimulante sexualmente como para conducirlos a una utilización adictiva.

Las consecuencias negativas del uso de Internet varían considerablemente. He sido consultado acerca de casos de Internet en los cuales había empleados que eran sorprendidos utilizando los computadores de la empresa para obtener su acceso por motivos personales. En algunos casos las personas podían resultar acusadas de acoso sexual como consecuencia de exponer a sus compañeros sin su consentimiento previo a la vista de material sexual. He visto también numerosos casos de parejas con importantes problemas de relación debidos a su abuso.



Físico y sicólogo

La distinción que algunos profesionales de la salud hacen entre adicciones físicas y las consecuencias negativas del uso de Internet varía considerablemente. Esa distinción artificial entre mente y cuerpo tiene poca validez cuando se trata de comprender cómo funciona realmente la adicción porque nuestras mentes y nuestros cuerpos se encuentran integrados. Existen senderos químicos bien identificados que conectan prácticamente cualquier parte del cuerpo con nuestro sistema nervioso central, incluyendo el sistema endocrino. Somos lo que ‘pensamos’, lo que ‘sentimos’ y lo que ‘hacemos’. Por consiguiente, la salud es la integración y la comprensión de las interrelaciones entre ‘todas’ las partes que nos constituyen, incluyendo nuestra intangible parte espiritual. La adicción puede ser un síntoma capital de la desarmonía que puede minar nuestras vidas.

La dependencia sicológica que tiene lugar cuando alguien se habitúa a un comportamiento o a una sustancia es muy poderosa. Uno puede desarrollar fuertes rituales y hábitos alrededor del comportamiento adictivo y éste termina formando parte de la trama de la vida. Casi todas las personas que tengo en tratamiento contra la adicción experimentan una verdadera ‘necesidad’ de ejecutar el comportamiento o de utilizar la sustancia que las controla. Asimismo, muchas afirman que necesitan utilizar Internet en una forma muy parecida. El uso de Internet se les ha salido de las manos y ha adquirido en sus vidas un lugar central y disfuncional.

Posiblemente ningún caso ilustre mejor el poder de la adicción a Internet que el de Sandra Hacker, acusada de abandonar a sus hijos por dedicarse día y noche a mantenerse en línea. Aparentemente había dejado a sus niños viviendo precariamente mientras ella permanecía encerrada bajo llave en un cuarto impecable con un computador nuevo.

Este caso atrajo mucha publicidad porque rompió con la negación colectiva acerca de la posibilidad de que existiera algo así como la adicción a Internet, y demostró que ésta podía dar al traste inclusive con nuestros instintos más básicos, como el de la protección de los hijos.



El oscuro mundo de la adicción

Entre los comportamientos que son potencialmente adictivos se encuentran el trabajo, el sexo, las apuestas, la comida, el ejercicio, las compras, la televisión, los computadores e Internet, además de las drogas y el alcohol. Esta lista no es exhaustiva. Probablemente hay tantas modalidades de adicción como placeres en la vida. El proceso fundamental de adicción es aproximadamente el mismo, independientemente de la fuente de satisfacción que utilicemos.

¿Qué tienen en común todos los comportamientos antes mencionados? ¿Qué los hace adictivos? ¿Por qué algunos individuos se convierten en dependientes sicológicamente de estos comportamientos y otros no? Después de todo estos son comportamientos en los cuales incurren la ‘mayoría’ de las personas con cierta periodicidad o diariamente sin ningún problema. Sin embargo, cuando se combinan con ciertas circunstancias, puede aparecer un patrón adictivo. Con frecuencia dicho patrón adictivo no se percibe sino hasta que se ha afirmado seriamente y aparecen consecuencias negativas.

¿Por qué es tan adictivo Internet? Para responder esta pregunta examinemos la naturaleza de las apuestas, que puede tener mucho en común con Internet. Pocas personas estarían en desacuerdo con el potencial adictivo que tienen las apuestas para algunas personas. La gente puede llegar a perder su casa, su carro, su familia y su trabajo mientras sigue jugando y apostando sin poder parar. Pueden encontrarse en un casino, o apostando sobre los resultados de un evento deportivo, jugando en la bolsa de valores, jugando lotería o simplemente bingo con el único propósito de recibir ese ‘toque’ adictivo que le produce la sensación de haber tenido suerte. Todos esos comportamientos muy probablemente involucran un aumento de la circulación de serotonina que experimentamos asociado con un sentimiento transitorio de júbilo. Dicho proceso es breve pero muy intenso, agradable y generador de hábito.

Sabemos que la mayoría de las personas gustan de experimentar cosas placenteras y que tenderán a repetirlas. La vida normal luce opaca si se la compara con la excitación del ‘toque’ adictivo y muchas adicciones comienzan a partir de un sentimiento generalizado de tedio. Las adicciones pueden ser en parte el resultado de una sociedad sin ninguna tolerancia hacia el dolor y sin paciencia alguna para cambiar. La adicciones constituyen una manera de divorciarnos de nuestra experiencia interior y este es un acto que recibe el beneplácito de todos, incluyendo a los medios de comunicación. Nos dedicamos a ahogar nuestra incomodidad mediante una amplia variedad de procedimientos, el último de los cuales es el acceso a Internet.



La negación

Un sello característico de la persona que está configurando el patrón adictivo es la negación, un mecanismo sicológico de defensa que le permite persistir en su comportamiento a pesar de las consecuencias que éste puede tener en su vida. El apostador compulsivo puede recibir advertencias repetidas de su cónyuge de que no tolerará que siga despilfarrando los ahorros del hogar, perdiendo empleos y sometiéndose al constante acoso de los acreedores. A pesar de ello el adicto negará su problema y creerá que tiene total control sobre sus acciones. La negación permite distorsionar la realidad y puede tener consecuencias devastadoras sobre nuestras vidas.

La negación está presente, en mayor o menor grado, en todas las adicciones. Es necesaria para el desarrollo de un proceso adictivo porque de lo contrario lo suspenderíamos. La negación impide apreciar completamente el impacto de nuestro comportamiento negativo hasta que las consecuencias son tan avasalladoras que ya materialmente no pueden ser ignoradas. Esto es lo que usualmente se denomina “tocar fondo”.

Con frecuencia un individuo rehúsa buscar ayuda a menos que haya reconocido que ya no controla la situación. Esto ocurre usualmente en un punto en el cual el impacto negativo de su adicción se ha vuelto tan obvio que rompe la barrera de protección de la negación. “Este es un proceso que no puede acelerarse”. Cada persona tiene que descubrir por sí misma cuáles son los momentos en los cuales puede enfrentar su adicción. Esto, por supuesto, puede resultar tremendamente frustrante para la familia y los amigos del adicto, pues ellos con frecuencia detectan el problema mucho antes que él.

Pocas personas, con excepción de aquellas que ya han tenido problemas, reconocen el poderío y la atracción de estar en línea. Sin embargo esta situación está cambiando con rapidez. Aunque probablemente no nos encontramos frente a una epidemia, pienso que millones de personas experimentan en este momento un impacto negativo en sus vidas debido a su utilización compulsiva y creo que su número seguirá aumentando. El reconocimiento sin ambages del lado oscuro de Internet a la par de su lado brillante y prometedor nos permitirá poner la tecnología a nuestro servicio en lugar de dejarnos esclavizar por ella.

(*) Center for Internet Studies & Psychological Health Associates (Centro para estudios de Internet y asociados para la salud sicológica)

Este artículo fue parcialmente extraído del libro ‘La adicción virtual: ayuda para los obnubilados por Internet, los cyberfreaks y para aquellos que los aman’ (New Harbinger Publications, 1999) por el doctor David Greenfield. El doctor. Greenfield es el presidente y CEO del Centro para estudios del Internet (www.virtual-adiction.com), y es socio fundador de Psychological Health Associates en West Hartford, Connecticut. Actualmente es presidente de la Asociación Sicológica de Connecticut y profesor asistente de la Clínica en la Escuela de Medicina de la Universidad de Connecticut, Departamento de Siquiatría, y está activo en el campo de la clínica, de la consultoría y de las conferencias. El doctor Greenfield puede ser contactado por e-mail en: drgreenfield@virtual-addiction.com o en el teléfono 860233-9772, Ext.14.

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