Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/11/14 00:00

Adiós al 'Rais'

Ante la muerte de Arafat, la rabia y la tristeza se siente entre los palestinos. Para Israel, el hecho podría ser una oportunidad para reanudar los diálogos de paz.

Cuando llegó el helicóptero al frente de la Mukata, la destruida sede de la Autoridad Nacional Palestina, en Ramala, la gente no se pudo contener. La llegada del cadáver de Yasser Arafat hizo que rompieran todas las barreras dispuestas por las autoridades y se abalanzaran sobre el ataúd. Ante el caos de lágrimas, gritos de dolor y disparos al aire, los responsables decidieron acelerar las ceremonias. El líder de los palestinos tuvo que ser enterrado a las carreras, acosado por el amor de su pueblo.

En Israel y los territorios palestinos cunde la incertidumbre. Mientras cientos de palestinos lloran y expresan su tristeza en las calles de Ramala, Jerusalén o Gaza, los israelíes miran con expectativa. Lo único que parece claro es que, como siempre en este lugar de la Tierra, las cosas no serán sencillas.

Horas después de confirmada la muerte de Yasser Arafat, decenas, y luego centenares de jóvenes llegaron en grupos hasta el corazón de Jerusalén para encender velas y levantar carteles que muestran la fotografía del rais. A esas expresiones de dolor profundo les siguió una nube de piedras que decenas de policías israelíes trataron de contener. "Seguiremos en nuestra lucha, nuestro líder se ha ido pero el pueblo palestino sigue en pie, seguiremos luchando contra la ocupación".

Con una convicción total, Hussen Habib, uno de los jóvenes, sostenía un afiche de Yasser Arafat, y gritaba que "el sufrimiento palestino es culpa de Israel; vamos a seguir peleando contra ellos". En Ramala, en medio de la multitud y de las manifestaciones de odio y dolor, un hombre que dijo llamarse Mahmoud Gazi hablaba con el deseo: "La muerte de Yasser Arafat no nos dividirá, al contrario, nos unirá".

Pero nadie está seguro que habrá unión entre los palestinos más allá del odio común por el gobierno de Israel, responsable de que Arafat pasara los últimos tres años de su vida entre cuatro paredes. En este lugar, en entrevista con SEMANA en agosto pasado, Arafat repetía: "Aquí, desde mi prisión".

El nuevo aire

Ante la ausencia de Arafat, Israel teme caos y violencia. Su ejército se prepara ante un posible incremento de ataques por organizaciones como Hamas o los Mártires de Al Aqsa, que tras la muerte del líder palestino ya cambiaron su nombre por mártires de Yasser Arafat. Sin embargo, muchos analistas sostienen que la desaparición de Arafat, para bien o para mal, abre una nueva oportunidad para que se reanuden los diálogos de paz.

En efecto, el primer ministro israelí Ariel Sharon dijo que se anuncia un cambio en la realidad del Medio Oriente. Afirmó que Israel tratará de llegar a un acuerdo con los palestinos mientras su ministro de Relaciones Exteriores, Silvan Shalom, expresaba abiertamente el sentimiento oficial: "Esperamos que el fin de la era Arafat sea también el fin de la era del terror. Después de Arafat hay muchas posibilidades de que el Medio Oriente se transforme en una mejor región".

Diarios israelíes como Haaretz dicen que frente a las circunstancias, el ejército de ese país sólo debe responder ante inminentes ataques. No debe promover acciones por cuenta propia o estrategias que incrementen el sufrimiento y el resentimiento palestino.

La razón de ese cambio de actitud es compleja. Tiene que ver con que la muerte del rais coincidió con la reelección en Estados Unidos, que es el mayor socio comercial, político y militar de Israel, del presidente George W. Bush y con el desastre de su intervención en Irak. El primer gobierno de Bush puso en el congelador los esfuerzos de su antecesor Bill Clinton por conseguir un acuerdo israelí-palestino. Hoy es claro que su estrategia se basaba en que la caída de Saddam Hussein daría paso a una ola de democratización en el Medio Oriente que presionaría a Arafat y a los palestinos a negociar con Israel.

Pero eso no se produjo, y en cambio la Intifada, o protesta popular palestina, se convirtió en una serie de atentados de los grupos extremistas Hamas y Jihad Islámica. Sharon respondió con toda su fuerza militar y efectivamente aplastó tanto a la dirigencia de esos grupos como a la insurrección en las calles. Pero a un costo en odio extraordinariamente alto.

Y la muerte de Arafat, el líder a quien Estados Unidos e Israel consideraban el mayor obstáculo para la paz, los deja sin ese pretexto. Bush ya no puede ser indiferente al conflicto israelí-palestino, ahora que la campaña de Irak tiene a Estados Unidos como el mayor objeto de odios en el mundo árabe.

Ze'ev Schiff, analista del diario israelí Haaretz, dice que desde el punto de vista de Israel, la gran preocupación radica en quién recaerá el liderazgo. Si en la vieja guardia de la época tunecina -los hombres de la edad de Arafat- o en los de la nueva generación de Al Fatah. De la vieja guardia hacen parte el actual primer ministro Ahmed Qoreia y su antecesor, Abu Mazen. De la nueva, hombres que han nacido en los actuales territorios palestinos como Mohammed Dahlan, antiguo ministro del Interior y jefe de seguridad en Gaza, y Yibril Rayub.

En el nuevo panorama palestino preocupa mucho la participación que puedan tener grupos como Hamas y la Yihad Islámica. Y es que aunque estos grupos hayan manifestado su interés en la unidad nacional, no es posible desconocer sus métodos terroristas y su declarada intención de destruir el Estado palestino.

Aunque los escenarios y las opciones suelen ser muchas, en Israel y aún más en Palestina, la incertidumbre es total. Por ahora lo único que se escucha con firmeza son las palabras y consignas que los palestinos gritan con rabia y dolor en Jerusalén y en Ramala: "Arafat, seguiremos con tu lucha".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.