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| 3/31/1986 12:00:00 AM

AGROINDUSTRIA

AGROINDUSTRIA, 7539 AGROINDUSTRIA
MARCHITAMIENTO DEL CREDITO DE FOMENTO
La fuente más barata de los recursos del Fondo Financiero Agropecuario o FFAP, son los títulos Clase A, que han venido sufriendo un continuo desmonte, en particular en 1984 y 1985. Las autoridades monetarias buscan afanosamente salvar las empresas quebradas o en problemas y al sistema financiero. Estos títulos representaban el 13.5 por ciento de la cartera del sistema bancario y hoy sólo alcanza el 8.6 por ciento. Estas medidas y el aumentar el costo de los títulos de Clase A en 7 puntos adicionales, han tenido como consecuencia el aumento del costo de los recursos del FFAP al pasar de 13.3 por ciento a 19.6 por ciento en 1985.

LA INVERSION PUBLICA: EL CAMPO NO FUE PRIORIDAD
La inversión pública en 1985 no mostró que el sector agropecuario fuera de su interés y prioridad. Las apropiaciones del presupuesto nacional para la investigación, adecuación de tierras y los programas sociales no presentaron una manifiesta prioridad en las estrategias gubernamentales. Los gastos de inversión en estas áreas con presupuesto nacional descendieron en 10.9 por ciento en 1985 en términos reales. Parece que también al sector hubo que sacrificarlo en aras del programa de ajuste.
Como consecuencia de todo este ambiente que rodeó al sector agropecuario, su respuesta fue obvia y se concretó en un bajísimo crecimiento. No se podía esperar un incremento mayor que el experimentado en 1985, pues las medidas de política económica no han rodeado al agro de los beneficios y de los estímulos que requiere tan sudorosa tarea de producir alimentos y de generar las divisas que requiere el país para continuar en su senda de crecimiento y de competitividad.

1986: SEMBRAR LA BONANZA EN EL CAMPO
El año de 1986 recibe a la agricultura y a la ganadería con una política económica al revés, o mejor dicho, continuista y más severamente en contra, a pesar de los beneficios que espera de la bonanza cafetera.
A finales de 1985, las autoridades monetarias resolvieron aumentar las tasas de interés para los créditos de fomento del FFAP por la resolución 90. Además, se introdujo un nuevo elemento de mercado, el costo de los Depósitos a Término Fijo o DTF, que simplemente recoge el costo de los recursos del sistema bancario en la parte que no redescuenta el Banco de la República, es decir, en la parte que pone de sus recursos para préstamos del FFAP. Aparentemente, las autoridades del Banco de la República y del gobierno quieren sanear el FFAP, porque está costando demasiado, como resultado del cúmulo de medidas que ha venido tomando en estos años de desmonte de la ley 5a. Paradójicamente, la política económica días después baja las tasas de interés, lo cual es un contrasentido. Específicamente, lo que se busca es desestimular al agricultor y era el único con que contaba para seguir produciendo. Claro está que implícitamente, puede estar buscándose la manera de congelar recursos, que marginalmente son de suma importancia ante las posibilidades de creación masiva de dinero en circulación por efecto de la bonanza. En estos momentos es importante manifestar publicamente que los recursos prestables del FFAP alcanzarán $ 117 mil millones, pero los que se van a prestar podrían alcanzar los $ 100 mil millones. Y es lógico, pues el costo del dinero de fomento se volvió caro y por lo tanto bajará su demanda. A lo anterior, se añade el desmonte de otras de las fuentes de recursos del FFAP, como son los depósitos de la resolución 39 que en 1986 podrán ser utilizados para financiar la capitalización empresarial. En consecuencia, el gobierno está buscando la manera de que una de las fuentes de recursos del FFAP sea el crédito externo y ello justificaría elevar las tasas de interés de fomento, pues éste estaría dependiendo esencialmente de la tasa de devaluación.
La bonanza deberá servir ante todo para la actividad que la produce. Por lo tanto, con parte de ella se debe tratar de producir la seguridad en el campo, base primordial para el desarrollo económico y social del mismo. Debería atarse una porción del presupuesto nacional para la consecución de la seguridad y paz rurales.
El agro está en espera de que la bonanza lo saque de apuros y que fortalezca su mecanización y capitalización. Pero la condición sine qua non para que el agro vuelva a tomar su importancia es bajar los precios de los tractores, combinadas y sus partes y piezas, mediante una política adecuada de rebaja general de aranceles y de una derogación total de la ley 50.
Las exportaciones agropecuarias no se verán manifiestamente incentivadas en 1986 a causa de la disminución de los subsidios a la exportación, tales como el Certificado de Reembolso Tributario (CERT) y de una desaceleración de la devaluación. Es paradójico que mientras más se necesita fortalecer los estímulos a causa de la caída de los precios internacionales, se inicie un proceso para desmontar los subsidios. Asimismo, los créditos de Proexpo, aparte de ser más costosos, se verán aminorados, pues se tomó en junio de 1985 por la ley 55 la decisión de reorientar los recursos de la entidad y descargar del presupuesto nacional el costo del CERT.
La bonanza cafetera tendrá efectos de vastas dimensiones en 1986 y 1987. Será, pues, una oportunidad para recuperar el tiempo perdido en la capitalización y modernización del agro colombiano.
Será necesario que las divisas que aporte el campo se le devuelvan en forma de créditos baratos para la compra de maquinaria, que se disminuyan sustancialmente los impuestos y los aranceles de la materia prima y bienes de capital importados que se requieren urgentemente para el cultivo de la tierra. Asimismo, que se pueda contar con crédito suficiente para iniciar el proceso de reforma agraria sin traumatismos ante la abundante oferta de tierras que hay que empezar a poner a trabajar y frente a las nuevas exigencias del año 2000, con una población urbana cercana a los 35 millones, a la cual hay que alimentar a precios razonables. No podemos quedarnos a medio camino en el fomento de las exportaciones agropecuarias, sobre todo de aquellos productos con los que tenemos ventaja comparativa, como son los frutales y hortalizas tropicales. El petróleo, el carbón y la bonanza cafetera no nos deben obnubilar y hacer desandar lo que hemos ganado en estos últimos años cuando se tuvo dificultades cambiarias y se vio la necesidad de fomentar las exportaciones menores. Fácilmente ante la riqueza momentánea de las divisas, caemos en el famoso "mal holandés" que pretende fincar el desarrollo en uno o unos pocos bienes de exportación, abandonando otros renglones competitivos y de un gran potencial exportador.

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