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| 12/12/1988 12:00:00 AM

AGUA, POLVORA Y RON

Los buscapiés en el día de las carrozas no son nada al lado de lo que se vive en el de las balleneras. Ese día sí que hay pólvora y agua. Es el momento en que afloran todas las intenciones de armar parranda. Parranda como la entienden los cartageneros, en la que hasta los más encumbrados habitantes y visitantes de los edificios de Castillo Grande se dedican a tirar agua desde los balcones. Es el día en que las guerras de agua y pólvora llegan hasta el mar y, de bote en bote, se "prenden a lanzá agua". El ron se toma la fiesta y entre las 12 del día y las 6 de la tarde, media Cartagena termina en lo que ellos llaman una completa "pea".
Y es que Cartagena recuerda en cada 11 de noviembre que es una ciudad que nació en medio de la pólvora; los cañonazos que los españoles lanzaban para defenderse de los piratas ingleses, dejaron una herencia, una familiaridad con la pólvora, que se manifiesta cada año cuando se celebra la fiesta de independencia de esta ciudad. No en vano se llama la Heroica.
Pero hay más: es también el día en que recuerdan los entronques raciales de los habitantes de esa región y se vienen a la memoria ancestral las influencias africanas que dejaron los esclavos, que marcaron una leyenda en ese puerto de la colonia. Todos esos ingredientes son pólvora por sí solos y prácticamente no necesitan de los buscapiés para hacerlos estallar.
Ese viernes 11 de noviembre, como todos los años, estalló en euforia el pueblo cartagenero y las reinas no fueron más que un pretexto para poder desfogar esa serie de sentimientos encontrados que han dejado la amargura de una raza oprimida, la alegría de haber sido la primera ciudad colombiana que declaró su independencia del imperio español, el sentimiento patriótico que heredaron de los héroes del sitio de Cartagena y el descontento con cierto tratamiento elitista que se le da a estas fiestas.
Por eso, el viernes de balleneras salió tal y como estaba previsto. Un espectáculo lleno de colorido y alegría, donde cerca de un centenar de embarcaciones, de todos los tamaños, se lanzaron a seguir a las 19 embarcaciones de las diferentes candidatas que bordearon la bahía dando un toque folclórico y caribeño a las playas de la capital turística de Colombia. En esta oportunidad, a diferencia del día anterior, la primera en salir fue la de la reina popular y fue también el día en que más aclamaciones recibió Luz Helena Sierra Benítez.
Las balleneras adornadas con muñecos de tiras cómicas y globos, y rodeadas de yates privados, embarcaciones oficiales, lanchas contratadas por la prensa y patrullas de la policía, desfilaron en orden alfabético al son de las papayeras que se encargaron de animar el evento.
Cada reina iba en una ballenera, a excepción de las señoritas de Bolívar y Guajira a quienes les tocó compartir la misma embarcación. La señorita Colombia 1987, Diana Patricia Arévalo, quien el día anterior había estado muy contenta porque todas las candidatas le celebraron sus cumpleaños, tuvo un mal rato cuando se quedó tirada en el hotel, lo que le impidió llegar a tiempo al desfile. Pero a pesar de las dificultades -inclusive las del tiempo que no fue precisamente el mejor- las reinas se tomaron el mar y los cartageneros se tomaron todo el ron de la Heroica.
La fiesta en el mar es la que más le gusta a los cartageneros, y aunque puede ser la más atractiva para la candidatas y sus comitivas, también es cierto que en medio de la marcha ellas preferirían haberse quedado con la tranqulidad reinante durante la lectura del acta de independencia, a la que acudieron en la mañana. En la sesión solemne del Concejo de Cartagena, que se acostumbra anualmente este año se celebraba el 177 aniversario de gobierno libre. Aunque no es muy atractivo este acto que se realiza como un homenaje a los mártires de la independencia, las candidatas afirmaron que lo preferían porque era muy "pacífico".
Los trajes que las candidatas lucieron en esta ocasión fueron muy sencillos. Casi todas vistieron una especie de uniforme marinero, descansando esta vez de los armatostes que les obligan a ponerse en casi todos los desfiles. Lo que no sabrán nunca es si es mejor aguantarse el dolor de cabeza que producen los exóticos sombreros con "trasteo" de los trajes de fantasía, o los moratones que les producen sus emocionados seguidores con los golpes de las bombas de agua.
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