Lunes, 16 de enero de 2017

| 1986/09/15 00:00

AL FIN, ¿DE DONDE VIENE EL HOMBRE?

Hallazgo de cráneo de 2.5 millones de años estremece árbol genealógico del hombre.

AL FIN, ¿DE DONDE VIENE EL HOMBRE?

El nerviosismo que normalmente le produce a la humanidad sentirse una especie de "hija natural" de la evolución, sin registros que acrediten su origen, ni la firma de algún orangután caritativo que la reconozca como su descendencia, hace que se reciba con excitante optimismo cada descubrimiento paleontológico que aporte nuevas luces sobre el origen del hombre.
La semana pasada se publicó la noticia de que un cráneo de 2.5 millones de años había sido encontrado en Africa por científicos de EE.UU. y Kenia. Y aunque el hallazgo, realmente, se hizo el año pasado, lo novedoso consistía en que apenas comenzaban a publicarse sus características. Después de minuciosos estudios se supo que el cráneo perteneció a un hombre-mono conocido con el nombre de australopithecus boisei, una criatura de grandes mandíbulas y frente puntiaguda. El australopithecus fue la primera rama de la familia de los homínidos, de la que desciende el hombre, que caminó en dos piernas.
Como una buena parte de los descubrimientos paleontológicos que han permitido a los científicos aventurar las más importantes teorías sobre la evolución, este cráneo apareció en la parte occidental del lago Turkana, en Kenia, situado en una zona conocida con el nombre del Valle de la Fisura o de la Rajadura. Si el Paraíso Terrenal realmente existió tuvo que haber estado situado en algún punto de este valle, que se extiende desde el Mar Rojo hasta Mozambique. A través de 4 mil kilómetros de Africa oriental esta falla geológica recorre cañones áridos, cráteres volcánicos, desolados desiertos... Los meandros de un río preservan, sin embargo, como telón de fondo del Valle de la Rajadura, un tupido complejo de bosques y montañas pobladas de espinosos árboles. Llámese Adán o australopithecus alrededor del Valle de la Rajadura vivió nuestro más lejano ancestro, hace más de 10 millones de años.
Desde que Darwin expusiera en 1859 su controvertida teoría sobre la evolución de las especies, cientos de científicos de todo el mundo se han dedicado a buscar las huellas del más lejano de nuestros abuelos en todos los continentes. Los paleontólogos que leen las características de nuestros ancestros en los fósiles que logran rescatar de la tierra y los sedimentos, se han concentrado en el Valle de la Rajadura, donde se han hecho trascendentales descubrimientos que han alargado la prehistoria y envejecido al hombre en cerca de tres millones de años.

EL LARGO CAMINO HASTA AQUI
Todo ello ha llevado a la conclusión de que el hombre no desciende del mono, sino de "un" mono en particular. Y aunque el ancestro común todavía no se ha descubierto, y es lo que se conoce con el nombre ya prácticamente mítico de "eslabón perdido", en los cinco ultimos años el ritmo de las investigaciones arqueológicas se ha acelerado considerablemente, y las teorías sobre el origen del hombre se han acercado más a la verdad.
Según la teoría de Donald Johanson, eminencia gris del gremio de los paleoantropólogos y descubridor de Lucy (que como veremos más adelante podría considerarse el hallazgo más importante de los que se han hecho hasta la fecha), el primer homínido que apareció hace cerca de 14 millones de años, evolucionó hasta convertirse en el australopithecus afarensis, que tiene más o menos 4 millones de años. De este surgen dos ramas: la del australopithecus africanus y el australopithecus boisei o robustus, a los que perteneció el cráneo del lago Turkana. Y por otro lado, la del homo habilis, que evolucionó en el homo erectus u hombre erguido, hace un millón quinientos mil años. Después vino el Hombre de Neandertal, luego el de Cro-Magnon v por último el homo sapiens, es decir, nosotros.
¿Qué se sabe ahora, con el descubrimiento del cráneo del lago Turkana, que no se supiera antes? Nada que cambie trascendentalmente la teoría más aceptada sobre el origen del hombre. Pero sí se ha descubierto algo catalogado de "excitante" en lo que se refiere a su árbol genealógico: que el australopithecus boisei no tiene dos millones de años, como se creía, sino dos y medio, y que por consiguiente es contemporáneo del australopithecus africanus, que hasta ahora se consideraba su antecesor. En una explicación para legos, es como si, guardadas las proporciones, uno descubre que su tía abuela no era hija de su tía bisabuela, sino hermana.

EL HOMBRE ROMPE CON EL MONO
Pero si ni aún así el lector entiende la importancia del descubrimiento del lago Turkana, no hay que afanarse. El verdadero interrogante es el de por qué, y en qué momento, el homo se separó de los primates. O, dicho en otras palabras, cuándo se separó el hombre del mono.
Los científicos piensan, y tienen evidencia para ello, que dicha ruptura se produjo en el escenario africano. Basándose en la "paleoclimatología" -que es el estudio de los climas del pasado- el científico Yves Coppens inventó una teoría para explicarlo, que fue ampliamente divulgada por algunos medios, entre ellos la revista francesa Le Point: según ella, el hombre y el mono descienden de una especie única que habitaba en la zona del Valle de la Fisura. Y que el rompimiento que conduce a los dos extremos -orangután y hombre- de la evolución de la misma familia, se produjo cuando en este lugar del continente africano la tierra se rompió, hace millones de años, como se explicará unos párrafos adelante.
Es largo el camino que del simio al hombre han tenido que recorrer los científicos para aventurar teorías como la anterior. Las cosas comenzaron a aclararse con el descubrimiento de una mandíbula singular que la célebre familia Leakey -compuesta por padre, madre e hijo paleontólogos- encontraron en Kenia. Era mitad antropoide, mitad humana, y se le atribuyó al ramapitecus, del cual se habían descubierto ya vestigios en la India. Se creyó entonces que era el más viejo de los homínidos.
En una expedición que emprendió en busca de elefantes, Yves Coppens tuvo la fortuna de toparse en Chad con un fósil humano. Pensó que era una vértebra, pero ya estudiado demostró ser un cráneo de un homo erectus, que fue apodado chadantropus. (Los arqueólogos jamás se han caracterizado por su gran imaginación para bautizar sus hallazgos).
Años después, en 1971, el Valle de la Fisura entregó a los Leakey el cráneo de un homo habilis. A su lado se encontraron utensilios que ayudaron a situarlo hace un millón setecientos cincuenta mil años. Esta edad sorprendió, porque antes de este descubrimiento se pensaba que el hombre no tenía más de un millón de años. Así, de un solo salto, el hombre envejeció 750 mil años, sin que le hubieran cantado una sola vez "feliz cumpleaños a ti"...
Y aunque este descubrimiento demostraba que Africa había sido, muy probablemente, la cuna de la humanidad, los Leakey tuvieron que callarse. Nadie creía que un continente tan atrasado pudiera haber albergado el paraíso terrenal, donde una vez, hace millones de años, todo comenzó.

EL PARAISO DEL PALEONTOLOGO
Resolvieron entonces quedarse a trabajar en el Valle de la Fisura, donde una sedimentación escalonada de dos millones y medio de años hace este lugar el paraíso del paleontólogo: siendo sus capas perfectamente claras, cada una resulta ser una época distinta, y estudiarlas, según los Leakey, "era como pasar las páginas de un libro".
Algún tiempo después la familia Leakey se alió con Coppens y Camille Arambourg, pionero de la paleontología, y todos juntos marcharon a Etiopia (siempre siguiendo la célebre fisura del suelo africano), donde otro investigador francés, Mauricio Taieb, acababa de descubrir restos humanos que databan de 4 millones de años atrás.
En 1972, Coppens y Johanson se separaron del resto y organizaron una expedición a Afar que revolucionó la paleontología. Encontraron una rodilla de hominido de 3 mil millones de años, cuya articulación formaba el ángulo característico de los bípedos.
Y dos años después, en 1974, vino la hermosa, hermosísima, aunque enigmática Lucy, que Johanson encontró en la región de Hadar, Etiopía. La bautizó así, porque en el momento en el que descubrió el primer hueso de su esqueleto, el más completo jamás encontrado, sonaba en el altoparlante del campus la canción de los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds. Se trataba de una australopithecus -cuyo sexo pudo distinguirse a través de los huesos de su cadera- que murió ahogada a la edad de 20 años. Tenía una cabeza pequeña, era baja de estatura y caminaba muy bien sobre sus dos piernas, lo que demostró que el bipedismo fue anterior en la evolución al crecimiento del cerebro.
¿Quién era Lucy? ¿La antecesora de los primeros hombres o sólo su prima, miembro de una especie que desapareció?
Hoy en día el debate no ha terminado. Pero se sabe que Lucy, de tres y medio millones de años, fue una australopithecus afarensis, origen de los africanus y de los boisei.
Posteriormente en Hadar, Omo, Laetoli y Olduvai se recogieron en 10 años 2 mil restos de hominidos. Tantos como en los cien años anteriores. Y aparte de eso, 100 mil huesos de otros vertebrados. Después de haber sido clasificados, interpretados, analizados y observados a través de microscopios electrónicos, todavía surge el interrogante: ¿puede considerarse la falla del territorio africano como la única cuenca del origen de la humanidad?

HERMANO SIMIO
Estudios de proteínas y cromosomas han demostrado que nuestra parentela con los simios es mucho más estrecha de lo que jamás se imaginó. El 99% del patrimonio hereditario del hombre y del chimpancé es rigurosamente idéntico. Una ínfima diferencia genética del 1% los separa. Pero ese 1% es el que hace al ser humano. Y la evidencia de que fue en esa cuenca de Africa donde vivieron nuestros primeros antepasados, crece cuando se piensa que los chimpancés son exclusivamente africanos...
El ramapitecus, supuestamente nuestro primer ancestro, desmentía la teoría de que "Adán" nació en Africa, porque restos de él fueron descubiertos en la India, bien lejos de la rajadura. Estudios posteriores, que demostraron que la separación de los homínidos y los simios se produjo hace alrededor de 7.5 millones de años, descartaron al ramapitecus como ancestro del hombre, porque vivió hace 14 millones de años.
Además, hallazgos en China y Pakistán de cráneos de animales asombrosamente emparentados con el ramapitecus, demostraron ser de orangutanes. Esto significa que el "rama" sería ancestro del orangután y no de los hombres, aunque algunos científicos se niegan todavia a aceptar esta derrota del ramapitecus como ancestro.
Desaparecido el ramapitecus como intruso de la teoría del Valle de la Rajadura, Coppens quedó libre para insistir en ella: el hombre es africano y desciende de un mono africano.
Todos estos fósiles de homínidos fueron descubiertos no sólo en la famosa rajadura africana, sino en el costado este de ella. Pero todos los grandes simios africanos viven en el costado oeste. No se ha encontrado un solo fragmento de chimpancé o gorila entre los cientos de restos encontrados en el este.
¿Significa esto que el hombre se separó del simio a causa de la rajadura? Una posible explicación de que así fue sostiene que hace 17 millones de años se produjo un acontecimiento geológico que hizo que las placas continentales afro-árabes y asiáticas entraran en colisión, cerrando el mar de Tetis, que ligaba el Océano Indico con el Mediterráneo.
Aprovechando el puente que se creó, los micos africanos se regaron por Europa y Asia. Allá algunos evolucionaron hasta llegar al ramapitecus, y de ahí al orangutan.
Mientras tanto, sus hermanos, que se quedaron en Africa, siguieron su propia ruta evolutiva. Y aquí hay un lamentable vacio. No se posee ningún fósil de 10 millones de años de antiguedad como punto de referencia. Sólo un maxilar descubierto en Kenia por investigadores japoneses. Pero esta época es enormemente decisiva, porque es ahí cuando el ancestro que tenemos con los micos domina en el Africa oriental.
Pero es también en esa época cuando se produce la famosa ruptura, que provoca una revolución de capas geológicas que se levantan al oeste. Eso hace que el clima de la región cambie. Al oeste de la rajadura se conservó el bosque, y allí los ancestros mantienen su doble vida: a veces en los árboles, a veces en el suelo. Más adelante, el ancestro del oeste se convertirá en gorila y chimpancé.

EAST SIDE STORY
Al este de la rajadura, en cambio, la tierra se secó. Los bosques se redujeron, y el ancestro, aislado por la fractura de la tierra, debió adaptarse a las nuevas condiciones geográficas. De ahí en adelante la teoría está comúnmente aceptada: en un medio escaso de árboles el ancestro se yergue, sus manos se transforman, nacen los utensilios y el cerebro crece. Una segunda presión ecológica suscita la aparición del género homo, hace 2.2 millones de años. La sabana africana se abrió aún más, y surgieron pequeños ecosistemas que facilitaron la aparición de nuevas especies. En un medio hostil, el homo habilis desarrolla un comportamiento más despierto y social. Se separa definitivamente de sus ancestros y primos australopithecus, y surgen la conciencia, la emoción y el lenguaje.
Según Coppens, el primer hombre se beneficio ya de muchas de nuestras cualidades. Es bípedo, omnívoro, oportunista, artesano, desconfiado, prudente, consciente y hablador.
Erectus y sapiens, sus descendientes, serán los primeros conquistadores. Invadirán Europa, Asia, el mundo entero. Coppens sostiene que estos tres homos, el habilis, el erectus y el sapiens, son una misma especie, caracterizada por diferentes estadios morfológicos. Y de esta manera se completa la teoría de que el Valle de la Rajadura es una gigantesca cesárea por donde la Tierra produjo el parto del hombre.
La humanidad actual resume todo aquello que ha sucedido en el universo desde que apareció la primera célula viva sin núcleo, llamada procariota, hace 3.500 millones de años de evolución.
¿Qué pasó de ahí hacia atrás? Todo depende de la escuela a la que se pertenezca. Si es a la de la biblia, hay que darle la propiedad intelectual del universo a Dios. Pero si es la del "Big bang" o explosión primigenia, que ocurrió en el punto cero de nuestro mundo las cosas se complican. A algún pesado se le ocurrirá preguntar que había antes de esa primera centesima de segundo, y esa respuesta todavía se encuentra bajo llave en los archivos de la eternidad.

EL APORTE COLOMBIANO A LA TEORIA DE LA EVOLUCION
El médico colombiano Mauro Torres, fundador de la sociedad de sicoanálisis y autor de varios libros sobre la mente y el comportamiento del hombre, acaba de publicar su última obra, "La nueva ciencia de la mente humana" .
En su opinión, ella aporta a los estudios de los paleoantropólogos, que analizan nuestros orígenes a través de los fósiles, lo que él mismo denomina un "fósil vivo": una novedosa teoría acerca de las estructuras creadoras existentes en la corteza del cerebro, que surgieron en el momento en el que los mamíferos empezaron a soñar, hace 200 millones de años.
Los sueños son, precisamente, el eje de las investigaciones de Torres. Pero no como los utilizaba Freud, o sea para interpretarlos, sino para preguntarse cuál es su significado biológico, y qué aportan a la clarificación de los orígenes del hombre.
Hay que comenzar por explicar que todos los mamíferos sueñan, y que esto es comprobable a través de sus cerebros, que producen manifestaciones electroencefalográficas muy características. Pero también a través de los ojos, ya que se sabe que el sueño los relaja y produce en ellos un rápido movimiento.
Los dinosaurios se extinguieron; y los mamíferos, en general, y entre ellos el hombre, en particular, triunfaron y se impusieron en el proceso de la evolución porque tenían esa estructura creadora en el cerebro, que les permite soñar cuando están dormidos y ser más astutos, recursivos e inventivos cuando están despiertos.
Esas estructuras creadoras fueron las que le permitieron al hombre evolucionar de manera tan exitosa: crear, hace tres millones de años, herramientas de piedra y hueso; descubrir el fuego y producir el arte rupestre de la era glacial; caminar sobre dos pies, liberar las manos para trabajar y utilizar herramientas; convertirse, de un animal mudo e irracional, en uno racional, con lenguaje hablado y escrito. Eso significa, según Torres, que "la capacidad creadora no sólo es anterior al lenguaje y a la razón, sino que es la condición del lenguaje y de la razón".
Con el curso de la evolución, las funciones creadoras del hombre se localizaron en el hemisferio derecho de su cerebro. Son funciones eminentemente extrarracionales e inconscientes mediante las cuales el hombre intuye crea, sueña, hace símbolos y metáforas, hace el arte.
En el hemisferio izquierdo del hombre se localizaron las funciones racionales y conscientes: la razón, la lógica, la reflexión, el análisis, la síntesis, la voluntad, la memoria, el lenguaje. Al final de la evolución, el izquierdo se volvió el hemisferio dominante en el hombre, y se convirtió en el sustento del "Yo" consciente.
"Gracias a que el hombre posee más funciones racionales conscientes, complementadas por sus funciones creadoras e inconscientes, el hombre tuvo tanto éxito en el proceso de la evolución", explica Torres. "Sin esa racionalidad y creatividad, el hombre no hubiera podido crear los estímulos que lo sacan del reino animal propiamente dicho en el que se quedaron los demás animales, incluyendo al más parecido genéticamente al hombre, el chimpancé. El hombre es las dos cosas: razón y capacidad creadora. Con la sola razón el hombre no habría ido muy lejos. Si sólo fuera racional, el hombre sería repetitivo, conservador, rutinario. Sería, nada más, un pobre animal racional".

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