Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/09/07 00:00

Alcaldes: solos en la guerra

Son 164 los municipios que tienen los peores problemas de gobernabilidad y de violencia. Necesitan un régimen especial para salir adelante.

Indefensos, desconectados, quebrados, pequeños, fragmentados. Así están hoy los gobiernos de los municipios más golpeados por la violencia. ¿Cómo sorprenderse, entonces, de que el semillero local de la violencia esté dando frutos por todo el país? La gobernabilidad local -tener la autonomía fiscal, la capacidad de funcionamiento y el compromiso con la justicia- es clave para manejar y resolver conflictos violentos. Sin embargo ésta flaquea precisamente donde más se necesita: en aquellos lugares donde ocurren más masacres, homicidios, desplazamiento forzoso, acciones terroristas, acción de los grupos ilegales armados y donde no hay policía.

Los investigadores construyeron un índice que cruza gobernabilidad con violencia y descubrieron que en casi todo el país a mejor habilidad para gobernar menor violencia. Identificaron 164 municipios especialmente vulnerables porque tienen la mayor violencia y la menor gobernabilidad . Y 10 municipios de máxima vulnerabilidad en el extremo de este cruce.

Son siete las fallas graves que tienen estos gobiernos locales:

Corrupción. Desacredita al Estado, legitima a los grupos armados y disminuye los recursos para inversión social.

La Nación y el departamento les dan la espalda. No atienden sus opiniones ni incluyen sus esfuerzos de planeación y ejecución. Les permiten disponer de sólo 17 por ciento de las transferencias que reciben de la Nación. Sólo tienen autonomía para gastar si es certificado y esta certificación depende de burocracias departamentales que prefieren retener los fondos. Tienen poco margen para reubicar médicos y maestros o para protegerlos frente a los grupos armados.

No tienen recursos para invertir en seguridad y justicia. En promedio apenas destinan 1,4 por ciento de sus ingresos a este fin. Pero el promedio esconde las enormes diferencias entre las grandes ciudades y el resto del país. Se supone que el impuesto de 5 por ciento sobre los contratos de construcción y mantenimiento de vías debe fondear la seguridad. Pero los pequeños municipios casi no recogen este impuesto, pues no construyen vías. Los 164 municipios más vulnerables (más violentos e ingobernables) gastan apenas 1.005 pesos por habitante en seguridad ciudadana y justicia, mientras las seis grandes ciudades gastan en promedio 3.015.

Demasiados canales de participación ciudadana. Existen 38 consejos, juntas, comités o asociaciones para que la gente participe en los asuntos de su comunidad, lo que en lugar de ayudar a fomentarla la fracciona y hace que nadie se encuentre con nadie. Además muchas de estas instancias son consultivas, lo que limita la participación a la voluntad del gobierno de turno; otras son rígidas y tienen demasiados requisitos.

Los mecanismos alternativos de solución de conflictos, como las casas de justicia o las comisarías de familia, les roban espacio a los grupos armados en materia de justicia ciudadana, pero son tantos y tan reglamentados que a veces no ayudan sino que entraban la gestión.

Hay demasiados municipios muy pequeños. El 92 por ciento de los 164 municipios vulnerables tienen menos de 14.000 habitantes, el mínimo que exige la ley para constituirse en municipio. Al ser tan pequeños y al no existir incentivos claros para asociarse con otros municipios para cuidarse mejor la violencia se siente más.

Los mandos medios no hacen su papel. Los municipios no encuentran respaldo ni asesoría a su gestión en los funcionarios nacionales y en los departamentos. Estos están demasiado politizados, corruptos o simplemente inoperantes. En el Cauca, por ejemplo, el departamento hizo un esfuerzo por presentar al gobierno nacional un proyecto sostenible de sustitución de cultivos ilícitos y lo único que obtuvo fue dinero para infraestructura. "Nuestro proyecto de seguridad alimentaria sigue radicado en el Fondo de Inversiones para la Paz y en Planeación Nacional como constancia histórica del diálogo institucional de sordos y demás gajes de nuestra democracia", dice Floro Tunubalá, gobernador del Cauca.

¿Que hacer?

Como parte del problema los gobernantes no reconocen que muchos municipios colombianos no pueden seguir siendo gobernados como si Colombia estuviera en paz. Enfrentan una situación excepcional de guerra y lo primero que se debe hacer es aceptar esta realidad. Es en estos gobiernos locales donde está una de las claves para desactivar la guerra que consume hoy al país. Y como hay que empezar por algún lado, es necesario hacer la lista de los más difíciles de gobernar y los más golpeados por la violencia para llegarles con una estrategia excepcional y temporal que exige normas, recursos y atención extraordinarios. No se pueden defender con lo mismo de siempre. Lo que, en últimas, propone este informe es una verdadera revolución institucional en los municipios más vulnerables, donde florece el semillero de la violencia nacional.

Recuadros

Gobernar bajo presión

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