Sábado, 25 de febrero de 2017

| 2004/12/05 00:00

Alerta amarilla

Hay preocupación por el retroceso de calidad de vida en Bogotá. ¿Cuál es el proyecto de ciudad de Luis Eduardo Garzón?

Se ha satanizado la explotación del espacio público por situaciones como la de los vendedores ambulantes en Chapinero. Pero poco se discute sobre la ocupación de algunos restaurantes y sobre alternativas como la de los floristas en el parque El Virrey .

El poco tiempo de su posesión, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa fueron considerados herejes. Nadie entendía por qué el uno contrataba mimos y pintaba las cebras de las calles, y el otro sembraba bolardos e impedía parquear en la carrera 15. Por eso un nutrido grupo de bogotanos pensaba que tocaba quemarlos. Hoy el turno parece ser para el alcalde Luis Eduardo Garzón.

Pero hay diferencias. En la actual administración ha pasado un año y, en contraste con sus antecesores, no se conoce cuál es el modelo de ciudad que el Alcalde tiene en mente. Para muchos decir que se quiere una ciudad más equitativa y no concretarlo en proyectos es una evidencia de que hay más retórica que hechos. Con un agravante para Garzón: hoy los bogotanos comen menos cuento que ayer.

Situaciones como la actitud permisiva con la ocupación de los andenes por vendedores ambulantes y cosas elementales como el poco control en los cruces de las ciclovías de los domingos despiertan dudas sobre si la ciudad va por buen camino.

Sin embargo, lo que más ha encendido las alertas han sido las versiones según las cuales Garzón piensa arrendar el espacio público en trozos de un metro por un metro, que piensa permitirles a los vecinos que cierren los parques y zonas de cesión que tanta brega dio recuperarlos, y que además piensa modificar la continuidad del TransMilenio para favorecer a un pequeño grupo de transportadores. Si esto es lo que pasa por la cabeza de Lucho y sus colaboradores, no hay duda de que los bogotanos los llevarán a la hoguera. Pero ¿es esto así?

En respuesta a las críticas, lo primero que dice Germán Darío Rodríguez, director de la Oficina de Espacio Público, es que "no nos oponemos a los modelos de ciudad que vienen del pasado". Algo que ratificó el Alcalde (ver entrevista). Esto significa que no se ha contemplado modificar proyectos como la construcción de las alamedas, andenes y ciclorrutas que ya estaban previstos. Según el IDU, este año en la continuidad de estos proyectos se han invertido 107.000 millones de pesos contra 55.000 millones que se invirtieron el año pasado. También en lo corrido del año se han recuperado 234.208 metros cuadrados de espacio público contra 304.754 en todo el año pasado. Además, algunos de estos proyectos, como el de TransMilenio, están amarrados a compromisos con el gobierno central y a organismos multilaterales, lo que no permite que se interrumpan fácilmente.

Rodríguez asegura también que la ciudad es una realidad social muy compleja, por lo que es errado pensar que para mejorarla existe una sola fórmula. Esto es cierto. La prueba está en las mismas administraciones anteriores que hoy son tan aplaudidas. Para Mockus su proyecto macro era fortalecer la cultura ciudadana, mientras que en el de Peñalosa su programa central era mejorar la calidad de vida de los bogotanos. Ambas propuestas en su momento fueron buenas y no sólo coexistieron sino que se complementaron.

"Para la actual administración, el espacio público es un lugar donde se cumplen las normas, pero también es el lugar donde todos tienen derecho a convivir y a ser ciudadanos", dice Fernando Rojas, gerente del Taller del Espacio Publico de Planeación Distrital. Por eso explica que el énfasis de esta administración es lograr que la gente plantee sus proyectos de parques, vías, andenes o incluso de infraestructura como acueducto y alcantarillado, y que éstos cuenten con el apoyo del Distrito.

En la Oficina de Espacio Público aseguran que ya se ha iniciado el estudio de 200 solicitudes de organizaciones como juntas de acción comunal, parroquias o asociaciones de vecinos que quieren hacer proyectos locales. Algo que para ellos quedó descuidado en las anteriores administraciones.

Llevar esto a la práctica tiene altísimos riesgos. El menor, que hacer un andén tome meses de reuniones; el segundo, que surja una corruptela muy difícil de controlar -a quién se le hace su proyecto y a quién no, y quién lo hace- y, lo más grave, que la ciudad se quede sin planeación urbana: la plata se iría en miles de pequeños proyectos sin un norte.

En la Alcaldía, sin embargo, dicen que su gran aporte en materia de espacio público es precisamente su Plan Maestro, que servirá de carta de navegación para la ciudad durante los próximos 20 años. No obstante aún no está finalizado, y menos aprobado.

Su importancia ha sido eclipsada por la polémica que se desató por la interpretación de uno de sus puntos sobre el aprovechamiento económico del espacio público. Aseguran que esto no se trata de arrendarle a cada vendedor ambulante un trozo de andén, sino de poner en marcha 'procesos ordenados' para su uso. Como lo que sucede con las ferias artesanales temporales, o con mobiliario urbano como los paraderos de bus o los locales de venta de flores en la calle 68 o el parque El Virrey. Sin embargo no es claro por qué mientras esto se define, no se toman acciones más firmes para evitar que se pierda el espacio que ya se había ganado.

Uno de los avances que propone el Plan es concentrar en una gerencia especializada de espacio público muchas funciones que hoy están repartidas en varias entidades, lo que aseguran facilitaría la ejecución de nuevos proyectos. Además vincula este tema con políticas de gestión económica para poder realizar y mantener los proyectos e incluye aspectos tan cruciales para el futuro de la ciudad como es su conexión con la región.

Es claro que para saber a dónde se quiere ir es necesario hacer un alto en el camino y definir bien la ruta que se quiere tomar. Pero ya se fue un año en esto y aún no se termina de discutir cuál va a ser. Mientras tanto, el espacio público de la ciudad parece al garete, donde cada cual tiene la libertad de apropiarse de un pedazo de espacio según le convenga. Pasar pronto de las políticas y los discursos a las acciones fue clave para que los bogotanos no chamuscaran a las anteriores administraciones. El alcalde Garzón ya conoce esa lección.

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