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| 11/9/1998 12:00:00 AM

ALFONSO LOPEZ PUMAREJO

Selecciones, una revista norteamericana traducida al castellano, contenía una sección que llevaba por título 'Mi personaje inolvidable'. Es lo que me ocurre con Alfonso López Pumarejo, a riesgo de repetirme escribiendo desde hace más de 50 años sobre mi personaje inolvidable.
Con el correr de los años me ocurre, a la par con otros colombianos, que me aparecen facetas nuevas, pese a haberlo conocido en forma tan incomparablemente próxima.
Se dice en nuestros días que ya no hay líderes, y que un vacío preside los destinos de la República cuando, por contraste, fue sorprendente la cosecha de hombres públicos eminentes que surgieron en el breve espacio de cuatro años. Una cosecha sin precedentes que solo puede atribuirse a un singular conocimiento de los hombres y saber aprovechar las aptitudes de cada cual.
Conservo una caricatura de Uscátegui en El Siglo, ridiculizando a los ministros de la época con el rasgo de que le quedaban grandes los vestidos; pero para quienes los conocimos bien podría aplicárseles, plagiando al general Torrijos, el jefe del Estado panameño que rescató el Canal, el vestido les quedaba grande para entrar al Ministerio, pero les quedaba muy bien para entrar a la Historia. Y, a propósito de caricaturas y caricaturistas, una anécdota olvidada que bien vale la pena rememorar fue la proposición de López Pumarejo en la Convención Liberal de 1929, reclamando para Ricardo Rendón el primer puesto entre los opositores del régimen conservador, gracias a sus implacables trazos y a su finísima ironía, más explosiva que cualquier discurso.
¿Cómo un hombre que hasta los 50 años pasaba por ser un frívolo clubman, llegó a un tan profundo conocimiento del prójimo? Era lo que él mismo calificó en su testamento político, "Doctorado en colombianismo", que se extendía más allá de nuestras fronteras. A los 20 años ya había estudiado en Inglaterra y en Estados Unidos y manejado los negocios de su padre en el Ecuador y Costa Rica, Medellín y Manizales. Contaba con su familia costeña por el lado de su madre y la mitad de su infancia había transcurrido en la tierra opita, en Honda, donde había nacido. Es algo que explica su desdén por los libros que adquiría solamente para regalárselos a sus amigos sin leerlos, porque, como relata en una de sus cartas, la lectura de Spencer, Kant, Hegel, Emerson, Carlyle, se le había indigestado... A través de sus revistas norteamericanas e inglesas vivía mucho más al día que la mayor parte de sus conciudadanos. Lo que no tenía de leído, lo tenía de vivido. Un rasgo, que en un esbozo biográfico de Alejandro Vallejo ponía de presente, decía, con mucho humor: "Sabía mucho de las mujeres, de los negociantes, de los tahúres y de Laureano Gómez". La ingenuidad no era precisamente su característica principal. Si se me preguntara, yo diría que le molestaba la figuración sin contenido, la 'pantalla', como decimos hoy en día. Los edecanes, los cortesanos, el uso de los uniformes y todo lo que fuera solemne o pomposo lo molestaban. Se dice que era elegante en el vestir, pero inmensamente adusto, sin llamar la atención por lo vistoso, aplicando tal vez el dicho de Brumell, según el cual "la verdadera elegancia se ríe de la elegancia postiza". Un bogotanismo ya desaparecido calificaba de 'majo' al caballero que pronto hacía notar que estaba estrenando ropa y López se lo aplicaba a más de un cachaco bogotano.
Dije, en alguna ocasión, en la pantalla chica, que López tenía un corazón bohemio y que su figura sedujo a las nuevas generaciones como si hubiera pertenecido a ellas. Hubiera comprendido a los hippies o a los nadaístas de mi tiempo. Su dicho favorito, cuando hacía los primeros pinitos en política era: "Quiero ver en el gobierno audacias menores de 40 años", y en cierta manera lo cumplió.
Terriblemente puritano, no permitía las anécdotas picantes en presencia de las damas y abominaba el uso de los vocablos gruesos aun en la más completa intimidad. Perteneció a una generación de la cual se citaba en Inglaterra el caso de la noche de bodas de lord Curzon, cuando le había dicho a su señora: "¡Quieta! Una verdadera lady nunca se mueve cuando hace el amor".
El ex presidente Alfonso López Michelsen solicitó no ser considerado en esta selección y aceptó, en cambio, escribir sobre su padre. "¿Cómo un hombre que hasta los 50 años pasaba por ser un frívolo clubman, llegó a un tan profundo conocimiento del prójimo?

Alfonso lopez pumarejo
Nació en Honda en 1886, murió en Londres en 1959. Estudió en Inglaterra y volvió para ser candidato del Partido Liberal en noviembre de 1933.
Como presidente de 1934 a 1938 impulsó la llamada 'Revolución en Marcha', buscando "efectuar por medios pacíficos lo que el revolucionario haría por medios violentos". Reformó la Constitución en 1936.
Fue reelegido presidente en 1942 y objeto de un fallido golpe de Estado en 1944 en la ciudad de Pasto. Renunció a la Presidencia en el mes de julio de 1945.
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