Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/02/26 00:00

ALTO RIESGO

Un buen olfato podría traerle grandes beneficios a los inversionistas. El problema con las acciones es que nadie sabe cuándo se debe empezar a comprar.

ALTO RIESGO


HAY QUE RECONOCER que existe una gran diferencia entre lo previsto y lo sucedido. Los analistas de inversión se equivocaron al sostener que el mercado de acciones obtendría grandes ganancias en 1995. El año para los títulos de renta variable no pudo ser más malo. Por ejemplo, el índice de la Bolsa de Medellín=Ibomed=, bolsa donde se transó el mayor número de acciones durante el año, cayó 14,9 por ciento. Además el colombiano fue el mercado accionario de peor desempeño en el mundo, incluso por debajo del mexicano con todo y crisis económica. Con esto los inversionistas que le apostaron a las acciones podrían haber ganado un 50 por ciento más, si en vez de renta variable hubieran invertido en títulos de renta fija, a tasas superiores al 30 por ciento anual.
La equivocación en el pronóstico de los analistas no fue culpa del mal desempeño de las empresas inscritas en bolsa. Todos los indicadores bursátiles muestran que la colocación en acciones de compañías colombianas es excelente comparada con la inversión en otros países. En este momento se pueden comprar la mayoría de las acciones a su valor en libros, o aun por debajo, y segura- mente las utilidades futuras de éstas tendrán incrementos similares o superiores a las tasas de interés en Colombia. Pero, a pesar de esas expectativas, nadie quiere apostarle a la inversión en renta variable.
La destorcida obedeció, en gran parte, a factores ajenos a las empresas. El boom accionario comenzó a desinflarse a finales de 1994, cuando los precios de los títulos alcanzaron niveles exorbitantes. Las dificultades bancarias en México y otros países latinoamericanos fueron evidentes, y si bien no era el problema para Colombia porque su déficit comercial era sostenible y durante muchos años ha contado con suficientes reservas internacionales, el 'efecto dominó' alcanzó el mercado local y las acciones cayeron. Hasta ese momento las dificultades de los mercados externos nunca habían afectado los precios en Colombia. Sin embargo la apertura económica y la mayor participación de inversionistas foráneos a través de los fondos de inversión extranjera, hizo más susceptibles las bolsas colombianas a las circunstancias externas.
Si bien estos hechos no eran desconocidos por los analistas a principios del año pasado, había razones para pensar que el repunte de las acciones era inminente. En enero subieron los precios porque, además de las buenas expectativas económicas, las tasas de interés se mantenían relativamente bajas. Pero con el correr de las semanas los intereses se dispararon y comenzó el lento descenso de las acciones. De otra lado, los rumores de descertificación del gobierno de Estados Unidos por los escasos logros de Colombia en la lucha contra el narcotráfico también hicieron mover las bolsas: algunos fondos extranjeros vendieron sus posiciones y ocasionaron una tendencia a la baja.
La alegría que trajo la certifica ción condicionada duró poco en los mercados bursátiles. Con el empeño del Banco de la República para reducir el endeudamiento y bajar la inflación, las tasas de interés se treparon y los precios de las acciones se fueron al suelo.
La intervención de las tasas por parte del Emisor alivió un poco la situación para el mercado accionario. Pero esta fiesta tampoco duró mucho. Desde días antes de la detención del ex tesorero de la campaña liberal, Santiago Medina, los precios de la renta variable habían vuelto a la baja. En lo sucesivo, los escándalos políti cos se sintieron como verdaderos terremotos en las bolsas de valores. Así sucedió el 15 de agosto cuando fue detenido el ex ministro de Defensa Fernando Botero y el 17 de noviembre cuando Guillermo Pallomari, contador del cartel de Cali, rindió declaración ante una comisión de fiscales colombianos.
Parte del derrumbe de los índi- ces accionarios obedeció a que los fondos de inversión extranjera per- manecieron quletos, pues sus decisiones son altamente susceptibles a los acontecimientos económicos y políticos. Claro que los analistas ven como un signo positivo que, a pesar de todo el ruido, los fondos no hayan salido a liquidar sus portafolios en forma masiva. Esta situación podría responder a que, con la pequeñez del mercado de valores colombiano, conservar las posiciones es una forma de proteger las inversiones y evitar pérdidas peores.
A pesar de que el precio de las acciones tuvo un ligero repunte en diciembre pasado, nadie asegura que la perspectiva para este tipo de inversión sea buena. El panorama político es más complicado que nunca y la incertidumbre está a la orden del día. Las cosas están tan enredadas que el Consejo Nacional Gremial en su comunicado le llamó la atención al presidente Ernesto Samper sobre las consecuencias económicas de la actual coyuntura: "Esta (la crisis) debe resolverse en lo inmediato. El costo de la demora es descomunal y no hay manera de pagarlo".
Además, si en 1995 la certificación estaba embolatada, este año las cosas están mucho peor. Con la reciente declaración de Fernando Botero y la beligerancia que sobre el tema han demostrado los republicanos en el Congreso estadounidense, muchos están convencidos de que la descertificación es inminente. Una determinación de ese tipo no sólo acabaría con la ayuda de Estados Unidos a Colombia para la lucha contra las drogas, sino que dificultaría de forma importante nuestras relaciones económicas y comerciales.
Pero las dudas no sólo obedecen a los problemas políticos. Algunos nubarrones del panorama económico afectan directamente a las empresas inscritas en bolsa, como es el caso de las altas tasas de interés. Es muy posible que para cumplir la meta de inflación, del 17 por ciento, el Banco de la República mantenga restringidos los créditos, elevando las tasas de interés.
Pero puede que no sea únicamente el costo de vida el que presione los intereses. La reducción del gasto público está por verse y las buenas intenciones expresadas por el Ejecutivo contrastan con la realidad: la obligación de cumplir los compromisos previamente adquiridos y la necesidad de incrementar la inversión en infraestructura vial harán al gobierno salir a captar recursos a través de Títulos de Tesorería=TES=, presionando el alza de las tasas de interés para competir por el ahorro interno de los intermediarios financieros.
El mercado bursátil, por su parte, tampoco ha tenido el dinamismo previsto dentro de una economía abierta. Su concentración accionaria se ha mantenido, pues sólo dos agentes tienen una posición dominante en el mercado: los accionistas mayoritarios de las empresas y los fondos extranjeros. Ante una salida de estos últimos no existen inversionistas nacionales aue Puedan o quieran reemplazar sus posiciones, en buena parte debido a que los inversionistas locales tienden a comprar o vender acciones si dichos fondos actúan en la misma dirección.
Los fondos de pensiones son los llamados a dinamizar el mercado bursátil, pero a largo plazo. Las restricciones a la inversión en acciones todavía no les permite tener presencia importante en las bolsas. Además, con las altas tasas de interés que se ofrecen en el mercado, resulta especialmente atractivo para éstos conformar portafolios de renta fija, con lo cual estarían asegurando pensiones adecuadas para sus afiliados.
Así las cosas el panorama para invertir en acciones no es el mejor. Sin embargo no es una opción que pueda descartarse de plano, pues no hay que olvidar los balances de muchas de las compañías inscritas en bolsa son buenos, salvo al gunos sectores que presentan problemas estructurales. Estos resultados se refleja rán en los índices bur sátiles como la relación precio-ganancia, en la cual el inversio nista compra muy por debajo de los valores contables de las compañías y, en menos tiempo del normal, recupera la inversión a través de las utilidades que genera la empresa.
Un beneficio adicional para los compradores cuando bajan los precios es la mejora de la tasa de retorno por dividendo. Lo más probable es que Ios incrementos no sean importantes porque las empresas querrán capitalizar utilidades para afrontar los retos de 1996, pero un porcentaje de los dividendos que cubran la pérdida del poder adquisitivo del dinero, o gran parte de éste, es una buena retribución para quienes decidan invertir a mediano y largo plazo en las principales compañias del pais.
Aun si se corre el riesgo de invertir en acciones hay que hacerlo con criterio selectivo, pues no todos Ios titulos tienen las mismas perspectivas. Los sectores más recomendados para invertir son el financiero, el alimenticio y algunas manufacturas, como las pape leras. En menor grado resultan atractivos el sector de los cementos, que a pesar de las dificultades de la construcción se espera un repunte de la inversión en infraestructura; el comercio, que afronta una mayor competencia y, por Io tanto, una baja de los márgenes de comercialización; y los seguros, cuyo desempeño depende de las condiciones de seguridad del pais, aunque posee importantes portafolios de inversión que generan un buen flujo de caja. Las empresas textileras y las siderúrgicas pasan lamentablemente por una situación bastante dificil, dada la competencia con los productos extranjeros y por sus altos costos de operación, por lo cual tienen poco atractivo entre los inversionistas.Como las cosas cambian de forma sorprendente, quién sabe finalmente cuál sea el destino este año en materia de acciones. Puede ser que en 1996 venga el desquite. Asi que este seria un buen momento para invertir en renta variable por los excelentes precios de los titulos. Claro que algunos analistas recomiendan esperar un poco, y comprar más caro pero con menor riesgo.

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