Sábado, 21 de enero de 2017

| 1988/10/10 00:00

AMOR Y AMISTAD

AMOR Y AMISTAD

EL AMOR EN EL SIGLO XX
El amor ha sido una constante a través del tiempo. Pero los tiempos cambian. Entonces, posiblemente, ese gran sentimiento que ha sido comparado con el motor que mueve montañas, también ha cambiado.

Los más drásticos aseguran que el hombre de hoy debe enfrentarse al amor en los tiempos del SIDA. Una afirmación odiosa, mezcla de parodia a uno de los últimos títulos de García Márquez, y de crítica al libertinaje sexual de las últimas décadas del siglo XX.

En todo caso, lo que inevitablemente se deduce, es que al amor hay que mirarlo ahora a través de otro cristal.

¿Qué se ha perdido? ¿El romanticismo de otras épocas, la sinceridad de los amantes o tal vez el compromiso de una relación de amor? Eso dicen los más viejos, al tiempo que añoran las fogatas a la luz de la luna, los poemas escritos en letra cursiva y las serenatas que hacían sentir a la amada como la reina del universo.

Pero la verdad es que estas costumbres no se han perdido del todo.
Hay que aceptar, sí, que se ha tratado de comercializar el amor, que los compromisos frente al altar han perdido el sello de eternidad que los caracterizaba antaño y que, de cualquier forma un aire de superficialidad pretende apoderarse del romanticismo.

No se trata, en todo caso, de unirnos a los más cegados frente al cambio, para decir que "todo tiempo pasado fue mejor". Sería, tal vez una posición pusilánime frente a los tiempos que vivimos y los que deberán vivir los descendientes de los amantes de hoy. La clave está en entender una profunda evolución que se ha presentado en todos los campos y que se debe enmarcar, como punto de origen, en las estructuras sociológicas y culturales de la sociedad.

En primer lugar, hay que mirar-con buenos ojos, preferiblemente el trascendental cambio en el papel de la mujer frente a la sociedad, frente al propio seno familiar y frente a sí misma. De una posición de total y permanente ama de casa, que la convertía, de hecho, en el centro del hogar, pero que le impedía ver más allá de su esposo y de sus hijos, la mujer decidió atender sus propias expectativas frente al mundo, participar más abiertamente en la sociedad, en las grandes decisiones y unirse al clan masculino para llevar las riendas -en muchas ocasiones-de importantes conglomerados financieros del mundo. El resultado salta a la vista.

Por ostro lado, dentro del profundo cambio de mentalidad que caracteriza al presente siglo, hay que entender la liberación de ciertas ataduras en el ámbito sexual.
El exceso de pudor y de misterio frente a estos temas fue calificado de tabú por pedagogos, pensadores y filósofos, y la palabrita mágica sirvió como excusa para instaurar un nuevo orden en tal formación de infantes y adolescentes. La educación sexual se fue convirtiendo en materia de estudio en los colegios, y las nuevas generaciones aprendieron a mirar estos aspectos con naturalidad.
El psicólogo Emilio Fischer asegura que estos dos factores podrían considerarse como el punto de partida para entender el cambio del amor, sin olvidar otros de vital importancia, como por ejemplo la actual problemática económica. "Hay quienes miran con malos ojos estos elementos propiciadores de la transformación en el amor, puntualiza Fischer, pero lo cierto es que se han dado, existen, y lo importante es saberlos abordar. Además, considero que, no sólo eran carUbios que se veían venir desde tiempo atrás, sino que además me parecen cambios benéficos para las nuevas generaciones. Tomando el primero de ellos, se ha comprobado que la mujer, al lograr una realización mas protunda de sus ambiciones, se ubica en una posición ventajosa para establecer una relacion. Hablando en términos más accesibles, la diferencia está en que antes las mujeres sólo tenían un frente en su vida y por lo tanto no podian tener unos derroteros del mismo calibre que los hombres para abordar una relación.
Ahora, en cambio, hombres y mujeres pueden establecer todos los roles que se derivan del amor en las mismas condiciones, y esto, obviamente, enriquece las posibilidades de crecimiento y desarrollo de esa relación. En cuanto al segundo elemento, la liberación de los tabúes sexuales, las cosas son más sencillas de explicar: por un lado, se pierde la malicia que era casi inevitable al momento de establecer una relación. Por otro, a mayor conocimiento de un proceso y de los elementos que conforman la base de un rol, mayor capacidad para desarrollarlo ".

EL DIA DE LOS DETALLES
Toda suerte de adjetivos se han utilizado -y se seguirán utilizando para calificar el día del amor y la amistad. Para algunos resulta "cursi", para otros no es más que un invento de los comerciantes y no faltan quienes lo ubican como una jornada de extrema melosería. Claro está que por el otro lado también se escuchan comentarios que van hasta el punto de considerarlo como el mejor día del año.

Posiblemente no sea ni lo uno ni lo otro, pero lo cierto es que cada quien es libre de convertirlo en una ocasión amena o insignificante.

De cualquier manera lo que no se puede negar es que el día del amor y la amistad es una ocasión (o una excusa) para olvidar el clima de guerra, de inseguridad, de estrés y de desamor que parecería querer apoderarse cada vez con mayor fuerza del mundo moderno.

Los más identificados con esta celebración aseguran que la verdadera razón por la que mucha gente pasa con indiferencia ante el día del amor y la amistad es por pura prevención. Se sabe de muchas personas -insisten ellos que han pensado mas de dos veces si deben comprarle una rosa a la novia, a la amiga o a la mama para endulzarle ese día, y han dejado de hacerlo porque, sencillamente, les da pena; porque se han creido el cuento de que esa fecha es para sardinos melosos que andan en busca de novia.

Y, realmente, no parece mala la idea de dejar atrás las prevenciones.
¿Por qué no aprovecha? la oportunidad para alimentar ese carácter detallista que se está perdiendo? Que cada cual se responda la pregunta.

Puede ser la ocasión ideal para acordarse de un amigo que vive lejos.
De un pariente con el que hace rato no se habla. De esa persona que últimamente anda triste, a la cual se le puede llevar un toquecito mágico de félicidad.
Puede ser la ocasión para revivir las viejas épocas del matrimonio, cuando todavía las cosas eran como una eterna luna de miel.

En definitiva, puede ser la ocasión para volverse un poco más detallista. No hace falta que el regalo sea un carro deportivo último modelo, ni los mismos jardines colgantes de Babilonia. Pero, ¿qué tal una bicicleta en miniatura para adornar su escritorio o, sencillamente, la flor de su predilección? Lo importante es que el detalle, cualquiera que sea, lleve la más amplia connotación de cariño.
Por eso muchos prefieren regalar un simple "te quiero". Es cuestión de gustos.--

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