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| 10/8/1990 12:00:00 AM

AMOR Y AMISTAD

SE OYE UN RUMOR LEJANO
La escena ha sido típica desde antaño. La quietud de una noche estrellada, el sonido casi imperceptible de la última afinada, una ventana que espera ser vencida con acordes y la seguridad de que ella está dormida.
Entonces el silencio se estremece. Las cuerdas comienzan nerviosas a vibrar al mezclarse con las voces, mientras el novio aguarda impaciente a que la luz se encienda: ha llegado la serenata.
Quizás ha sido la forma más romántica de declarar un amor, de reafirmarlo, de intentar recuperarlo o de ahogarlo en una esperanza muerta. Lo cierto es que la serenata se ha identificado desde siempre con los sentimientos más profundos de un enamorado. Y así lo confirma. Con la emoción que despierta una melodía al romper el hielo nocturno. Con las lágrimas que ha de enjugar la novia al asomarse a la ventana. Con esa sensación indescriptible que experimenta el humilde serenatero al expresar su amor con la más poética de las canciones.

GENERACION TRAS GENERACION

Y es que la serenata no respeta generaciones. Desde un comienzo los abuelos se encargaron de transmitir esa antigua y hermosa tradición heredada del campo, cuando los músicos se armaban de tiple, guitarra y bandola para adornar de bambucos el balcón de su compañera, la que habían de elegir para que los acompañara hasta el final de sus días.
"Se oye un rumor lejano de serenata, el murmullo que llega junto a la clara luna de plata; románticas canciones de tiempos idos, que lloran amarguras de corazones y amor heridos..." De esta manera se iniciaba la ronda, y con ella comenzaba también el rito de la coquetería, de las miradas escondidas y tímidas y de la declaración final.
Luego sus hijos aprendieron a valorar ese legado, y las serenatas continuaron vivas al ritmo de los aires autóctonos. Había una canción para cada mujer, para cada región y para cada raza. Entonces se interpretaba "Campesina santandereana" "Antioqueñita", "Raza"; las románticas y tristes "Ojos miradme" y "Collar de lágrimas", y también muchas otras instrumentales, como "Inspiración" y "La gata golosa". Así iba alimentándose ese romanticismo que ha caracterizado siempre a los colombianos y que ha logrado hacer del país una nación de poetas.
En las serenatas no podían faltar, obviamente, los boleros, esos que hicieron "morir" de amor a más de una pareja y que todavía, aunque muchos no lo crean, siguen cautivando a las jóvenes generaciones. "Sin ti", "Rayito de Luna", "Novia mía", y "Tres regalos" eran canciones que se repetían, una tras otra, al filo de la medianoche. No importaba si no había un motivo en particular. Cualquier día era el mejor para brindar una serenata porque los sentimientos no daban espera. Era tal el romanticismo expresado a través de ellas, que en más de una ocasión los enamorados tuvieron que competir con su rival la misma noche. "No era raro encontrar dos tríos al frente de la misma ventana compitiendo por los halagos de la homenajeada", comentó a SEMANA un antiguo serenatero. "Por supuesto, las disputas no se definían agolpes, sino a canto limpió".

ROMANTICISMO PURO

No era una simple casualidad el hecho de que las declaraciones amorosas, las disculpas y las esperanzas se expresaran por medio de una serenata. Se trataba, simplemente, de decir todo aquello que nunca se hubiera dicho de otra manera. Y así resultaba más sentimental, íntimo. Y por eso no sólo las serenatas se utilizaban para manifestar un amor oculto. También muchas de ellas se llevaban a cabo en aras de conseguir un consuelo o un perdón.
Entonces no era extraño que la ronda de canciones se iniciara musitando "perdón, vida de mi vida, perdón, sies que te he faltado" , para luego continuar con "yo quisiera saber qué yo te he hecho, yo quisiera saber por qué razón huyes de mí...".
De la misma forma, las serenatas se constituían en el mejor medio para llegar a expresar los sentimientos por un amor imposible. Se cantaban canciones como "Bajo un palmar", en las cuales se ocultaba la esperanza de poder ganar el cariño de la mujer por la que se perdía el sueño. Pero también las serenatas servían para reafirmar el amor. Y por eso sigue siendo típica la tradición de llevarle melodías a la novia la noche anterior a la boda.
"Novia mía", "Cuando estemos viejos", "Tú eres mi destino", y "Los dos", se contaban (y siguen contándose) entre las canciones predilectas para la ocasión. Porque, sin duda, la serenata es uno de los mejores regalos que un enamorado le puede hacer a su novia.

HOY Y SIEMPRE

Incluso, las generaciones jóvenes siguen manteniendo viva la tradición. Al contrario de lo que puedan pensar los padres y los abuelos, la nueva generación también siente ese deseo inconfundible de llevar canciones a la ventana de su compañera, a veces con melodías nuevas, con baladas contemporáneas, pero en muchos casos con los boleros que enloquecieron de amor a sus padres. Al fin y al cabo, el sentimiento sigue siendo el mismo.
Aunque parezca increíble, al lado del repertorio moderno en el que se incluyen composiciones de Alejandro Lerner, Ricardo Montaner, el mismo Silvio Rodríguez y Santiago Feliú, se incluyen canciones de antaño, esos boleros con que los abuelos conquistaron a las abuelas, y los padres a las madres.
Los jóvenes de hoy, por ejemplo, han conservado intactas las canciones de Armando Manzanero, y en muchas de sus serenatas introducen melodías como "Contigo aprendi" y "Parece que fue ayer", mezcladas con las últimas composiciones de los cantantes contemporáneos.
Lo importante es que la tradición más romántica aún se mantiene. Y pasa de generación en generación sin estropearse, sin perder el brillo de sus primeros días. Porque cuando se trata de manifestar un amor sincero, no hay apelativo que envuelva totalmente la sensación que despierta el sonido de unas cuerdas golpeando una ventana. Y porque hasta ahora no se conoce un método mejor para invitar a una mujer a consumar un romance.
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