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| 12/3/2005 12:00:00 AM

Ana Mercedes Hoyos

En su obra ha resaltado la realidad cultural, no sólo del país, sino de varios rincones de América Latina.

La ventana es una constante significativa a lo largo de la obra de Ana Mercedes Hoyos. El cuadro como objeto ya es, por sí mismo, una ventana implantada sobre el muro contra el cual se apoya. Pero no se trata de esta ventana, sino que la obra de Hoyos hace referencia a otra, incluida en aquella, pintada sobre el lienzo. Ventana dentro de otra ventana. Sus ventanas comienzan siendo (casi) identificables con el objeto pintado, protegen un espacio interior, un cubo, de un espacio 'exterior' en suspenso, lumínicamente agresivo, en el que emergen montañas, nubes, cielo. Cielos azules. Hacia 1975 el espacio 'exterior' se torna más abstracto en la pintura de Hoyos, desapareciendo como paisaje. ¿Sucesión de cuadrados concéntricos? A diferencia de los cuadrados de Albers, no llegan a ser autorreferentes: conservan un cierto apego a lo real, una cierta fijación en el objeto; siguen siendo ventanas, de luz y sombra, ancladas en la poética renacentista, pero ventanas que no conducen la mirada a ninguna parte, más bien la ocluyen. Luego, Ana Mercedes Hoyos habrá de violentar sus marcos, saltará fuera del cubo, se liberará de la coerción de la ventana para sumergirse en el 'espacio' (exterior), para toparse con la luz: habrá de pintar la serie de las Atmósferas, puro ejercicio de pintura de color, ésta sí autorreferente. El marco de la ventana interior que permitía la referencia desaparece y se traslada al bastidor, pero en algunas otras sobrevive como un breve dintel representado por una línea. Las 'atmósferas' darían para hacer impresionismo, pero no, pues Hoyos está más cerca del minimal art y de Sol Lewit en particular. Hacia 1977 llega a la síntesis. Resabios de ventanas, fragmentos de muros que contienen ventanas, resurgen en las últimas de sus 'atmósferas'. Y es entonces cuando aborda la escultura. Acude al hormigón (material de uso arquitectónico, familiar al armazón tectónico de las ventanas) y arma unos cubos abiertos en dos caras opuestas que, vistos de frente, se podrían describir como ventanas con pedestal. La exaltación de la ventana. Sobrepasando las Atmósferas vuelve a la tierra en busca de los objetos y las figuras perdidas. Comienza a pintar frutos nativos y retratos de negras y negros de San Basilio de Palenque, vistos a través de otra ventana, una ventana tropical. De la iconoclasia a la iconofilia. En breve, las raíces de la estética de Ana Mercedes Hoyos se pueden filiar en el Romanticismo y el Impresionismo. De aquél sobreviven, durante algún tiempo, el cubo claroscurista, tradicional, racionalista. De éste, toma la actitud de sustituir el taller de artista por el aire libre, donde descubre la 'atmósfera', esa corporización plástica del aire, que todo lo envuelve. Hasta que en estas últimas dos décadas, se desprende de lo atmosférico que, desde Leonardo da Vinci hasta el Impresionismo, velaba, filtraba, difuminaba la definición, la nitidez de los objetos. Vuelve a la tierra en busca de los objetos y las figuras perdidas. *Crítico de arte latinoamericano

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