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| 2/28/1983 12:00:00 AM

ANTIOQUIA EMPRENDE EL RETORNO

Antioquia, enclavada en el centro de la zona cafetera occidental del país, es hoy sobre todo el núcleo de un complejo industrial y fabril que abastace el mercado nacional y buena parte de las exportaciones.

EL TESON DE SU GENTE
"Antioquia en la cumbre del poder" es la conclusión del repaso del origen regioinal de muchos de los más importante, cargos de decisión política del país. Así también lo entienden los antioqueños, para los que la importancia política que ha adquirido la región constituye un baño de fé y optimismo imprescindible para encarar los graves problemas regionales. Esta presencia paisa en la administración pública no se limita solamente a las personalidades que ocupan cargos de decisión, sino que implica todo un estilo de trabajo: desde la asunción de Belisario Betancur dos cualidades asociadas desde siempre a los antioqueños y, más en general a todos los paisas, se estan convirtiendo en un símbolo de toda la administración: el "ritmo paisa" y la austeridad y frugalidad. Consejos de ministros a las 7 a.m., largas jornadas de trabajo, imagen austera y ordenada se han constituído en rasgos de un gobierno que trata de capitalizar, en su imagen publica, el respeto del país hacia Antioquia.
Esta ofensiva regional, que pareciera estar destinada a hacer justicia con quienes tanto han tenido que ver con el desarrollo y el avance, en todos los campos, del país, ocurre, contradictoriamente, en malos momentos para Antioquia. Sucede que los pioneros de la minería y aún antes del comercio internacional, los precursores de la industrialización, los introductores de modernas maquinarias y tecnologías, los de la bonanza cafetera, han pasado a ocupar las primeras planas de los periódicos por la crisis que los envuelve, por la desocupación el cierre de fábricas, los escándalos financieros, la violencia, la mafia y los asesinatos.

"COMO UN DESAPARECIDO SOL DE ANTAÑO"
Así comienza un viejo soneto de León de Greiff -uno de los grandes antioqueños- que bien podría haber sido inspirado en el duro contraste que los últimos años, especialmente 1982, establecen con el progreso, el orden, el dinamismo emprendedor de siempre en los paisas. Durante años el comercio y la industria de la región trazaron los rumbos que habría de seguir, despues, todo el país. El crecimiento de Colombia fue, en gran medida, tomado de la mano de apellidos antioqueños y arrastrado por su empuje. Por eso los colombianos se sorprendieron cuando, a mediados de 1982, comenzaba a estallar la mas grave crisis financiera que el país haya conocido y ella tenía su origen en la bancarrota de un grupo antioqueño, el del Banco Nacional y Félix Correa. Se inició así un remezón que aún sacude la estructura financiera del país y que ha afectado la credibilidad de la banca colombiana en el exterior.
La industria antioqueña pasó, en un lapso de dos o tres años, de ser motor del desarrollo nacional a ser la máxima expresión de la recesión. Afectada por la competencia externa y el contrabando, con graves problemas financieros y enfrentada a altas tasas de interés, la industria cedió posiciones internacionales conquistadas con años de esfuerzos y, aún más, perdió buena parte del mercado interno ante el contrabando.
"Antioquia es su industria" dice la fórmula publicitaria, y en efecto, tal afirmación constituye la más sintética definición del eje de la economía regional. Por ello, ante su crisis y repliegue, salieron a luz todos los fenómenos que ella arrastra y se convierten en noticia cotidiana en los periódicos. La delincuencia originada por la miseria y el desempleo se adueñaron de las calles de Medellín, que pasó de ser la ciudad más apacible a ser la más insegura del país. "Capital del terror" exageraron algunos medios de comunicación, mientras otros ironizaban diciendo que ahora se escuchan más disparos que tangos. La realidad es que cuando las cifras recuerdan que la industria textil trabajó durante 1982 a un promedio de utilización de su capacidad productiva instalada inferior al 60%, cuando los índices de desocupación se constituyen en los más altos del país, oscilando entre un 14 y un 16%, entonces las cifras de criminalidad adquieren una explicación contundente.
Sin embargo no es ésa la única fuente de violencia. La mafia ha asentado sus reales en la ciudad, la que es testigo de sus frecuentes ajustes de cuentas y venganzas, tanto como de su desproporcionada prosperidad, que hiere la tradición de trabajo y honradez de los antioqueños.
Pero todos esos graves problemas no serían, en sí mismos, un obstáculo insalvable para los paisas. Al menos así lo entienden ellos. "Lo realmente grave es que llegó un momento en que hubo una tremenda crisis de confianza", dice Alberto Gómez Ramírez, gerente general de CONAVI. Y, aunque parezca abstracto, la desmoralización se transformaba en el principal problema para un pueblo acostumbrado a lidiar con todas las dificultades conocidas, pero con un alto estado de ánimo. Esa falta de confianza, esa crisis de un valor moral de excepcional importancia para los paisas, completaba un cuadro desolador. En medio de ese panorama, la elección de Belisario Betancur tuvo la virtud de unir a los paisas, liberales o conservadores. "Fue una inyección de fé en el momento más oportuno", lo califica Gabriel Uribe Maya (Vicuña). Aunque Betancur haya dejado atrás hace muchos años sus montañas antioqueñas para establecerse en Bogotá, se ha constituído ante los ojos de sus coterráneos en un ejemplo de tenacidad de la cual nutrirse para superar los escollos. Los paisas sostienen que ellos no esperan un tratamiento especialmente preferencial, o concesiones, por parte del gobierno. De lo que se trata, dicen, es de establecer un diálogo encaminado a hallar soluciones a los problemas, facilitado por una comprensión común de ellos.
Sin embargo, esa inyección de fé y optimismo no tuvo consecuencias inmediatas. Por el contrario, para completar el panorama negativo de 1982, el Departamento se vio sumido en una gravísima crisis política que postergaría las urgentes medidas de reactivación. El gobernador Villegas Moreno se vio envuelto en los forcejeos entre los caudillos políticos y en las peleas de cuotas burocráticas, defraudando las expectativas que había creado con su anterior gestion y viéndose avocado a renunciar.

LAS RAZONES DE LA CRISIS
Los antioqueños son unánimes en rechazar el tratamiento que en muchas ocasiones le ha dado la prensa nacional a sus problemas. Pero, dicen, ello no debe entenderse como un intento regionalista de negar las dificultades. Un rasgo común de todas las personalidades destacadas del ámbito empresarial, político o sindical, es la crudeza con que desmenuzan los problemas y el optimismo con que los afrontan. Una opinión que es compartida por toda la industria local individualiza las cuatro fuentes que alimentan la crisis antioqueña. El primer lugar lo ocupa el contrabando, que en algunos casos llega a satisfacer el 50 por ciento de la demanda interna y que ha llegado a alcanzar dimensiones sorprendentes, tanto en amplitud como en impunidad: entre 6 y 10 barcos cargados de contrabando se acercan, diariamente, a los puertos ilegales colombianos. En segundo término, la apertura del país a importaciones que compiten deslealmente con la producción nacional fue facilitada en los últimos años, sin reparar en las innumerables denuncias de dumping de que eran objeto muchas de ellas. Juntos, contrabando e importaciones irrestrictas, explican que la industria nacional perdiese una buena parte del mercado interno. Si a ello se le agrega la recesión del conjunto de la economía y el alto costo del dinero se redondea el resumen de las quejas del empresariado antioqueño.
Desde el punto de vista del pequeño empresario las cosas son aún más dificiles. Con escasas posibilidades de acceder al crédito, muchos de ellos han engrosado las listas de quiebras y concordatos o, más discretamente, han cerrado las puertas de sus negocios. Juan J. Betancur, (Hang-Ten), añade otros factores de crisis, menos tradicionales pero también de peso, en todo lo relacionado con los inmensos capitales originados en el narcotráfico y afincados en Medellín. Para ellos, la danza de millones que protagonizan día a día la mafia es un elemento desestabilizador de la economía regional, que ha contribuído a sobrevalorar algunos activos, como la tierra, y que concentró una enorme masa de dinero en la especulación. Por otra parte, difundió la idea del "dinero fácil", de fortunas acuñadas de un día para otro, tan contradictoria con ese espíritu tan meticulosamente laborioso de los antioqueños, que se refleja en el refrán "cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos". A su vez, esto implicó un nuevo tipo de violencia, la que protagonizan bandas rivales de mafiosos, sus disputas y venganzas, saldadas en las calles de la ciudad.

"LOS DOS GRAVES ERRORES"
Para Santiago Londoño (Posada Restrepo y Cia.), sin embargo, los anteriores problemas explican la crisis sólo si se relacionan con dos graves errores de los paisas y que desde años atrás ya habían rezagado a Antioquia. "La industria y, más en general, todas las grandes empresas se constituyeron sobre la base del espíritu emprendedor y de la confianza que nombres como el de Don José Gutiérrez Gómez o el de Santiago Olarte o Ricardo Angel, por citar sólo a algunos de ellos inspiraban. Las sociedades captaban el esfuerzo de los pequeños ahorristas, que se hacían accionistas y, de alguna manera, se asociaban al esfuerzo emprendedor. Y así crecimos. Pero llegó un momento en que los requerimientos financieros de la industria, de una industria que ya tenía proyección internacional, excedían los límites del pequeño ahorrista y del ahorro local.
Llegó un mómento en que no había recursos para atender esas necesidades en condiciones aceptables para su evolución y que aseguraba lo que era nuestro orgullo: el caracter antioqueño de nuestras industrias. Cuando descubrimos eso, ya era tarde.
Teníamos las más poderosas industrias del país, pero no teníamos los recursos financieros para asistirlas. Entoces fue cuando las consecuencias de una intermediación financiera onerosa que terminó apoderandoose de parte de ella".
El segundo error fue, según Londoño, que las más ilustres y emprendedoras personalidades antioqueñas circuncribieron su accionar al campo empresarial regional. "Nadie puede dudar de que Antioquia proyectó, hacia el país, una pujanza sin igual, en el terreno de la iniciativa privada. Pero en el ambito de la política nacional, eso no se correspondía. Pareciera como si para nosotros hubiera sido más importante el Banco Comercial Antioqueño que el Ministerio de Hacienda."
Es en este contexto, entonces, que cuando la situación económica mundial y nacional comienzan a ser desfavorables, la de antioquia comienza a ser particularmente grave. Y sólo a partir de comprender esos dos errores, se puede evaluar su magnitud, para no magnificar problemas que, en última instancia, no serían los centrales. "El caso Correa hay que verlo en relación a esto. Ni el grupo Correa ni el Grupo Oro hacía parte ni económica ni socialmente del tradicional empresariado antioqueño, ni de su forma de trabajo. Era un nuevo tipo de empresario que movía fortunas también muy nuevas. Su crisis sólo nos afectó como nos afectó, porque se dio en ese contexto general difícil".
En el mismo sentido, algunos antioqueños señalan que esos problemas constituyen la parte negativa de un regionalismo que, en algunos aspectos llega a ser provinciano por contradictorio que ello parezca con la gravitación nacional que han tenido los paisas. Como una prueba de ello, apuntan, la brecha abierta hace algunos años, entre el tradicional empresariado antioqueño y los grandes grupos financieros no antioqueños (Grancolombiano, Santodomingo, etc.) está aún lejos de haberse cerrado totalmente. Sea o no así, lo cierto es que los antioqueños se han abocado al análisis de su crisis regional y a sus soluciones, con el mismo ahínco con que transformaron las montañas en centro de un modelo de desarrollo nacional .

LO QUE IMPLICA SER ANTIOQUEÑO
La historia moderna de Colombia ha sido tan influenciada por los antioqueños, que ellos se han transformado en un tema de estudio, como grupo regional y social. La estructura de su personalidad y de sus valores éticos ocupa un lugar destacado en varias explicaciones sobre las causas que transformaron a la provincia atrasada del siglo XVIII en líder industrial menos de doscientos años después. Otros, en cambio, prefieren subrayar el hecho de que, desde muy temprano en la historia nacional, producían la mayor parte del oro colombiano, lo que les abría la puerta del comercio internacional. Y sería al calor de ese intercambio comercial como se iría desarrollando una capacidad empresarial, una cultura y unos valores éticos propios y aventajados del resto del país.
Así, poco a poco, la tierra de los indios aburraes descubierta en 1541 por Jerónimo Luis Tejelo se iría transformando en la segunda ciudad del país. Del original intercambio comercial a la economía minera, de ella al café y de allí a la industrialización, así resumen, dos siglos de historia nacional ésa transformación. En la Medellín de 1870 la "industria" se reducía a varios talleres, que en el mejor de los casos podían ser descritos como pequeñas fábricas, que elaboraban jabón y velas de sebo para el consumo local. Pero, apenas unos años después, ya se iniciaba la industria férrica y la textil. Pioneros como Indalecio Uribe, Eugenio Uribe, Gabriel Echeverri o Juan Santamaría combinaban el papel de propietarios, inventores de nuevas técnicas de producción y comercializadores de sus productos.
Sin embargo, el verdadero salto a la industrialización en Medellín, comienza en los últimos años del siglo pasado y los primeros de éste. En 1904 se funda la primera fábrica de gaseosas, Posada-Tobón, la que sería, también, una de las primeras sociedades anónimas del país. Doce años después con 14 obreros 3 empleados y $ 10.000 de capital, hace su aparición Noel.
Apoyadas en el proteccionismo de esos primeros años del siglo y alentadas por el desabastecimiento que la Gran Guerra iba a significar, la industria antioqueña afianzó sus pasos. Así es como la aldea provinciana de hace cien años pasó a constituir un polo del desarrollo nacional (ver recuadro).

"ANTIOQUEÑO NO SE VARA"
Como respondiendo a esa consigna, el ánimo general de los antioqueños centra sus esperanzas en este año que se inicia. Contrastando con las estadísticas y con los comentarios que ellos mismos hacen sobre el año que terminó, los paisas son unánimemente optimistas. Un optimismo que tiene base en números, en planes, en proyectos, en el caso de los hombres de negocios, y que es sólo esperanza de que las cosas mejoren, en la gente que hace colas en las puertas de las fábricas que anuncian necesidad de operarios o que, simplemente, recorren las zonas industriales en busca de un trabajo. En todo caso, hay una convicción común en todos ellos y que refuerza ese optimismo: "Antioquia está gobernando el país".
Desde el punto de vista de los empresarios eso significa la posibilidad de mayor comprensión a los problemas regionales. En la urgencia de la miseria de los 160.000 desocupados, o de los sin techo, la razón para creer es más concreta: un antioqueño, hijo de una numerosa y pobrísima familia campesina, como muchísimos de ellos, es el presidente y sabe de sus penurias.
Pero, para unos y otros, la solución de la crisis política departamental, la puesta en marcha de un ambicioso plan de obras públicas, el efecto regional de algunas medidas del Gobierno Nacional pueden constituir el principio de la recuperación.
Para la industria, las medidas del gobierno restringiendo severamente las importaciones son un motivo de optimismo, ya que abre las puertas a recuperar el mercado interno para la industria nacional, y más aún cuando la decisión de impulsar la construcción es una expectativa de reactivación de la alicaída demanda. La reciente refinanciación de las deudas de gran parte de las industrias textiles abre el campo a planes de inversiones para mejorar la productividad industrial, incorporando tecnología, sin los sobresaltos del año anterior.
Tal vez el punto que concentra la atención y justifica el entusiasmo de los paisas con más claridad que cualquier otro, son los planes de obras públicas. Entre ellos el más destacado es la construcción del tren metropolitano, que requerirá una inversión de 450 millones de dólares y dará trabajo en forma directa a 4.000 antioqueños y a alrededor de 20.000 en forma indirecta, incluyendo las obras conexas. El proyecto, que prevé que la obra estará terminada en cuatro años y se autofinanciará en nueve, está ya en vías de ser licitada y tendrá un recorrido de 29 kilómetros sobre los cuales se desplazarán 700.000 pasajeros diariamente. Pero si el Metro, por su carácter pionero y por su envergadura, ha acaparado la atención, hay otras obras, en marcha o en proyecto, que también tendrán una incidencia considerable en la economía regional.
La terminación y habilitación de la autopista Bogotá-Medellín, el aeropuerto de Río Negro y su carretera de acceso, el proyecto de carretera al mar, que espera ser realizado antes de 1986, complementan los puntos más destacados de un gran programa de inversiones públicas que se han visto demoradas por la reciente crisis política. Por otra parte, el Gobierno Nacional ha aprobado un empréstito del orden de los 90 millones de dólares para ser destinado a la construcción de carreteras, acueductos, alcantarillados y electrificación urbana y rural. La importancia de este plan de obras públicas, el más grande en la historia antioqueña, radica no sólo en los efectos reactivadores que tiene para la economía departamental, sino en que pueda contribuír a crear polos de desarrollo en el interior del Departamento que, en alguna medida, alienten al campesino a retornar a sus tierras abandonadas para engrosar las filas de desocupados y destechados que se hacinan en los suburbios de Medellín.
Los antioqueños empiezan 1983 estrenando ese plan y estrenando además gobernador y alcalde. Tienen una gran expectativa en las medidas de reactivación económica que está tomando el gobierno, y confianza en que a partir del mejoramiento de la situación económica se den, también, los primeros pasos para liquidar la inseguridad y para que Medellín retome el sitio privilegiado que ha ocupado en los años anteriores.

"EL PODER ANTIOQUEÑO"
La siguiente es una lista que, aunque incompleta, da una buena idea aproximada de la influencia que han adquirido los antioqueños en la Administración Pública, en los cargos de mayor relevancia.
-Dr. Belisario Betancur. Presidente de la República
-Aníbal Muñoz Duque, Cardenal
-Bernardo Guerra Serna, presidente del Congreso
-Carlos Jiménez Gómez, procurador General de la Nación.
-Edgar Gutierrez Castro. Ministro de Hacienda
-General Bernardo Lema Henao. Comandante General del Ejército
-General Francisco Naranjo. Comandante General de la policía
-Beatriz Echeverri de Kurk, Viceministra de Obras Públicas
-Margarita Mena de Quevedo. Viceministra de Minas y Energía
-Leonor Montoya de Torres, Viceministra de Hacienda
-Ivan Duque Escobar, presidente del Banco Popular
-Gustavo Tobón Londoño, director del Incomex
-Oscar Suárez Paneso, gerente del IFI.
-Juan Camilo Restrepo, presidente Comisión de Valores
-Mariano Ospina Hernández, gerente Caja Agraria
-Alfonso Ospina Ospina, Secretario General de la Presidencia
-General Oscar Botero Restrepo, Comandante Casa Militar de Palacio
-Fernando Paneso, Director de Presupuesto Nacional
-Juan Guillermo Penagos Estrada, Director Aerocivil
-Humberto Serna Gómez, director de ICFES
-Gabriel Sony Londoño, Presidente del Tribunal Disciplinario
-Jaime Ossa Arbeláez, Vice Procurador General de la Nación
-Clara Teresa Cárdenas, Directora de Integración Popular
-Elvira Berrío de Jaramillo, Secretaria de Administración Pública
-Francisco de Paula Jaramillo. Consejero de Asuntos Laborales
-Javier Ramírez Soto, Consejero de Asuntos de Vivienda, Presidencia
-Alejandro Vélez, Secretario General Minhacienda
-Juan Manuel Ospina, Secretario General Minagricultura
-Guillermo Ríos Velilla Jefe Nacional Campaña de Alfabetización.
ACABAR CON EL CONTRABANDO
Aunque Carlos Ardila es santandereano, su nombre está estrechamente asociado a Antioquia, más precisamente a tres empresas símbolo de la región: Coltejer, Postobón y Lux.
La Compañía Colombiana de Tejidos S.A., Coltejer, fue fundada en octubre de 1907 con un capital de mil pesos. En estos últimos cuatro años esa misma empresa que inició sus labores con 10 operarios y cuyo único equipo industrial estaba representado por diez telares, ha efectuado inversiones por más de diez mil millones de pesos. Esta empresa, junto con las productoras de gaseosas son el vértice de la Organización Ardíla Lulle. SEMANA lo entrevistó, precisamente en sus oficinas del edificio Coltejer.
SEMANA.: ¿Cuál es su opinión sobre la situación económica del país y de Antioquia?
C.A.L.: Indudablemente, nuestro país atraviesa por una severa recesión económica que debe ser juzgada en el marco de la recesión de la economía intemacional. Ello no obsta para que, tanto el gobierno como los empresarios, no estén abocados a estudiar las medidas conducentes a revertir esa situación.
Ya se ha hablado mucho sobre la deprimida demanda interna y sobre el costo del dinero, como factores de esa recesión. Pero yo quiero aprovechar para destacar un aspecto igualmente preocupante de nuestra economía y que no siempre es justamente apreciado. Me refiero a la caída de las exportaciones colombianas, con todas las consecuencias que ello arrastra. Nuestras reservas internacionales están cayendo verticalmente: las cifras que nosotros manejamos muestran una pérdida de 3 millones de dólares diarios. Eso significa que, al año, estaremos perdiendo algo más de 1.000 millones de dólares.
S.:Dentro de ese panorama nacional, ¿cómo ve Ardila Lulle la situación de Medellín?
C.A.L.: Medellín es en términos relativos, la primera ciudad industrial del país. Con una población que equivale al 40 por ciento de la de Bogotá, su producción industrial representa el 70. por ciento de la que se origina en la capital. Nuestras fabricas son más grandes, en buena medida son más modernas y los salarios que paga la industria antioqueña son de los más altos a nivel nacional. Por otra parte, Medellín está en un gran momento político. Tenemos un presidente maravilloso, de gran sensibilidad y preocupación por los problemas antioqueños. El Departamento tiene hombres de la importancia del Minhacienda o del gerente del IFI, en posiciones claves del Estado.
Sin embargo, categoricamente, el Departamento atraviesa la situación más difícil que haya conocido en los últimos cincuenta años.
S.: ¿A qué razones específicas le atribuye usted esa particular gravedad de la situación local?
C.A.L.: Bueno, en realidad la economía regional sufre, básicámente de los mismos males que el conjunto del país. Pero si hay un mal, mejor dicho, un azote, que es particularmente destructivo para la industria antioqueña. Me refiero al contrabando que es un flagelo para toda la economía, que ha llevado a la ruina a buena parte de la pequeña y mediana empresa, que origina desocupación y subempleo. Yo creo que debe decirse que mientras haya contrabando no va a haber reactivación. ¡ Es que en los últimos años, ingresaban legalmente -las cifras ilegalmente entradas son imposibles de cuantificar- al país productos textiles por valor de 150 millones de dólares anuales!
S.: ¿Qué opinión le merecen las nuevas medidas económicas y tributarias del gobierno?
C.A.L.: Yo creo que las medidas que el Gobierno ha adoptado en los últimos meses abarcan un amplio espectro y es difícil analizarlas brevemente a todas ellas. Pero sí quiero destacar el esfuerzo empeñado en acabar con el contrabando, así como las restricciones a las licencias de importación. En lo que hace a las medidas tributarias tienen partes muy buenas, inspiradas en la mejor voluntad de bajar las tasas que afectaban a la población de menores ingresos, de acabar con la evasión fiscal. También es muy positivo el paso dado hacia el desmonte de la doble tributación en las sociedades anónimas.
Sin embargo, creo que contienen una parte demasiado fiscalista, cuyo debate debe retomarse, tales como las presunciones sobre las rentas o la doble tributación de las sociedades limitadas y de los socios. Y también creo que es demasiado fiscalista el criterio de evaluar la renta presuntiva por los ingresos brutos.
S.: ¿Cómo ve la Organización Ardila Lulle -Coltejer, Postobón y Lux.- las perspectivas económicas de este año?
C.A.L.: A pesar de todas las dificultades que señalé, nosotros somos optimistas vemos un buen futuro. Estamos háciendo lo posible por mejorar nuestras exportaciones, con un gran esfuerzo, dadas las condiciones muy deprimidas del mercado internacional, pero tenemos grandes expectativas en ello. Por otra parte, estamos luchando intensamente por el mercado interno, lo que equivale a decir que estamos empeñados en la batalla contra el contrabando. Y también en este punto somos optimistas. Por otra parte nos reconforta la especial preocupación con que el presidente sigue la situaclón de Antioquia. Y nuestro optimismo se concreta en las cifras de inversiones que hemos encarado y que, en el conjunto de la Organización ascienden, en los últimos cuatro años, a 20.000 millones de pesos. Esa es nuestra contribución para mejorar la situación económica del país.

MEDELLIN EN CIFRAS
(con relación a Bogotá)
-Población.
Bogotá, 4'293.914
çmedellín 1. 583.953,
Cundinamarca 1.233.677
Antioquia 3. 740.773
-Consumo anual de energía eléctrica: (miles de KWH).
Bogotá 3.850.444
Medellín 3.474.982
-Sacrificio anual de ganado vacuno:
Bogotá 348.187
Medellín 187.619
-Tasa de desempleo:
Bogotá 9.5%
Medellín 15.9%
-Abonados a Teléfonos:
Bogotá 451.747
Medellín 222.311
-Depósitos Bancarios: (miles de $)
Bogotá 38.294.514
Medellín 11.539.137
-Constitución de Sociedades (capital suscrito, en miles de $) Bogotá 3.984.783
Medellín 1.815.270
-Edificación en M2año:
Bogotá 1.359.500
Medellín 539.157
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