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| 4/13/1987 12:00:00 AM

ANTIOQUIA HOY

EL MILAGRO PAISA
·Crónica de Héctor Rincón
Mañana por la mañana o esta misma tarde, en cualquier esquina, en cualquier taxi, en cualquier restaurante de Medellín, usted se encontrará con alguien dispuesto a contarle la ultima hecatombe. Le dibujará el apocalipsis con esa nueva actitud antioqueña de inflar hasta la tragedia sangrienta un mero rumor callejero y no oirá ninguna esperanza porque esa nueva actitud incluye aniquilar la grandeza a punta de olvido. Le contarán, se lo aseguro, lo que pasó anoche en un escabroso relato de muerte y de morbo, de ahora -si- tocamos fondo. Pero no le mencionarán nada de esa realidad optimista que también forma parte de la realidad, porque tal vez es menos excitante, porque seguro no está de moda.
Muchas cosas han cambiado en Antioquia y en los antioqueños. Esa -quizá- es la más notoria porque se pasó de la costumbre de exagerar, al vicio de minimizar. Y si aquella condición sobredimensionaba la realidad hasta la mentira, esta produce una miopia terrorífica. Era así: pa' exagerado un paisa, decían, y decían bien, porque para un peatón de Junín el edificio Coltejer era más grande que el Empire State y Gardel se volvió famoso no por su voz, no por su sonrisa, no por su gomina, sino porque resolvió expresamente venir a tostarse en el aeropuerto de Medellín y gracias a ese buen gusto consiguió la inmortalidad. Se decía todo eso y se llegaba al más celebrado de los chistes en el que un extranjero le preguntaba a un paisa ¿qué es eso? señalándole la plaza de toros y el paisa haciéndose el bobo le respondía que no sabía, que esta mañana cuando pasaba por ahí esa construcción no la habían comenzado.
El milagro, pues, se ha producido. De aquella exageración risueña que actuaba como carta de presentación, se ha pasado a un casi colectivo rictus cadavérico,a un lloriqueo nostálgico que pone en cunclillas el ímpetu y el vigor de una ciudad y de un departamento, aunque Medellín y Antioquia sigan ahí de pies. Pero para verlos así de erguidos, así de imponentes, se necesita mirarlos desde afuera o sentarse, por ejemplo, en la sombra ancha de La Gorda de Botero en el Parque de Berrío, y ver pasar esa realidad total.

PASA DE TODO
Pasa de todo en Antioquia, en una ebullición y a una velocidad que, a veces, ni siquiera la propia historia alcanza a registrar. Pasan por ahí, en amaneceres multitudinarios, los rebuscadores de oficio, los empresarios de convicción, las muchachas pispas, el desempleado desesperanzado, el univer sitario pilo, el intelectual distante, el socorrido lotero, Medellín, entero, en fin, capital de un departamento donde buena parte de la historia se escribe en billetes.
Así ha sido, para empezar, la historia desde su origen. En 1861, un suizo que se llamaba Charles Saffrai, se vino a estas tierras a calmar curiosidad a desafiar paludismo y a ejercer de apóstol en sú profesión de médico. Y lo hizo durante cinco años para sacar de ellos muchas conclusiones, entre otras una contundente: hay un territorio -escribió sobre Antioquia- donde el dinero es lo único que importa.
Y se puede discutir si eso es totalmente así o es otra exageración, pero no se puede negar que en el balance y por consiguiente la producción y por consiguiente la iniciativa y por consiguiente la riqueza, han marcado por siempre la historia de este departamento que hoy sigue mostrando records incontenibles: primer productor de café, primer productor de banano (250 millones de dólares en exportación), primer productor de oro (79 por ciento del que se saca en el país), primer productor de energía (30 por ciento del total nacional), actual primer productor de petróleo (Yondó, Casabe, Nare, Puerto Triunfo), primer consumidor de algodón, primer productor de confecciones, segundo departamento ganadero y otros muchos primeros o segundos o terceros puestos que hablan solos.
Pasa todo eso en Antioquia, entre dificultades y escepticismo, muchas veces enfrentados y otras tantas vencidos como ocurrió en los últimos años de los setenta cuando todo pareció derrumbarse. Pareció o se derrumbó, quizás lo segundo porque la sociedad anónima se hizo añicos y la crisis de confianza en el sistema financiero dio la estocada para una recesión que prometía ser devastadora. Y lo fue durante muchos menos años de los que se pensaba porque en el 83 la recuperación empezó a insinuarse y muy pronto Medellín, epicentro de esa catástrofe, sacó primero la cabeza que el resto del país.
"Para ello lo fundamental fue el acto de fe en la empresa privada, caso Fabricato con el apoyo colectivo y, más fundamental todavía, esa íntima convicción que se dio entre empresarios y trabajadores para salir juntos de la crisis", opina Gilberto Echeverri Mejía, ex ministro y actual presidente de Pro-Antioquia.
Y se salió, claro, por esos actos de fe, porque el contrabando de textiles se frenó y por ahí derecho se recuperó la industria y se vio el surgimiento de las confecciones, de la moda (ver artículo en este informe especial) y también por ahí derecho el desempleo atroz tuvo su tatequieto, con los tres puntos que bajó el mes pasado, por los cuales se dejó un primer lugar incómodo: en la primera ciudad en desempleo.

EL FUTURO SI EXISTE
Pasa de todo en Antioquia. Para que esa recuperación tuviera lugar, para evitar llegar al fondo del abismo por el despeñadero a que la lanzó la crisis del final de los 70, no sólo se dio la concertación del binomio obrero-patronal, sino que surgieron muchas formas para no dejarse morir de hambre. Se aumentó, cierto, el rebusque, que es eso que llaman economía informal, que es esa tarea incómoda, ingrata, injusta, incierta, de levantarse todos los días muy temprano a arreglárselas para seguir con vida, pero se dieron también ejemplos de organización en medio del naufragio. Allí nacieron las microempresas y las fami-empresas, que son hoy un elocuente canto a la supervivencia y al progreso.
Quedó en claro, entonces, que el presente sí existía a pesar del alud de apremios y de los signos de cataclismo. Pero también existe el futuro y no es por nada ni por nada, sino por una realidad comprobable, que si en Colombia alguien está mirando más allá de la punta de la nariz, más allá del próximo balance, de la próxima consignación, son los antioqueños que piensan que esto no se ha acabado, que todavía queda mucha vida por delante y que hay que seguir abriendo camino, como lo hicieron con la minerla, con la colonización de inmensas zonas vecinas, todo eso a través de la arriería extensa con la que se sorteó la condición (buena o mala, usted decide) de quedar en semejante hueco rodeados de montañas paralizantes.
Lo primero para otear el horizonte, como seguramente ha escrito algún poeta o muchos poetas, es pensar que el horizonte existe y esa convicción como entonces se tiene en círculos de Medellín que hoy por hoy tienen entre manos, en portafolios, en computadores, en papel y lápiz, en blanco y negro, una variedad de proyectos de desarrollo que el país no conoce, lo cual es normal, pero que los mismos paisas ignoran, lo cual también es normal porque parecen ocupados en reproducir con el condimento de sangre el ultimo y simple rumor callejero.
Con energía eléctrica de sobra para esos planes que hoy están en estudios de factibilidad hay en estos instantes en Medellín perspectivas de desarrollar dos industrias madereras nuevas y dos del sector metalmecánico; cuatro proyectos de diez millones de dólares cada uno. Sin precio, pero en estudio, hay programas para desarrollar nuevas industrias en los sectores de la química, la agroindustria, alimentos, empaques, plásticos, ensamblaje de equipos, turismo y servicios.
Son proyectos, es cierto, que están en examen y sujetos a los resultados que dé su factibilidad, pero demuestran que se piensa y que se cree en el porvenir, con una responsabilidad social asumida en silencio, sin levantar expectativas, sin inauguraciones previas y sin cocteles de presentación, como corresponde a una clase dirigente nueva que no se sale de su llnea de austeridad y sin claudicar a la tentación de la figuración personal. Sin embargo, quizá violando pactos tácitos de sobriedad, hay que decir el nombre propio de esa empresa del porvenir: un grupo de industrias antioqueñas, frente a las cuales se encuentra Suramericana de Seguros, decidió hace meses metérsela toda a mirar ese futuro y creó una fundación y a esa fundación le dieron recursos económicos y frente a ella (para pensar en proyectos, para hacer estudios, para que no produzca un peso de utilidad) se colocó a Juan Felipe Gaviria, ex-alcalde de Medellín y uno de los empresarios con más prestigio en Antioquia.
Con esa base filosófica y esa conciencia geográfica de que el mundo no se acaba en Santa Helena, por el oriente, ni en San Pedro, por el occidente, se trabaja en la Antioquia de hoy mirando la del mañana, sin paternalismos como subsidiar empleos innecesarios, pero con el compromiso consciente de aprovechar para beneficio colectivo los cien mil millones de pesos que existen hoy en ahorro institucional de las empresas.

UNA INDUSTRIA DE VIDA
Pasa de todo en Antioquia. Pasan cifras, pasan balances, pasan utilidades y empleos, llegan ideas y estudios y pasa también una vida científica de la que, otra vez, ni siquiera muchos paisas tienen ni idea, ocupados más en el comentario del ametrallado de anoche o del hospital de guerra en que se ha convertido al Hospital San Vicente.
Pero la ciencia es una industria de vida en Antioquia. Se sabe -porque se ha publicado a pesar de ser una buena noticia- que fue allí donde se hizo el primer trasplante de corazón en América Latina, cuyo paciente sobrevive tanto que va al estadio de fútbol y el corazón le aguanta para sufrir como sufren los hinchas del Medellín. Y en trasplantes de riñón también ostentan esa marca, al lado de la de implantes de manos.
No es gratuito ese espíritu científico, porque la curiosidad es la base de la investigación y curiosidad nunca le ha faltado a los paisas, a pesar de todo lo que se demoraron para hacer conciencia de que tenían mar, más kilómetros de mar que todos los departamentos llamados costeños, con excepción de la Guajira. Pero que haya proezas médicas como aquellas en un país de todas maneras subdesarrollado, es producto de que se piensa en la vida y tiene su origen en esos 14 centros de educación superior que están establecidos y funcionando en el Valle de Aburrá. De ellos salen investigaciones y tesis que se incorporan a la comunidad porque el maridaje universidad-sociedad es ahora total en Medellín. Y es un maridaje que rompe la élite -téngase bien en cuenta- en una relación de ascenso social porque de las universidades públicas (de Antioquia, Nacional) han salido muy buena parte de quienes manejan hoy al departamento y a la ciudad en el gobierno y en la empresa privada.
Esa realidad de Medellín-ciudad universitaria, es visible en toda la ciudad donde, como dice un dirigente, "ya los jóvenes a punto de graduarse no están pensando en una recomendación que les de Guerra Serna o Jota Emilio, sino que están pensando en dónde van a trabajar y cómo van a crear progreso". Pero, además, ese es el público para una abundante programación cultural que hace de la ciudad un centro en ebullición (ver artículo). Un dato bastaría para describir ese fenómeno donde si la moda es la moda textil, la cultura es ya una necesidad básica: en Medellín hay cinco mil sillas de teatro. No de cine, no. De teatro, concentradas en las salas del novísimo y orgulloso Teatro Metropolitano, del auditorio de la Universidad de Medellín, del Porfirio Barba Jacob, del Camilo Torres de la Universidad de Antioquia, del Pablo Tobón Uribe y de Bellas Artes.

ANTIOQUIA TOTAL Y SOLIDARIA
Se ha dicho muchas veces, como 550 veces, que en el reclamo de descentralización, los antioqueños juegan a la hipocresía, porque no hay nada más centralista que Medellín. Era cierto. Ahora se ha hecho efectiva esa descentralización porque, ciertamente, Antioquia es de regiones: que lo digan si no la del oriente, partiendo de Rionegro con el aeropuerto, a cuyo lado quedará la zona franca y de ahí para abajo hasta el Río Magdalena todo el desarrollo que busca Cornare, con inversiones en industria maderera en perspectiva y con la efectiva de Cementos Río Claro, sobre la cual hay que detenerse tres, cinco palabras: para evitar la destrucción de los recursos ecológicos de esa región, se invirtieron varios millones de dólares en equipos anti-contaminantes.
Pero íbamos en las regiones y ya, de pasada, quedó la más reciente, la del oriente. La del suroeste, que es aquella donde se produce la mayor parte del café en Antioquia y, en consecuencia, como mayor productor del país, recibe constantes inyecciones en vías y equipos, después de también superar el caso fortuito de la roya. En el noroccidente (Urabá), a pesar de su endémica anormalidad laboral, la exportación de banano sigue de pilar en el ingreso de divisas. En la zona de Urrao, al occidente es, tal vez, en donde mayor énfasis se le está haciendo a la agroindustria con cultivos de 400 hectáreas de granadilla para la exportación. Y hay cultivos de melón en Santa Fe de Antioquia (cultivos de exportación, no se lea frutales caseros) y de mango y naranja en La Pintada y de esparragos en Jardín y en Santa Bárbara, en un avance que -no dijéramos ¡maravilla llegamos al desarrollo!-, pero que sí revela una intención descentralista y una realidad agroindustrial.
Pasa de todo en Antioquia. Dentro de ella y fuera de ella. Porque, tal vez por ese espíritu imperial de colonizadores, pero tal vez por una generosidad natural, Antioquia se ha hecho ver en grandes tragedias de otros departamentos con una ayuda tan efectiva como afectiva. La reconstrucción de Cajibío, en el Cauca, destruida a raíz del terremoto que afectó también a Popayán, corrió por cuenta de los paisas que se organizaron para socorrer a una población específica. Y, a raíz de la tragedia del Ruiz, se repitió el gesto en Chinchiná y en Lérida, con una presencia oficializada en todas las emergencias nacionales.
Todo eso como desarrollo por fuera de los límites de Antioquia. Porque la obra urbana más concreta es, claro, el Tren Metropolitano. Sometido a un diluvio de críticas y de cuestionamientos, de envidias nacionales y de zancadillas internacionales, el Metro (ver recuadro) está cambiándole la cara a Medellín, que será la primera ciudad del país donde la gente tenga la oportunidad de decir nos encontramos a la salida de la Estación Hospital o más bien nos vemos en La Alpujarra.

LA REALIDAD ES TOTAL
¿Y la mafia? Existe. Eso se sabe y se sufre y se siente. Forma parte de la realidad total y se ve, claro, en ese carro con llantas de tractor, con vidrios polarizados y con conductor bañado en colgandejos de oro que lanza paranoicas miradas de retrovisor. Se ve también, claro, en ese gusto extravagante de monumentales edificaciones y se oye en ráfagas bulliciosas o en mariachis destemplados que celebran "corones".
La mafia existe en Medellín como en Pacho, como en Cali, como en Bogotá. Como en el Guaviare, como en Nueva York. Quizas -puede ser cierto- su ostentación se note más en Medellín, pero nunca se nota más que ese batallón de trabajadores al ocupar calles y fábricas desde la madrugada y que forma ese grueso de tres millones de paisas que van pa'delante con su esfuerzo lícito, contra esos veinte, treinta, diga usted cien mil, que se dedican a negocios non sanctus.
Y, como la realidad es total, es aquella de la industria y de los proyectos; de la cultura y del deporte; de la agroindustria y de la ciencia; de la energía eléctrica y del café, la que hace ese milagro paisa que en realidad son dos: a pesar de todas las contingencias, la ciudad y el departamento avanzan y miran hacia el futuro y a pesar de todos los motivos para presumir, el antioqueño casi en general cambia su exagerado orgullo por el olvido de su propia grandeza.

A TODO TREN
Después de infinidad de estudios y de enconadas polémicas, en abril de 1985 las brocas arrancaron con su estruendo para dar comienzo a las obras civiles del Tren Metropolitano de Medellín, el primero de su género que se construye en el país, con un presupuesto inicial de 600 millones de dólares, es decir, 135 mil millones de pesos. Desde entonces, el "ruido" del tren ha ido creciendo y ya las obras tienen varios frentes con grandes vallas que anuncian su magnitud y un periódico que circulará durante los próximos cuatro años, tiempo en el que se presume que el Metro se dará al servicio para solucionarle a Medellín su caótico problema de transporte. Esta publicación, sumada a la cantidad de conferencias, audiovisuales, folletos, campañas de prensa y demás programas de divulgación, pretende explicarle a la ciudadanía no sólo los pasos de la construcción, la seguridad de su operación y los beneficios que representa, sino los replanteamientos urbanísticos que habrá que hacer en las zonas por donde pasará el sistema y los cambios que experimentará la ciudad con una nueva forma de desplazamiento, cuyas facilidades desarrollarán zonas hasta ahora deprimidas. Alrededor de las estaciones se producirán cambios en los usos del suelo, lo cual ya está siendo estudiado y reglamentado por Planeación Metropolitana. Nuevos centros culturales y comerciales se proyectan actualmente, lo que reactivará el sector de la construcción en otros frentes.
Las líneas y las estaciones del Metro serán un nuevo elemento del desarrollo urbano y por ende de las actividades comerciales, industriales, residenciales y recreativas, gracias a esta gran obra de ingenieria que prácticamente toca todas las áreas técnicas.
Las primeras cajas de vehículos de las 42 que tendrá el Metro, han comenzado a construirse en Nuremberg, Alemania. Cada unidad está formada por dos vehículos tractores y uno intermedio llamado remolque. La velocidad máxima será de 80 kilómetros por hora. Cada vehículo tendrá una longitud de 23 metros por 3.20 metros de ancho, una capacidad aproximada de 400 pasajeros y cuatro puertas dobles a cada lado para garantizar la rapidez en la subida y bajada de los pasajeros. En Madrid, España, se construyen las locomotoras de maniobras, los vagones tolva y los vagones plataforma. El puesto de control central computadorizado y el sistema de señalización están fabricándose en las factorías de Siemens en Alemania. El parque de maquinaria para la ejecución de las obras ya está en la ciudad y 4 mil toneladas de riel salieron de España el pasado 20 de febrero.
Más de 400 "pilas" o patas de 1.30 metros de diámetro, a una profundidad de 12 a 17 metros, serán necesarias para sostener los 12 kilómetros elevados que tendrá el Metro. Más de 125 mil metros cúbicos de hormigón se colocarán durante la construcción del viaducto.
El Metro contribuirá en gran medida a la solución del transporte masivo de pasajeros, acortará sensiblemente el tiempo de viaje movilizará mayor número de personas que el transporte tradicional e integrará armónicamente los municipios de Bello, Medellín, Itaguí y Envigado. El sistema funcionará con energía eléctrica, recurso renovable que no contamina. El tren recorrerá dos lineas adaptadas a la geografía del Valle de Aburrá y tendrá una extensión de 32 kilómetros, con 25 estaciones a lo largo de su recorrido. Podrá transportar 900 mil pasajeros por día en 1990 y 80 mil en las llamadas "horas pico". Los trenes tendrán intervalos de cinco minutos para garantizar el transporte rápido y ágil, además de cómodo y seguro. La ejecución del Metro está a cargo de un consorcio hispano-alemán, Metromed, compuesto por tres empresas españolas y tres alemanas, con amplia experiencia en proyectos similares. También se ha acordado una amplia participación de la ingeniería e industria colombianas, cristalizadas en casi un centenar de subcontratos por una inversión superior a los diez mil millones de pesos, de los cuales ya hay ejecutados tres mil quinientos y están en negociación otros cuatro mil millones.
Al lado del pequeño ejército de profesionales y técnicos extranjeros, trabajan pará el Metro cerca de mil colombianos, cifra que aumentará a lo largo de 1987 hasta formar un 95 por ciento del personal.
Otro de los aspectos importantes, lo constituyen las obras civiles complementarias que serán de gran utilidad para el Valle de Aburrá, como la canalización y cobertura de quebradas que interfieren con el trabajo; los nuevos puentes vehiculares que ayudarán en la agilización del tránsito y las obras de todo tipo que se formaran alrededor de lo que será el eje central de la llamada "zona metropolitana", que incluye los municipios vecinos de Bello, Itaguí y Envigado. Más de ocho kilómetros de los Ferrocarriles Nacionales serán relocalizados para que ambos sistemas puedan operar independientemente por el mismo corredor vial, e igualmente ocurrirá con la relocalización y modernización de redes de servicios públicos como acueductos, alcantarillado, energía y teléfonos.
"Medellín es una ciudad linda, pero cuando la terminen", dice la gente al tropezar con la maquinaria y los obstáculos de la obra, pero estas incomodidades se olvidarán cuando sea puesta en marcha la alta tecnología de un Metro a la altura de los más modernos ferrocarriles europeos, que le cambiará la cara a Medellín.
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