Martes, 17 de enero de 2017

| 1995/12/18 00:00

ANTIOQUIA

ANTIOQUIA

DEL TRANVIA AL METRO
El metro de Medellín movilizará el 40 por ciento de la demanda de pasajeros del Valle de Aburrá.
EL 30 DE NOVIEMbre se pondrá al servicio en Medellín el primer sistema masivo de transporte tipo metro en el país. Después de un proceso de más de 10 años, la capital antioqueña y sus habitantes por fin van a disfrutar de este servicio, que por un lado solucionará el problema de transporte masivo y por el otro ayudará en el ahorro de combustible en la ciudad.
Pero, al mismo tiempo, el metro ofrecerá a la ciudadanía un completo manejo del espacio público en un área de influencia de 65 kilómetros cuadrados, con lo que se estima mejorará la calidad de vida de más o menos un millón de personas.
La recuperación del centro de la ciudad es otro de los grandes beneficios que trae la obra para los antioqueños. Este hecho ya se ha comprobado con la experiencia en otras ciudades del mundo, como en el caso de Barcelona, en donde a raíz de la construcción del metro se crearon paseos como el de las Ramblas y el de Viena, y además se adecuaron áreas para cafés al aire libre.

EL CASO DE MEDELLIN
En Medellín y alrededor de lo que va a ser el metro existe ya un proyecto que prevé convertir la carrera Bolívar -la más céntrica de la ciudad- en un boulevard, con ventas de frutas, flores, prensa y revistas, que cambiará muy seguramente la desorganizada imagen de este sector invadido por el comercio informal indiscriminado.
Además se ha considerado la adecuación de teatros al aire libre, cafés y parques infantiles. Paralelamente se está realizando una importante campaña para la formación de los usuarios del metro, buscando que los medellinenses sepan cómo utilizarlo. Al mismo tiempo se ha hablado de los beneficios y el mejoramiento en la calidad de vida, así como de los detalles del funcionamiento que ayuden a la familiarización de la comunidad con un sistema que en adelante será vena arteria del sistema de transporte de la capital de la montaña.
A partir del 30 de noviembre los colombianos, y en especial los paisas, podrán darse cuenta de si realmente valió la pena la construcción de esta gran obra que le costó a sus ciudadanos varios sacrificios, no sólo por los altos costos económicos sino también por la dura experiencia de ser el primero en el país.
Definitivamente la primiparada más grande tuvo que ver con los problemas de un sistema de contratación que ha tenido a la vez desventajas y ventajas. Y es que desde cuando el presidente Belisario Betancur se propuso adelantar la obra del tren metropolitano contra todo pronóstico de tipo económico, los costos se han ido incrementando, pasando de 836 millones de dólares a 1.824 millones de dólares, que es el monto actual. Suma que está cancelando el pueblo a través de la pignoración de las rentas de tabaco, la sobretasa a la gasolina y el cobro de valorización.
Sin embargo, además del gran costo de la obra, otra de las experiencias que quedan de este proceso es la fiscalización de los contratos. Y esto para que no se vuelva a repetir el caso de Medellín, en donde Metromed, empresa que ganó la licitación para la construcción del metro, capacitación del personal y el logro de la financiación con la banca española y alemana, se encontraba maniatada para hacer las exigencias pertinentes sobre el manejo de la obra y el cumplimiento de los términos, ya que no contó con un recurso en el campo financiero para presionar el cumplimiento del contrato firmado el 19 de julio de 1984.
Pero tal vez lo más insólito de todo fue la elección del consorcio contratista, pues la relación empresa Metro-consorcio ha sido bastante accidentada. Por una parte, era la primera vez que las seis empresas españolas y alemanas, que licitaron con el mismo nombre, trabajaban unidas en torno a un proyecto como este. Y como si fuera poco, al interior de la empresa contratista se produjeron algunas dificultades en la dinámica del trabajo como producto de las diferentes mentalidades. Las cosas han ido hasta tal punto que en Metromed existen actualmente dos gerentes. Esto ha hecho que en el diálogo entre el consorcio y la empresa contratante existieran problemas que llegaron incluso a detener la obra por tres largos años. En estos momentos ambas partes se hallan discutiendo un pliego de 18 reclamos del consorcio, que sumados ascienden a la suma de 400 millones de dólares.
Sin embargo, a pesar de todos los contratiempos, de las prórrogas y del dinero, el sueño de los paisas al fin se hace realidad. Solo queda esperar que la inversión no haya sido en vano y que, por el contrario, con la construcción de esta exigente obra se den soluciones radicales a los problemas de transporte y calidad de vida de Medellín.

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