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| 8/1/1983 12:00:00 AM

ANUNCIANDO EL AÑO 2000

El éxito en cuatro frentes de la exploración espacial parecen confirmar el futuro del hombre en el espacio.

El pasado mes de junio fue de gran actividad en el espacio. El Pioneer 10 abandonó el Sistema Solar con un mensaje destinado a posibles inteligencias que habiten otro sector de la Galaxia. Por primera vez en la historia de la humanidad, un artefacto construido en la Tierra abandonó los lejanos límites que señala la órbita de Néptuno, que en estos años es el más lejano de los planetas del Sistema Solar.
Por su parte, dos meses después del fracaso de la misión del Soyuz t-8, los soviéticos lanzaron al espacio la cápsula Soyuz t-9, que en estos momentos está acoplada a la estación orbital Salyut 7. Sin embargo, fue la segunda misión del Challenger la que se robó el show. Esta expedición casi que rutinaria se convirtió en una proeza gracias a la presencia de una mujer en la tripulación del transbordador. Mientras el Pioneer 10 abandona el sistema solar, los preparativos de Sally Ride coparon la atención de los periodistas, quienes asediaron a la primera astronauta norteamericana como si fuera una simple ama de casa que se ganara la lotería espacial. Ella no le prestó mayor atención a todo ese despliegue. Al fin y al cabo ella es una astrofísica como cualquier otro, entrenada muy seriamente para trabajar en el Challenger. La misión comercial y científica fue un éxito y solamente frustró a los miles de espectadores que esperaban en la Florida el aterrizaje de la nave, que se vio obligada a posarse en la Base Edwards de California por culpa del mal tiempo reinante en el Cabo Cañaveral.
Aunque el Pioneer 10 se resignó a enviarle sus señales a los anónimos científicos de la estación de Mountain View, su periplo cósmico ha marcado un nuevo hito en la joven historia de la cosmonáutica. Esta sonda, que partió en 1972 con destino Júpiter, fue la primera nave que logró atravesar el cinturón de asteroides situado entre las órbitas de Marte y Júpiter. Tras enviar información y fotografías del gigantesco planeta, el Pioneer 10 continuó su viaje y 11 años después sigue enviando datos de gran interés para quienes están interesados en conocer el alcance del "viento solar" más allá de los confines del sistema solar.
El pasado viernes, los técnicos de la NASA lograron por fin corregir la órbita del satélite de telecomunicaciones TDSR, dejado en el espacio en marzo por la primera misión del Challenger. Una serie de inconvenientes impidieron que el satélite quedara en su órbita correcta, lo que lo había convertido en una inservible caja de 100 millones de dólares. Tras una serie de maniobras operadas desde la tierra, el satélite pasó de una órbita elíptica a la geosincrónica que le permite girar a la velocidad de la rotación de la Tierra, lo que lo mantendrá sobre el oceano Atlántico.
Por su parte, los soviéticos, en un tiempo récord de dos meses, lanzaron al veterano cosmonauta Vladimir Liajov y al novato Alexandr Alexandrov para continuar las experiencias científicas que los rusos vienen realizando desde hace casi 10 años. Este laboratorio es el complejo orbital más grande y recientemente fue ampliado por el satélite técnico Cosmos 1443.
Liajov es el "recordman" de permanencia en el espacio. Los planes del equipo incluyen la observación de la superficie terrestre y de la atmósfera, investigaciones de tipo astrofísico y, al igual que los tripulantes del Challenger, le darán roucha importancia a las observaciones bio-médicas. Además esta experiencia servirá para mejorar los conocimientos de los métodos de control de complejos de gran tamaño.
En Occidente opinan que los soviécos están tratando de mejorar su "imagen" espacial tras los sucesivos éxitos de los transbordadores. Estas apreciaciones son un tanto ingenuas ya que la conquista del cosmos es una tarea que exige la colaboración de todas las naciones y la época de las competencias quedó superada hace muchos años, cuando los rusos y los americanos rompieron récords como la primera mujer en el espacio o el primer hombre en la Luna. Poco a poco las hazañas se han ido convirtiendo en misiones rutinarias, y estos primeros pasos, torpes y vacilantes dados como en los albores de la historia de la aviación, muestran el progreso que separa la hazaña de la primera cosmonauta Valentina Tereskova de la sonrisa despreocupada de Sally Ride. Es la distancia que separa el heroísmo de los años 60 de la rutina que ya en los ochenta está anunciando la llegada del año 2000.-
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