Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/08/03 00:00

ARMAMENTOS DEL TERCER MUNDO

ARMAMENTOS DEL TERCER MUNDO

MENOS AVERIGUA BRASIL, Y VENDE ARMAS
En 1994, las ventas alcanzarían US$10.000 millones
ANTES DE LA madrugada del 13 de enero, un convoy de 73 camiones flanqueado por rígidas columnas de policía caminera, avanzaba a lo largo de los 160 kilómetros que separan a San José dos Campos del puerto de Santos. Hasta que se terminaron de cargar los 8.000 misiles Solo-Solo Astro II, de las Industrias Aeroespaciales Avibras, a bordo del SS Falthuikair, de Qatar, con destino a Iraq y Arabia Saudí, no se permitió que nadie se acercara al puerto.
Los traficantes de armas brasileños trabajan en secreto, lejos de la atención pública. El negocio de las armas es cuestión de seguridad nacional, y se desarrolla bajo el estricto control de las autoridades militares y diplomáticas.
Brasil coloca a los tanques y a los autobuses civiles bajo el rubro de exportación "vehículos pesados", y a las ametralladora, rifles y balas bajo "armas de caza y municiones."
Los traficantes insisten que son los compradores quienes imponen el secreto. Pero ese secreto es la clave de la expansión de la industria brasileña de armamentos, la mayor exportadora del Tercer Mundo, y un importante renglón en una economía encadenada por la deuda externa de 103.000 miDones de dólares. Las armas siguen al café, mineral de hierro y cereales como la principal exportación de Brasil.
La poca evidencia disponible indica que el negocio está creciendo. El Comité de Seguridad Nacional del Senado Federal informó que en 1985, Brasil exportó armamentos por un valor de 5.000 millones de dólares, comparados con 1.500 millones en 1983. Las proyecciones del Plan Nacional de Exportación de Pertrechos Militares parten de un rendimiento de 4.000 millones de dólares en 1989, que ascendería a 10.000 millones en 1994. Hasta principios de la década del 70, Brasil ni siquiera exportaba armas.
El punto fuerte de Brasil en el tráfico de materiales bélicos, es el bajo precio de sus armas, fáciles de mantener y de usar, y accesibles a todo comprador sin la presión política ni las complejas alianzas que imponen EE.W., la URSS o Europa.
"En el mundo entero, dice José Luis Whitaker Ribeiro, fundador y principal accionista de Engesa, de San José dos Campos, la principal empresa privada fabricante de armamentos del país, hay demanda por el tipo de material empleado en la guerra convencional. Las grandes potencias ya no están activas en ese mercado. Les preocupa más otro tipo de conflictos, y sus materiales son excesivamente complejos. Ese espacio quedó para la industria armamentista de Brasil. Ese es el mercado que ocupamos".
Pero, si se juzga por la actividad de los últimos 12 meses, es posible que las ganancias sobrepasen las proyecciones.
Engesa ha negociado con Iraq para venderle 300 tanques Osorio de 35 toneladas, equipados con cañones de 105 mm o 120 mm, 300 vehículos blindados EE-9 Rattle, vehículos EE-3 Jaracara equipados con cañones antihelicópteros, y el anfibio EE-11 Urutu. Iraq ha adquirido de Avibras, otra industria privada, plataformas capaces de disparar 32 cohetes; y 23 aviones Tucano T-27 de Embraer, empresa mixta estatal y privada. Se calcula que el pedido total asciende a US$2.300 millones.
Arabia Saudí, a la vez que negociaba la compra de armamentos por un monto de 1.300 a 3.000 millones de dólares, discutía con Engesa la posibilidad de construír una fábrica de tanques en Jeddah. Según fuentes de confianza, Turquía también está en la lista de espera, y hasta el coronel Muammar el Gaddafi quiere armas brasileñas, a pesar de las negativas del ministerio de Asuntos Exteriores. Además, Chile querría tanques y aviones por un valor de 1.000 millones de dólares.
El 90 por ciento de las ventas de la industria armamentista son a países extranjeros. En Brasil, el presupuesto militar representa menos del 1 por ciento del PBN --en América Latina, solamente Méjico y Costa Rica, que no tiene ejército, gastan menos en este sector.
Los traficantes de armas brasileños gozan de una cómoda neutralidad política. Brasil no es ni un poder imperialista ni colonial, y no impone condiciones sobre las ventas. Bajo el manto de la seguridad nacional, sus operaciones son secretas. No hace preguntas. Y vende.

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