Lunes, 16 de enero de 2017

| 2000/01/17 00:00

Arriba el telón

Alvaro Restrepo hace de la danza contemporánea una liberación para los niños pobres de Cartagena.

Arriba el telón

Veinticuatro años tar-dó el cartagenero Alvaro Restrepo en darse cuenta que la danza contemporánea sintetizaba todo su amor por las artes. Se dedicó a estudiar hasta conseguir bailar en los teatros de Nueva York, donde vivió seis años. Allí acarició la fama y viajó a más de 20 países en distintos continentes. Pero en su alma empezó a crecer una obsesión: la danza en Colombia. Estaba convencido de que ésta era una estrategia para cambiar la intolerancia y la violencia del país. Así fundó el primer departamento de danza contemporánea. Luego viajó a Angers, Francia, donde está la mejor escuela de esa materia en Europa y encontró a su directora, Marie France Delieuvin. La convenció de venirse a Cartagena y fundaron juntos el ‘Colegio del Cuerpo’.

Se dedicaron a recorrer los barrios más pobres de la ciudad en busca de alumnos. Escogieron 20 niños. Tres años de trabajo más tarde, estos niños dedican la mitad de sus vidas a bailar y no pagan un peso por ello. Además lo hacen en uno de los lugares más antiguos y encantados de la ciudad amurallada: el Claustro de San Francisco. Ya se han presentado varias veces en el Teatro Heredia y en el Teatro Colón de Bogotá.

“Es impresionante la transformación de los niños. Es ahí cuando uno entiende que la realidad no se aprende en los textos. Sin embargo yo no puedo ayudarle a cualquier niño. Sólo a los que tienen talento. Y lo que hago con esos pocos niños, a través de la danza, es convertir su resentimiento en felicidad”, comenta Alvaro Restrepo.

A simple vista, en un país como Colombia enseñarles a bailar a los hijos de la miseria daría la impresión de ser casi una pérdida de tiempo. Después de todo la danza es lo que en un colegio de estrato seis se llamaría “una costura”. Pero la realidad es otra. Para niños que viven hacinados en casuchas, posiblemente maltratados y destinados a la pobreza, tener la oportunidad de convertirse en artistas profesionales es como ganarse la lotería. Pero no solamente quienes deciden convertir la danza en su profesión se benefician. Los niños también desarrollan destrezas y hábitos fundamentales para que sean ciudadanos productivos. Según Restrepo “la danza no es sólo arte. También es una fábrica para hacer mejores hombres. La coordinación entre la mente y el cuerpo les ha permitido a los niños incrementar su desempeño académico, han aumentado su capacidad de concentración y de creación. También aprendieron a trabajar en equipo, son más disciplinados y hoy se quieren y se respetan a sí mismos”.

Los padres de los integrantes del Colegio del Cuerpo reconocen la relevancia del trabajo de Restrepo. Así lo comenta Orfelina Rivero, la mamá de un alumno. “Las relaciones entre todos los padres de los niños son excelentes, somos como una gran familia. Además mi hijo ha desarrollado una facilidad de expresión increíble, es muy cariñoso y yo sé que va a salir de aquí, va a ser famoso y feliz. A mí me parecía espantoso eso de unos niños bailoteando así en trusa. Pero ya me di cuenta que aunque él quiere ser un coreógrafo, en realidad es como los otros niños del barrio, le encanta bailar vallenatos con las niñas de su edad”.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.