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| 11/30/1987 12:00:00 AM

ARTE OCCIDENTAL DA PRESTIGIO EN JAPON

Compras sensacionales afirman identidad moderna

LA OBRA Girasoles de Van Gogh por 40,34 millones de dólares; el retrato de Eugenia Mada Primavesi de Klimt por 3,8 millones, Dama rosa de De Kooning por 3,63 millones.
Estos son los precios que los japoneses están pagando para entrar al mercado artístico internacional por la puerta principal.
Históricamente, los japoneses han sido ávidos coleccionistas de arte- principalmente objetos de arte japoneses, coreanos y chinos relacionados con la ceremonia del té. Pero hasta para los japoneses, las adquisiciones recientes de las grandes obras del arte occidental han sido espectaculares.
Estas adquisiciones representan el precio de entrada al mundo del comercio artístico, y simbolizan que los japoneses han "llegado", en el sentido occidental. Como los japoneses equiparan el progreso con la sociedad occidental, la creación de un medio ambiente occidental con estas pinturas equivale a identificarse personalmente o a la empresa como entidades modernas y progresistas.
La compra de Girasoles que el 30 de marzo pasado convirtió al Van Gogh en la pintura más cara del mundo, se ha convertido en el símbolo de la ascensión de Japón tras la derrota sufrida en la Segunda Guerra Mundial. Como parte de su centenario, la empresa Yasuda Fire and Marine Insurance de Tokio, adquirió este lienzo, que el artista pintó en 1888.
La adquisición de obras de arte siempre ha sido muy discreta y sutil en Japón. Tradicionalmente, las familias de marchands de arte servían a las familias de los coleccionistas a través de generaciones. Aún hoy, en Japón no existen subastas públicas de arte.
Como corolario de tanta discreción no hay estadísticas sobre el comercio artístico, a pesar de que el ministerio de Finanzas reveló que el valor aduanero de las importaciones de objetos artísticos en 1986--en su mayoría pinturas, esculturas y grabados occidentales- ascendió a cerca de 420 millones de dólares. La cifra del primer trimestre de 1987 fue de 200 millones, y se espera que la de este año sobrepasará todas las anteriores.
Los japoneses tienen gran predilección por la escuela impresionista, en parte porque muchos pintores impresionistas estuvieron bajo la influencia de los grabados japoneses Ukiyoke del siglo XVII. Aunque los japoneses adquieren obras impresionistas como expresión de la cultura occidental, muchos se sienten más cómodos con estos vestigios de influencia nipona.
Dos de los principales rematadores occidentales, Sotheby's y Christie's, han contribuido a la apertura de los ojos japoneses, fundando sucursales en Tokio que informan sobre las futuras subastas de Londres y Nueva York. Inicialmente se las consideraba como "ovejas negras" porque interferían con la relación tradicional entre la familia y el marchand.
Los precios más altos provienen de coleccionistas dispuestos a pagar precios minoristas en las subastas. La alta cotización del yen indudablemente ha contribuido a este aspecto.
Los japoneses, además de comprar, también venden arte, asunto más discreto y sutil aún, ya que cada venta crea especulación de que el vendedor enfrenta dificultades económicas. Por lo tanto, los coleccionistas rara vez venden, aún para mejorar su propia colección.
Como no hay subastas públicas, que permiten las ventas anónimas, los coleccionistas generalmente venden al mismo agente a quien le compraron en primer lugar, con obvias desventajas económicas.
A los compradores japoneses les preocupa ser considerados como incautos que compran a precios exhorbitantes. Los japoneses se están empezando a dar cuenta de que los precios de los objetos de arte no se basan en el costo del material, como los productos industrializados, sino que están determinados por lo que el coleccionista esté dispuesto a pagar.
Si bien estas compras son una amenaza para Occidente, la compra de edificios famosos de Nueva York, Los Angeles y otros sitios, es una amenaza mucho mayor.
Finalmente, los compradores japoneses reconocen que estas obras de arte son tesoros internacionales, y que tienen la responsabilidad de preservarlos y pasarlos intactos de una generación a otra.
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