Sábado, 30 de agosto de 2014

AYUDANDO AL PUEBLO

| 1982/08/16 00:00

AYUDANDO AL PUEBLO

Sin fortuna propia pero con enorme influencia sobre sectores campesinos. Quién es Gloria Lara.

Tuvimos que regalar el paujil porque vivía obsesionado con los ojazos negros de Gloria, y la perseguía para picotearla... "dice, rememorando los viejos tiempos, doña Pepa Perdomo de Lara, madre de Gloria Lara, hoy de 44 años, y de otros siete hijos.
Los primeros años de los ocho hermanos -cinco mujeres y tres hombres- transcurrieron en Neiva, entre potreros y ganado. Don Oliverio Lara, el padre, la llevaba a ella, una chiquita de cinco años, a las duras jornadas a caballo que hacían para recorrer la finca. Aprendió mucho de ganaderia, y desde entonces le gusta trabajar a la par con los hombres emprender sus actividades.
Como todo huilense, bailó bambuco desde niña, y lo hizo también varios años después, -en las kermesses en París, junto con su hermano Leonidas, con quien formaba una pareja bien acoplada.
De chiquita y adolescente era enormemente tímida y callada características que aún conserva pese a la intensa carrera política que la llevó al Concejo de Bogotá-. Tenía un defecto de dicción: "Drómulo y Rorrita son mis parrinos", cuentan que decía al referirse a que su tío Rómulo Lara y su esposa Dorita eran sus padrinos de bautizo. Aunque todos consideraban muy gracioso este defecto, ella se empeñó en corregirlo hasta que lo logró. Pero siguió siendo tímida. Cuando fue a estudiar a Londres, aunque hablaba bien inglés, se escondía detrás de su hermana Ema para que hablara ella, que no sabía decir dos palabras. Sus hermanas y primas dicen que sigue siendo poco habladora, y que cuando lo hace, nunca es de sí misma.
Luego de terminar el bachillerato en Londres, estudió psicología en París, y regresó a Colombia cuando su familia estaba ya instalada en Bogotá. Se casó con Héctor Echeverry Correa, hoy ex-senador liberal, a quien había conocido a los once años en el Estadio de Bogotá durante un partido de fútbol. Este primer encuentro no fue por azar: se habían citado allí las dos familias, amigas desde siempre.
Tiene las mismas aficiones que su esposo. No sólo comparten la actividad política, sino también el entusiasmo por el automovilismo. Corrieron juntos muchas veces, en un Peugeot con motor adaptado, él como piloto y ella como copiloto, y en una ocasión fueron campeones nacionales. Su espíritu independiente la llevó a empezar a correr sola, y en una carrera en que compitieron en distintos vehículos le ganó a su esposo. Llegó a ser una piloto verdaderamente buena, y ganó las Seis Horas de Bogotá, una competencia interamericana.
Ya casada, estudio Ciencias políticas en la Universidad de los Andes. El matrimonio tiene tres hijos, Héctor Manuel, de 17 años, Gloria Lucía de 13, y Luz María, de 10. Las dos niñas son un retrato, en pequeños, de la madre.
La política es la mayor pasión en la vida de Gloria Lara. Empezó a trabajar en cuestiones sociales con el Partido Liberal desde 1968, primero en las Brigadas de Salud, recorriendo los barrios marginales con equipos médicos y con drogas. Más adelante contribuyó a la creación de grupos de autogestión para la construcción de vivienda popular, plan que se concretó en un programa, el TES, que ha levantado más de mil casas en barrios aledaños a Suba. Fue Concejal de Bogotá, y en 1978 fue nombrada directora de la Oficina de Integración y Desarrollo de la Comunidad, cargo que sigue ocupando, y desde el cual dirige las 32.000 Juntas de Acción Comunal que hay en el país.
Su madre, doña Pepa, dice que vive preocupada porque Gloria pasa mucho tiempo fuera de su casa, "pero ella no se puede quedar quieta. Siempre está ayudando a la gente, siempre haciendo algo por los demás. En eso salió igual a su papá. Para no dejar solos a los niños, los lleva con ella a los barrios y a las giras"
Ya no se dedica a la ganadería. La mítica Larandia, la gran hacienda de su padre en el Caquetá, quedó convertida en ocho fincas pequeñas tras la sucesión de don Oliverio. También abandonó el automovilismo, tras un accidente serio. Su tiempo lo dedica a su trabajo, sus giras por el país, y a su familia. Sólo baila bambuco de vez en cuando, porque su esposo y ella evitan las fiestas. Lo que les gusta, son las tertulias con los amigos.
Esta fue hasta hace tres semanas, la vida y la carrera de una mujer linda, inteligente y activa. El 23 de junio pasado, el sino de la familia Lara, el secuestro, cayó también sobre ella, como antes sobre su padre y su primo.

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