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| 12/3/2005 12:00:00 AM

Beatriz Fernández

Esta administradora es ejemplo de proyección empresarial internacional. Su éxito se debe, entre otras cosas, al sentido social que le ha puesto a sus proyectos.

Beatriz Fernández se define como "tierra, fuego, alegría, terquedad y obstinación". Y esto, aparte de ser característica de quienes como ella nacieron bajo el signo tauro, es lo que la hace estar al frente del éxito de uno de los restaurantes más reconocidos del país. Se trata de Crepes & Waffles, un proyecto que comenzó el 13 de abril de 1980 gracias al sueño de dos estudiantes de administración, ella y su esposo, con un local en la carrera 11 con la calle 85 de Bogotá. La idea era, en palabras de Beatriz, "asumir el reto de crear nuevas propuestas gastronómicas. Pero esto se convirtió, sin pensarlo ni planearlo, en algo más que eso". Porque, en efecto, 25 años después cuenta con sucursales en Cartagena, Cali, Medellín, Barranquilla y, por fuera del país, en Quito, Ciudad de Panamá, Caracas, Ciudad de México y Madrid. Y al frente de semejantes resultados se encuentra una mujer que tiene claro que el poder se fundamenta, además del amor y el compromiso, con valores como la alegría, "en el compromiso con unos objetivos que no solamente benefician a unos pocos, sino a todos los que hacen parte de la empresa". Precisamente una de las cosas que caracterizan a la organización es su espíritu social: la mayoría de sus 1.700 empleados son mujeres cabeza de familia que, gracias a la empresa, reciben subsidios de vivienda y medicina prepagada. Y el hecho de que una organización se base en la calidad humana se debe traducir indiscutiblemente, para ella, en calidad del producto. "Lo importante es que estos valores son asimilados por las empleadas y, así mismo, transferidos no sólo a los clientes, sino también a sus casas y familias", concluye y afirma luego que su éxito como empresaria, hija, esposa, madre y amiga se debe a que nunca, en ninguno de estos roles, se ha dejado absorber por el trabajo. Porque lo que la mueve, en lugar de una obsesión, es una pasión que la hace llevar siempre a mano un cuaderno en el que anota los pequeños detalles que observa a su alrededor y que la inspiran para hacer nuevas recetas y aromas y para escribir los mensajes, llenos de reflexiones, optimismo y compromiso con el servicio que les prestan a sus clientes, que lee a sus empleados cada mañana antes de abrir las puertas al público. El último ingrediente de su receta, y el que es sin dudas el más importante, es que así como está acostumbrada a los elogios, no tiene reparos en aceptar las críticas: ella cree que si las personas se toman el tiempo para hacerlas es porque se sienten comprometidas con la empresa y permiten así que el servicio, los productos y el ambiente sean cada día mejores. *Abogada, MBA de la Universidad de los Andes

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