Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1984/08/27 00:00

BELISARIO HABLA DE ADRIANO

A los dos años de gobierno, el Presidente de la República reflexiona sobre "Memorias de Adriano", su libro de cabecera

BELISARIO HABLA DE ADRIANO

SEMANA: Al cumplirse dos años de su gobierno, queremos salirnos un poco de lo consuetudinario y preguntarle: ¿qué le ha significado "Memorias de Adriano"? ¿Es verdad que es su libro de cabecera?
BELISARIO BETANCUR: Es una buena terapia de cumpleaños, que me hace vencer mi reluctancia a los reportajes repentistas en los cuales quienes no disfrutamos del don de la improvisación, quedamos siempre mal o con el periodista o con el lector. Verá: es muy difícil hablar de un significado concreto. Sabemos que el mundo de los libros es muy complejo frente a nuestra propia vida. Hay muchos libros que no resisten una segunda lectura; otros que redescubrimos después de muchos años; y algunos que nos hacen compañía permanente: éste ha sido mi caso con las "Memorias", simplemente porque el enriquecimiento en materia de ideas y de experiencias vitales, permite que cada lectura del texto haga aparecer nuevos significados, segun el cúmulo de dichas ideas o experiencias, fuera de las sensaciones producidas por el estilo mismo de la autora, que es elegante y bello. No es propiamente mi único libro de cabecera, porque uno siempre tiene varios, nuevos y viejos, a su lado. Sin embargo, las "Memorias" no faltan.
A.: ¿Qué aspecto de la personalidad de Adriano le llama más la atención, su alucinación o su pragmatismo, su apertura hacia lo oriental, o su lucidez greco-romana?
B.B.: Para no complicarnos mucho en definiciones, yo diría que llama la atención precisamente la lucidez con la cual pudo ser pragmático: gobernar teniendo el sentido de lo posible, de lo que podía ser más o menos controlable, en la paz o en la guerra.
S.: Quisiéramos acercarnos a su mundo interior preguntando por las resonancias que le produzcan las siguientes afirmaciones del emperador: *"No me parece esencial haber sido emperador"
B.B.: Esa es consideración de un estoico a la manera antigua. No en vano las reflexiones del emperador están dirigidas a Marco, que es al parecer nadie menos que Marco Aurelio, sucesor suyo, modelo de estoicos y autor de las "Meditaciones morales", otra obra maravillosa. La frase tiene sentido si se la complementa con otras que se encuentran en la novela y que dicen: "Busqué la libertad más que el poder, y el poder tan sólo porque en parte favorecía la libertad". Y para darle más proyección a lo esencial del cargo desde el punto de vista meramente personal, de cuidarse de la soberbia o la vanidad, también pueden agregarse estas reflexiones citadas por usted: "El poder casi absoluto entraña riesgos de adulación o de mentira... "Claro que esas consideraciones corresponden a la época del poder absoluto; cuando, aún con la existencia por ejemplo del Senado romano, la voluntad del soberano era ley insoslayable. Eso se acabó, porque en nuestro tiempo, aun donde no se advierte ni un asomo de democracia, tiene que respetarse la necesidad de un equilibrio así sea interno, porque lo mínimo que puede ocurrir es una "purga" que se lleve por delante al déspota. En fin, junto a "Adriano", hay que tener por lo menos "El otoño del patriarca" y "Yo, el Supremo", de Roa Bastos. *"Sólo algunos íntimos, algunos amigos seguros y queridos escapan a tan terrible contagio del respeto... Las tranquilas alegrías de la amistad ya no existen para mí; me veneran demasiado para amarme..."
B.B.. Continuamos en la misma época imperial, en algo que a los contemporáneos nos suena extraño cuando elegimos a los gobernantes y nos hacemos respetar de ellos, de una u otra manera. Ya que estamos en citas librescas, podemos mirar ese poder absoluto, por ejemplo a la manera como Churchill miraba al Káiser Guillermo II y a propósito de la primera guerra mundial: "Pero la reunión del fasto y del poder del Estado en una sola función expone al mortal que la desempeña a una tensión irresistible para la naturaleza humana, y a un desempeño que excede las fuerzas aun del más grande de los hombres... Asombra pensar que de una simple palabra o de un movimiento de cabeza de un ser tan limitado estuvieran atentas y pendientes por espacio de treinta años fuerzas que, al lanzarlas en un momento dado, serían capaces de arrasar al mundo. Ello no fue su culpa, sino su sino..."
Ahí se dice mucho. Los personajes eran muy distintos, pero la situación frente al poder y frente al hombre común y corriente, era y sigue siendo la misma. La invocación de los amigos íntimos, es otra forma de arrogancia del poder que se presta por lo menos para muchos equívocos, como lo de muestra la historia de todos los tiempos. Lo del respeto, tiene que ver con uno mismo más que con los signos externos del poder, que son desde luego interesantes, pero como ritual, no como base de la importancia del gobernante. El libro de Adriano, por muchos contrastes que establece, constituye a la hora de la verdad un curso de modestia, y de humildad, para el político de hoy.
*"Con harta frecuencia el Ejército considera la paz como un período de ocio turbulento entre dos combates".
B.B.: Ese es otro concepto absolutamente pasado de moda, que corresponde a épocas de formación de lo que llamamos la civilización, para ser benignos. Entre otras cosas, cuando Adriano afirma lo que usted cita, resulta una especie de precursor de la que nosotros llamarnos comandos de desarrollo, pues describe cómo ocupaba en actividades pacíficas a sus Ejércitos.
*"Nos esforzamos penosamente por hacer del Estado una máquina capaz de servir a los hombres, con el menor riesgo posible de triturarlos".
B.B.: Fíjese usted, y esto es dramático, en que todavía seguimos en lo mismo, si acaso no estamos peor. En esa época o en la de Luis XIV, el Estado era prácticamente un nombre. Ahora el Estado es algo presente en todas partes, pero inasible e inflexible, a través del mundo de la burocracia. Aun en las democracias más desarrolladas, donde de alguna manera se producen la participación comunitaria y la capacidad de defensa organizada, siempre se registra la queja contra el Estado, en el sentido de que si bien no tritura, desespera porque no responde o responde mal. Cuando ese estado es anacrónico, como en el caso de países al estilo de Colombia; cuando ese Estado no responde a las manifestaciones mínimas del cambio social, la situación se torna terrible. Eso es lo que hay que empezar a resolver...
*"Tengo sesenta años, he llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada".
B.B.: Una de las delicias del recuerdo en materia de lecturas, es el manejo de las citas, respetando el contexto, el discurso, aunque lo textual no sea así, como en este caso. Menos mal que nos referimos a un personaje histórico, porque una referencia no exacta, en otras circunstancias puede causar grandes complicaciones... La idea de la cita resulta consecuente con el estoicismo del personaje, como lo había señalado antes. Quiero comentarle esto: el "divertimento" en que estamos, usted y yo, muestra cómo son de apasionantes la lectura y el comentario de un libro, concretamente la comparación de citas. Esto le ocurre a uno mismo, con el paso de los años, porque ve la película de lo que ha sido su vida intelectual. Toma uno un libro que leyó a los 18 o 20 años, ve los subrayados que le hizo, y se pregunta, al mirar una subraya que le parece sin sentido: ¿por qué rayé aquí? Y al contrario: ¿por qué no advertí esta idea? Pero como nos haríamos interminables en esto, quiero proponerle consideraciones sobre una o dos de mis citas de Adriano, organizadas temática, no textualmente. Dice una de ellas: "La paz era mi fin, pero de ninguna manera mi ídolo... Cada hora de apaciguamiento era una victoria, precaria como todas; cada arbitraje en una disputa, representaba un precedente, una prenda para el porvenir... Puesto que el odio, la tontería y el delirio producen efectos duraderos, no veía por qué la lucidez, la justicia y la benevolencia no alcanzarían los suyos..."
¿Qué se puede agregar a eso, pensado por cualquiera no sólo como gobernante sino como simple ciudadano? Algo más: otro aspecto emocionante de la disciplina que enseña la lectura, aun cuando o precisamente porque se carezca de método, es el establecer concomitancias entre autores. Uno empieza a pensar: ¿quién dijo algo similar o algo que desarrolla el tema? Al minuto o después de horas, precisa el recuerdo. A mí las ideas de esa cita me pusieron en ese problema, y al fin dí con lo que quería: Bertrand Russell, muchos siglos después pensaba en ese orden de ideas, algo que no es raro, con un estilo que suena como el de Adriano y refiriéndose a la paz mundial. Decía: "...el mundo no puede ser salvado por la acción de un sólo individuo, por grande y elocuente que sea. Sólo puede ser salvado cuando los dirigentes y los que los siguen, de los países poderosos del mundo, sean conscientes de que han estado persiguiendo un fuego fatuo que únicamente los lleva hacia una muerte ignominiosa en una charca de odio inútil..."
¿Qué tal? Se puede definir más bella y dolorosamente la paz? Y otra cosa, sin hacer nuevas citas textuales: Adriano habla de su desconfianza ante la historia organizada, empacada. El figura como emperador de la paz, y parece que fue así, no sólo por su refinado humanismo sino por su sentido práctico. Como lo dice el gran especialista en historia de Roma, Grimaldi, al hablar de ese imperio: "...los emperadores sabían, muy bien, que más allá de las fronteras existían multitudes. Tenían miedo... ¿Por qué cree usted que se fueron a conquistar una buena parte de Gran Bretaña? ¿Por qué Marco Aurelio se bate en las brumas danubianas? Porque recesitaban fijar fronteras al Imperio. Saben que el universo sobrepasa su apetito..."
Hago la referencia, porque hay contradicciones entre los historiadores acerca de la "pax romana". Hemos estado acostumbrados a oír esa expresión en sentido peyorativo, como algo negativo. Y resulta que en otros textos de historia se nos presenta esa paz como algo positivo, real, debido al simple hecho de que los romanos llegaban y terminaban asimilándose con las poblaciones conquistadas, así fuera por razón de la lejanía de la metrópoliromana. Pero dejemos este tema, porque puede aparecer alguien que diga que estoy defendiendo el imperialismo, y eso siempre será peligroso.--

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