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| 12/3/2005 12:00:00 AM

Bertha Hernández

Además de valiente Primera Dama, durante las crisis del 9 de abril, 20 años fue congresista, columnista mordaz y una de las promotoras del voto femenino.

Esposa de uno de los dirigentes políticos más influyentes del siglo XX. Nació en Medellín, en un hogar antioqueño aristócrata y de empresarios exitosos. En 1926 contrajo matrimonio con el dirigente conservador Mariano Ospina Pérez, quien habría de ser Presidente de Colombia entre 1946 y 1950. Él tenía 17 años más que ella. Berta Hernández (1907-1993), católica, conservadora y de tradiciones familiares, actuó fielmente como compañera en su hogar y complemento humano del dirigente conservador y su pareja política imprescindible. Acompañó firmemente y con decisión a su esposo en 1948 y 1949 cuando se desata 'La Violencia'. Ante la presión de los liberales, liderados por Darío Echandía, aconsejó a su marido para que no renunciara a la presidencia, señalándole, ante sus dudas y vacilaciones, que "para la democracia más vale un Presidente muerto que un Presidente fugitivo". Su vida principalmente giró entorno a la política y a las preocupaciones por la conquista de los derechos de las mujeres. Fue presidente de la Organización Femenina Nacional en la década del 50 del siglo pasado. Intervino en la Asamblea Nacional Constituyente, durante el gobierno cívico-militar de Gustavo Rojas Pinilla, con el fin de promover el voto femenino sin restricciones y la igualdad de todos los derechos de hombres y mujeres. Se desempeñó por más de 20 años como congresista, siendo una de las primeras mujeres en ocupar esa dignidad. Desde la década del 60 impulsó la presencia activa de las mujeres en el Partido Conservador. Su importancia reside en el papel trascendental que ejerció en la conquista del derecho al voto para las mujeres. Esa es su obra fundamental. Se empeñó por cumplir una labor crítica frente a la sociedad, al sistema político y a los dirigentes de todos los partidos, a través del periodismo, con una columna conocida por su mordaz contenido con el título de El Tábano. Algunos historiadores le atribuyen una participación en el golpe de Estado contra Laureano Gómez en 1953; sin embargo, se conoce su activa intervención en las dos campañas presidenciales de Álvaro Gómez Hurtado, hijo del anterior. Quizá porque se trataba de campañas del Partido Conservador unificado entre laureanistas y ospinistas. Aunque ella se favoreció de la imagen y la posición de su esposo, también él se sirvió con su carácter, compañía, valor, crítica y agudeza política. Pero su esposo la opacó. Queda para la especulación saber si su carrera política hubiese sido más reconocida de otro modo. Hizo todo lo que pudo por mantener el ospinismo más allá de su esposo; sin embargo, no lo logró y se retiró a descansar, escribir y cultivar sus orquídeas hasta el último día de su vida. *Decano de política y relaciones internacionales de la U. Sergio Arboleda.

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