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| 4/29/1985 12:00:00 AM

BESOS QUE MATAN

Un caso reciente despierta la sospecha de que el AIDS pueda transmitirse también por la saliva.

BESOS QUE MATAN, Sección Especiales, edición 152, Apr 29 1985 BESOS QUE MATAN
Hasta hace muy pocas semanas, los expertos en el síndrome del AIDS creían tener perfectamente clasificadas las formas de transmisión de la enfermedad: la sangre, el semen o las jeringas que comparten los drogadictos. Así, se había establecido que el 75% de los casos de AIDS afecta a hombres homosexuales o bisexuales; el 17% corresponde a drogadictos; el 3% a haitianos (se cree que fueron los inmigrantes de Haití los que trajeron el virus por primera vez a los Estados Unidos); el 1% a los hemofílicos; el 1% a compañeros ocasionales homosexuales y heterosexuales y el 1% a contaminados por transfusiones de sangre. Sin embargo, se ha consolidado un 4% de víctimas de AIDS que no se localizan en esos grupos de alto riesgo y que no se sabe cómo fueron contaminados.
Un caso de éstos es el de un hombre de 72 años, que murió de AIDS en San Francisco hace pocas semanas, y que despertó una verdadera oleada de pánico en todo el país. En la actualidad, las autoridades investigan minuciosamente el caso de Donald Bauer, pues existen serias sospechas de que sea la primera víctima de AIDS transmitido por la saliva. De llegarse a confirmar la sospecha, el caso tendría implicaciones de alcance ilimitado, pues cualquiera se convierte en víctima potencial de la temida enfermedad para la que en la actualidad no existe cura efectiva conocida.
La esposa de Bauer, Mary Agnes, había contraido AIDS seis años atrás al recibir sangre contaminada durante una operación del corazón. Murió en septiembre del 84, una semana después de que le fuera diagnosticado el mal. Su esposo, un ingeniero retirado, sufrió en los últimos meses una variedad de enfermedades como neumonía, cáncer, diabetes y un agotamiento intenso. Antes del AIDS pesaba 200 libras, murió pesando menos de la mitad. Los análisis realizados por los laboratorios de la Universidad de Stanford mostraron que el sistema inmunológico de Bauer presentaba todas las deficiencias de los enfermos de AIDS.
El médico de la familia explicó que la pareja no tenía relaciones sexuales desde hacía 30 años y que la forma de transmisión pudo ser la saliva intercambiada en un beso. Sin embargo, los funcionarios de salud del estado no están convencidos de tal conclusión, y para evitar el pánico generalizado se han dedicado a demostrar que la enfermedad pudo haberse transmitido por otras vías, "como el posible contacto de Bauer con secreciones del cuerpo de su esposa a través de las sábanas".
Aún cuando no hay confirmaciones sobre la saliva como posible transmisor, el caso de Bauer ha determinado un recrudecimiento de la discriminación contra los que sufren la enfermedad y contra los homosexuales en particular. Se han producido despidos de los lugares donde trabajan y de sus lugares de residencia. Para contrarrestar esta discriminación, las campañas oficiales insisten más que nunca en el hecho de que el AIDS no necesariamente se transmite por contactos casuales, y que la muerte de Bauer no tiene por que cambiar esta Posición. Sin embargo, el médico Robert Illa, que atendió a los Bauer durante años y que goza de gran respeto profesional entre la comunidad médica, ha insistido públicamente en que "se debe aceptar de una vez por todas que sí pueden existir otras vías del contagio del AIDS diferentes al contacto sexual íntimo, aunque eso provoque el pánico de la población. Conozco varias victimas que contrajeron la enfermedad por vías hasta ahora desconocidas. Ha llegado la hora de aceptar que se han multiplicado los riesgos y las formas de transmisión". Esta opinión parece ser acogida por una funcionaria del Departamento de Salud de San Francisco, quien afirma que "la gente está realmente histérica. Ya era suficientemente grave la posibilidad de que se pudiera adquirir el AIDS a través de una transfusión de sangre. Pero la sola idea de que también pueda transmitirse a través de la saliva, horroriza al público".
Aunque el AIDS continúa siendo prácticamente un misterio para la medicina moderna, hay un grupo de investigadores que en los Estados Unidos ha desarrollado un test de sangre para posibles donantes, con el objeto de descubrir si tienen o no la enfermedad y evitar así el contagio por transfusiones. Esto se suma a los recientes descubrimientos de científicos del Instituto Pasteur de Francia que lograron identificar la secuencia del virus infeccioso que genera la enfermedad. Se cree que este descubrimiento permitirá sintetizar en el laboratorio las moléculas puras que corresponden a esa secuencia, condición sin la cual no podía establecerse el diagnóstico específico y preciso sobre la enfermedad y más tarde fabricar la vacuna. A pesar de todo, pues, la esperanza es lo último que se pierde y parece que hay alguna para las víctimas del AIDS.

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