Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1980/12/11 00:00

Bienvenida la modernidad

Durante el siglo XIX el país luchó por dejar atrás el legado colonial y por crear un modelo político moderno.

Bienvenida la modernidad

La primera mitad del siglo XX comienza y termina con hechos desgarradores para la historia del país. Colombia empieza 1900 sumida en su más cruento conflicto civil, conocido como La Guerra de los Mil Días, que sólo terminaría en 1902 con los tratados de Wisconsin y Neerlandia. Cuando apenas se apagaban las cenizas de la confrontación se produjo la separación de Panamá en noviembre de 1903. La fragmentación del país durante el siglo XIX había sido una amenaza que se hizo realidad con la pérdida del istmo.

Tras esto, el país entró en una fase de paz y de progreso que contrastaba con un sistema político conservador, en contravía de los cambios y en el que la Iglesia Católica designaba prácticamente al presidente de turno.

Colombia entró al siglo XX sin solucionar los problemas que debieron ser resueltos en el XIX.

El país iniciaba una profunda modernización. Los ferrocarriles, la aviación, la radio, el cine, la electricidad, el automóvil y la industria, entre muchos otros elementos, transformaron en pocos años a un país rural y atrasado en uno urbano. El motor del progreso del país, y en especial de la vida urbana, fue el café, que se cultivaba en todo el país y que dejaba un valor agregado en los cascos urbanos, tal y como lo confirman Barranquilla, Medellín, Cali, Bucaramanga, Cúcuta, Manizales y Pereira. Crecen con evidentes signos de cambio.

La crisis económica mundial de comienzos de los 30 coincidió con el relevo de los conservadores, producido por el desgaste de tantos años en el poder, así como por varios actos de represión, como la famosa masacre de las bananeras. Los liberales aparecieron como representantes del nuevo país y lograron instituir legalmente varios avances sociales y democráticos. En este período aparecen tensiones propias de la industrialización, como las protestas obreras y campesinas, y otras tradicionales, como las indígenas.

Frente a la incapacidad de consensos sobre el país y su futuro, por la intolerancia y la incapacidad de buscar puntos en común, conservadores y liberales encontraron en la violencia, en la eliminación física del otro, la forma de imponerse sobre los demás. Colombia vivía profundos cambios y la clase política fue incapaz de responder por las vías democráticas a los retos de ese cambio. Sólo Jorge Eliécer Gaitán fue capaz de encauzar y entender las transformaciones políticas y sociales pero, una vez estaba listo para asumir la presidencia, fue asesinado y el pueblo, frustrado, explotó en una manifestación de violencia. Los años de 1948 y 1949 fueron los más violentos del país y la sombra de esta barbarie se extendería hasta finales del siglo.

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