Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/12/05 00:00

Bogotá se transforma

El primer año del Polo Democrático en el poder mostró un aprendizaje costoso y debilidades en la gestión. Pero el alcalde Luis Eduardo Garzón está en ascenso y cada vez sabe con mayor claridad lo que quiere lograr.

Sólo en algunas mañanas despejadas es posible divisar desde los barrios orientales los tres nevados de la Cordillera Central: Tolima, Santa Isabel y Ruiz. Miles de bogotanos han encontrado en las políticas sociales de la administración Garzón mejores perspectivas para sus vidas.

Pocos meses después de la llegada de un gobierno de centroizquierda a Bogotá, hubo un hecho afortunado que le permitió al alcalde Luis Eduardo Garzón darse a conocer internacionalmente y mostrarle al país otra forma de hacer gobierno: la distinción de Laura Restrepo, entonces directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, con el premio Alfaguara de novela.

Restrepo habló para decenas de emisoras, canales y medios nacionales y extranjeros, y estuvo en varias ciudades de Europa y Latinoamérica, donde lanzó fuertes críticas contra el gobierno del presidente Álvaro Uribe y las virtudes de la llegada del Polo Democrático al poder, ataques que fueron más fuertes y contundentes en la Feria del Libro de Bogotá, cuando Garzón y parte de su gabinete asistieron al lanzamiento oficial de Delirio, en el que una buena parte del atiborrado auditorio aplaudió varias veces a Restrepo al lanzar ácidas frases en contra del gobierno "autoritario" de Uribe.

Este hecho fue el clímax, no sólo de las diferencias entre Garzón y Uribe -los dos líderes más populares del país-, sino del comienzo en firme de una alcaldía que rompía con una serie de gobiernos gerenciales, tecnócratas, que lograron transformar la ciudad.

A punto de cumplir el primer año Lucho termina con una aceptación de su gobierno del 68 por ciento (ver encuesta) y un avance importante en las obras de infraestructura y programas sociales.

Hora del balance

Por juzgar la llegada de un gobierno de centroizquierda de corte más popular, y por lo mismo con tendencias más demagógicas, algunos grupos han percibido que los 10 años de avances y transformaciones de las anteriores administraciones están amenazados o van a terminar llevando a la ciudad de nuevo al caos. A esta altura del partido muchos creen que "la ciudad ha retrocedido en todo, en temas de seguridad, espacio público, educación y hasta en lo social, y lo más grave, Garzón está gobernando más para intereses particulares que para el bien general. Bogotá fue premiada por Naciones Unidas como modelo de gobernabilidad, y creo que estamos lejos de volverlo a ganar", dijo la representante uribista Gina Parody.

Es necesario decir también que los críticos han sido pacientes y generosos a la hora de evaluar la gestión del Polo Democrático, quizás por lo mismo que creen que hay que darle la oportunidad a un gobierno de izquierda.

Pero pasado casi un año de gestión, SEMANA resolvió hacer un balance más detallado del nuevo gobierno distrital, que fuera más allá de los prejuicios o de la benevolencia. Y después de hablar con expertos, funcionarios, críticos y políticos, se ve a un Lucho que cada vez más muestra talante de estadista, que le ha dado mayor continuidad de lo que se cree a buena parte de los programas que venían de administraciones anteriores y ha mantenido los principios del rigor fiscal, prudencia en el gasto y planeación a futuro. "En infraestructura tuvo el buen sentido de reaccionar de manera eficiente para evitar que TransMilenio colapsara con la fractura de las losas, así lo pusieran de cara a cara con el ex alcalde Enrique Peñalosa, y continuó con la difícil y traumática fase II, que ha hecho colapsar el tráfico y las vías, debido a la magnitud de las obras dice el analista Pedro Medellín. Además supo responder en situaciones tan difíciles como las inundaciones y, sobre todo, la tragedia de los niños del Colegio Agustiniano, que se han convertido en ejemplo de cómo se maneja una crisis en una gran ciudad".

Ahora, para ponerle punto final a cualquier polémica sobre la fase III y probables componendas con ciertos transportadores, Lucho afirmó enfáticamente (ver entrevista) que las nuevas troncales se harán en las carreras séptima y décima y en la Avenida El Dorado, y qué solo resta definir si la otra obra será en la Avenida 68 o Boyacá, que no va privatizar el espacio público y que nunca ha dicho estar de acuerdo con los cerramientos.

Talón de Aquiles

Pero, a pesar del empoderamiento y claridad que el Alcalde y su equipo de gobierno van adquiriendo de la ciudad, su administración ha tenido como gran debilidad la dificultad para comunicar sus planes a los medios de comunicación y a los bogotanos, y el manejo que se le ha dado al tema del espacio público y a los vendedores ambulantes.

Una de las grandes herencias que dejaron Mockus y Peñalosa fue la de valorar el espacio público y su recuperación, que se vio entorpecido con la interpretación -para muchos equivocada- que se le ha dado al fallo de la Corte Constitucional de finales de 2003 que permitió el regreso de los vendedores a zonas que habían sido colonizadas para el deleite de los peatones.

Garzón heredó este problema, pero en vez de afrontarlo dejó que pasaran meses antes de tomar una decisión, lo que fue legitimando la presencia de los vendedores. Sólo en agosto pasado decidió sacarlos de zonas que ya habían sido recuperadas por fallos judiciales, como San Victorino y el Restrepo. Y recién en noviembre anunció el famoso Plan Maestro de Espacio Público, que aún hoy no ha salido oficialmente. Tanto tiempo de espera y la salida en falso del Alcalde a la carrera séptima para anunciarles a los vendedores un nuevo plan y su intención de llegar a una concertación transmitieron la idea a los bogotanos de que se estaba ante un retroceso. Una traición al enorme esfuerzo que se había hecho por la recuperación de estos espacios clave para la seguridad de la ciudad y para construir igualdad.

Otro de los problemas de esta administración ha sido el de la comunicación, en parte gracias al estilo que le quiso dar Garzón a su equipo de trabajo. Delegó demasiadas decisiones a sus funcionarios, lo que terminó causándoles problemas, hasta el punto que él mismo ha tenido que salir a rectificar o desmentir a sus coequiperos. Por esta razón, Garzón ha tenido que modificar su estilo. Ahora se ha propuesto estar al tanto de las decisiones. Ahora su gran reto es comunicar, a través de símbolos y acciones, la idea de ciudad que está tratando de desarrollar.

Otro de los temas que más dificultades ha generado a la administración Garzón ha sido aprender cómo funciona el aparato público de la ciudad y poderlo guiar a donde quiere. Al igual que la primera administración de Mockus y el primer año de Peñalosa, es algo que cuesta y toma tiempo. El problema con Lucho, sin embargo, es que a diferencia de sus antecesores, no armó su equipo según criterios técnicos y de eficiencia, sino que éste se lo dictaron las diferentes facciones políticas que conformaron la alianza que lo llevó al poder. Y esto le ha hecho más difícil conducir el timón.

"Se pasó de una tecnocracia ilustrada de gobierno, en la que unas élites técnicas y virtuosas con un líder gerencial al frente gobernaron la ciudad en los últimos años, a otra élite de grupos minoritarios en la que aún las reglas de juego no están claras y en la que el gran riesgo es que el gobierno distrital quede sometido a esas pequeñas facciones", advierte Andrés Hernández, miembro del Cider de la Universidad de los Andes.

Precisamente este es el talón de Aquiles de Garzón: que entre tanta puja política permita que grupúsculos de poder con falsas pretensiones sociales le impidan el objetivo que se propuso de mejorar las condiciones de la población más pobre y vulnerable de la ciudad. Lo que no quiere decir que muchas de las organizaciones populares y sociales que tienen hoy mayor cabida en los programas de Bogotá no estén aportando conocimientos para mejorar la calidad de los servicios sociales.

Saldo en rojo

En los temas sociales y en la continuidad de las grandes obras se ha centrado buena parte de este primer año, y si bien las personas de estratos bajos lo reconocen, hay temas en los que esta administración ha fallado.

El famoso carnaval de Bogotá, anunciado por Lucho y Laura Restrepo, prácticamente desapareció en manos de Martha Senn y de la administración. Canal Capital, llamado a cumplir un papel fundamental en la difusión de los programas sociales y en la comunicación de un gobierno de izquierda, terminó siendo entregada su coadministración en beneficio de unos pocos y en detrimento patrimonial, tal y como lo denunció el concejal Fernando Olivares.

Las convenciones colectivas firmadas en la ETB y la Empresa de Acueducto dejaron la sensación del regreso del poder del sindicalismo a las entidades distritales, y la famosa coalición con el Partido Liberal terminó diluida, según algunos, en cuotas burocráticas y en la presencia de personas de la entraña de Ernesto Samper y Horacio Serpa en la administración.

A esto se suma la premura con la que han sido lanzados programas que hacen parte de la columna vertebral de este gobierno, como Bogotá sin Hambre, Salud a su Hogar y el Plan Maestro de Movilidad, que después han tenido que ser ajustados o transformados en el camino.

Claro que para María Emma Mejía este ha sido un muy buen año para un cambio de administración, de estilo de gobierno y de prioridades en la ciudad. Garzón entendió el mensaje que le transmitió la gente al elegirlo masivamente y se ha concentrado mucho en el tema social, en la solidaridad de los bogotanos, que así lo sienten cada vez más. "Si sale el cupo de endeudamiento, junto al presupuesto y plan de desarrollo, el próximo año será de mayores acciones y avances en la ciudad", dijo.

Otro líder

A pesar de los aciertos y errores, de las dificultades para comunicar su idea de ciudad, Garzón está siendo reconocido como el otro gran líder del país después del presidente Álvaro Uribe. Al fin y al cabo los dos tienen una forma de hacer política similar, aunque con grandes diferencias ideológicas. Ambos tienen una gran inteligencia y una capacidad de interlocución con cualquier persona, desde un empresario o industrial hasta un iletrado; tienen un contacto directo con el pueblo y han tratado de acercar el gobierno a las comunidades.

A pesar del acercamiento del Alcalde y la administración a la ciudadanía, Garzón no ha logrado estructurar una práctica de gobierno que marque las diferencias políticas e ideológicas con sus antecesores y que haga valer la importancia que tiene un proyecto de izquierda bien diferenciado para el futuro de la ciudad. Tampoco, constituir una organización política que sustente la acción de gobierno en el territorio. "Mientras que el Alcalde ha preferido reproducir el modelo de 'democracia por contacto' que tanto le rinde al presidente Uribe con las comunidades, las principales iniciativas distritales y locales se hunden en el Concejo Distrital y las Juntas Administradoras Locales porque no hay quien las lidere", dice Medellín.

Este primer año del Polo en el poder puede ser considerado de aprendizaje y transición. Ha sido un tiempo para que el equipo de gobierno, que había tenido pocas experiencias en una administración tan grande, aprenda sobre el funcionamiento de la administración pública y para consolidar un proyecto de gobierno. Ojalá en el segundo año los bogotanos reciban señales definitivas de hacia dónde va la ciudad y cómo se va a hacer. En las obras que beneficien a la mayoría y una política social que ayude a cerrar las enormes brechas entre pobres y ricos está el éxito de cualquier alcalde de Bogotá, y eso es lo que ha entendido Lucho en estos últimos meses.

Por ahora, el primer año deja a un Lucho que ha mostrado liderazgo político, basado en su carisma y en su credibilidad, pero aún con una debilidad en la gestión. Los bogotanos confían en él y en que cumpla lo que prometió, y para eso tiene aún tres años, más de los que en su momento tuvieron Mockus y Peñalosa para aprender y sacar adelante su programa de ciudad.

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