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| 11/16/2002 12:00:00 AM

Buena papa

En 16 ciudades del país ya funcionan los bancos de alimentos, un programa liderado por la Iglesia Católica, en asocio con la empresa privada, que beneficia a miles de niños y personas de escasos recursos.

Hace un par de años un grupo de empresarios se unió a la Iglesia Católica para crear un gran programa que recoge los productos perecederos y no perecederos de las grandes cadenas de alimentos cuando ya están maduros, son de baja rotación o no cumplen con los estándares de calidad, para ser distribuidos entre la población más humilde y con problemas de alimentación.

Este programa, que está basado en un modelo mexicano, empezó en Estados Unidos, luego se trasladó con éxito a Europa y llegó a Colombia, lleva tres años dando de comer a miles de familias de desplazados, a niños de la calle, ancianos, alcohólicos y drogadictos. En este corto tiempo ha sido desarrollado por las arquidiócesis en Medellín, Cali y Bogotá y 13 ciudades más.

Aunque manejados por la misma Iglesia, en este momento los bancos de alimentos trabajan independientemente pero uno de los planes es unirse, recibir más ayuda de las empresas y de las personas y ampliar su cobertura en ciudades e instituciones.

Una muestra del éxito de este programa es el Banco de Alimentos de Bogotá, que en tan sólo 14 meses ya está recibiendo unas 310 toneladas de comida mensuales que reparte en 280 instituciones de la capital y sus pueblos cercanos.

Todas las mañanas sale un camión donado por la Compañía Colombiana Automotriz, dos por Coca-Cola y otros dos contratados que recorren los principales centros de abastos de Carulla, Exito, Carrefour, Alkosto, Cafam y Olímpica, entre otros. Llegan con los diferentes productos a la bodega del Banco de Alimentos, al occidente de Bogotá, en donde se encuentran con los camiones de productos Nestlé, Condimentos El Rey, Coca-Cola, Colombina o Colanta. Allí son almacenados, seleccionados y organizados para que 50 instituciones que llegan día a día, de acuerdo con un cronograma semanal, se lleven estos productos que asegurarán un mercado equilibrado a las instituciones beneficiarias y que están divididas en un 75 por ciento de instituciones infantiles, 12 por ciento de ancianos, 10 por ciento de adultos y 3 por ciento de juveniles.

Uno de los beneficiarios es la fundación Fisdeco, manejada por las Hermanas Dominicas, que gracias al Banco de Alimentos están beneficiando con una alimentación integral a 500 niños y a 200 familias de Ciudad Bolívar. Además, los recursos que han ahorrado los han invertido en mejorar la formación y la educación de las personas que tienen en los hogares infantiles, el colegio y el ancianato.

Según explicó a SEMANA el sacerdote Daniel Saldarriaga, director del banco en Bogotá, ellos no regalan los productos sino que exigen una cuota de recuperación. "La idea es no seguir con el paternalismo que le ha hecho tanto daño a América Latina. Lo que necesita la gente es que le den la oportunidad, que la ayuden, que le den facilidades, pero que no les regalen las cosas". De todas formas los alimentos los dan a muy bajo precio, aproximadamente 100 kilos de frutas y verduras de buena calidad cuestan unos 8.000 pesos.

Estos recursos le permiten al banco sostener una planta de 30 empleados con buenos salarios, toda la carga prestacional y las posibilidades de continuar sus estudios. Los excedentes se invierten en la compra de más productos, como arroz, maíz o avena, alimentos para los que no han conseguido donantes.

Para que una institución reciba la ayuda del banco debe presentar una carta de solicitud demostrando su existencia, su organización y una carta del párroco que aprueba la colaboración. Las instituciones no tienen que ser religiosas e incluso se les está prestando ayuda a propuestas de pastores protestantes.

El futuro del Banco de Alimentos parece prometedor. Ahora el padre Daniel Saldarriaga está buscando una bodega más grande para recibir las más de 23 toneladas de alimentos que le llegan a diario y así poder ampliar la ayuda. También más donantes empresariales o personales. Pero esto no le parece suficiente y en estos momentos está tratando de vincular a las universidades, tratando de que jóvenes bien capacitados ayuden a expandir este propósito a todas las áreas para que no se quede solo en la alimentación sino que se convierta en un buen espacio de capacitación que les permita a las personas más humildes aprender nuevas formas de asegurar su subsistencia.
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