Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/02/16 00:00

Café: 'Industria y desarrollo'

Café: 'Industria y desarrollo'

Venir a Manizales es emprender un viaje maravilloso a la nostalgia. Desde que nos asomamos por la ventanilla del avión y vemos por entre las nubes de algodón las majestuosas montanas tropicales que logran todas las tonalidades de verdes, sabemos que hemos llegado a un mundo distinto. Es casi como entrar a un mundo mágico, como el que nos contaban nuestros viejos para conciliar el sueno luego de que apagaban la luz y quedábamos solos, a merced de la imaginación. Inevitable, a pesar de los 5.000 pies de altura y de la adrenalina periodístico-cachaca, quedar atrapado por los fantasmas de la historia. Recordar, así sea fugazmente, lo que ha sido la zona cafetera para Colombia. La magnificencia de las grandes haciendas, los paisajes brumosos y templados, los caminos veredales que serpentean las faldas de las cordilleras, los cafetales que se pierden en el horizonte, como desafiando a los dioses, los campesinos que con sus punos han cimentado gran parte de la historia de Colombia, y su tierra negra y húmeda que ha sido ejemplo de una cultura emprendedora y testigo de la tenacidad y prosperidad de los colombianos. Venir a Manizales es como viajar al pasado, a lo que fue la historia gloriosa de nuestro país. Es perderse en los párrafos de una novela costumbrista o en el delicioso y fresco aroma del imponente paisaje tropical.

Pero aquí no vinimos a mirar la historia para sentirnos orgullosos sino a enfrentar el presente que vemos con mucha preocupación. El Eje Cafetero ya no es un cuento de hadas sino un oasis en vía de extinción. Los estertores de la violencia están retumbando cada vez con más fuerza detrás de las cordilleras. La lógica de la muerte y el dinero fácil se está mimetizando por entre este maravilloso paisaje que alguna vez albergó tanto esfuerzo, tanto orgullo y tanta dignidad. Por eso no nos podemos seguir refugiando en la grandeza de lo que fuimos sino que tenemos que demostrar lo grande que somos. Y por eso me preocupa llegar a Manizales y sentir el pasado y no vibrar con el futuro. La zona cafetera atraviesa el momento más difícil de su historia, como el resto del país, y su clase dirigente tendrá que desempolvar todo su talento para salir adelante.

Sin embargo, no es muy alentador ver la actitud y compromiso de la elite con el futuro de la región. Hay una clase política que, salvo algunas excepciones, está anclada en el pasado y no ve más allá de sus intereses particulares. En esto no profundizo porque, tristemente, sale todos los días en los periódicos. Y una clase empresarial, en su mayoría cafetera, echada para adelante pero que se durmió en sus laureles y se demoró demasiado tiempo en reaccionar a los cambios del mundo moderno. Recuerdo cuando vivía en Estados Unidos a mediados de los anos noventa, y entraba a los hoy célebres cafés Starbucks y constataba con cierta sorpresa que los cafés brasileros y jamaquinos tenían mejor promoción que el Café de Colombia. Nuestro gran Juan Valdez, gloria de tantas euforias deportivas e impronta mundial de calidad, era una marca más dentro de la proliferación de cafés que había generado la globalización. Hoy, casi diez anos después, cuando veo la inauguración de los cafés Juan Valdez en Colombia tengo sentimientos encontrados, entre emoción y frustración. Pero más vale tarde que nunca.

Aunque la vida esta llena de lecciones, y hay que aprender de los errores, es hora de dejar de mirar el pasado para enfrentar el futuro. Y por eso la importancia de este foro. ¿Como sacar adelante la zona cafetera con un contexto internacional adverso y un país en guerra? ¿Como evitar que la coca remplace el café? ¿Como generar empleo y desarrollo para contener las ambiciones apocalíticas de Jojoy y Tirofijo? Son interrogantes difíciles de resolver ? y que tocaran varios panelistas-- sobre todo con un Estado al borde de la quiebra y cuando tenemos el autoestima por el piso. Pero la grandeza no está en la generosidad del Estado, ni en las virtudes de la tierra, ni siquiera en las ganas de salir adelante, sino en las grandes ideas. En la capacidad para innovar, para ser creativo y poder doblegar la adversidad a punta de talento e imaginación. Aún nadando contra la corriente. Recordemos que los grandes vanguardistas fueron grandes incomprendidos o la historia los reconoció tardíamente: Socrates tuvo que tomarse la cicuta para defender sus principios, Descartes cambió su discurso del método por miedo a la hoguerra, o Churchill, que fue abucheado por advertir la inminencia de la guerra y ovacionado después por ganarla. Para no ir más lejos, ¿la Fiscalía no metió preso a la cúpula del Forec por haber invertido unos dineros en el Parque Nacional del Café, hoy epicentro turístico del Eje Cafetero y digno ejemplo nacional? ¿Acaso a Enrique Penalosa no le recogieron millones de firmas para revocarle el mandato y hoy es admirado mundialmente por su revolución urbana? Ser pioneros tiene su precio. Recordemos el Mito de la Caverna de Platón, que cuando uno de los esclavos salió de la cueva y le contó a los demás los espléndidos paisajes que vio, estos no le creyeron y lo mataron. Por eso nadie puede desfallecer si cree que tiene una buena idea y quiere sacarla adelante. La historia lo absolverá.

Pero a la creatividad, que requiere gran dosis de autoestima y de confianza en sí mismos, virtudes muy escasas hoy en Colombia, hay que sumarle la solidaridad. O mejor, el compromiso de toda la sociedad y sobre todo de su clase dirigente. En el Eje Cafetero no hay posibilidad de construir un proyecto común si los distintos sectores, la clase política, los empresarios, la academia, no trabajan de la mano. Un buen comienzo es lo que está ocurriendo en el Quindío con el turismo y con la visión que tienen de posicionar la región a mediano plazo. No queremos ver hoy, como ha ocurrido tanto y durante tanto tiempo, recriminaciones y odios entre gobierno y sector privado para verlos más tarde marchando juntos para pedir la liberación de sus familiares secuestrados.

Enfín, hay que tener las ideas y trabajar juntos para llevarlas a cabo. Por eso en vez del título 'Café: Industria y Desarrollo' yo lo hubiera titulado parodiando a Galileo: 'Dame una buena idea y transformaré el eje cafetero'.

*Director de SEMANA en el Foro de Manizales (Mayo de 2003)

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