Lunes, 23 de enero de 2017

| 2002/03/01 00:00

Cambio de piel

Según los expertos la adolescencia y la menopausia son las dos etapas de la vida en que las mujeres son más vulnerables.

Cambio de piel

La mujer atraviesa por muchas etapas durante su vida pero hay dos que requieren especial atención: la adolescencia y la menopausia. Aparentemente son dos caras opuestas. La primera señala el comienzo de la capacidad procreadora mientras que la segunda representa el final de esa actividad. Pero aun tratándose de dos situaciones extremas la verdad es que la adolescencia y la menopausia se parecen entre sí. En ambos momentos la mujer puede sufrir trastornos de salud relacionados con la menstruación y desarreglos dermatológicos como el acné pero, sobre todo, angustias sicológicas que la colocan en una situación de vulnerabilidad. “La adolescente lucha por tratar de ganar un espacio, por conseguir una identidad. La batalla de la mujer madura es por persistir en el papel de ser ella, porque la sigan reconociendo como mujer”, dice la doctora Luz Angela Torres. Teniendo en cuenta la importancia de estas dos etapas SEMANA explora cuáles son los temas que más preocupan a las mujeres durante estos dos momentos de la vida.

Adolescencia

Esta etapa está marcada actualmente por un fenómeno preocupante: las características sexuales de las niñas de hoy (cintura, desarrollo de los senos, cadera y cambio de voz) está empezando cada vez más temprano, casi a los 10 años. Ese desarrollo hormonal apresurado también madura su cerebro, lo que hace que las niñas asuman mucho más rápido actitudes adultas y que se concentren ya no en muñecas sino en sus relaciones con otros jóvenes de su edad. La familia, el colegio y el medio en el que viven las adolescentes influye en su comportamiento. En Colombia los expertos observan que existe mucha presión en el ambiente para que tengan relaciones sexuales. Según las estadísticas las mujeres en Latinoamérica están comenzando su actividad sexual en promedio a los 16 años, una edad muy temprana si se tiene en cuenta que en esta etapa aún los órganos genitales no están desarrollados del todo para la reproducción. A este panorama se suma el poco uso del condón. La consecuencia de la promiscuidad sin seguridad es que las infecciones transmitidas sexualmente están disparadas, sobre todo en jóvenes menores de 25 años. Datos de la OMS muestran que el grueso de los infectados por VIH son jóvenes en este grupo de edad y que siete de cada 10 casos nuevos de otras infecciones sexuales ocurren entre mujeres y hombres de 15 a 24 años. Las mujeres tienen un riesgo adicional. Cuando los órganos genitales no han madurado aún y ellas tienen actividad sexual con varios hombres son más susceptibles de contraer el virus del papiloma humano, que en cuestión de 13 a 14 años puede provocar adulteraciones a nivel celular y causar cáncer del cuello uterino.

El otro riesgo de la temprana actividad sexual sin protección son los embarazos no deseados. En Colombia se estima que de un millón de embarazos no planeados 250.000 terminan en abortos realizados en pésimas condiciones. El 10 por ciento de las madres cada año son adolescentes.

La adolescencia genera otro tipo de vulnerabilidad en la mujer. En esta etapa las niñas están buscando una identidad y una imagen con la cual avanzar por el mundo. Pero la cultura actual les coloca una complicación adicional al fomentar un patrón de belleza específico. “Si no eres una Barbie y si no tienes silicona no eres hermosa”, dice la doctora Torres. Esto genera trastornos alimenticios muy conocidos, como la bulimia y la anorexia nerviosa. En esa búsqueda de identidad las adolescentes también pueden caer en trastornos depresivos debido a ambientes familiares y escolares difíciles que pueden llevar a drogadicción, alcoholismo e incluso al suicidio.

Obviamente esta etapa requiere, un buen manejo por parte de los padres y el grupo de profesores en el colegio. Por eso es necesario escucharlas, apoyarlas y brindarles información muy clara sobre los temas de sexo y en general sobre la etapa que atraviesan.

La menopausia

Un año después de la última regla es el momento que los médicos llaman con el nombre de menopausia. Esto sucede entre los 48 y 52 años y genera una serie de cambios que merecen toda la atención de la mujer. Que los ovarios dejen de funcionar implica que la mujer no va a estar recibiendo hormonas y muchos beneficios derivados de ellas. Ellas entonces quedan expuestas a enfermedades cardiovasculares, susceptibles a pérdida de memoria y capacidad de concentración, disminución de la agudeza visual, así como a la osteoporosis. También la vagina se reseca por la deficiencia hormonal, lo cual puede hacer de la sexualidad un evento más doloroso que placentero. La piel se reseca, aparecen nuevas arrugas y el cabello se cae. Aunque todo lo anterior se ve como un panorama desolador, para contrarrestar las consecuencias de estos cambios en el organismo existen terapias de sustitución de hormonas, que consisten en suministrar estrógenos por vía oral o por medio de parches. Las dosis hormonales hoy se dan de acuerdo con la necesidad de cada mujer y después de una exhaustiva valoración, lo cual hace el tratamiento muy seguro. El hecho de que la etapa reproductiva de la mujer termine no significa que también acabe su sexualidad. Es cierto que muchas sufren disfunciones sexuales debido a efectos secundarios de medicamentos para otras enfermedades pero ya se ha roto el tabú para hablar de estos temas y existen tratamientos efectivos para mejorarlos. “El sexo a esta edad, por lo tanto, puede ser tan satisfactorio como a los 25 años e incluso mejor porque en este momento la mujer conoce más acerca de sí misma y de su propia sexualidad”, afirma Luz Angela Torres.

De otra parte, es importante que a esta edad las mujeres se practiquen exámenes para prevenir la aparición de ciertas enfermedades. Es el caso de la mamografía para detectar un posible tumor de seno, enfermedad que representa la cuarta causa de muerte entre mujeres en Colombia. También es importante un chequeo médico general una vez al año como mínimo para descartar cáncer de cuello de la matriz y de ovario. Especial atención merece el tema de las enfermedades cardiovasculares. Sin la acción de las hormonas que antes las protegían las mujeres después de los 50 años tienen casi el mismo riesgo de morir a causa de infarto o derrame que un hombre. Por eso es importante un buen seguimiento médico a los factores de riesgo como colesterol, hipertensión y diabetes.

La osteoporosis también representa una amenaza para las mujeres mayores de 50 años pues las pone en riesgo de fracturas cuya recuperación puede ser muy lenta. Para evitar estos problemas la doctora Torres recomienda empezar a tener una dieta rica en calcio a partir de los 30 años para evitar la pérdida de huesos en esta etapa. También es bueno tomar anticonceptivos 10 años antes de la menopausia. “Quienes lo hacen llegan mucho mejor a esta edad”. Pero lo más importante es atravesar esta etapa no como si el mundo se estuviera acabando sino como si se tratara del comienzo de una nueva vida para la mujer.

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