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| 6/23/1997 12:00:00 AM

CARLOS VIVES

Más que un cantante, Carlos Vives se ha convertido en el símbolo de una nueva generación en Colombia.

Del joven que hace 15 años apareció en pantalla besando con torpeza a Amparo Grisales en Tuyo es mi corazón a la estrella que hoy llena estadios enteros al son del vallenato, dentro y fuera de Colombia, hay bastante trecho, el suficiente para que en este lapso Carlos Vives se haya consolidado como protagonista esencial del mundo del espectáculo. Y es que del introvertido galán de televisión que conquistó los corazones de sus fanáticas con la telenovela Gallito Ramírez y luego con su posterior unión con la 'Niña Mencha', Margarita Rosa de Francisco, en uno de los matrimonios más sonados de la década, Carlos Vives pasó a ser todo un fenómeno musical que no sólo demostró que era posible hablar del tan vitoreado 'talento nacional' sino que le abrió las puertas del éxito a una serie de figuras, entre ellas la portentosa Shakira, que quizás no habrían tenido una oportunidad si este samario tímido y carismático no hubiera pegado primero y tan fuerte. A medio camino entre emular a Charlie García y a Luis Miguel, Vives inició su carrera como cantante aprovechando su éxito en las telenovelas, con propuestas alrededor del rock y el pop que para los expertos a la larga sólo le causaron dolores de cabeza. Pero el azar y un talento inexplorado hasta el momento se encargaron de hacer la maravilla. Escogido para protagonizar la serie Escalona, en la cual otorgaría vida, con canciones incluidas, a uno de los más grandes maestros del vallenato en toda la historia, Rafael Escalona, Vives dio en el clavo a lo que él y la mayoría de los colombianos estaban esperando: hacer de la música vernácula una virtud. El éxito de la banda sonora de Escalona fue tan abrumador que en corto tiempo Carlos Vives se transformó en un ídolo nacional, aplaudido como quizás nunca antes un cantante colombiano lo había experimentado y de la mano de un ritmo que hasta ese momento no pasaba de ser patrimonio regional. De ahí a la consagración no faltaba sino un disco, Clásicos de la provincia, cuyo tema La gota fría le dio la vuelta al mundo de la misma forma en que composiciones como La pollera colorá, de Wilson Choperena, y Yo me llamo cumbia, de Mario Gareña, lo habían hecho aisladamente tiempo atrás. Pero el fenómeno Vives, lejos de ser aislado, creció como la espuma. Clásicos de la provincia superó la cifra del millón de copias vendidas, mientras su intérprete agotaba localidades no sólo en Colombia sino en toda Latinoamérica, España e incluso Estados Unidos. Y aunque su más reciente álbum, La tierra del olvido, con todo y sus buenas ventas no se comportó tan bien como esperaban sus productores, el disco marcó el camino hacia la madurez definitiva de un artista que ha sabido aprovechar la música autóctona para universalizarla y contribuir, en consecuencia, a la expansión de la cultura popular colombiana. Tanto que su recién creada casa disquera, Gaira, nació, precisamente, para la promoción de los nuevos artistas nacionales. Pero más allá de sus triunfos individuales, Carlos Vives ha sido figura por la forma como ha contagiado con su carisma y profesionalismo a las nuevas generaciones, para las que la música colombiana ha pasado de ser la vieja herencia de los abuelos a constituirse en un patrimonio vivo y cotidiano.
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