Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1984/07/09 00:00

CARTA AL PADRE

Franz Kafka en una carta que nunca envió, formula cargos a su padre

CARTA AL PADRE

No hay un documento más revelador sobre los problemas de ser hijo que la carta que ese escritor checo, Franz Kafka, se atrevió a escribirle a su padre más no a mandársela y que ha pasado de generación en generación dándole coraje a los hijos para plantear sus contradicciones con el progenitor que les tocó en suerte.
Quien lee este "manifiesto", publicado y reeditado, podría sacar conclusiones sobre Kafka hijo y Kafka padre que no se ajustan totalmente a la realidad familiar de ambos. El profesor universitario Jorge Alberto Naranjo, estudioso de este universo del escritor, despeja las dudas al respecto: La casa natal de Kafka en Praga es una sinagoga, en 1883 cuando nace, la Corte es el corazón de la ciudad vieja en Praga y por eso siempre diría que el peso del pasado era incomparable en ese sitio. Vive dentro del ghetto donde están presos los judíos mientras que los artesanos han logrado liberarse. Por esto los judíos como Kafka tienen que llevar insignias amarillas para salir y no pueden ampliar sus familias de este modelo restringido: es en este ambiente opresivo en el que al pequeño Franz lo obligan a hacer su culto en alemán lo mismo que su aprendizaje. El pertenece a la segunda generación libre y a su padre le ha tocado llegar al ghetto donde la miseria está contigua a la opulencia y las contradicciones conviven abiertamente. Porque proviene del campo, el niño mira con ojos especialmente sensibles la ciudad.
El padre de Kafka es un hombre práctico, combativo, vital, con una gran fuerza corporal, mucho apetito, voz fuerte y presencia de ánimo como diría Franz. Tiene un mal humor asiduo y su religiosidad cumplía un práctico cometido social porque era arribista. Contrastaba con su madre, cuya familia era de eruditos y soñadores con lo que se reflejaba mucho más este hombre: "mientras los Kafka son como robles que se mueren de viejos y de trabajar duro, los parientes mater nos mueren de melancolía, de allí que su padre tenga con él contradicciones despóticas, pero Franz no era indócil como podría pensarse. Abre paso a su vocación literaria con empellones porque su padre y su madre no pueden darle la medida en su formación. Decide hacerse abogado para darle autoridad a su indiferencia; no obstante, sus amigos lo perciben como un hombre festivo y sano".
Ahora sí, puede leerse entre líneas este fragmento de la "carta al padre" y descubrir cómo los cargos que hace el hijo, tienen su razón de ser en la ignorancia de su padre: "Estás completamente equivocado, si crees que por los demás lo hago todo por amor y fidelidad, mientras que por tí y por tu familia, la frialdad y la traición me inducen a no hacer nada.
Lo repito por enésima vez: probablemente me habría convertido igualmente en una persona huraña y temerosa, pero de aquí al lugar que he llegado realmente, queda aún un camino largo y oscuro".
"De momento, bastará con recordar hechos pasados: frente a tí yo había perdido la confianza en mí mismo, que fue sustituída por un infinito sentimiento de culpa. (Recordando esta infinitud escribí una vez sobre alguien, acertadamente: "teme que la verguenza aún no lo sobreviva"). No podía transformarme repentinamente al encontrarme con otras personas: más bien se me acentuaba frente a ellas el sentimiento de culpa, porque, como ya he dicho, tenía que reparar en ellas las recriminaciones que, con mi complicidad, les hacías en el negocio... La imposibilidad de una relación serena tuvo otra consencuencia, por otra parte muy natural: perdí la facultad de hablar. Es probable que de todos modos, no hubiese llegado a ser un gran orador, pero sin duda habría dominado el lenguaje fluído, habitual entre la gente. No obstante, ya muy temprano me prohibiste hablar; tu amenaza: "¡no te atrevas a recriminarme!", y tu mano alzada al proferirla, son dos cosas que me acompañan desde siempre, frente a tí --eres un magnífico orador cuando se trata de lo tuyo--, adquirí una forma de hablar entrecortada, balbuceante, pero incluso eso te parecía excesivo...
Y por ser tú efectivamente mi educador, todo ello tuvo en mi vida una repercusión generalizada. Cometes un notable error si crees que nunca me he sometido a tí. "Llevar siempre la contraria" no ha sido realmente mi norma de conducta contigo, como tú piensas y me reprochas. Al contrario: si te hubiese obedecido menos, seguro que estarías mucho más contento de mí. Lo cierto es que todas tus medidas educativas dieron en el blanco; no esquivé ninguno de tus golpes; en mi actual manera de ser, soy (exceptuando naturalmente los principios y las influencias de la vida) el resultado de tu educación y de mi docilidad".
Este hombre, en esta confesión íntima, da la clave de su angustia humana en la que la "metamorfosis" en insecto es sólo una figura. Sin embargo Franz Kafka pensaba que de las mis teriosas misericordias y de las ilimitadas exigencias de la patria potestad es de donde procede toda obra. Pero para quienes no asumen el problema paterno como fuente de inspiración Kafka resulta revelador de la distorsión que puede darse de esta tierna relación, como se concibe naturalmente, entre un padre y su hijo.---

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