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| 11/17/1986 12:00:00 AM

CARTAGENA

LAS POLITICAS HOTELERAS
Si los colombianos hubiéramos entendido que el turismo es un negocio que puede reportarnos muchos beneficios, seguramente se hubieran producido, a nivel presupuestal, las partidas correspondientes para tener la infraestructura necesaria para su desarrollo. Proyectos como los de la isla de Barú, han quedado sin esperanzas de desarrollo. Y qué no decir de los problemas que se les vienen presentando a Santa Marta y San Andrés.
Ahora ocurre que a la ciudad de Cartagena, llegarán en el término de tres meses, alrededor de 35 mil canadienses que vienen a gozar de nuestras bellezas naturales y de nuestros incomparables sitios históricos. Debemos reconocer que la mayoría quiere más confort que otras de nuestras cualidades y que por ello tenemos que darles servicios públicos eficientes: luz, agua potable, buenas vías.
Se dice que esa cantidad inusitada de turistas copará totalmente la capacidad instalada en materia de hoteles y que el turismo colombiano se verá afectado porque durante ese tiempo no encontrará cupos en los hoteles de tres estrellas y menos. Este asunto de naturaleza simplista sólo nos puede servir para que comencemos a entender que no tenemos suficiente capacidad instalada. Que en lo que respecta a Cartagena, el gobierno nacional debe adecuar no sólo Barú sino Tierrabomba que está casi a un pasito de lo que hoy es el centro de la ciudad.
Barú es una de las regiones del mundo con mayor potencial turístico. Del estudio que adelantó el norteamericano Arthur de Litle se sacan esas conclusiones. Muy a pesar de que esa firma norteamericana, según un libro publicado que se titula El Candidato, es la misma que la mafia de Nueva York usa cuando quiere robar la Alcaldía de esa ciudad, no deja de tener interesantes conclusiones, sobre todo en lo que a su belleza natural se refiere y la necesidad de llevar al lugar servicios públicos.
Naturalmente que desde el gobierno anterior, que no sólo nos llevó en Colombia de un 7% de desempleados hasta un 15% también resintió la industria sin chimeneas.
Los hoteleros se quejan, por otra parte, de la incidencia de los servicios públicos sobre sus costos. Hay dos hoteles en Cartagena que fueron apresuradamente señalados por el señor William Murra Babun -gerente de la Electrificadora de Bolívar- de fraude, cuando la verdad parece ser que no sólo la investigación no fue un modelo de garantías procesales, sino que se habían hecho internamente en ambos establecimientos, políticas tendientes a economizar energía y el resultado de la baja en el consumo produjo asombro en la computadora y eso dio pábulo para las apresuradas declaraciones del gerente. Lo que sí es cierto es que los hoteles grandes, que no pasan de 8, tienen parte de sus gastos porcentualmente dedicados al pago de los servicios y de no existir un cambio de actitud por parte de las empresas de servicios públicos, contribuirán al desempleo porque tal situación los puede llevar a suspender actividades. La ciudad de Cartagena debe tener conciencia de proteger su industria más importante y ello se puede conseguir con algún tipo de estímulo que diseñen los concejales para que se realicen cambios en las políticas de cobro de servicios en defensa del pueblo de la ciudad.
En varios sitios del mundo desde Ciudad de México hasta Moscú, existen las organizaciones de guías turísticos, más o menos preparados, más o menos imaginativos. Cartagena no es la excepción y algún gerente de la Corporación de Turismo decidió hace algunos años reglamentar por resolución lo que está adscrito constitucionalmente a la ley. Allí fue Troya. Se les expidió un carne, les enfrentaron unos a otros y en fin, lo que debió ser una política para capacitarlos, los entregó a las disensiones y a manos de los policías portuarios. Hubo enfrentamientos y como resultado, más desempleo.
Hay dos lugares de gran captación turística en la ciudad de Cartagena. Bocagrande, donde están sus mejores y más grandes hoteles y que está conformado por la península y su agregación El Laguito, donde confluyen las gentes de más altos ingresos, tanto nacionales como extranjeros, y Marbella y Crespo, donde llegan las gentes de escasa capacidad económica. Ambos requieren el apoyo oficial, pero definitivamente son dos zonas de alta densidad habitacional y debe prepararse la ciudad para su desarrollo en otras áreas, como los mismos Tierrabomba y Barú y el no menos importante sector de los Morros, cerca del nuevo anillo vial y de la salida hacia Barranquilla.
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