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| 11/9/1998 12:00:00 AM

CESAR GAVIRIA TRUJILLO


Nació en 1946 en Pereira estudio economia en la Universidad del los Andes. Llegó a la Cámara de Representantes y ocupó la presencia de esa corporación en 1983.
Fue Ministro de Hacienda y de Gobierno durante la administración de Virgilio Barco. Como jefe de debates de Luis Carlos Gálan, al producirse su muerte fue nominado como su sucesor.
Gano la consulta liberal y el 25 de mayo de 1990 fue elegido Presidente. Su gobierno se caracterizó por llevar a cabo la internacionalización de la economia y por cambiar la Constitución de 1886. Actualmente es secretario general de la OEA.

LOS QUE DISTINGUE A César Gaviria como hombre de Estado es su inagotable capacidad para impulsar políticas de largo alcance. Esa es la impronta de su paso por la vida política de Colombia de la segunda mitad del siglo XX. Ahí están la Constitución de 1991 y la apertura económica; el sometimiento a la justicia y el proceso de paz. Siempre apuntando a objetivos fundamentales: la renovación de la política; el perfeccionamiento de la democracia; la inserción de Colombia en el nuevo escenario internacional; el fortalecimiento de la justicia; la negociación con la guerrilla.
Pero Gaviria es, además, síntesis de las aspiraciones de renovación política de toda una generación de colombianos. Y no solamente por haber incorporado a la agenda de la discusión pública nuevas cuestiones y haber llegado al poder enarbolando las banderas de Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo, sino por entender la política como un instrumento para transformar la realidad e impulsar el cambio. No como un fin o una profesión en la que los dirigentes se eternizan y se sostienen por la propia inercia del oficio, sino como un medio para abrirle paso a la modernización, para permitir el avance de la sociedad, para buscar soluciones a los problemas.
Si hay algo que retrata de cuerpo entero al Gaviria presidente es su propia expresión de que él no sirve para administrar la rutina. El liderazgo que ejerce es el del movimiento, el de la acción, el de tomar riesgos, el de avanzar en medio de las dificultades. Esa es su ley. Su gobierno fue prueba suficiente de cómo en medio del narcoterrorismo, la violencia, la amenaza y la intimidación permanente, logró siempre mantener unas metas colectivas, unos propósitos comunes, unas políticas compartidas por amigos y adversarios, dentro de ese espíritu de mirar hacia adelante y fijar derroteros de largo aliento.
Su temperamento le permite manejar situaciones de crisis con sobradas capacidades. Tiene fama bien ganada de pragmático y frío, y quizás eso es lo que le permite tomar la distancia necesaria de los problemas, para analizarlos en todo su espectro y actuar sobre ellos. Esta cualidad, reconocida por todos durante su gestión como Ministro de Gobierno de la administración Barco, fue la que lo proyectó hacia la Presidencia de la República. En momentos en que el país parecía perderse en medio de la confluencia dc graves hechos, como el secuestro de Alvaro Gómez, las marchas campesinas, los paros cívicos y la voladura de oleoductos y torres de energía, el país reconoció en Gaviria liderazgo y buen manejo.
Por formación y por convicción es firme creyentc de que cada cual es artífice de su propio destino, y que lo que haga o deje de hacer es lo único que vale. Por ello se define a sí mismo como un político de resultados.
César Gaviria es fruto de un enorme esfuerzo personal y una férrea disciplina, casi monástica. Se prepara a fondo en los temas que tiene que trabajar y poco a poco se va tornando más directo y sintético en sus juicios. Empieza oyendo. haciendo preguntas y discutien do. Luego leyendo documentos y pidiendo borradores para sus discursos. Pero al cabo del tiempo, termina improvisando con fluidez y escribiendo sus propias intervenciones.
Su disciplina es legendaria y la aplica para todas las actividades de la vida: para hacer deporte, para viajar y visitar museos, para leer sobre arte o historia o incluso para descansar o estar en familia con sus hijos y con su esposa, Ana Milena, por quien profesa un respeto intelectual sin par.
Lo que sobresale de su personalidad es la consistencia: Gaviria hace todo lo que tiene que hacer, tomando riesgos a veces o siendo prudente: como estudiante de economía sacó siempre buenas notas; como congresista alzó la voz para cuestionar al gobierno en torno a los hechos del Palacio de Justicia; como titular de la cartera de Hacienda sacó adelante la más ambiciosa reforma tributaria de los últimos tiempos; como Ministro de Gobierno se jugó a fondo para conjurar una compleja situación de orden público, y como dirigente liberal en 1989 supo esperar y en vez de lanzarse como precandidato a la Presidencia, como muchos le propusieron, prefirió apoyar, como jefe de debate de su campaña, a Luis Carlos Galán.
Don Agustín Nieto Caballero decía que la suerte sí existía, pero que favorecía a los que estaban mejor preparados. Ese es el caso de Gaviria. La buena estrella del ex presidente, de la que tanto se habla, no es otra cosa que su disposición para aprovechar las oportunidades, nacida de su afán permanente por estar bien preparado.
Lo que es claro por ahora es que en el libro de César Gaviria todavía faltan muchos capítulos por escribir. Acaba de cumplir 51 años y si hasta hace poco se decía que era un hombre que tenía el país en la cabeza, hoy, luego de cuatro años como secretario general de la OEA y con un proceso de reelección a la vista, se le reconoce que tiene una concepción integral del hemisferio. Forma parte de apenas un puñado de dirigentes americanos que lideran el más ambicioso proyecto de integración que se haya vivido en el continente desde la fundación de la Unión Panamericana en 1890 o de la creación de la propia OEA en 1948. Y él sabe que esta nueva era de relaciones interamericanas no es otra cosa que un largo camino de creación y acción colectiva que tienen las Américas por delante, y en el cual él seguirá siendo protagonista de primeralínea.
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