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| 10/31/1988 12:00:00 AM

CHILE: DICTADURA O DEMOCRACIA

Las últimas encuestas sobre el plebiscito de Pinochet, indican que el dictador está bailando en la cuerda floja.

Chile, estremecido periódicamente por movimientos subterráneos de la naturaleza, está palpitando, aceleradamente con intensas manifestaciones humanas que copan la superficie de su territorio, a pocas horas del plebiscito que debe decidir la permanencia del general Augusto Pinochet en el poder. Tras quince años de dictadura militar, Pinochet impuso su nombre para que los chilenos le digan SI o NO a su intento de prolongar por ocho años más su mandato, con lo que completaria casi un cuarto de siglo como gobernante de facto del país que en América Latina había tenido hasta 1973, la más arraigada tradición democrática.

El país está dividido como pocas veces en su historia, en dos bandos claramente definidos. De un lado, Pinochet, el estamento militar que lo sostiene, una clase empresarial que cree y respalda el proyecto político y económico del general, y un no del todo desestimable respaldo popular de algunos sectores entre los cuales, la figura del hoy paternal dictador, ha tocado ciertas fibras, sectores éstos que podrian ser definitivos para un eventual triunfo del SI.

Del otro, dieciséis partidos políticos de todas las tendencias, que han levantado la bandera del "NO a Pinochet y a su institucionalidad" y han abierto una campaña alegre y colorida, de grandes manifestaciones y gigantescas marchas enmarcadas en un símbolo que busca ser metáfora de la apertura: el arco iris.

Con este escenario, Chile vuelve entonces a sobresalir ante las atentas miradas internacionales. Estas guardan muchas emociones transmitidas tanto por las historias tejidas en la centenaria democracia, como por las vividas en la década y media de dictadura. Son las mismas miradas que abrieron los ojos ante la posibilidad de que en esta estirada porción del planeta, se avanzara hacia el socialismo por una vía pacífica. Y son las mismas que vieron desmoronarse esa posibilidad, para ser remplazada por una recia dictadura a la que no le tembló el pulso a lo largo de la década pasada y después del golpe del 11 de septiembre de 1973 que derrocó al presidente socialista Salvador Allende, para perseguir, arrestar y, en muchos casos, asesinar, a sus opositores. Y son también las miradas que han visto, en los últimos años, a Pinochet cambiar de careta, dejar a un lado el uniforme militar, vestirse de civil y adquirir una pose de abuelito comprensivo, mientras presenta al mundo algunos resultados económicos que han sorprendido a muchos.

Muchas de esas miradas han querido ver el proceso de cerca. Alrededor de 180 observadores no gubernamentales, representando instituciones religiosas, sindicales, académicas, artísticas e intelectuales, y políticas, se harán presentes en Chile este 5 de octubre, cuando se desarrollen las votaciones. Entre éstos, se encuentran dos ex jefes de gobierno: el español Adolfo Suárez y el ecuatoriano Oswaldo Hurtado. Al lado de ellos estará también el Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel. Además, 150 parlamentarios de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, que han venido a acompañar a los chilenos en una de sus horas más dramáticas.

LAS GRANDES ALAMEDAS
En los últimos meses, muchas cosas han cambiado en Chile. Cuando ya casi expiraba la democracia, en esa lluviosa mañana del 11 de septiembre del 73, Allende profetizó poco antes de morir, que más temprano que tarde, otros chilenos vendrian y abririan las alamedas para que por ellas pasara "el hombre libre". Para muchos, esa apertura, que apenas ahora se ha comenzado a insinuar, puede terminar de llegar más tarde que temprano. Pero sea como fuere, en las últimas semanas, ese "hombre libre" ha dado claras señales de vida.
En una movilización sin precedentes en la historia de Chile, desde el norte desértico hasta el lluvioso sur, brotó un entusiasmo por las nuevas expectativas que abria el futuro cercano. "Ya viene la alegría" fue el lema que gritaron miles y miles de chilenos en gigantescas marchas que convergieron el 1° de octubre, en el centro de Santiago. Venian de 54 ciudades y 155 comunas de los distintos territorios, y habían recorrido cerca de 3 mil kilómetros. En la capital, los esperaban los líderes del Comando por el NO. "Para muchos de nosotros --diría luego uno de los organizadores de la manifestación--fue el primer momento en que sentimos nítidamente que Pinochet era derrotable".

Ya desde el 30 de agosto, un mes antes, la marea había comenzado a subir. Ese día, los comandantes de las Fuerzas Armadas acababan de proclamar al candidato único Pinochet, para someter su nombre al plebiscito. Por la noche, multitudes se reunieron en las esquinas de muchos barrios para protestar contra la proclamación. Las manifestaciones de rechazo fueron ganando la calle y los 15 minutos diarios de espacio televisivo reservado--por primera vez en 15 años--a la oposición, se dedicaron a convencer a los chilenos de que era posible lo que hasta hace pocos años resultaba para muchos simplemente impensable: reconstruir la democracia chilena. Para vender el NO, los 16 partidos acudieron a un lenguaje de reconciliación y apertura: -"Sin odio, sin violencia y sin miedo " invitaban a rechazar al candidato único. Los partidarios del SI diseñaron una estrategia diferente. Aunque había aspectos similares en cuanto al nuevo rostro amable de Pinochet, la campaña del SI se basó en inyectar odios y temores ante el inminente regreso de "los rojos" y del caos. Las cartas estaban entonces sobre la mesa. Se trataba de luchar, palmo a palmo, para conquistar a los numerosos indecisos, que representaban según las encuestas, a un 30% del electorado.

Entonces, la dictadura se jugó una carta que consideró maestra: autorizó el regreso de aquellos exiliados cuya presencia en Chile había sido, hasta hacía poco, inimaginable. Le tocó el turno a los partidarios del NO de aprovechar esta situación, para que las palmas no se las llevara el gobierno. Sintonizada con la campaña de los 15 minutos de televisión, Hortensia Bussi viuda de Allende pronunció sus primeras declaraciones: "No traigo rencor ni ánimo de venganza. Quiero un Chile en el que haya justicia y democracia, donde los derechos humanos sean plenamente respetados", para luego agregar, manteniendo su sintonia con los demás partidarios del NO, que "nuestro mensaje no es el miedo sino la esperanza, no es el odio sino la alegría, no es el pasado sino el futuro que construiremos juntos". Minutos después, ingresaba a Santiago atravesando una avenida flanqueada por numerosos manifestantes que habian comenzado a perder el miedo.

Más tarde, ese mismo día, regresaban los integrantes del conjunto musical Inti-Illimani, después de 15 años de exilio, y los del grupo Illapu, después de 8. Alejandro Hales, uno de los dirigentes opositores, los recibió frente a unos cien mil manifestantes, con una frase que pretendía ser premonitoria:
"Esto es una fiesta de reencuentro con Chile. Aquí está el pueblo que ríey que llora, y presiento que es su última lágrima, porque el 5 de octubre y tiene la victoria".

EL ABUELITO
En contraste con lo que ha sido el despertar opositor, los impulsores de Pinochet empezaron su campaña con problemas. La nominación de Pinochet como candidato único no recibió el respaldo del partido de derecha que siempre lo había acompañado. Esto obligó al gobierno a no convocar a concentraciones en las calles, y a limitar su acción a escenarios cerrados y, si mucho, a caravanas de automóviles por algunos barrios de Santiago.

El eJe de la campaña por el SI ha sido el mismo Pinochet. Para empezar, se despojó de su uniforme militar para vestirse de civil. Encorbatado y luciendo siempre una luminosa perla remplazó su voz de mando por la lectura de ofertas de compromiso y concesiones. El Pinochet severo y autoritario se transfiguró en un señor que proponía una nueva actitud como gobernante, al invitar a la "oposición democrática'' a ocupar un espacio en la próxima etapa de su proceso, del proceso de Pinochet. Intentaba asi seducir a los indecisos y, más aún, a las bases de los sectores moderados de la oposición para que marquen el SI en la papeleta de este miércoles. Esta ofensiva se complementó con una agresiva campaña contra los opositores, presentados casi como los jinetes de un apocalipsis chileno.

Los esfuerzos de los asesores de Pinochet por cambiarle su imagen, se acentuaron al conocerse los resultados de la última encuesta nacional del Centro de Estudios de la Realidad Nacional y Contemporánea (CERC), efectuada con posterioridad a la nominación del candidato único. Mientras en agosto pasado, el 30.8% había declarado su intención de votar SI, en septiembre, esas preferencias bajaron dramáticamente a un 19.6%. En ese mismo período en cambio, la intención de votar NO subió del 40.6% al 47% Los indecisos también crecieron, aunque levemente, pasando del 11% al 13.5%.
En la sola capital, donde evidentemente se ha sentido más el impacto del regreso de los exiliados, de los 15 minutos de televisión y de la convergencia de las marchas del 1° de octubre, la situación es mucho más dramática para Pinochet: su respaldo pasó entre agosto y septiembre, del 25.5% al 17%, en tanto que el NO se disparó del 48.3% al 56%, y los indecisos subieron del 9% al 10% .

Pero hay otros indicadores políticos que las encuestas han revelado, y que demuestran que el ambiente proPinochet ha disminuido considerablemente. Una mayoría de chilenos estima negativa la continuación del gobierno militar y de Pinochet en el poder. Algo similar sucede con la participación de las Fuerzas Armadas en política, rechazada mayoritariamente en las encuestas. También es mayoritaria la opinión de que se debe buscar una salida negociada y pacífica hacia la democracia, y la que expresa que el gobierno militar no tiene una verdadera voluntad negociadora ni de diálogo.

DEMOCRACIA A LA PINOCHET
Pero, ¿qué es lo que en últimas, le propone Pinochet al pueblo chileno? Para empezar, el general está buscando que la Constitución aprobada --también plebiscitariamente, en unas elecciones que dejaron serias dudas- en 1980, sea plenamente aplicada. Y aplicarla significa que, si gana el SI, Pinochet se quedará por 8 años más en el poder, tutelando una peculiar democracia, con un parlamento con escasa capacidad de maniobra (la Constitución prevé generosas atribuciones presidenciales, incluida la designación por el mandatario de parte del Senado, y establece quórums demasiado altos para cualquier intento de modificarla).

En el plano socio-económico, de ganar, Pinochet continuaría aplicando una política neoliberal sustentada en un poderoso sector privado, encargado de incrementar la riqueza nacional, a través del aumento y la diversificación de las exportaciones y de la inversión en sectores que presenten ventajas comparativas con el exterior, politica ésta que ha alcanzando grandes resultados (ver artículo), cuestionables sin embargo desde el punto de vista de algunos indicadores sociales como el desempleo.

La propuesta del NO se basa en que, derrotado Pinochet el miércoles, en vez de aplicarse la Constitución de 1980, según la cual esa derrota no haría inminente la salida del dictador, se abra una negociación con las Fuerzas Armadas, orientada a iniciar una efectiva transición a la democracia. Se trata concretamente de buscar una reforma constitucional que adelante las elecciones presidenciales y de parlamento previstas para fines de 1989, medida a la que, según las encuestas, un 70% de los chilenos se muestra favorable. La oposición cree, en resumen, que es posible regresar a la democracia abierta y participativa, con múltiples partidos politicos actuando libremente, y con un parlamento elegido enteramente por el voto popular. En cuanto a las cuestiones económicas, aunque los distintos sectores difieren en algunos aspectos, todos coinciden en la aplicación de una politica más solidaria con las clases bajas.

EL TODO POR EL TODO
Como puede verse, el miércoles 5, Chile llegará al momento en que--como dicen los mismos chilenos-"las papas queman". A juzgar por las encuestas, ya ni siquiera un vuelco grande del margen de indecisos hacia el SI, podría evitar un triunfo del NO. El mismo Pinochet parece haberse dado cuenta de lo que se avecina. Desesperado ante el retroceso en los sondeos, el general resolvió hacerse cargo personalmente de la supervisión del espacio diario de 15 minutos en T V., que tienen partidarios del SI.
El jueves en la noche, los 15 minutos fueron dedicados a una entrevista al general en su ambiente íntimo y familiar."Era un Pinochet envejecido, desanimado, sin argumentos, el que vimos anoche", dijo el viernes un corresponsal extranjero que ha cubierto el proceso de Chile durante muchos años.

Todo indica pues que el NO va a ganar este miércoles. Pero a esta conclusión hay que hacerle algunas salvedades. Para empezar, las encuestas--a pesar de lo claro que han hablado- pueden tener un margen de error amplio, en un pais en el que sólo ha habido votaciones una vez en 15 años.
Aparte de esto, es bueno señalar que al gobierno le queda un último recurso, si desea evitar a toda costa resultar derrotado: un zarpazo a los escrutinios, un fraude a favor del SI, cuyas consecuencias, a la luz de las movilizaciones por el NO de las últimas semanas, resultan imposibles de predecir. El tercer camino es el que muchos creen que Pinochet recorrerá: aceptar el triunfo del NO y acogerse a las reglas del juego de la Constitución de 1980, que prevén que siga en el poder por lo menos hasta finales del próximo año, cuando se celebren elecciones generales. Elecciones a las que Pinochet puede llegar como candidato presidencial, ya no único como ahora, sino en franca competencia con los de la oposición. El general puede jugarse entonces la carta de aparecer como simbolo de la estabilidad, frente a una oposición seguramente dividida.

Pero esta especie de "con cara gano yo, con sello pierden ustedes" de las reglas de Pinochet, no significa que la oposición no pueda buscar un camino más expedíto que el previsto en la constitución del 80, para la realización de las elecciones. Se da por descontado que el Comando por el NO tratará, en caso de obtener un claro triunfo el miércoles, de contactar algunos sectores de las Fuerzas Armadas, para convencerlos de aplicar realismo político a la situación, remover a Pinochet e iniciar un rápido retorno a la democracia de partidos. Pero mientras esta posibilidad se abre, a los partidarios del NO sólo les queda hacer hasta lo imposible por ratificar en las urnas la tendencia marcada por las encuestas. Con ello, no habrán acabado con Pinochet, pero al menos habrán derrumbado el mito de invencibilidad del dictador y habrán evitado que su reinado se prolongue automáticamente por ocho años más.--

OPINION POR EL SI
Sergio Onofre Jarpa, ex embajador en Bogotá y posteriormente en Buenos Aires y ministro del Interior del gobierno de Pinochet, es el actual líder de uno los principales partidos que apoyan al actual regimen: Renovación Nacional.

SEMANA: ¿Cuáles son las garantías para la oposición de que habrá cambios?
Sergio Onofre Jarpa: En la Constitución están previstas las garantías para quienes voten en contra. Garantizamos que la constitucionalidad no será comprometida cuando ellos pierdan el plebiscito. Hay garantías para continuar con el desarrollo del país y que no será destruida toda la obra económica y social.

S.: ¿ Ve una situación de peligro en caso que haya conflictos en el plebiscito?
S.O.J.: Las elecciones y plebiscitos se hacen precisamente, porque hay conflictos de ideas, propósitos y programas y es necesario que la mayoría decida. Así son las democracias. El problema no es la negociación que pueda venir después de las actuales discrepancias que son legítimas. Lo que buscamos es la estabilidad del país y el desarrollo de la democracia que Chile precisa.

S.: ¿Considera adecuado que el presidente Pinochet mantenga su condición de comandante en jefe del ejército al postular a un nuevo mandato?
S.O.J.: Eso no es algo que esté establecido en la Constitución. En la historia de Chile ya ha habido militares que fueron excelentes presidentes.
No creo que sea una ventaja o una amenaza el hecho de que sea miembro activo de las Fuerzas Armadas.

S.: Si triunfa el "no", ¿usted es partidario de que haya una negociación con las Fuerzas Armadas?
S. O. J.: Creo que es preciso cumplir con la Constitución. Dentro de eso se puede negociar cualquier cosa en bien del país, distinto es el caso si se plantea una negociación al margen de las reglas de juego, pues las Fuerzas Armadas están comprometidas a respetar la Constitución.

S.: ¿Pero esas conversaciones versarían precisamente sobre la Constitución?
S.O.J.: La Constitución a medida que pasa el tiempo puede irse modificando, pero eso no puede ocurrir agitando la ilegitimidad del gobierno de las Fuerzas Armadas, ni ignorando la Constitución.

S.: ¿Cree usted que el general Pinochet sea el mejor candidato posible?
S.O.J.: Por su carácter, su experiencia, su voluntad, su patriotismo, su inteligencia y su paciencia creo que Pinochet es el mejor candidato dentro de las posibilidades reales y por lo demás es imposible que haya un candidato que pueda tener la adhesión de todos.

S.: Tradicionalmente el pais fue politicamente de tres tercios; izquierda, centro y derecha. ¿ Usted cree que ese esquema se mantiene?
S.O.J.: Ese es un tema muy importante. Ahora hay dos posiciones: nosotros, que queremos una sociedad libre y un sistema democrático eficiente y verdaderamente representativo y los que creen que el país debe ser conducido por una sociedad socialista en que el Estado controla todas las actividades y, definitivamente, la vida de las personas. Creemos que es preciso avanzar hacia una economía social de mercado, en que la empresa privada es el motor del desarrollo y la participación social. Hay quienes piensan que el desarrollo debe producirse con la intervención del Estado como propietario e interventor de las empresas. Entonces hay dos posiciones fundamentales, aunque haya matices en cada una de ellas, pero hay dos posiciones y esa incógnita es la que será resuelta en el plebiscito.

RICARDO LAGOS
OPINION POR EL "NO"
SEMANA consultó en Santiaqo, la opinión de Ricardo Lagos, dirigente socialista y presidente del Partido por la Democracia, principal fuerza política de la oposición.

SEMANA: ¿Qué significa que el PPD sea un partido instrumental?
RICARDO LACOS: Un partido instrumental es un partido producto de estos tiempos de dictadura que vivimos. En una dictadura, las alternativas son la democracia o continuar en dictadura. El PPD es un instrumento para derrotar políticamente a Augusto Pinochet en su propósito de perpetuarse en el poder.

S.: ¿Qué mensaje le daría usted a las Fuerzas Armadas a pocas horas del plebiscito?
R.L.: A las Fuerzas Armadas, les quiero señalar que son parte de Chile, que tienen que aceptar el veredicto que habrá el 5 de octubre y escuchar a a mayoría del país que se pone de pie, porque no pueden ligar su suerte la de un general derrotado. Las convoco porque son instituciones de la patria toda, para que retomen el camino de reencuentro con la voluntad nacional y para que se incorporen con su historia. A ustedes el pueblo de Chile les abrirá sus brazos si escuchan su voz que se expresará masivamente votando No en el plebiscito.

S.: ¿Cómo describiría usted al Chile que ha recorrido en sus giras y que se apresta a decidir su futuro institucional?
R.L.: Hay dos países, uno oficial otro marginal. Esta realidad se ha puesto en evidencia con el plebiscito En las regiones el pais está igualmente dividido que en Santiago. Gran influencia han tenido los espacios que la oposición conquistó en los medio de comunicación; los 15 minutos diarios que el gobierno otorgó a los partidos del No en televisión, significaron que por primera vez la gente se atreve a salir a las calles y protesta por todas las injusticias cometida durante estos 15 años. Por primera vez, por otra parte, el gobierno nos ve tal cual somos y no como nos había imaginado.

S.: ¿Cuáles son los pasos a seguir luego del triunfo del No?
R.L.: Hemos dicho que es necesario concordar con las Fuerzas Armadas un camino para restablecer la democracia, lo cual significa--en más breve plazo posible--elecciónes abiertas de Presidente de la República y de un Congreso Nacional con facultades constituyentes. La concertación de los 16 partidos que integran el comando por el No se han comprometido en un pacto de gobernabilidad que dará estabilidad a la futura democracia, respeto a los derechos humanos un consenso económico de integridad nacional.

S.: Se encuentra optimista, ¿podrá decirnos en qué se basa su actitud?
R.L.: El país percibe con toda claridad que la opción democrática sultará victoriosa, el No es mayoría. Por eso el general Pinochet busca crear-alarma pública y generar un clima de violencia artificial para justificar un eventual desconocimiento al triunfo del No. Por ejemplo la forma en que la franja propagandística del Sí se utiliza para sembrar el odio y mentira.
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