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| 2/28/2005 12:00:00 AM

'Chori-libros'

Aunque suene increíble, para un par de paisas los chorizos se han convertido en la mejor forma de fomentar la educación. 'Aquí Medellín' es el ejemplo de que no sólo las grandes empresas pueden asumir su responsabilidad social.

Mientras los viajeros antojados se detienen para calmar el hambre con chorizos y arepa antioqueña, los estudiantes de los municipios de El Rosal, Funza, Tenjo y Subachoque llegan para resolver la tarea de historia o a terminar el proyecto de biología. Así es el día a día del puesto de comida Aquí Medellín, ubicado a un kilómetro después del peaje de Siberia, en la vía Bogotá-Medellín. Un pequeño paradero donde la grasa y los libros hacen una buena combinación.

En 2002 el paisa Ramiro Soto y su esposa Patricia Guzmán crearon tan singular mezcla con el fin de fortalecer la educación de la región. Para ese entonces la pareja llevaba 10 años viviendo de sus chorizos. Soto, por su experiencia y gusto por la cocina, y Guzmán porque no había logrado encontrar trabajo en su profesión de bibliotecóloga.

"Si no sale nada, me va a tocar poner algo acá en la casa", le comentó Patricia a su esposo, que para su sorpresa le respondió: "Pues póngalo". Al domingo siguiente ya funcionaba en el garaje de la familia la sencilla 'biblioteca campestre', con algunas sillas y los 50 libros que su hijo Ramiro tenía del colegio.

Desde el primer día, niños y jóvenes de toda la región comenzaron a llegar. Rosmery Sabogal, ahora de 18 años, fue desde el comienzo una de las seguidoras de los libros con grasa. La totalidad del proyecto de graduación del bachillerato lo hizo allí. Ahora que estudia en un instituto de educación superior en Bogotá, consulta la biblioteca los domingos.

Juan David López, de 14 años, visita al paisa y a Guzmán entre semana. Llega siempre en bicicleta a eso de las 3 de la tarde para pedirles ayuda con las tareas del día. En cambio, Manuel Rojas, estudiante de décimo grado del Liceo Campestre Siglo XXI de La Punta, prefiere ir los fines de semana en la mañana.

Hoy, gracias a la ayuda de quienes llegan por un plato de chorizos, tienen cerca de 12.000 libros. Esos miles de tomos, más un escritorio gris, cuatro mesas blancas de plástico, 15 sillas plásticas, una fotocopiadora y tres computadores forman la biblioteca más grande de la vereda La Punta y sus alrededores. Los costos para el público son cero: "La consulta en la biblioteca es gratuita. Las fotocopias supuestamente las cobro a 100 pesos, pero cómo les voy a cobrar a unos niños que a veces no tienen para desayunar o almorzar", dice el paisa.

Como en las grandes bibliotecas, todo está sistematizado. Los estudiantes reciben un carné que, además de identificarlos, les ayuda a Soto y a Guzmán a contabilizar las consultas que se realizan, sobre qué temas y cuáles son los libros buscados. Hoy ya suman más de 3.000 consultas desde que se creó la biblioteca.

Esta sistematización, además de cifras, les permite saber qué textos necesitan para cumplir con las necesidades de la gente. "Porque acá, además de los niños, vienen universitarios que viven en la zona y requieren libros mucho más especializados, y que son más difíciles de conseguir", afirma el paisa.

La biblioteca sobrevive con las donaciones que hacen los clientes de Aquí Medellín, porque el negocio como tal ya no deja tantas ganancias como antes. Por eso, Soto espera que los ministros, generales y todas las personalidades que se detenían en el puesto vuelvan de nuevo. Esta vez, por algo más que un chorizo con arepa.
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