Martes, 17 de enero de 2017

| 1995/10/23 00:00

CIEN AÑOS DESPUES

Se cumple un siglo de la muerte de José Asunción Silva, para muchos el más importante poeta de la historia de Colombia. ¿Cómo era este misterioso personaje? ¿Por qué se suicidó? Informe Especial de María Mercedes Carranza.

CIEN AÑOS DESPUES

JOSE ASUNCION SILVA MURIO EN la madrugada del domingo 24 de mayo de 1896. Tenía 31 años de edad, no había publicado un solo libro y sus versos que leía en tertulias y publicaba en periódicos -eran motivo de crítica y de mofa por parte de la mayoría de sus contemporáneos. De familia acomodada y de rancia alcurnia bogotana, vivía con su madre y su hermana en unas piezas arrendadas de esa casa de la calle 14 con carrera 3.
Y de su patrimonio económico -poco tiempo atrás floreciente- solo quedaban los 10 pesos que le encontraron en la billetera y 52 ejecuciones judiciales pendientes sobre su cabeza. Su muerte constituyó una vergüenza para sus íntimos y un escándalo para la sociedad. Fue enterrado en tierra no sagrada, en el lugar destinado a los sacrílegos que se atreven a atentar contra su propia vida. Como última despedida no recibió flores, sino un puñado de cal que, antes de sellar el ataúd, le lanzó en la cara el enterrador.
Sin embargo, este desdichado había escrito la obra poética más importante de Colombia hasta hoy. Había iniciado la poesía moderna en el país, que bien puede dividirse en antes y después de él. Y había iniciado también, con algunos contemporáneos suyos de otros países latinoamericanos, la gran revolución de la lírica en lengua española, es decir la revolución modernista, que Rubén Darío llevaría más tarde a su plenitud. Todo ello colocaría a Silva entre los grandes poetas de nuestro idioma, pero el país nunca se ha preocupado por divulgar su obra en el exterior para que se la conozca y se la sitúe en el lugar que le corresponde.

BELLEZA APOLINEA
¿Cómo era José Asunción Silva? Existen varios testimonios de sus amigos que permiten saber sobre su apariencia física, sus modales, su carácter y sus gustos. Sin duda alguna fue muy buen mozo. Clímaco Soto Borda habla de su "belleza apolínea" y Horacio Botero recuerda al adolescente "bello como un Apolo". Según su médico, Juan Evangelista Manrique, tenía una "bella cabellera " y "era alto y pálido ", anota Pedro Emilio Coll; Pedro Domínici alude a "su figura esbelta y aristocrática".
El venezolano Blanco-Fombona lo describe así: "El tipo físico era de suma distinción. Poseyó la hermosura corporal, de par con la hermosura del espíritu, regalos que los dioses combinan rara vez en un mismo presente a los mortales. Apuesto, flexible, pálido, el perfil ático, la corrida barba crespa y castaña.. . ". Rafael Núñez no se quedó atrás: "Es una obra estatuaria de perfecta carne viva", dijo el poeta.
A los 20 años Silva viajó a París y allí conoció la literatura francesa de fin de siglo, decisiva para su obra, pero también vivió y gozó la decadente, exquisita y refinada sociedad de ese momento. Fue así como adquirió gustos y maneras que nada tenían que ver con la Bogotá aldeana y conventual a la que regresó poco tiempo después. Su modo de vestir y de comportarse disonaron en seguida y fueron también motivo de burlas.
Su compañero de tertulias, Emilio Cuervo Márquez, proporciona un excelente retrato de ese nuevo Silva, ungido por la exquisitez parisiense: "Ojos negros y luminosos, nariz aquilina, tez pálida, boca bien dibujada, bigote y barba negros y sedosos, partida ésta en dos como la de los ismaelitas nobles. Vestía siempre de negro y calzaba con esmero. La cabeza cubierta por el hongo carmelita con cinta negra. En la indispensable corbata picaba un alfiler con brillante del que pendía una perla en lágrima. Las manos blancas, de uñas pulidas y recortadas en almendra...".

AFEMINADO, EXQUISITO, CONVERSADOR
Coll completa este cuadro, dando detalles que escandalizaban a los pacatos bogotanos: "Vestía de negro, la caña en una mano, los guantes en la otra, la gardenia en el ojal, perfumado con opoponax, brillante el pelo". ¿Cómo extrañarse que lo tildaran de dandy, afeminado, diletante y frívolo? Son varios los testimonios que se refieren a Silva en esos términos. Y tuvo que sufrir que le colocaran apodos burlones. Ya sus condiscípulos de infancia lo llamaban irónicamentre "el niño bonito", más tarde sus detractores lo apodaron 'José Presunción'. Y en Caracas sus mismos amigos le decían 'La casta Susana', según cuenta Domínici, quien agrega que no había en ello malevolencia, pues "en nada recordaba a la honesta señora del relato bíblico; pero en su aspecto exterior, y en sus gestos habituales reveláse aquella feminidad que era solo el reflejo que caracteriza a los niños mimados y educados entre mujeres...".
Porque, en realidad, las cursilerías de Silva no paraban en su "fatigada elegancia de fin de siglo". Tenía tantos zapatos "que hubieran bastado para veinte pies descalzos", algo insólito para la sobria y patriarcal Bogotá de entonces; fumaba cigarrillos egipcios con boquilla dorada que ofrecía exhibiendo una lujosa petaca de plata martillada; y su habitación, tanto en Bogotá como en el hotel de Caracas, era lujosa "con pequeños detalles de exotismo placentero".
Todos coinciden en que era un gran conversador, sociable, le gustaban las fiestas, tenía fino sentido del humor y una actitud indolente, bebía muy poco y solo vino, fumaba como una chimenea. Coll dice que "hablaba con voz armoniosa, contrayendo los párpados, entreabriéndose la abundante barba castaña; hablaba febrilmente a ratos, a ratos con desdén...". Agrega que era tímido, sensitivo y con apariencia de hombre frívolo.
En sociedad se comportaba de un modo, con sus amigos de otro. Entre éstos era aplomado, con una conversación inteligente y erudita. En las fiestas servía con éxito de animador, pero se complacía en remedar a personas para ponerlas en ridículo y mostraba un talante orgulloso y despectivo, lo cual le atrajo bastante animadversión.

HACE 100 AÑOS...
Eran las siete de la mañana del domingo 24 de mayo de 1896, cuando la negra Mercedes entró a la pieza de Silva para despertarlo con el tinto matinal. Allí lo encontró tendido en la cama, recostado en varias almohadas y tapado hasta la cintura, la cabeza ligeramente inclinada sobre el hombro izquierdo. Según Cuervo Márquez vestía "la camisa de dormir, conservando el pantalón, negro a finas rayas blancas, las medias punzó de seda y los zapatos charolados. En este traje lo pusimos en el ataúd". Y prosigue: "El arma, un viejo revólver Smith & Wesson, yacía sobre el lecho al alcance de su mano".
Sobre la mesa de noche se encontró El triunfo de la muerte, de D'Annunzio, revistas, el manuscrito de De sobremesa y un cenicero repleto de cigarrillos. Se cree que su muerte ocurrió alrededor de las tres de la mañana. Para que el disparo no se oyera, Silva ahogó la detonación envolviendo el revólver con las mantas antes de disparar. Un hilo de sangre que caía de la cama al suelo era el único vestigio de la tragedia que un poeta había vivido en esa pequeña y oscura habitación.
Hacia las ocho se hizo el levantamiento del cadáver, diligencia en la que actuó de improvisado secretario Domingo Esguerra, amigo de la familia y quien escribió el acta de defunción. El fotógrafo español Esperón tomó la foto del rostro de Silva difunto, tan hermoso y tan lleno de serena paz y le hicieron la mascarilla mortuoria de que habló el poeta Cornelio Hispano, hoy perdida. La cabeza ladeada sobre el hombro no se la pudieron enderezar en el momento de colocarlo en el féretro y para lograrlo tuvieron que cortarle un tendón del cuello.
El entierro se había fijado para las tres de la tarde. Cuatro amigos sacaron el cajón de la casa de La Candelaria: Clímaco Soto Borda, Federico Rivas Frade, Julio Flórez y José Lizardo Porras. En la puerta, una señora que ha sido identificada como Ursula Gómez de Villar, hermana gemela de la madre del poeta, exclamó con voz que varios oyeron: "¡Maldito, en qué situación nos has dejado!".
El cortejo, encabezado por doña Vicenta y por Julia Silva, se dirigió a la Gobernación, donde se hallaba la oficina médico-legal, y allí se le practicó la autopsia. Luego enrumbó hacia el cementerio de los suicidas, un feo lugar que quedaba cerca del Cementerio Central. En este último reposan hoy, en una urna de mármol blanco, los restos del poeta al lado de los de Elvira, su hermana.

LOS ULTIMOS MOMENTOS
Elegante y refinado hasta sus últimos momentos, Silva había planeado los detalles de su muerte. El día anterior fue al consultorio de su amigo y médico Juan Evangelista Manrique y le pidió que le hiciera un examen minucioso. Estando en ello, entre chiste y chanza le dijo que le pintara el lugar exacto de su corazón. Con un lápiz dermográfico así lo hizo el médico, quien además marcó con una cruz el sitio donde estaba la punta del corazón: allí se dispararía el poeta.
En la noche de ese mismo día, doña Vicenta, su madre, convidó a varios amigos a tomar el té que, como era costumbre entonces, se servía hacia las 10 de la noche, después de la comida que era entre las cinco y las seis de la tarde. Casi todos los asistentes, entre ellos Tomás Rueda Vargas, dieron más tarde su versión de los hechos. Coinciden en señalar que se vio a José Asunción entusiasta y ocurrente y que recitó Don Juan de Covadonga y Los maderos de San Juan. Habló también del primer recuerdo que tenía: la cara de conspirador de su tío político Salustiano Villar en los momentos de la conjura contra el general Mosquera: estaba aludiendo a hechos ocurridos otro 23 de mayo, en el año de 1867. Al sentarse a la mesa, el poeta advirtió que había 13 comensales y, tras hacer chispeantes comentarios alusivos a los supersticiosos, se levantó de la mesa.. ese mismo 13 fatídico figuraba -y figura todavía hoy- en la placa que sobre el portón de la entrada señala el número de la casa. Allí en el portón, despidió hacia las 12 de la noche a los invitados.
El misterio rodea la vida de Silva. Y no es una frase más. En los últimos años se han hecho muy buenas biografías suyas, como las de Enrique Santos Molano, Héctor Orjuela y Ricardo Cano. Gracias a ellas se conocen con minuciosidad datos, fechas, cifras, hechos y personajes de su vida y de su obra. Pero poco y nada se sabe sobre su vida íntima, sus amores, sus sentimientos hacia los hechos que definieron su existencia.
No se sabe siquiera por qué se mató y aun más: no se sabe a ciencia cierta si se mató pues algunos, como Santos Molano, pretenden que fue asesinado, teoría que sustenta con poco éxito. En verdad, Silva tenía suficientes razones para poner fin a su vida. Pudo ser a causa de una de ellas o de dos o de todas: vaya a saberse. Aquí se exponen las principales.

RAZON N° 1: SEXO
¿Era José Asunción mujeriego, homosexual, 'casto', impotente, incestuoso o, simplemente, normal? Hay conjeturas que apuntan al tiempo a cada uno de esos comportamientos. Se ha dicho que era afectado y femenino en sus modales. Personajes, como Tomás Carrasquilla, llegaron a hablar de su homosexualidad, pero de ahí no se ha pasado.
¿Mujeriego'? Arias Argáez cuenta de un incendio que ocurrió en el sector de Las Aguas, en Bogotá. Al llegar la Policía, se encontró con la garçonniere de Silva, arreglada con sofisticación erótica. Había, por ejemplo, una finísima cortina donde eran anotadas "ciertas visitas por medio de brillantes mariposas de Muzo que en ella fijaba la mano aristocrática del poeta". Según su pariente, Hernando Villar, en uno de esos encuentros habría engendrado una niña, que se le parecía enormemente.
¿Impotente? Así lo sostiene el profesor José Francisco Socarrás, quien se basa en unas investigaciones del historiador Aníbal Noguera. Este habría encontrado unas fórmulas de medicinas recetadas a Silva -que Socarrás transcribe- cuyos componentes eran usados en Francia en ese tiempo para combatir la impotencia sexual y los estados depresivos. Pues para Socarrás, Silva presenta muy claros síntomas de sufrir hipomanía y depresión.
¿Incestuoso? Mucho se ha especulado sobre una relación amorosa entre José Asunción y su hermana Elvira. Nunca podrá conocerse la verdad. Lo cierto es que el famoso Nocturno, escrito a raíz de su muerte, es un poema de amor pleno de carnalidad y de erotismo. Y también es cierto que entre ambos hermanos existió un afecto y un entendimiento muy profundos. Por ello, con incesto o sin incesto, la muerte de Elvira en 1891 puede ser una de las causas de la decisión fatal de Silva. Entre sus biógrafos recientes, Santos Molano niega de plano una relación incestuosa. Cano Gaviria habla de una "histeria masculina" padecida por Silva tras la muerte de Elvira. Esa histeria lo habría llevado a comportarse como un viudo y a mostrar conductas extravagantes y morbosas.
Por la demás, según testimonios, galanteó con varias jóvenes, de algunas de las cuales se conoce el nombre, como Julia Holguín, hija del presidente Carlos Holguin.

RAZON N° 2: NAUFRAGIO
Aunque breve por causas obvias, la obra de Silva hubiera podido ser más extensa. La mala suerte quiso que cuando el poeta regresaba de Venezuela en 1895, un año antes de su muerte, naufragara en Bocas de Ceniza el vapor en que viajaba. Y naufragaron también sus manuscritos. Coll dice: "Conocí gran parte de su obra desaparecida. Los doce 'Cuentos negros', los "Cuentos de razas", meditaciones filosóficas, artículos de crítica, y las poesías, que el autor había dividido en cuatro secciones: Sitios, Versos para ella, Para los niños, Psicopatología. Se sabe también de la pérdida de un manuscrito, titulado 'Un ensayo en perfumería". De toda esa obra, Silva solo reconstruyó la novela 'De sobremesa'. De los poemas conocidos hoy, había copia en Bogotá o estaban publicados en periódicos.

RAZON N° 3: NEGOCIOS
Don Ricardo Silva, padre del poeta, amén de ser escritor de estilo costumbrista, fue un emprendedor comerciante. El almacén 'R. Silva e hijo' vendía la más fina mercancía importada: papel de colgadura, paños finos, ropa blanca, calzado de señora, telas de lana, objetos para regalo y pianos. El negocio, al cual fue asociado José Asunción cuando tenía 19 años, era bastante próspero hasta que el gobierno implantó, en 1886, el curso forzoso del papel moneda y una serie de medidas para favorecer la industria y desestimular las importaciones.
Las finanzas de los Silva se vinieron abajo y nunca se recuperaron. Al morir don Ricardo, José Asunción puso todo su empeño en sacarlos adelante. Pero solo hubo más ruina, embargos y ese 24 de mayo de 1896 pesaban sobre él 52 ejecuciones.

RAZON N° 4: BOGOTA
Si Bogotá se mofaba de Silva por su apariencia y sus modales y por sus versos, Silva detestaba a Bogotá. Sus cartas desde Caracas son elocuentes: "Cuando recuerdo -le escribe a Sanín Cano- los chismes bogotanos, aquella vida de convento, aquella distancia del mundo, lo acepto todo con la esperanza de arrancar a mis viejas encantadoras de esa 'culta capital".
El subrayado anterior es del propio Silva, quien abunda además en admiración por la culta Caracas, donde hay librerías, buenas bibliotecas públicas en las cuales ha encontrado -"juzgue usted mi felicidad"- a sus escritores del alma. Además allí se ve buen tono y "elegancia parisina" entre las mujeres, que visten "toilettes' venidas por el último vapor...". En la casa hay "bronces legítimos" y las decoraciones son de Julio Duval, "el tapicero del Boulevard Montmartre...".
Pero no es un asunto de mera frivolidad. La verdad es que Bogotá resultaba muy estrecha, pobre espiritualmente, ignorante de la actualidad literaria y sumida en la prehistoria cultural, para alguien como Silva que estaba muy sintonizado con su tiempo. Arias Argáez describe la reacción tan provinciana frente a la cultura de Silva: "Los lectores adocenados y los escritorzuelos de pacotilla que se estaban derrumbado, pretendían que se les quería deslumbrar con nombres de poetas y de libros exóticos, desconocidos y sin ninguna importancia".
Pero es Rafael Maya quien ha resumido mejor esa enorme distancia del poeta con su medio: "¿Para hablar de los pintores prerrafaelistas iba a buscar a Clímaco Soto Borda? ¿Para embriagarse con las músicas verlainianas iba a golpear respetuosamente en la casa de su admirado amigo don Miguel Antonio Caro? ¿Para comentar el 'Andrés Cornelis' de Paul Bourget iba a detener en la calle a Luis María Mora? ¿Para recibir, en pleno rostro, el hálito envenenado de algunas páginas de Jean Lorrain iba a solicitarle alguna entrevista a su querido Jorge Isaacs?".-

EL AÑO DE SILVA
PARA CONMEMORAR el centenario de la muerte del poeta, la Casa de Poesía que funciona en la edificación colonial donde aquel murió, está preparando una serie de eventos. Estos son los principales:

EDICIONES
Con miras a 'exportar' a Silva, se han concertado varias ediciones de su obra. En coedición con Norma se publicará un volumen con su poesía y su novela De sobremesa, el cual circulará en todos los países de América del Sur y Centroamérica. En España la publicará la editorial Hiperión y en Francia, en traducción al francés, se hará una coedición con la Unesco. En coedición con la Colección Archivos aparecerá la extensa y completísima obra crítica para especialistas que preparó esa fundación. Todas estas publicaciones llevarán un texto de Gabriel García Márquez sobre la novela De sobremesa y un poema de Alvaro Mutis sobre Silva.
Ambos son inéditos y constituyen un generoso aporte de esos escritores a estos proyectos de la Casa de Poesía. Habrá también una recopilación comentada de las cartas de Silva, hecha por el escritor Fernando Vallejo, la cual incorpora 15 cartas inéditas y desconocidas hasta el momento.

CONGRESO
En el mundo académico de Estados Unidos, Europa y América Latina existen expertos en la obra de Silva y en el modernismo. Alrededor de 25 de los más notables han sido invitados a un congreso sobre la obra del poeta y la cultura de fin de siglo. Este congreso sesionará durante ocho días a partir del 24 de mayo.

EXPOSICIONES
Con la colaboración del Banco de la República, desde hace año y medio se viene preparando una gran exposición sobre Silva, su obra y su época, la cual se exhibirá simultáneamente, a partir del 24 de mayo y durante tres meses, en cinco sedes: la Biblioteca Luis-Angel Arango, la Casa Cultural del Banco Cafetero, la Casa Cuervo, la Biblioteca Nacional y la Casa de Poesía. Se harán varias copias para que circulen durante todo el año por las ciudades del país. Alrededor de estas muestras se organizarán talleres y conferencias.

CONCURSO
En el mes de julio pasado se convocó al 'Premio de Poesía José Asunción Silva' para escoger el mejor libro de poesía en lengua española publicado en lo que va corrido de los años 90. El ganador recibirá la suma de 50.000 dólares.

PELICULA
El director Francisco Norden está preparando una filmación sobre la vida y obra de Silva.

MONUMENTO
Se planea solicitar al Concejo de Bogotá que se le dé el nombre de José Asunción Silva a la calle Séptima y al parque que se hará en las denominadas Sierras del Chicó. En la calle Séptima se colocará un busto del poeta en una pequeña zona verde a la altura de la carrera 3.

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