Sábado, 21 de enero de 2017

| 2004/10/03 00:00

Ciudad bonita

Bucaramanga se ha empeñado en sostener su esfuerzo para que sus aguas residuales no contaminen el río Frío.

Bucaramanga construyó hace 13 años la que en su momento fue una solución ambiental ejemplar en el mundo: la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales del Río Frío (Ptar). Hoy sigue siendo uno de los pocos casos exitosos que hay en el país y en el continente sobre manejo adecuado de aguas residuales. En América Latina, apenas 13 por ciento de las ciudades tratan sus aguas, y en Colombia, apenas el 5 por ciento. En las zonas rurales la situación es más crítica. Aguas residenciales y residuos industriales van a dar sin ningún tipo de tratamiento a los ríos o al mar. El problema no son sólo los desechos que se producen en las grandes ciudades. A lo largo de los ríos se arrojan también las aguas residuales de la producción agrícola y ganadera, el agua fruto de la extracción minera -contaminada muchas veces con los peligrosos mercurio y cianuro-, y más dramático aún, la mayoría de los pueblos botan la basura al río.

De ahí que la experiencia de Bucaramanga sea digna de resaltar. El sistema de la Ptar es sencillo. El agua del alcantarillado de la ciudad llega a unos filtros en los que se separan los residuos sólidos y las arenas. Luego, el líquido que sale de allí es removido por uno de los tres reactores (enormes turbinas) de la planta. Es un proceso anaeróbico, pues los residuos quedan en el fondo y para su decantación no entran en contacto con el aire. Posteriormente, el agua va de laguna en laguna hasta remover el 90 por ciento de la contaminación. Luego se vierte al río Frío.

En diciembre próximo, cuando está previsto que entre en funcionamiento el cuarto reactor, la ciudad estará tratando 42.000 metros cúbicos de aguas negras por día, equivalentes a los residuos de 320.000 habitantes. Aun así no alcanza a atender todos los vertimientos que le llegan de Bucaramanga, Floridablanca y Piedecuesta.

Una de las ventajas de este mecanismo de purificación es su bajo costo. Con este sistema, tratar los residuos de cada habitante tiene un costo de 30 pesos, mientras que utilizar otro, como el de Medellín conocido como de lodos activados, donde las aguas residuales y los microorganismos son agitados gracias al uso de energía, vale 300 pesos por habitante. Este último es un proceso aeróbico que no produce malos olores, pues cuenta con oxígeno en el proceso de separar los sólidos de los líquidos.

En el caso de Bucaramanga, los malos olores de la planta sí se convirtieron en un grave problema. Según Freddy Antonio Anaya, director de la Corporación Autónoma de la Meseta de Bucaramanga, el hedor invade 1.000 hectáreas de terrenos alrededor de la planta. Esto frenó el desarrollo de la ciudad, pues los terrenos urbanizables coinciden con el área afectada.

Pero eso va a cambiar. Con el apoyo del Banco Mundial se ha diseñado un proyecto que busca darle uso al metano y al óxido nitroso que provocan estos malos olores. Con una innovadora tecnología, estos gases se convertirán en biogás que a futuro servirá para mover hasta ocho reactores en esta misma planta, con lo que se podría llegar a tratar el ciento por ciento de los desechos del área metropolitana y a la vez eliminar los olores.

El costo de esta nueva etapa del proyecto es de 10 millones de dólares. Y las finanzas en gran parte están garantizadas gracias a que en el Protocolo de Kioto, acuerdo mundial que busca reducir el efecto invernadero por la emisión de gases, se contempla la 'venta' de los contaminantes eliminados por medio de bonos. Al comprometerse a eliminar sus gases, la Corporación de la Meseta de Bucaramanga recibirá recursos para construir la planta de biogás que deberá estar lista en tres años.

El empeño de Bucaramanga para mantenerse a la vanguardia en materia ambiental en el país, tratando sus aguas y convirtiendo residuos inútiles y contaminantes en gas, hace que hoy más que nunca sea válido el sobrenombre con que la conoce el país: una ciudad verdaderamente bonita.

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