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| 3/10/1986 12:00:00 AM

COLOMBIA GAY

¿Qué circunstancias y factores permitieron que la homosexualidad adquiriera carta de ciudadanía en el país?

"¿Eres de ambiente? La pregunta no resulta muy clara cuando ha salido de los labios de un hombre al dirigirse a otro que apenas acaba de conocer. Si el otro no entendió, comenzará inevitablemente a comprender de qué se trata al descubrir que su interlocutor se acerca delicadamente, sin ocultar sus forzados movimientos femeninos. La escena puede presentarse fácilmente en una reunión social, en alguna taberna o en cualquier esquina al lado de una vitrina. Es la situación a que se somenten cotidianamente millares de hombres que decidieron hacer su vida sexual con personas de su mismo género, y que en algunas ocasiones no se diferencian de un jadeante animal en busca de su presa. Estos últimos, que podrían catalogarse en el nivel de los "acechadores", no son claro está el prototipo del homosexual. Existen tantas categorías como formas diferentes de enfrentar el marginamiento social de que suelen ser objeto.
¿Hasta qué punto estas circunstancias han cambiado en los últimos 20 años? Indudablemente se han presentado transformaciones muy profundas. A principios de los años sesenta, el tema del homosexualismo estaba reservado a los más bajos niveles de chismografía y a las sesiones de chistes verdes. No es que hoy en día esto haya quedado atrás, pero indudablemente el tema ha ganado la calle. No sólo porque los homosexuales comenzaron a ganarla desde hace más de una década, sino porque ciertos sectores de la sociedad han terminado por aceptar la necesidad de una convivencia pacífica y han comenzado a interesarse por el asunto a nivel de estudios de especialistas y artículos de prensa. En fin, porque el tema de los homosexuales ha dejado de ser tabú.
SALIR DE LOS CLOSETS
En los albores de la década pasada, en forma paralela al desarrollo de los movimientos urbanos de izquierda y de su lenguaje libertario importado de Francia y de sus legendarias jornadas de mayo de 1968, surgió la consigna entre los homosexuales colombianos de "salir de los closets". Nacieron entonces toda suerte de movimientos liberacionistas que pretendían otorgarle un carácter militante a la condición del homosexual. Un grupo de jóvenes intelectuales se dio a la tarea de editar la revista Carreta Libertaria, una de las primeras publicaciones que reflejaban este fenómeno y cuyo núcleo promovió posteriormente el surgimiento de movimientos como el Feminista Radical y otros del mismo tipo.
León Zuleta, en aquel entonces presidente de la Agremiación de Trabajadores del Arte y fundador de uno de los primeros movimientos de liberación homosexual, explicaba para la revista Alternativa en 1977, las razones por las cuales habían optado por organizarse: "En Antioquia, la meca de la represión sexual, se han organizado 45 homosexuales para mostrar ante la sociedad que también ellos tienen derecho a existir dignamente, contra la mojigatería del patriarcado tradicional". Contaminados por la discusión de la discutidera que caracterizaba a los núcleos de la izquierda criolla, salieron a la luz pública los diferentes matices y tendencias del movimiento de liberación homosexual.
Como es obvio, había de todo. Los promotores de una reivindicación en el terreno de la lucha de clases; los que, por el contrario, consideraban que el sexo nada tenía que ver con el socialismo y, finalmente, los que se inspiraban en teorías freudianas y elevaban el sexo a categorías suprasociales. Amparados en la aceptación intelectual que se producía en algunos movimientos de izquierda y en otros núcleos de la sociedad, y aprovechando además las secuelas del hippismo de la década anterior y de su carácter marcadamente contestatario, los homosexuales fueron saliendo de los closets y, en algunos casos extremos, guardando en ellos sus ropas masculinas para reemplazarlas por el atuendo travesti.
GATAS DE LA NOCHE
Las calles de las principales ciudades colombianas fueron escenario de la aparición de "muchachas" semidesnudas que detenían los carros exhibiendo sus nuevas formas, adquiridas gracias a la silicona, causando el escándalo de las señoras y despertando debilidades en algunos hombres. Desde entonces, los integrantes de este grupo han sido conocidos como "locas" y, aunque no es difícil identificarlos como homosexuales, algunos hablan de ellos como prostitutas de sexo indefinido.
"De día trabajo en una oficina haciendo el papel de mensajero, o como me dicen allá, de patinador. Estoy conforme con eso y con lo que me gano, pero en las noches me cuadro. En los fines de semana es cuando mejor me va, aunque en ocasiones yo soy la que salgo perdiendo porque el cliente me roba o me amenaza. Es que en la calle se encuentran muchos degenerados que abusan de uno". Es el relato que hizo a SEMANA Marco Vélez, quien en las noches se transforma en "Susana" .
Maquillaje exagerado, vestuario agresivo, peluca exótica y una voz impostada que busca convertirse en un hilo agudo, son algunas de las características de las locas, objetivo central de los agentes de Policía que rondan las calles en horas de la noche. "Les cuento que se vuelve hasta divertido corretear a esos que no reconocen su hombría. Ya los conocemos, porque al igual que los gamines, tienen sus zonas propias a donde vamos a capturarlos, para que 48 horas más tarde vuelvan a la calle y se reinicie este juego del gato y el ratón", declaró Willy Rojas, patrullero de la zona norte de Bogotá. SEMANA pudo establecer que por lo menos un 25% de los detenidos en las estaciones y puestos de Policía son homosexuales de este tipo.
Entre la calle 72 y la 85 de Bogotá y entre la autopista y la 15, aparecen hacia las nueve de la noche como gatas salvajes, con uñas largas y apariencia felina. Mueven acompasadamente las caderas y cuando descubren un auto en el que sólo viaja el conductor, se arriesgan a caminar hasta el centro de la calle para mostrar sus atractivas formas. Algunas cobran más que otras. Eso depende además de lo que el cliente desee hacer. Los precios van de mil hasta 10 mil pesos. Si se trata solamente de una compañía por pocas horas, la tarifa puede rondar los mil 500 pesos, más el trago y las picadas. Pero si el cliente busca una relación más íntima, los ceros aumentan.
Sin embargo, la noche puede terminar muy mal. Por un lado, están las riñas con cuchilla de afeitar -las famosas riñas gillette-, cuando dos locas se disputan un cliente. En el gremio, la cuchilla es respetada y cada loca carga una que, a veces utiliza contra el cliente mirón o "metiche".
En la mayoría de los casos, las locas -también llamadas maricas- provienen de un estrato social bajo, según Manuel Antonio Velandia, un homosexual que pertenece a un grupo diferente, de intelectuales cultos. "Quizás la única forma que encuentran los travestis de realizarse sentimentalmente es prostituyéndose, al tiempo que consiguen el dinero necesario para el diario vivir", agrega Velandia. "Nosotros, los gay, nos comportamos en forma muy diferente; por eso, cuando alguien desea insultarnos, no es más que nos diga 'maricas'.
DIGNIDAD Y GUETOS
De cualquier manera, el mundo gay está lejos de limitar su territorio a los sórdidos episodios nocturnos de las locas callejeras. En diferentes ambientes sociales del país pueden encontrarse hoy en día homosexuales que conviven sin mayores problemas con el resto de la gente, sin necesidad de ocultar su condición como si se tratara de un pecado secreto. Sin embargo, dicha convivencia está muy lejos aún de librarse de tensiones y momentos de evidente hostilidad. Se podría decir que el homosexualismo militante de los años setenta ha dado paso a actitudes más tranquilas, pero no por ello menos difíciles de adoptar y de sostener. Los conflictos del homosexual siguen presentes, pero en muchos casos el sentido práctico que ha reemplazado a la militancia agresiva ha permitido que se abran algunas compuertas.
Son muchos los homosexuales que parecen haber comprendido que lo más práctico es llevar una vida "normal", con relaciones de trabajo comunes y corrientes, que no impliquen, sin embargo, la obligación de mantener en secreto su condición de homosexuales. No hay que esforzarse entonces por ocultar dicha condición, pero tampoco es necesario pregonarla a los cuatro vientos. El homosexual que ha asumido esta actitud busca principalmente obtener respeto y dignidad, y sabe que, para ello, debe aparecer como un sujeto merecedor de ese respeto y de esa dignidad, desde el punto de vista del común de la gente. Esto incluye obviamente algunas concesiones sociales, pero según el testimonio de algunos homosexuales, el sacrificio resulta insignificante al confrontarse con los logros.
Claro está que asumir esta actitud implica también regresar, aunque sea parcialmente, al closet. O mejor dicho, buscar momentos y lugares en los cuales los "chicos de ambiente" puedan reunirse a solas y dejar que fluyan los sentimientos y expresiones que se mantienen congelados el resto del tiempo. En bares, apartamentos, mansardas, saunas y cines se han generado estos guetos, generalmente nocturnos, donde el homosexual se libera y permite que afloren sus deseos más íntimos. Al día siguiente, vuelve a vestirse de ejecutivo, estudiante, profesional o empleado, para desempeñarse en sus actividades cotidianas.

"Vivimos en una sociedad donde hemos sido firmemente adoctrinados, donde se nos trata de imponer el criterio de que todo el mundo es o debe ser heterosexual, pero lo grave es que no se han dado cuenta de que existen más categorías cuando se trata de sectorizar el sexo: la homosexual, la bisexual y la heterosexual, que es la única vista con buenos ojos", asegura Velandia, quien además es fundador de la revista Ventana Cay.
Uno de los mayores problemas del homosexual es el hallazgo de un empleo. En momentos en que las ofertas de trabajo son particularmente escasas, como sucede hoy en día las pocas vacantes suelen ser ofrecidas preferentemente a los heterosexuales. A la hora de buscar empleo, toda persona debe someterse a los ya famosos "tests de personalidad", en los cuales se plantean preguntas sobre la forma de vida, los comportamientos y las costumbres del que solicita el empleo. "Si se trata de un homosexual -afirma la sicóloga empresarial Juanita Pulido- puede suceder que, incluso si los demás exámenes indican que la persona es capaz de desempeñarse en el puesto, los duenos de la empresa descarten su contratación por su condición de homosexual".
Pero los obstáculos no se limitan a la consecución de empleo. Aparte de esto, el homosexual es objeto de discriminación y hasta burlas en las escuelas, colegios privados y en el Ejército, adonde algunos son enviados por sus familias que, equivocadamente, creen que "ahí sí los van a corregir". En cuanto a los cargos públicos, aunque el homosexualismo no aparece en ningún estatuto como causal de destitución, es común que los homosexuales sean removidos de sus puestos, bajo el pretexto de "conducta inmoral". Curiosamente, esta persecución suele terminar cuando el homosexual alcanza por caminos como el del arte un nivel de notoriedad en el cual todo le es "perdonado".
Es el caso de un conocido artista colombiano residente en Bogotá, cuyas obras han recorrido varios países del mundo, y quien pidió a SEMANA mantener su nombre bajo reserva. "En realidad -dijo- nunca hablo con la gente sobre el tema de la sexualidad, pues considero que es una parte tan íntima de la persona que es casi un pecado revelar ese secreto. El tema de la homosexualidad es algo complicado. Cuando yo era pequeño, me acuerdo de que el homosexual era considerado como un monstruo, un demonio con colmillos y cola. Pero debido a la sensibilidad artística que tenemos algunas personas, nos podemos dar cuenta de que el cuerpo del hombre es quizá más bello que el de la mujer. Desde muy pequeño me acostumbré a pintar cuerpos masculinos. Sus formas perduran, son más sólidas y tienen una estructura fuerte. No estoy diciendo que me enamoré del cuerpo masculino, simplemente es algo propio de cada ente. Yo conozco mucha gente en todo el mundo y nadie se preocupa por la clase de relaciones que uno mantiene. Pero es curioso que entre más conocido sea uno y entre más se haga respetar, menos se entrometen en la vida de uno".
DOBLES VIDAS
A los guetos también acude otro tipo de homosexuales, los llamados "militantes a medias", o sea aquellas personas que, debido a su posición y a su vida pública o social, aparecen como individuos por encima de toda sospecha. Pueden encontrarse en diversos estratos sociales, tener una mujer y unos hijos, y un hogar con perro y gato. Pueden ser incluso notables mujeriegos y hasta tener una o varias amantes. En algunos casos, según explican los especialistas, se trata de homosexuales que se niegan a aceptar su condición y tratan de sostener una doble vida para no enfrentar los conflictos que una posición abiertamente homosexual les generaría.
Los homosexuales militantes resultan ser feroces críticos de aquellos que sostienen esta vida con dos caras. Para Manuel Velandia "es difícil entender esta actitud, que yo no considero normal, pues esas personas no creen que pueda ser digno ser homosexual y por eso tratan de ocultar su condición". Los sicólogos consultados por SEMANA (ver recuadro) consideran incluso que estas personas atentan contra su salud mental al asumir esta doble vida. Para algunos de ellos, los bisexuales enfrentan un dilema permanente, que les puede hacer daño mientras no lo resuelvan.
En la otra orilla se encuentran los homosexuales abiertos, que no sólo no se molestan en ocultar su condición, sino que por el contrario, se preocupan permanentemente por darla a conocer a cuantas personas puedan. Es el caso, por ejemplo, de algunos peluqueros que se niegan a encerrarse en guetos, pues su comportamiento es el mismo siempre y en todas partes: en el trabajo, en los bares y fiestas, etc. Su actitud "frentera" se diferencia de la asumida hace una década por los promotores de los movimientos liberacionistas que buscaban ganar la calle, en el hecho de que estos homosexuales no persiguen objetivos políticos ni pretenden transformar las posiciones de la sociedad frente a ellos. Buscan un acomodo desde un trabajo individual e independiente, suelen promover pequeños negocios como peluquerías y resultan ser excelentes conversadores.
Pero su actitud no deja de encontrar algunos críticos, incluso entre los mismos homosexuales. "El hecho de que uno tenga que demostrar permanentemente lo que es, no es normal. Yo soy yo, y no tengo que estar contando a grito herido que soy homosexual. Pienso que esas personas deben tener un trauma sicológico más que violento, deben ser unos amargados de la vida. Desde que me acuerdo he sentido atracción por los hombres busco aquellos que tengan los mismos sentimientos. Pero, ¡olvídese! Yo no cuento lo que hago en mis relaciones sexuales, ni cuento con quién las tengo", explica Luis Javier Restrepo, un tallador de muebles antiguos.
EL LEVANTE
Una de las preguntas que más se plantean sobre el mundo gay las personas que apenas lo conocen tangencialmente, es cómo se llevan a cabo los encuentros, cómo se descubren entre sí los homosexuales. "Todos tenemos un maricómetro y un sexosentido, que nos permiten detectar quiénes son gay", asegura Manuel Velandia de Ventana Cay. También está el lenguaje, el vocabulario (ver recuadro) y una serie de modismos que cumplen el papel de claves de reconocimiento, a veces tan complejas como en el intrincado mundo de los espías. Los levantes se facilitan considerablemente en los bares de reputación reconocida, pero se complican fuera de estos guetos.
Sin duda alguna, los que mayores problemas afrontan en estas lides son los homosexuales que ya han rebasado la barrera de los 60 años. En el mundo gay también se les conoce como "viejos verdes" y se caracterizan por ser mañosos y problemáticos, ya que, según los testimonios recogidos por SEMANA, difícilmente aceptan un rechazo. En el otro extremo se encuentran los "buscones", o sea los jóvenes de entre 14 y 20 años, que salen a las calles y van a los bares a buscar homosexuales, con quienes entablan una relación que muchos justifican como "comercial". "Uno se levanta a uno de esos y luego le saca plata. Es como un juego", dijo un muchacho de 16 años, estudiante de sexto de bachillerato y quien se negó a dar su nombre, no sin antes agregar que "quiero dejar en claro que yo no soy homosexual".
Entre los gay es común la conversación acerca de los personajes más o menos conocidos que son homosexuales. Según Manuel Velandia "Colombia está gobernada desde hace tiempos por una mariconcracia". Cuando se le preguntó sobre un cálculo aproximado de homosexuales en el país, Velandia respondió: "Hay mucha gente que no lo es". Lo cierto es que en este terreno, cualquier cálculo es absolutamente especulativo.
No hay duda de que a muchos homosexuales les satisface enterarse de que alguna figura conocida es gay. Como en cualquier grupo social, hay una identificación inmediata que despierta sentimientos semejantes a la solidaridad. Pero esta circunstancia, al igual que la manía entre los heterosexuales de descalificar a una persona tachándola de homosexual, han inflado considerablemente las cifras sobre homosexualidad. Se ha vuelto común en las disputas políticas, en los enfrentamientos económicos, en los líos sentimentales derivados de una separación o una nulidad matrimonial, acudir al expediente del homosexualismo, generalmente sin pruebas. Esto revela hasta qué punto, independientemente de los logros alcanzados hasta ahora por más de una década de movimientos y militancias, la calificación de homosexual sigue teniendo connotaciones sociales peyorativas.
Pese a lo anterior es indudable que muchas cosas han cambiado. Al menos para los homosexuales hombres. En cambio las mujeres homosexuales, como sucedió en su momento con el derecho a votar, a ir a la Universidad y a escoger marido, están aún muy lejos de obtener conquistas similares a las obtenidas por los homosexuales masculinos. Si alguna duda cabe sobre la legitimidad alcanzada por los homosexuales en el país, basta citar la inscripción la semana pasada de una lista gay en Pereira para las elecciones de corporaciones públicas. "Los chicos gay", nombre de la lista, está encabezada por Zaur Zapata, quien se hace llamar "el guardián de la llave de Lucifer". Es indiscutible que los homosexuales tienen mucho más derecho a participar en política que los mafiosos, y por lo menos el mismo derecho que los guerrilleros en tregua.
Esto no quiere decir que los gay no afronten serios problemas a otros niveles. Para citar apenas un caso, la histeria sobre el SIDA desató a fines del año pasado una ola de asesinatos de homosexuales en Cali. Esta enfermedad, sobre cuya aparición en Colombia se sigue especulando mucho, puede revivir las más crudas épocas de discriminación. Por lo pronto, es indiscutible que los homosexuales han adquirido carta de ciudadanía en Colombia. Cómo se van a desenvolver en estas nuevas circunstancias y hasta dónde llegará la apertura, son cosas que sólo el paso de los años podrá resolver.-

HABLAN LOS SICOLOGOS
Hablar de las causas del homosexualismo es recorrer un terreno sinuoso y especulativo sobre el cual muy pocos parecen estar de acuerdo. Existen sin embargo algunos puntos de concordancia entre las distintas opiniones de sicólogos y especialistas. Uno de ellos es el de la educación y su influencia determinante en el desarrollo sexual del niño, y obviamente, la actitud de los padres. Es entonces cuando los famosos complejos de Edipo y de Electra aparecen y entran a jugar un papel definitivo en el hogar y en la formación del menor. "En el momento en el que una niña ve que el padre es tosco y trata mal a la madre, empieza a crearse una mala imagen del sexo masculino, que se manifiesta cuando esa niña comienza a asistir a fiestas y a reuniones con muchachos de su edad. Encuentra que es más agradable entregar su afecto a sus compañeras y se presentan brotes de homosexualismo o lesbianismo. Algo similar puede ocurrir con los niños varones si su madre les resulta poco femenina y más agresiva que el padre" afirma la sicóloga María Isabel Salazar.
Hacia ese mismo lado parecen apuntar las observaciones de la sicóloga María Inés Menotti. "Todos tenemos algo de homosexuales. Lo que sucede es que la educación, la formación que uno recibe de los padres es la que lo lleva a tomar uno u otro camino", afirma.
Para el abogado y sicólogo Guillermo Cortés, el problema homosexual es a otro nivel. "Se presume -explica- que el origen de la cuestión homosexual radica en el homosexual mismo, porque se piensa que la condición homosexual implica de suyo un problema sicológico o siquiátrico, que se traslada luego a la sociedad. Pero el verdadero problema no es por qué alguien es homosexual, sino por qué la sociedad no puede aceptar que lo sea". Es lo que se denomina la homofobia, o sea, el temor paranoide irracional que lleva a la sociedad discriminar y a marginar al homosexual. "Esta es -agrega Cortés- la esencia misma de lo que se denomina la cuestión homosexual".
Este es el enfoque que parece estar ganando terreno entre los sicólogos en los últimos años. En efecto, durante mucho tiempo se buscaron causas del homosexualismo. De hecho, puede haber muchísimas y en este terreno las investigaciones no se han limitado a la cuestión sicológica, sino que también se han llevado al campo de la genética. Todo esto sin que se hayan obtenido resultados concluyentes y mientras se imponen quienes sostienen que la homosexualidad no es una enfermedad. Esto puede determinar hacia el futuro grandes cambios en el planteamiento de la cuestión homosexal. Es indiscutible que si se comienza a aceptar que el problema es más de la sociedad que del homosexual, se estarán dando pasos imporantísimos hacia la aceptación del homosexual en esa sociedad.
HOMOSEXUALES EN LA HISTORIA
Músculos firmes agilidad y belleza en el cuerpo mascuiino eran características deificadas por la cultura griega. La admiración por el cuerpo del varón y por sus actividades, no era mal vista. Por el contrario, el amor por el sexo fuerte era aceptado por la sociedad. El primero en intentar establecer leyes rígidas contra los homosexuales fue Dracón, en la Atenas del siglo VII antes de Cristo. Pero estas leyes, conocidas como los decretos del Levítico, nunca lograron su cometido. Prueba de ello son algunos apartes de los diálogos socráticos de Platón, que recogen episodios donde el homosexualismo aparece como algo normal.
Dracón no ha sido el único en fracasar en su intento. Después de él cientos de gobernantes han tratado de penalizar el homosexualismo, con logros siempre limitados y efímeros. De hecho, muchos gobernantes y figuras de la historia de Occidente han sido homosexuales reconocidos. Personajes como Eduardo II, el Papa Bonifacio VIII, Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Oscar Wilde, Francis Bacon y otros muchos igualmente famosos, son ubicados por los historiadores como homosexuales.
Las leyes antihomosexuales, aunque no consiguieron su propósito, obligaron a muchos homosexuales a ocultar su condición y gran parte de ellos se dedicaron a desmentir cualquier posible rumor con varoniles actitudes donjuanescas.
Claro que esta actitud no estaba exenta de problemas, y muy graves. La doble vida podía llevarlos a profundos niveles de neurotismo y de locura, como le sucedió a Meses Jackson, amigo de Alfred Housman, el más importante latinista británico de principios de siglo. Jackson, ante la desesperación que le producía no poder transmitir sus sentimientos a Housman, le escribió un poema antes de morir (de amor, según algunos aseguran): "Porque me gustabas más de lo que le conviene a un hombre admitir te disgusté y prometí alejar ese pensamiento de mi mente".
Este testamento en verso contrasta con las últimas declaraciones públicas del escritor norteamericano Truman Capote, sin duda uno de los grandes genios de la literatura de este siglo. "Soy homosexual, soy drogadicto, soy alcohólico", dijo Capote en un autorreportaje, incluido en su libro "Música para camaleones". Pero en los últimos tiempos, uno de los casos más dramáticos ha sido el del famoso galán de Hollywood Rock Hudson, muerto de SIDA el año pasado. La enumeración podría resultar interminable y lo único que esto prueba es que la historia está llena de homosexuales que han debido afrontar de diferentes maneras los conflictos sociales que se derivan de su condición en cada época.
VOCABULARIO GAY
Durante los años de la Alemania nazi, los homosexuales eran identificados en los campos de concentración con el color rosa, que años después se convertiría en su símbolo de combate. Pero más que los colores, el léxico particular de los homosexuales los ha identificado entre sí. Estas son algunas expresiones y su traducción.
LIGAR: hacer contacto con otro homosexual.
SER DE AMBIENTE: ser homosexual.
TENER PLUMAS: cuando a un hombre se le notan características homosexuales.
NO TENER PLUMAS: cuando por ningún lado se deja entrever o descubrir el homosexualismo de una persona.
AREPAS JAMAS: expresión que se refiere a que dos "locas" nuncan tienen relaciones entre sí.
STRIKE: no ser homosexual, no estar en el ambiente.
REGIA: piropo entre los gay, cuando la persona está elegante.
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