Martes, 24 de enero de 2017

| 1995/04/17 00:00

COLOMBIA A SECAS

Nadie parece darse cuenta de que en cinco años el país podría vivir un racionamiento de agua de consecuencias catastróficas.

COLOMBIA A SECAS

QUE COLOMBIA ERA UN PAIS SIN DIFICULTAdes en materia de agua solía ser una verdad tan cierta como que era la tierra de las esmeraldas y la del mejor café del planeta. Pero si alguna vez ello fue cierto, por cuenta de las hoyas hidrográficas supuestamente inagotables, hoy nadie se atreve a confirmarlo. Colombia ya no es la tan cacareada potencia hídrica de los textos escolares. La aparición del fenómeno climático del Niño, que está ocasionando intensos veranos a lo largo y ancho del país y la inocultable degradación del medio ambiente, acabaron con ese mito. Porque lo cierto es que el país padece actualmente la peor crisis hídrica de toda su historia.
El panorama es sorprendente: de acuerdo con un reciente estudio de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental -Acodal- en Caldas. Antioquia. Huila y los departamentos de la Costa Atlántica, se están efectuando racionamientos en más de 40 municipios. En el Valle del Cauca y en el norte del Cauca se están poniendo en práctica programas de ahorro con el fin de sortear, si persiste la ola de calor, una posible emergencia. En Montería, Santa Marta, Cúcuta y Sincelejo, la prestación del servicio de agua tiende a disminuir a niveles cercanos al 50 por ciento.
Si a todo este seco paisaje se agrega la posibilidad de que el fenómeno del Niño permanezca hasta principios de 1996, la situación del sector puede agravarse aún más, lo que afectaría dos suministros diferentes: el de energía eléctrica -cuya producción depende en gran parte del nivel de los embalses- y el de agua potable para uso de la población. Si bien por ahora Interconexión Eléctrica y el Ministerio de Minas han descartado un racionamiento energético, la posibilidad de un racionamiento de agua antes de cinco años traería consecuencias sanitarias de salubridad imprevisibles. Al fin y a cabo, una persona puede vivir desconectada de su televisor, pero no del grifo del acueducto.

VERDADES A MEDIAS
Hasta hace poco tiempo, los colombianos vivían convencidos de que su país tenía el cuarto potencial hídrico del mundo, después de la antigua tinión Sovietica. Brasil y Canadá. Las autoridades aseguraban que existían suficientes fuentes superficiales y que por virtud de una topografía accidentada, surcada por tres cordilleras, la naturaleza había privilegiado al país con el preciado don del agua. Pensar siquiera en una posibilidad de que este recurso escaseara era considerado delirante. Pero todo era una ilusión vana. En los últimos 10 años, debido a la destrucción de los ecosistemas, se ha secado o se ha disminuido radicalmente el caudal de alrededor de 100.000 pequeñas quebradas a todo lo largo y ancho del país. Y las que quedan están siendo contaminadas.
El último estudio del Programa Nacional de Vigilancia de la Calidad del Agua -adscrito al Ministerio de Salud- reveló que 95 de cada 100 municipios contaminan los ríos y quebradas con basuras, excrementos y productos químicos. Como dice Rodrigo Marín, hidrólogo del Himat y quien adelantó el inventario de cuencas del país, "eso reduce aún mas las posibilidades de tener agua apta para el consumo, pues en la zona Andina, donde se concentra el 80 por ciento de la población, las cuencas hidrográficas presentan un alto grado de inervención. Y de esas cuencas se extrae el agua para uso doméstico".
De hecho, sostiene Acodal, el 90 por ciento de los municipios no dispone de sistemas de tratamientos de aguas residuales ni de adecuados lugares para la disposición final de los residuos sólidos. Si a esto se le suma el hecho de que muchos municipios se alimentan de una misma quebrada o río a lo largo de su curso, ello implicaría que se están consumiendo aguas que no cumplen con los requerimientos mínimos de salubridad. De ahí las alarmantes cifras de un estudio de Planeación Nacional del año pasado, donde se estima que el 90 por ciento del agua que se consume en las zonas rurales no reúne los parámetros de calidad total que exigen los organismos de salud (ver cuadro).
Un ejemplo para explicar este fenómeno es la situación de las poblaciones ribereñas y vecinas de la cuenca del río Bogotá, el cual después de haber recibido los desechos de la capital -900 toneladas de contaminantes- queda totalmente inservible para el abastecimiento humano. Como consecuencia, municipios de Cundinamarca como La Mesa, Apulo, Tocaima y hasta Girardot, tienen que abastecerse de fuentes alejadas y pequeñas, con caudales firmes muy bajos y que día a día están disminuyendo por virtud de las deforestaciones en las zonas de los nacimientos.
Como si eso fuera poco, la contaminación en esta cuenca limita significativamente la posibilidad de diversificar la producción agrícola, especialmente para hortalizas y frutales, pues hay alto riesgo para la salud en la población que consume estos productos. Estudios realizados por la CAR han revelado que existen suelos afectados por sales y que la contaminación microbiológica rebasa los límites admitidos para uso agrícola. A pesar de que no hay un estudio que cuantifique la relación precisa entre la contaminación y la morbilidad, es un hecho que en Bogotá y en las poblaciones de la cuenca, existe alta ocurrencia de enfermedades gastrointestinales, especialmente diarreicas. "Por tanto, sostiene la Alcaldía Mayor de Bogotá, es posible inferir que la mala calidad del agua no solo causa problemas de salud sino que se ha convertido en un serio limitante para aprovechar el potencial agrícola de la región ".

LAS CAUSAS
Los investigadores Ernesto Sánchez y Carlos Herrera aseguran en su estudio sobre el estado del ambiente en Colombia, que las causas de esa degradación son diversas. Por una parte, el Estado no ha ejecutado las inversiones requeridas en sistemas de tratamientos de aguas residuales domésticas o de disposición de residuos sólidos; por otra, el sector productivo industrial actúa sin control efectivo y con tecnologías poco eficientes, lo que genera desequilibrios ecológicos y descarga residuos de toda clase sin tratamiento o control.
"Con pocas excepciones, dicen, el sector productivo ha establecido programas de prevención o control de la contaminación, y la ausencia de estos se justifica en parte porque las actividades domésticas y económicas no están reguladas en este aspecto ".
De hecho, según Planeación Nacional, los diferentes sectores industriales arrojan por día más de 300 toneladas de desechos a las cuencas hidrográficas de todo el país. El sector que genera la mayor carga contaminante es el de alimentos, con 131 toneladas, lo que corresponde a un 25 por ciento del total industrial. Las bebidas espirituosas le siguen con 100 toneladas día, es decir, el 20 por ciento. (Ver cuadro).
Por su parte, la industria de refinación de petroleo -sostiene Planeación Nacional- descarga a los cuerpos de agua nacionales, sobre todo al río Magdalena, compuestos altamente tóxicos como los fenoles. La industria química descarga compuestos orgánicos volátiles y metales pesados (mercurio y cadmio, entre otros). La industria de curtiembres vierte metales pesados altamente tóxicos como el cromo a los ríos Bogotá, Cali, Pasto y Medellín.
Para completar, el mayor porcentaje de los 650.000 barriles anuales de aceites lubricantes automotores usados se descarga en los alcantarillados y cuerpos de agua sin ningún tratamiento o control. La CAR estima que en 1989 cerca de 250.000 barriles de aceite motor se vertieron al alcantarillado de Bogotá, que pasaron luego al río Magdalena.
Igualmente, los atentados de la guerrilla a los oleoductos también han dejado sentir sus consecuencias. Las áreas perjudicadas por los derrames de petróleo se localizan principalmente en la zona alta de la llanura araucana, en la región de la cuenca del río Catatumbo -que se caracteriza por ser abrupta y muy rica en arroyos, quebradas y ríos tributarios-, en la llanura del valle medio y medio bajo del río Magdalena (Santander, Cesar y Sucre), y en los departamentos de Putumayo y Nariño, en donde la condición montañosa y quebrada de los terrenos ha impedido llna acción de control de los derrames de petróleo realmente efectiva.
"En la cuenca del Catatumbo, sostienen Sánchez y Herrera, los d errames han alcanzado cuerpos de agua mayores como los ríos Sardinata, Drra y Catatumbo. En la llanura del Magdalena se han presentado los derrames más difíciles de controlar. La extensión del crudo ha comprometido hasta 1.000 hectáreas; 40 kilómetros de ríos menos importantes (El Simaña) y unos 150 kilómetros de caños y arroyos secundarios o de invierno".
A la par con toda esta situación de crisis, ineficiencia y desidia, se suma el desarrollo urbano no controlado y la demora en la puesta en marcha de programas de prevención y control de la contaminación hídrica. Total, ello ha contribuído al deterioro de los ríos Bogotá, Cali, Cauca, Magdalena, De Oro, Medellín, Otún y Combeima, entre otros, así como a la degradación de ecosistemas acuáticos como la bahía de Cartagena. El desarrollo agropecuario también ha contribuido a degradar la calidad de cuerpos de agua como las lagunas de Sonso, Fúquene y Tota.

LA GOTA FRIA
Toda esta problemática conforma un panorama que se ha salido claramente de las manos del Estado colombiano, a pesar de la reciente -y para algunos tardía- creación del Ministerio del Medio Ambiente. El sector del agua potable ha sido la cenicienta de las inversiones públicas en Colombia. Mientras que los sectores energéticos y de transporte reciben cuantiosas partidas del Presupuesto Nacional, los planes de inversión para obras de infraestructura en captaciones, tratamiento, conducción, manejo de afluentes, etc. se ven interrumpidos con frecuencia porque los dineros no alcanzan, si es que se llegan a entregar.
"Sólo 888.554 millones de pesos han sido asignados para programas de agua -dice el senador Omar Flórez Vélez-. Esto equivale apenas al 2.2 por ciento del total de las inversiones, prácticamente lo mismo que se destina para defensa y seguridad, lo cual es inaceptable y hace necesario la declaratoria de una emergencia ambiental en defensa del agua y, por consiguiente, de la vida".
Muchos, sin embargo, tienen sus ojos puestos en la destinación de 2.000 millones de dólares que el actual gobierno incluyó dentro de su Plan de Desarrollo y que casi han triplicado las estimaciones normales de inversión en el sector. Pero su ejecución tardará algunos años.
Aún así, y frente a un panorama tan poco halagueño y alentador, no todo está perdido. Ciudades como Cali, Medellín y Bucaramanga, están terminando plantas de tratamiento de aguas residuales. Por otro lado, la descontaminación casi total del río Medellín parece ser un hecho; camino en que también se encuentra el río Bogotá. De igual forma, varios municipios pequeños han encontrado soluciones para el manejo de las aguas negras de acuerdo con sus escasos presupuestos, como Guapi, Contadero y Zaragoza. A su turno la CAR, con una partida del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- por valor de 76 millones de dólares, planea la construcción de 23 plantas de tratamiento de aguas residuales en los 21 municipios localizados en la cuenca del río Bogotá y la construcción de 25 rellenos sanitarios para la disposición final de residuos sólidos.
Otra alternativa que se está estudiando es el uso de las llamadas aguas subterráneas y que según Diego Fernández, jefe de vivienda y servicios públicos de Planeación Nacional, sería un buen mecanismo para salir de esta crisis hídrica.
Las acciones, no obstante, no deben parar allí. El desperdicio de agua es notable y los colombianos la saben gastar a borbotones, quizás porque el líquido es prácticamente gratis. Mientras a la Empresa de Acueducto de Bogotá, por ejemplo, le cuesta 350 pesos producir un metro cúbico de agua, el usuario paga solo 290 por el suministro. " Una gran solución -dice Germán Andrade, director de la Fundación Natura- sería cobrarles a los colombianos no sólo la conducción del líquido a sus casas sino también el agua como tal y su mismo uso. Y no le falta razón: si se pagara por el agua lo que realmente cuesta, ninguna persona se quedaría 10 minutos en la ducha gastando cerca de 200 litros -lo mismo que un africano gasta en un mes- y no se estaría hablando de una grave crisis hídrica cuando hace algunos años el país se vanagloriaba de ser una potencia en materia de agua.

CIUDADES Y DEPARTAMENTOS MAS AFECTADOS
CUCUTA: Río Pamplonita con bajo caudal.
Racionamiento desde hace 10 años.
De continuar el verano se incrementaría el racionamiento.

HUILA: Problemas serios de suministro en los municipios de Agrado, Colombia, Elías, El Hobo, La Plata, Paicol, Pital, Pitalito y otros.
Disminución del caudal en las fuentes.

MONTERIA: Problemas de racionamiento (50%).
De continuar el verano se aumentaría racionamiento (25%) adicional.

SANTA MARTA: De continuar el verano, en 15 días se puede presentar racionamiento en un 40% de la ciudad.

CALDAS: Racionamiento en Riosucio. De continuar el verano se puede racionar en Anserma, Belalcázar, Risaralda, Marquetalia y otros.

CALI: Si continúa el verano y la ciudadanía no colabora se pueden presentar problemas en el suministro.

VILLAVICENCIO: Situación crítica. El verano intenso ha aumentado el horario del racionamiento. Se requiere de un nuevo sistema de acueducto.

BARRANQUILLA: Racionamiento en algunos sectores de la ciudad por falta de infraestructura.

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